Textos más recientes etiquetados como Cuento

Mostrando 1 a 10 de 3.997 textos encontrados.


Buscador de títulos

etiqueta: Cuento


12345

La novia o algo así

Francisco A. Baldarena


cuento


Zulema vuelve a llamarlo. 

   "¿Con esta van cuántas, diez, quince, veinte veces?" 

   Ya perdió la cuenta hace mucho. 

   "No está en el trabajo ni en el club ni en el bar y, claro, tampoco en el departamento. ¿Dónde está, entonces?"  

   Enciende otro cigarrillo con la colilla del que acaba de consumir. 

   "Con otra, seguro, con una nueva conquista, como hasta el último día de su vida". 

   Aprieta los puños. 


Leer / Descargar texto

Creative Commons
2 págs. / 5 minutos / 1 visita.

Publicado el 29 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Beata Anastasia y el Cristo viviente

Francisco A. Baldarena


cuento


Anastasia llegó más temprano que de costumbre a la iglesia, tenía trabajo extra. El padre Pancracio le había encomendado que limpiara la escultura de Cristo, que de tantas velas ardiendo día y noche a sus pies, ya estaba quedando ennegrecida de tanto tizne. 

   Cuando llegó a la iglesia, el padre Pancracio estaba parado al lado de la cruz, reclinada detrás del altar sobre un plástico negro para so ensuciar el parquet. 

   Buen día, Anastasia. Llega temprano, la saludó el padre. 

   Bendición, padre Pancracio. Pensé que sería bueno limpiarlo al pobrecito antes que los feligreses empiecen a llegar, respondió la mujer, señalando al Cristo con la mano izquierda mientras que con la otra se persignaba. 

   Dios te bendiga, hija, respondió el padre, al tiempo que hacía la señal de la cruz en el aire. 


Leer / Descargar texto

Creative Commons
1 pág. / 2 minutos / 1 visita.

Publicado el 29 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Chandra y el tigre

Francisco A. Baldarena


cuento


1 - El Príncipe 

Como cada mañana, Chandra, después del desayuno, salió a ejercitarse. El ejercicio consistía en trotar por uno de los varios senderos que había en la selva que rodeaba el palacio como un anillo verde. 

   A Chandra le placía ejercitarse cuando la niebla, blanca y fresca, recién empieza a disiparse. 

   Chandra iba sin escolta, no negociaba el bienestar que sentía cuando se encontraba solo, ni permutaba cada momento de absoluta libertad. El rajá Appana no aprobaba tal descuido:"En la selva el enemigo y el tigre cuando llegan no anuncian su llegada", repetía, pero no le quedaba otra que aceptar los deseos de su primogénito. 

2 - El Susto


Leer / Descargar texto

Creative Commons
1 pág. / 3 minutos / 1 visita.

Publicado el 29 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .

La memoria de Eloísa

Francisco A. Baldarena


cuento


El mundo, vacío de Eloísa, que también es mundo lleno de ella, ya ha perdido la capacidad de proyectar en el espíritu lo que se ha dado en llamar ganas de vivir. Vivir en él es torturante, siempre se está con la sensación de estar muriendo a cada segundo. 

   En el medio de todo ese lío está Rogelio, que no sabe cómo definir lo que lo rodea. Quizás lo más propio sería llamarlo no mundo, así como la vida, que sin Eloísa se ha transformado en no vida, en vida sin Eloísa. Eso mismo, el mundo tiene que llamarse mundo sin Eloísa. 

   Rogelio se siente un idiota por pensar así, la ciudad repleta de mujeres y a él solo le importa una sola, más, a él le duele solo una: Eloísa. Eloísa y su  recuerdo que lo persigue sin darle un respiro. Siempre lo perseguirá, de eso no tiene dudas. 

   Desde la ruptura entre ambos el sol alumbra con luz negra, con lo que día y noche son una misma prolongación de eternidad. Es ahí por dónde Rogelio se mueve, como una sombra.

   ¿Vale la pena vivir así? Rogelio no lo sabe, a veces cree que no, otras piensa lo contrario. Eloísa y tantos momentos, pero que en definitivo no es otra cosa que un solo momento subdividido en varios momentos. Eloísa adueñándose desde la ausencia de toda su existencia. Eloísa y su ausencia, su ausencia/presencia, le ha arruinado la vida, eso sí lo tiene más que claro. Entonces Rogelio es como que ya no camina, más bien se arrastra por días grises. Un espectro deambulando zonzo en las tinieblas de una ciudad que más parece el más allá. 

   Eloísa de una forma u otra siempre lo perseguirá, de eso no tiene dudas. Eso siente Rogelio y sobre ello se derrama cuando encuentra un hombro amigo donde apoyar sus lamentos. Uno de esos hombros amigables es un amigo de infancia, Daniel. 


