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El Portón de Baqueta

Antonio Afán de Ribera


Cuento, leyenda


I

Es una hermosa mañana de primavera del año de 1569. Vencida la rebelión morisca la Alpujarra, por el valor de los tercios castellanos, y por la nunca desmentida condición tornadiza y sediciosa de los moriscos para con sus caudillos, Granada vio entrar triunfantes sus huestes, y la calma con tanta razón perdida, volvió a ostentarse sus ámbitos.

Los sectarios del profeta, que aún no abandonaron sus antiguas viviendas, ocultaba su vergüenza y su espanto en los más ocultos pasadizos, y lágrimas de rabia surcaba sus tostadas mejillas, pesándole el trágico fin de Aben-Humeya, y la pérdida total de sus locas esperanzas de restauración musulmana.

II

Al pie de la torre de la antigua parroquia de San Cristóbal, y como respiradero abierto para el monte inclinadísimo que desde aquel edificio bajaba el arrecife de la Alcazaba, tan cruzado por los jinetes zegríes las eternas revueltas del Albaicín contra la Alhambra, se hallaba la entrada de una espaciosa cueva que ensanchándose por grados muchas varas en redondo, concluía en una angosta mina, tal vez salida oculta, o tal vez subterráneo de respiración desconocida.

No estaba, como las que hoy existe, al borde de una vereda, y sujeta a las miradas profanas; antes bien, una cerca extensa de agudos espinos y punzantes nopales, defendía el terreno de aquella, formando una especie de murado recinto, de vista portentosa desde la altura, y de adorno del cerro por los opuestos costados.

Allí lozanas parras lucían sus opimos racimos, y por la estación que nos ocupa, la blanca flor de los perales, y la rojiza de los albaricoqueros, perfumaban el ambiente y alegraban la vista, mientras los alelíes jaspeados alentaban abrirse a los capullos de los rosales, que empezaban a colorarse al sol primaveral.


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Dominio público
8 págs. / 15 minutos / 52 visitas.

Publicado el 1 de febrero de 2023 por Edu Robsy.

La Casa de los Telarones

Antonio Afán de Ribera


Cuento, leyenda


I

El desocupado transeúnte que, sin miedo a las rondas y a los malos encuentros, hubiese pasado la noche del 24 de abril del año de 1774 por la callejuela llamada de las Faltriqueras de San Gregorio el Alto, después del toque de ánimas, dado por las campanas de la ya iglesia colegiata de Nuestro Salvador, de seguro que se hubiera quedado estupefacto al presenciar el barullo y las distintas afirmaciones con que narraban el suceso hombres y mujeres, niños y ancianos, todos con una discordancia de pareceres capaz de perturbar el cerebro mejor organizado.

—Yo he oído perfectamente el ruido de la lanzadera —decían unos.

—Yo he visto desde lejos moverse las telas como si millares de dedos humanos se empleasen, respondían los otros.

—Yo he visto al capataz de los incógnitos trabajadores, añadía una mozuela, y es bien parecido y de robustos brazos.

—Así lo quisieras, descocada, le replicaba una vieja. La Paquilla está siempre pensando en los buenos mozos, desde aquel coracero de la Guardia que la dejó plantada.

—Claro es eso, comadre Anacleta, afirmaba otra interlocutora; como que en lugar de ser un hombretón, la figura que se distingue es poco más que el enanillo que enseñaban estas pascuas los saltimbanquis.

Y en estas murmuraciones y estos distingos tuvieron lugar de presentarse en escena un golilla con sus satélites precedidos de los más justicieros comisarios, todos para quedarse con la boca abierta y algunos grados de miedo contemplando un destartalado y ruinoso casaron, que por sí solo formaba una pequeña manzana, sin que una luz dejase ver sus resplandores por los resquicios de las carcomidas maderas, ni voz humana sonar en sus ámbitos.


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Dominio público
6 págs. / 11 minutos / 47 visitas.

Publicado el 1 de febrero de 2023 por Edu Robsy.

Kwaidan: Historas y Estudios Sobre Cosas Extrañas

Lafcadio Hearn


Cuento, Leyenda


La historia de Mimi-Nashi Hōichi

Hace más de 700 años, en Dan-no-ura, en el litoral del estrecho de Shimonoseki, se libró la última batalla de la larga guerra que enfrentó a los Heike, el clan de los Taira, con los Genji, el clan de los Minamoto. Fue en aquel lugar donde perecieron todos los Heike, con sus mujeres y niños, y también el emperador infante, hoy recordado como Antoku Tennō. Aquellos mares y aquellas costas llevan siete siglos hechizados por los espíritus de los muertos… En alguna otra parte he descrito los extraños cangrejos que habitan esa zona —y que son conocidos como «cangrejos Heike»—, en cuyos caparazones se dibujan rostros humanos que se dice representan las caras de los fieros guerreros Heike. Pero otras muchas cosas insólitas se ven y se oyen a lo largo de esas costas. En las noches oscuras, miles de fuegos espectrales se posan sobre la playa y revolotean sobre las olas —pálidas luces que los pescadores llaman oni-bi o fuegos del demonio—, y siempre que sopla el viento, arrastra consigo lo que parecen alaridos y gritos del fragor de la batalla provenientes del mar.


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72 págs. / 2 horas, 7 minutos / 103 visitas.

Publicado el 4 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

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