La decadencia de la mentira
UN DIÁLOGO
Personajes: Cyril y
Vivian
Lugar: Biblioteca de una casa de campo en
Nottingham.
CYRIL (Mientras que entra por la puerta-balcón abierta
de la terraza.).- Pasa usted demasiado tiempo
encerrado en la biblioteca, querido. Hace una tarde magnífica y el
aire es tibio. Flota sobre el bosque una bruma rojiza como la flor
de los ciruelos. Vayamos a tumbarnos sobre la hierba, nos fumaremos
un cigarrillo y gozaremos de la madre Naturaleza.
VIVIAN.- ¡Gozar de la Naturaleza! Antes
que nada quiero que sepa que he perdido esa facultad por completo.
Dicen las personas que el Arte nos hace amar aún más a la
Naturaleza, que nos revela sus secretos y que una vez estudiados
estos concienzudamente, según afirman Corot y Constable,
descubrimos en ella cosas que antes escaparon a nuestra
observación. A mi juicio, cuanto más estudiamos el Arte, menos nos
preocupa la Naturaleza. Realmente lo que el Arte nos revela es la
falta de plan de la Naturaleza, su extraña tosquedad, su
extraordinaria monotonía, su carácter completamente inacabado. La
Naturaleza posee, indudablemente, buenas intenciones; pero como
dijo Aristóteles hace ya tiempo que no puede llevarlas a cabo.
Cuando miro un paisaje, me es imposible dejar de ver todos sus
defectos. A pesar de lo cual, es una suerte para nosotros que la
Naturaleza sea tan imperfecta, ya que de no ser así no existiría el
Arte. El Arte es nuestra enérgica protesta, nuestro valiente
esfuerzo para enseñar a la naturaleza cuál es su verdadera función.
En cuanto a eso de la infinita variedad de la Naturaleza, no es más
que un mito. La variedad no se puede encontrar en la Naturaleza
misma, sino en la imaginación, en la fantasía o en la ceguera
cultivada de su observador.
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