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Relatos Varios de los Años 30

Felisberto Hernández


Cuentos, colección


Danza española

Yo tendré un puño negro.
Yo seré fino, acerado y terrible.
Yo seré un puñal español.
Tú danzarás lentamente.
Tú llevarás las manos en las caderas.
Tú me llevarás entre los dientes.
Tú me apretarás en tu mano nerviosa.
Tú me guardarás en tu pecho caliente.
Tú amarás mucho a tu extraño amigo.
Yo recibiré en mi filo el fluido de tus nervios.
Yo lo acumularé todo en mi puño negro.
Yo soltaré de mí, corrientes de presagio.
Yo tendré un puño negro.
Yo seré fino, acerado y terrible.
Yo seré un puñal español.

Poema de un próximo libro (1)

He ido a la memoria a juntar hechos
Alrededor de los hechos han crecido pensamientos.
Esos pensamientos tienen muchas palabras.
Son pocos los que he podido arrancar.
Aquí se encontrarán.
Hace poco tiempo la vida se me detuvo en una mujer.
Tiene una manera de ser rubia: es rubia nada más que como ella.
Tiene ojos azules: pero son de un nuevo azul.
Yo no quería detenerme: pero acortaba los pasos.
Yo alargaba los pasos: pero tardaba mucho en darlos.
Yo miraba el suelo firme y me dirigía hacia otro lado:
El camino tenía una curva muy disimulada y yo volvía hacia ella.
Un día ella caminaba a mi lado.
El sol le daba de frente.
Para poder mirarse hacía una gran guiñada.
El otro ojo muy abierto parecía haber visto
la alegría.
Esta historia la quiero mucho.
Más bien volveré a la memoria y arrancaré
los hechos.

Hoy he vuelto a la memoria,
No he podido arrancar ningún hecho.
Junto a ellos ha crecido mucha otra cosa.
Aquí no se encontró.

Ella tiene un sombrerito negro.
Sus alas son muy angostas.
Debajo de él acomoda sus cabellos.
Parece un nido dado vuelta.

La vida es maravillosa
Hoy nos envolvió de otra manera
Nos llevó por otros lugares.
Plantemos nuevos hechos.


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Dominio público
22 págs. / 38 minutos / 61 visitas.

Publicado el 12 de febrero de 2025 por Edu Robsy.

Relatos Varios de los Años 40 y 50

Felisberto Hernández


Cuentos, colección


La pelota

Cuando yo tenía ocho años pasé una larga temporada con mi abuela en una casita pobre. Una tarde le pedí muchas veces una pelota de varios colores que yo veía a cada momento en el almacén. Al principio mi abuela me dijo que no podía comprármela, y que no la cargoseara; después me amenazó con pegarme; pero al rato y desde la puerta de la casita —pronto para correr— yo le volví a pedir que me comprara la pelota. Pasaron unos instantes y cuando ella se levantó de la máquina donde cosía, yo salí corriendo. Sin embargo ella no me persiguió: empezó a revolver un baúl y a sacar trapos. Cuando me di cuenta que quería hacer una pelota de trapo, me vino mucho fastidio. Jamás esa pelota sería como la del almacén. Mientras ella la forraba y le daba puntadas, me decía que no podía comprar la otra y que no había más remedio que conformarse con ésta. Lo malo era que ella me decía que la de trapo sería más linda; era eso lo que me hacía rabiar. Cuando la estaba terminando, vi como ella la redondeaba; tuve un instante de sorpresa y sin querer hice una sonrisa; pero enseguida me volví a encaprichar. Al tirarla contra el patio el trapo blanco del forro se ensució de tierra; yo la sacudía y la pelota perdía la forma: me daba angustia de verla tan fea; aquello no era una pelota; yo tenía la ilusión de la otra y empecé a rabiar de nuevo. Después de haberle dado las más furiosas “patadas” me encontré con que la pelota hacía movimientos por su cuenta: tomaba direcciones e iba a lugares que no eran los que yo imaginaba; tenía un poco de voluntad propia y parecía un animalito; le venían caprichos que me hacían pensar que ella tampoco tendría ganas de que yo jugara con ella. A veces se achataba y corría con una dificultad ridícula; de pronto parecía que iba a parar, pero después resolvía dar dos o tres vueltas más.