Leer / Descargar texto

Creative Commons
2 págs. / 4 minutos / 1 visita.

Publicado el 29 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Primavera

Francisco A. Baldarena


cuento


I- LA LLEGADA

Cerca del límite del pueblo, el tiempo cambió de repente; atrás quedaba el clima ameno que venía acompañando a Luciano Vivas desde que saliera de su casa en la capital. Cuando bajó del automóvil, delante del único hotel del lugar, caía una lluvia fina, y el frío lo obligó a correr hacia la entrada. En un rincón, el fuego de una chimenea mantenía la temperatura cálida y acogedora.

   ¡Qué tiempo raro!, le dijo a un señor que miraba la televisión sentado cerca de la chimenea mientras se acercaba a calentarse las manos en el fuego hospitalario. 

   Desde que tengo memoria siempre ha sido así, respondió el hombre con desgano, al tiempo que lo miraba de soslayo. 


Leer / Descargar texto

Creative Commons
17 págs. / 31 minutos / 4 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .

La Muerte Viene del Mar

Arturo Robsy


Cuento


Para María Teresa Arias-Salgado Robsy
(para que siempre siga respetando tantas pequeñas y utilísimas vidas).


En Tófol es viejo hace muchos años. Es uno de esos desafortunados hombres que sobreviven a su decrepitud y tienen la mala ocurrencia de ponerse a vivir años y más años mientras todo deja de ser lo que era. Así, hasta ochenta y cuatro años, tres meses y doce días: los de Tófol.

El día que se retiró los compañeros le hicieron una despedida: él era carpintero y se reunieron en el almacén con una botella de gin y muy buenos propósitos.

—Ahora —le dijeron— podrás descansar.

—Ahora —le explicaron— tendrás tiempo para tus cosas.

Pero olvidaron preguntarle si de verdad quería Tófol descansar o tener todo el tiempo del mundo. Le echaron simplemente. ¡Valiente cosa! La gente matándose por ahí y volviéndose necia para matar el tiempo. La gente gastándose dinero y más dinero para hacer algo mientras descansa, y a Tófol solamente le daban un traguito de gin, una palmada en la espalda y cuatro malas perras, "para tabaco", y para "ayudar un poco en casa".

—No nos sirves —le decían en realidad—. Ya no tienes las fuerza de hace veinte años. Ya no se te puede confiar la sierra grande. Ya no te van tan bien las manos. ¡A la calle!

¡Leche! Era cosa de parar un momento el carro de la edad y ponerse a hacer preguntas. Por ejemplo: ¿para qué exactamente se pasó trabajando cincuenta y cinco años? ¿Para quién? ¿Eh?. "Ya no nos sirves. ¡A la calle!". Tófol no estaba entonces tan viejo que no se diera cuenta de que algo fallaba en este asunto.

—Te quieren mientras les ganas dinero —sí, de acuerdo—. Pero tampoco sería lógico que te soportaran cuando eres un inútil. ¡Cuánta razón! ¡Cuánta verdad! ¡Leche...!


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
6 págs. / 10 minutos / 7 visitas.

Publicado el 25 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Toni

Arturo Robsy


Cuento


Para Ana María Arias-Salgado Robsy


Un amigo castellano me escribe a propósito de la geografía:

"El mar, con ser tanto y tenerlo tan en torno, necesariamente os ha de marcar..."

Y así es cuando lo pienso. El mar define muchas veces el carácter de quienes le tratan íntimamente. El mar poner en ellos una alegría bulliciosa, en ocasiones irresponsable, en ocasiones delicada. O una nostalgia especial, tranquila, buena para andar por los muelles o recargar pacientemente, sobre un noray, la enorme cazoleta de la pipa vieja.

El humor del mar es muy distinto al humor de la tierra seca (para bien o para mal), más variado, lleno de color, gesticulante. Con él algunos hombres se defendían de los piratas o se dedicaban ellos mismos a la piratería. Y con él, hoy en día, otros recorren las islas viviendo a salto de mata.

He conocido a varios de estos aventureros del Mediterráneo, gente amiga de la risa, de la discusión y de los gritos, pues para ser hombre de mar el Mediterráneo exige menos sobriedad e introversión que el Cantábrico, y más acción chispeante y burlesca...

Estoy convencido de que estos aventureros no buscan la felicidad como los demás mortales; ni siquiera oyen hablar de ella más que en los seriales de la radio, pero la alcanzan, en ocasiones, a fuerza de no preguntarse muy a menudo por lo que son y hacen.

Tuve un amigo así. Se llamaba Toni y era hombre taimado y mentiroso. Tan bebedor como mala cabeza, toda su vida fue ir trampeando de aquí y de allá, soportar bien merecidos arrestos, estafar a quienes se dejaban y rodar por las islas y el continente a bordo de cualquier tipo de embarcación aunque, últimamente, solía enrolarse de cocinero:

—A mi edad —decía— hay que mirar bien qué se come.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
7 págs. / 12 minutos / 9 visitas.

