El regreso del Profeta
Almustafá, el elegido y bieñamado, el que era amanecer de su propio
día, volvió a su isla natal, en el mes de Ticrén, el mes del recuerdo.
Y su barca se acercó al puerto,. mientras él permanecía en pie, en la proa, rodeado de su tripulación.
Y tenía una sensación de bienvenida en su corazón. Habló, y el mar resonó en su voz, y dijo:
Mirad, es la isla que me vio nacer. Desde allí me lancé al mundo, con
una canción y un acertijo; una canción para los cielos, y una pregunta
para la tierra. Y, ¿qué hay entre el cielo y la tierra que lleve la
canción y conteste la pregunta, excepto nuestra propia pasión?
El mar me arroja una vez más a estas playas. No somos .sirio una ola
más de sus olas. Nos empuja para que seamos su voz. Pero, ¿cómo serlo, a
menos que rompamos la simetría de nuestro corazón en la roca y en la
arena?
Porque esta es la ley de los marineros y del mar: si quieres ser
libre, tienes qué ser como la niebla. Lo informe busca desde' siempre la
forma, como las incontables nebulosas tienden a convertirse en soles y
lunas; y nosotros, que hemos buscado tenazmente, volvemos ahora a ésta
isla. Hemos de convertirnos una vez más en niebla, y tenemos que
aprender el principio-de todas las cosas. ¿Para nacer; para vivir hay
que romper y fragmentar un mundo?
Para siempre estaremos en busca de playas, para poder cantar, y que
nos oigan. Pero, ¿qué decir de la ola que se rompe donde nadie puede
oírla? Lo que no escuchamos en nosotros es lo que alimenta nuestro dolor
más hondo. Sin embargo, también lo no escuchado, lo insólito, es lo que
forma nuestra: alma, para hacer nuestro destino.
Entonces, uno de sus marineros dio un paso adelante, y le dijo:
Maestro, has capitaneado nuestras ansias de llegar a este puerto, y
mira: ya hemos` arribado. Sin embargo, hablas de dolor y de corazones
que se han de romper.
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