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Dominio público
62 págs. / 1 hora, 48 minutos / 60 visitas.

Publicado el 19 de febrero de 2025 por Edu Robsy.

Suelo Natal

Horacio Quiroga


Cuentos, colección


Libro de cuentos y textos por Horacio Quiroga en colaboración con el profesor Leonardo Gulsberg. Con Intermedio Poetico en colaboracion con varios autores adicionales. Version de Anaconda aqui encontrada es una version notablemente distinta a la version de su libro omonimo de Quiroga. El Condor es un relato distinto a El Cóndor de la compilacion Cartas de Un Cazador de Quiroga. La Abaja Haragana es identica a la version de Cuentos De La Selva de Quiroga. Incluye notas dejadas por los autores originales.

EL CONDOR


Allá en lo alto, a través de la atmósfera pura y glacial, el cóndor va, con las alas abiertas. Reina en la altura insondable como un monarca.

Su imperio es la altura inaccesible, el abismo sin fin del espacio. Reina en el silencio. A veces, tal vez llega hasta éste el lejano fragor de un alud.

Fuera de eso, nada. No hay allí más vida que la del cóndor, ni otro sonido que la potente vibración del aire en las rígidas plumas de sus alas.

Tan poderosa es la organización del cóndor para el vuelo, que nunca se le ve batir las alas, si no es para levantarse de tierra o bajar hasta ella.

No recuerda en nada el rápido batir de alas de los pájaros. Más que vuelo, es una navegación silenciosa por el espacio. Con las alas abiertas e inmóviles, el cóndor, invisible desde tierra, va planeando a través de la atmósfera helada, como un aeroplano vital.

Cruza sobre los valles hondísimos, bordea las blancas cimas de los Andes, prosigue su exploración de rapiña, dejando tras él, como una estela, el vibrante gemido de su vuelo.

Súbitamente, vuelve a tierra con fijeza su calva cabeza, y comienza a descender planeando en una gran espiral descendente. De nuevo, vuelve a recordar el vuelo del aeroplano.


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Dominio público
70 págs. / 2 horas, 3 minutos / 35 visitas.

Publicado el 6 de mayo de 2026 por usuario no registrado.

Al Amor de la Lumbre

Norberto Torcal


Cuentos, colección


Quien no ha recibido de la naturaleza un espíritu falaz y un corazón perverso, los puede cambiar con la frecuente lectura de libros malos, tanto ó más perjudicial que la conversación y trato con hombres corrompidos.—Baillet.

El secreto de dos almas

I

Al lento andar de la vaca robusta, cuyas rosadas ubres casi tocaban en el suelo Ramuncho volvía, ya puesto el sol, ú su pobre casería siguiendo el estrecho sendero que, entre frondosos manzanos y maizales, serpentea por la montaña.

En el rostro del viejo vascongado leíase el desaliento y la tristeza. Muy de madrugada había bajado á la villa con intención de vender la vaca; pero los pocos compradores que á él se habían acercado, como si comprendieran lo apremiante de su necesidad, habían sido tan parcos en sus ofertas, que Barn ancho vió llegarlas últimas horas de la tarde sin poder realizar sus deseos, teniendo que volverse á casa con el manso animal que ya de nada podía servir á la familia para sacarla de su situación angustiosa.

Porque la usura no tiene entrañas y sus amenazas se cumplen fatalmente; ó Ramuncho pagaba antes de tres días los cien duros que, confiado en la abundancia de la próxima cosecha, había tomado á un interés harto crecido, para pagar la contribución y saldar algunas cuentecillas atrasadas, ó sería inmediatamente echado de su casa y desposeído de la mísera hacienda, la cual, á fuerza de sudores y trabajos, daba para ir viviendo. El dilema no admitía término medio: ó lo uno ó lo otro.


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Dominio público
75 págs. / 2 horas, 11 minutos / 193 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Aventuras Grotescas

Ricardo Güiraldes


Cuentos, Colección


Arrabalera

Es un cuento de arrabal para uso particular de niñas románticas.