Publicado el 24 de julio de 2021 por Edu Robsy.

Aún Me Parece Cercana...

Arturo Robsy


Cuento


¿Qué cosa? Mi infancia. Sí: aún me parece cercana por más que ya son muchos los años que me separan de ella y que pronto, irremediablemente, serán demasiados.

Muy buena debió de ser, porque aún la llevo dentro, aún no la he abandonado del todo y siento las preguntas asombradas al borde de los labios, las viejas ganas de iniciar el juego, el momento especial en que los ojos se te quedan quietos, fijos en todo cuanto de irreal te rodea, únicamente atentos a la imaginación que, por dentro, te habla de paisajes lejanos, estrellas muy bajitas y aires removidos que se pueden palpar con las manos.

A veces tengo la impresión de no haber salido de esa infancia mía, de ser aún el niño que amontonaba leña cada tarde para encender un poco más el ocaso. Me sorprendo al mirar los rostros de los mayores desde la misma altura, o al tener que agacharme para sortear cualquier inoportuno toldo de un comercio... Es que la infancia aún está conmigo, aún me sujeta y me hace vivir la impresión de que esto, el bolígrafo, el papel, los nuevos deberes y las irremediables angustias, no es más que el viejo juego que se inicia y sucesivamente se engrandece.

Por eso en el espejo me veo igual que cuando... que cuando aún era más niño. También, por supuesto, me queda la impresión de que viví mi infancia a trozos, en el verano, por ejemplo, que entonces era enorme, prolongado, inacabable... Casi tan costoso como el invierno.

A fuerza de recordar tengo presentes los veranos, pero no el tiempo que los separaba, no el otoño, no el largo invierno, porque entonces, como la naturaleza, entraba en un letargo del que sólo la nueva primavera me arrancaba, ya retozón y aventurero.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
6 págs. / 12 minutos / 10 visitas.

Publicado el 22 de julio de 2021 por Edu Robsy.

El sillón de Cortázar

Francisco A. Baldarena


cuento


Una tarde, en uno de sus diarios paseos de jubilado, Jacinto pasó delante de un negocio de muebles usados y se encantó con un sillón que, a pesar de parecerse a cualquier otro sillón común y corriente, tenía una estrellita plateada en el centro del respaldo que por alguna razón inexplicable lo atrajo y de la cual no pudo sacarle los ojos de encima, como si ese detalle poseyera algún tipo de imán con el cual lo atraía hacia el sillón. Jacinto quiso sentarse, no tanto para probarlo sino porque le urgía hacerlo, así sin más, como un antojo repentino, pero un cartel que decía: "PROHIBIDO SENTARSE" y el propietario que lo acechaba por encima del arco de los anteojos, parado detrás de un mostrador, se lo impidieron. Para hacerlo, estaba claro que tendría que comprarlo. Entonces, su mano derecha, como pensando de manera independiente, manoteó la billetera por cuenta propia y la izquierda, emulando a la otra, sacó los billetes y se los alcanzó a la mano del dueño del local que, ya estiraba por encima del mostrador apenas el hombre viera la intención de la compra, los manotearon con excesiva avidez. 

   En frente del establecimiento había una camioneta convenientemente estacionada, en cima de la cabina un cartelito mal pintado y con letras torcidas anunciaba  "SE HACEN FLETES". A Jacinto le hubiera gustado ir sentado atrás en "su sillón", pues quería porque quería sentarse, sentía que una fuerza extraña lo impulsaba a ello con necesidad extrema, pero no queriendo pasar por loco a la vista del fletero, resistió valientemente. 

   Ya en la casa, en el patio nomás, sucumbió al impulso con la resignación del derrotado y aplastó las posaderas en el sillón. 

   ¡Ah, qué sensación de bienestar!, si hasta daban ganas de quedarse allí sentado hasta el final de los tiempos. Pobre Jacinto, no sabía él lo premonitorio que había en tales pensamientos. 


Leer / Descargar texto

Creative Commons
3 págs. / 6 minutos / 10 visitas.

Publicado el 21 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .

El último salto

Francisco A. Baldarena


cuento


Las ráfagas de ametralladora aumentan de intensidad. 

   "Esta vez parece que quieren acabar con todos". 

   Se oyen gritos, gritos rabiosos, y quejas y mas detonaciones. 

   "Dios se apiade de mis hermanos". 

   Poco después las ráfagas disminuyen considerablemente, hasta que solo se oyen unos cuantos disparos dispersos. 

   "Como es su costumbre: rematar con un tiro de gracia para asegurarse que el trabajo quede bien hecho". 


Leer / Descargar texto

Creative Commons
1 pág. / 2 minutos / 13 visitas.

Publicado el 21 de julio de 2021 por Francisco A. Baldarena .

12345