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etiqueta: desamor


El Molino de Dios

Mario Peloche Hernández


Ficción especulativa, ciencia ficción, locura, desamor, destino, azar, ciencia, fe, Dios


«… el molino de Dios muele despacio, pero muele muy fino». Así acaba el diario de Lázaro Muriel González, y es lo primero que lee Elías cuando lo encuentra entre los objetos que le ha legado su hijo tras su misteriosa desaparición. La búsqueda será un complejo viaje a través de la mente enajenada de Lázaro, que lo llevará a cuestionarse todo lo que le ha enseñado una vida dedicada a la ciencia y marcada por el fracaso familiar. Sin saberlo, también se embarcarán en él Daniel, un niño muy especial que, acunado por el cuento que le narra Miriam, su madre, soñará con mundos tan reales como este, más allá de la vida y de la misma muerte. Acabarán encontrando aquello que todos ellos —y todos nosotros, de hecho— buscamos sin saberlo: un final donde la fe, donde lo invisible que nos sustenta, sea el destino, y las palabras, sus hacedoras.

“El molino de Dios” (Esdrújula ediciones) es una novela de ficción especulativa llena de personajes y tramas tan peculiares como complejas, que será presentada el 7 de abril en Cáceres. Descubre más de ella en https://psentimiento.wordpress.com


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1 pág. / 1 minuto / 183 visitas.

Publicado el 8 de marzo de 2017 por Mario Peloche Hernández.

QUERER

Kelsykel


desamor


QUIERO

 Quiero estar en paz, hundirme en las letras capaces de hacer navegar tu mente. QUIERO el arte creado del sentido de tus manos y las mismas proyectando pasión en ese reflejo interior al que llamas PERSONA.  

Quiero tus versiones, tus anhelos, tus aspiraciones, elevar tus sueños y acompañarte a cumplir cada uno de ellos. Enseñarte a sonreír al mundo. Y no perder esa sonrisa tan capaz e imperfecta para que no se pierda al apagarse el mismo. Necesito de ti. QUIERO y querré tu mejor versión.


Pero no quiero verte llorar. No quiero verte tratando de ser fuerte, aguantando, una y otra vez, con la esperanza invisible pero visible y existente para ti, la cual…Nunca llegará. No quiero el dolor disfrazado de amor desencadenar lágrimas con el poder de herirla, permitiéndole recibir golpes a su gran corazón, siempre dispuesto a amar. Derribando esos muros sólidos, construidos por el valiente y limitante miedo, protegiéndose a sí mismo.

 Entre tu voz quebrada y adolorida. En tus ojos tristes, opacos, como si le hubieran arrebatado su luz. Esa luz que siempre existió a su lado. Ese ser que no le veías imperfecciones, las mismas que se encargaron de quitarle esa venda, que disfrazaba la realidad en la mentira más honesta. Ella es fuerte, ella está dispuesta a recoger sus pedazos rotos con sus manos y abrazarlos, volviendo a intentarlo….Una vez más.


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Licencia limitada
1 pág. / 1 minuto / 13 visitas.

Publicado el 27 de junio de 2022 por Kellen Gallo.

22 maneras de romperme el corazón

Ainhoa Escarti


desamor, amor, prosa, poesía


1. La separación

 

Tras los pasos de fuego

 

 

Salió corriendo como si le quemaran los talones, sus pisadas rápidas dejaban cercos de fuego en el asfalto. Huía. Rauda, veloz y sin mirar atrás para evitar convertirse en estatua de sal. Lo peor era que me abandonaba, desertaba de mí. Seguí sus pasos con la mirada, con mis piernas pegadas al suelo, inmovilizado por el desconocimiento y por esa estupidez innata que me había dado la mano toda mi vida. Escapaba de mí y yo me quedé ahí, sin pensar, sin reaccionar.

Las horas pasaron lentas, podía ver cada grano de arena caer. Los minutos se dilataban en el tiempo en una especie de eternidad vacía en la que ni pensaba ni sentía, solo existía, o quizá suponía que existía.

En casa, mientras pasaban las horas, veía todas sus cosas en los mismos sitios de siempre con su simple cotidianidad. Su carrera se asemejaba a una variedad de espejismo, no había sido cierta. La realidad no podían ser esos talones de fuego quemando asfalto para que nuestra distancia fuera aún mayor.

Los granos de arena del reloj siguieron cayendo, la luz se fue apagando y el día concluyó. No pasó mucho, quizá unas horas, y sonó el teléfono, no era ella. No reconocí aquella voz, por lo menos en los primeros minutos. Sentía que me hablaban, pero un zumbido en los oídos me hizo distanciarme de aquel sonido que seguía sin sonarme. Asentí para que imperara el silencio, y colgué.


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5 págs. / 9 minutos / 2.786 visitas.

Publicado el 15 de marzo de 2019 por Ainhoa Escarti.