Él, un asno paquetito.

Ella, un paquetito de asnerías sentimentales.


La casa en que vivía,
arte de repostería.
El padre, un tipo grosero
que habla en idioma campero.
 

Y entre estos personajes se desliza un triste, triste episodio de amor.

La vio, un día, reclinada en su balcón; asomando entre flores su estúpida cabecita rubia llena de cosas bonitas, triviales y apetitosas, como una vidriera de confitería.

¡Oh, el hermoso juguete para una aventura cursi, con sus ojos chispones de tome y traiga, su boquita de almíbar humedecida por lengua golosa de contornos labiales, su nariz impertinente, a fuerza de oler polvos y aguas floridas, y la hermosa madeja de su cabello rizado como un corderito de alfeñique!

En su cuello, una cinta de terciopelo negro se nublaba de uno que otro rezago de polvos, y hacía juego, por su negrura, con un insuperable lunar, vecino a la boca, negro tal vez a fuerza de querer ser pupila, para extasiarse en el coqueto paso sobre los labios de la lengüita humedecedora.

Una lengüita de granadina.

La vio y la amó (así sucede), y le escribió una larga carta en que se trataba de Querubines, dolores de ausencia, visiones suaves y desengaño que mataría el corazón.

Ella saboreó aquel extenso piropo epistolar. Además, no era él despreciable.

Elegante, sí, por cierto, elegante entre todos los afiladores del arrabal, dejando entrever por sus ojos, grandes y negros como una clásica noche primaveral, su alma sensible de amador doloroso, su alma llena de lágrimas y suspiros como un verso de tarjeta postal.

Todo eso era suficiente para hacer vibrar el corazón novelesco de la coqueta balconera.

Se dejó amar.


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Dominio público
8 págs. / 15 minutos / 248 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2019 por Edu Robsy.

Cardos

Javier de Viana


Cuentos, colección


La estancia de don Tiburcio

El auto avanzaba velozmente por la hermosa carretera bordeada de altos y ramosos eucaliptus, que en partes formaban finas cejas del camino y en partes se espesaban en tupidos bosques.

De trecho en trecho abríanse como puertas en la arboleda, permitiendo observar hacia la izquierda, los grandes rectángulos verdes cubiertos de alfalfa, de cebada y de hortalizas; los hornos ladrilleros, los plantíos de frutales, las alegres casitas blancas, de techo de hierro y amparadas por acacias y paraísos. En otros sitios los arados mecánicos roturaban, desmenuzándola, la tierra negra y gorda. Todo, hasta los prolijos cercos de alambre tejido que limitan los pequeños predios, pregona el avance del trabajo civilizado.

A la derecha vense bosquecillos de jóvenes pinares, regeneradores del suelo, encargados de detener el avance de las estériles arenas del mar... Más hacia el sur, los médanos, ya casi vencidos, adustos, muestran sus lomos bayos sobre los cuales reverbera el intenso sol otoñal; y más allá todavía, brilla, como un espejo etrusco, la inmensa lámina azul de acero del río-mar...

El auto vuela, entre nubes de polvo, por la nueva carretera, y aquí se ve un chalet moderno, rodeado de jardines, y luego un tambo modelo, y después una huerta y más lejos una fábrica, cuya negra humaza desaparece en la diafanidad de la atmósfera apenas salida de la garganta de las chimeneas; y en seguida otras tierras labrantías y más eucaliptos y más pinos, y de lejos en lejos, como único testimonio del pasado semibárbaro, uno que otro añoso ombú, milagrosamente respetado por un resto de piedad nativa.

El amigo que nos conduce a su auto,—un santanderino acriollado,—me dice,—descuidando el volante para dibujar en el aire un gran gesto entusiasta:

—¡Esto es progreso! ¡Esto es grandeza!... ¡Esto es hermosura!


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Dominio público
91 págs. / 2 horas, 40 minutos / 100 visitas.

Publicado el 17 de agosto de 2022 por Edu Robsy.

Cuentecitos Sin Importancia

Silverio Lanza


Cuentos, colección


Dedicatoria

Al Señor Don Fernando Castelo


Mi novelita Mala cuna y mala fosa está dedicada á un muerto.

Porque yo ni de los muertos me olvido.

Ahora bien; como me reservo el placer de no verle á usted morir, se hace preciso que le recuerde á usted en vida.

Así como el más leve indicio de una función basta para denunciar la vida en un organismo, así, creo yo, bastará este insignificante tomo para consignar nuestra amistad tan sincera y tan desinteresada.

Sea conforme lo deseo.


Silverio Lanza

Prólogos

De la primera edición


¡Cuánto trabajo he perdido en coleccionar los cuentos de Silverio Lanza! ¿Y para qué?...

Luchando heróicamente con mi pobreza he logrado de ella algunas pesetas con que publicar este tomo.

¡Quizá no publique otro!

Por eso he reunido en él cuentos de casi todas las colecciones; no los mejores ni los más malos (que yo no sé distinguir en estas cosas), sino aquellos que, á mi juicio, sintetizan mejor el carácter de cada colección.

Sentiré haberme equivocado.


El editor
J. B. A.

De su segunda edición

Mi amigo D. Pepe quiere casar á sus hijas Anita y Lucrecia. Anita es vieja y fea, y Lucrecia hermosa y joven.

El problema es casar á Anita antes que á Lucrecia.

—Presento á V. mi hija Lucrecia y mi hija Anita que es la segunda.

—Pero... ¿por qué es la segunda?

—Porque la he presentado después.


El editor
J. B. A.

De la tercera edición

Al público.—Muchísimas gracias.


El editor
J. B. A.

P. P. y W.

De la colección «Cuentos del delirio»


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Dominio público
121 págs. / 3 horas, 33 minutos / 197 visitas.

Publicado el 15 de enero de 2022 por Edu Robsy.

Cuentos Campesinos

Antonio de Trueba


Cuentos, colección


Al Sr. D. Carmelo Puyol

Hace dos años dediqué un libro á las costumbres campesinas de Vizcaya que había observado en mi niñez, y ahora dedico otro á las costumbres campesinas de Castilla, que he observado en mi mocedad. Sin embargo, los CUENTOS DE COLOR DE ROSA se idearon en Castilla, y los CUENTOS CAMPESINOS se idearon en Vizcaya.

¿Por qué el autor de este libro pensaba en Vizcaya cuando estaba en Castilla, y en Castilla cuando estaba en Vizcaya? No era porque las cosas vistas desde lejos son más hermosas que vistas desde cerca, no; era porque el autor de este libro divide su amor entre Vizcaya, donde pasó la infancia, y Castilla, donde pasó la adolescencia; dos épocas de la vida que llenan el corazón de infinito amor y de infinitos recuerdos.

Desde su hogar, divisa usted, noble y leal amigo mío, allá en la falda del monte, unos nogales que dan sombra á una casa, y allá en el fondo del valle, unos fresnos que dan sombra á una iglesia. ¡A la sombra de aquellos nogales duermen las memorias de mi infancia, y á la sombra de aquellos fresnos duerme para siempre mi madre!

¡Cómo no ha de parecerme ese valle tan hermoso desde cerca como desde lejos!

Desde mi hogar diviso los campos donde agitaron mi corazón todos los sueños de amor y gloria de mi juventud, donde la amistad me prodigó su cariño, donde la experiencia y los libros iluminaron mi inteligencia, donde el trabajo y el dolor enaltecieron mi alma, y donde Dios me consoló con el sol que hace brillar su mirada y las flores que hace brotar su aliento.

¡Cómo no han de parecerme estos campos tan hermosos, desde lejos como desde cerca!

Aquí, tiene usted explicado por qué hace dos años dediqué un libro á Vizcaya, y ahora dedico otro á Castilla. Fáltame ahora explicar cómo concebí la forma de este libro.


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Dominio público
270 págs. / 7 horas, 54 minutos / 189 visitas.

Publicado el 23 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

Cuentos de Color de Rosa

Antonio de Trueba


Cuentos, Colección


A Teresa

Estos cuentos te dedico, amor mío, porque son lo más honrado que ha salido de mi pluma, y porque tu alma angelical y enamorada me ha hecho sentir mucho de lo hermoso y puro y santo que he pretendido trasladar a ellos.

Llámoles CUENTOS DE COLOR DE ROSA, porque son el reverso de la medalla de la literatura pesimista que se complace en presentar el mundo como un infinito desierto en que no brota una flor, y la vida como una perpetua noche en que no brilla una estrella.

Yo, pobre hijo de Adán, en quien la maldición del Señor a nuestros primeros padres no ha dejado de cumplirse un solo día desde que, niño aún, abandoné mis queridos valles de las Encartaciones; yo tendré amor a la vida y no me creeré desterrado en el mundo mientras en él existan Dios, la amistad, el amor, la familia, el sol que me sonríe cada mañana, la luna que me alumbra cada noche, y las flores y los pájaros que me visitan cada primavera.

En el momento en que esto te digo, a ambos nos sonríe a esperanza más hermosa de mi vida: antes que el sol canicular marchite las flores que están brotando, refrescarán nuestra frente las auras de las Encartaciones. El noble y sencillo anciano, que ya se honra y te honrará dándote el nombre de hija, recorre alborozado la aldea, y con el rostro bañado en lágrimas de regocijo, dice a los compañeros de mi infancia:

— ¡Mis hijos vienen! ¡Mi hijo vuelve a saludar estos valles con el ardiente amor que les tenía al darles la despedida más de veinte años ha!

Y los compañeros de mi infancia, que, como yo, siguen la jornada de la vida glorificando a Dios, que les da aliento para no desmayar en ella, participan del regocijo de nuestro padre.


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Dominio público
322 págs. / 9 horas, 24 minutos / 361 visitas.

Publicado el 6 de enero de 2019 por Edu Robsy.

Cuentos de Poeta

Rufino Blanco Fombona


Cuentos, Colección


Carta a Fabio Fiallo

Maracaibo: abril de 1900.

Señor Fabio Fiallo.

Santo Domingo.

Mi querido poeta.

Un día ráfagas de adversidad me llevaron á esa noble patria tuya. Bajaba del Norte, quizás un poco enamorado. Triste, de la tristeza generosa de los amantes y de los proscritos; llena todavía mi alma con la suave música de suaves palabras de amor; en los oídos el eco lastimoso de la patria, atormentada, puesta en cruz; enfermo del alma y del cuerpo, llegué en busca del piadoso peñón antillano, donde poder enterrar íntimas pesadumbres, la vista en el horizonte, hacia la patria imposible y amada.

Entonces fue cuando me abriste, oh poeta, las puertas de tu hogar y de tu corazón.

Y después, á la hora en que un falso patriotismo, vidrioso é impertinente, lapidaba mi nombre; á la hora en que tantos apedreaban con censuras y protestas al gobierno liberal, por el hecho de haberme honrado más allá de todos mis anhelos, galardonando quizás mi amor á Santo Domingo, fue tu pluma viril, tu pluma de diarista y de poeta, la que yo vi indignarse y coronar de rosas mi nombre.

Mi corazón es tuyo, poeta.

Acóje esos pobrecitos Cuentos que se me han salido toscamente de la pluma. Yo los viví casi todos; ó los he cojido al vuelo, mirando sufrir á los demás hombres.

Historia de un dolor, es una historia de veras. Aquel hombre que agoniza es mi padre. Yo vivía en Holanda en 1896 y al rescoldo de mis recuerdos de hogar, escribí, y entonces publiqué, si bien algo variada, esa página íntima.

Juanito, ya tú lo conoces, me valió un laurel. ¡Pobre Juanito! Carta de amor no es literatura. Cuanto á Molinos de maíz, baste decirte que mi padre fue propietario de tahona, en una poblacioncita de Venezuela, y te juro no ser mi pobre padre, el Redil de mi cuento.


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Dominio público
66 págs. / 1 hora, 55 minutos / 335 visitas.

Publicado el 1 de diciembre de 2019 por Edu Robsy.

910111213