Textos favoritos etiquetados como Novela corta | pág. 28

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Las Hortensias

Felisberto Hernández


Novela corta


A María Luisa

I

Al lado de un jardín había una fábrica y los ruidos de las máquinas se metían entre las plantas y los árboles. Y al fondo del jardín se veía una casa de pátina oscura. El dueño de la “casa negra” era un hombre alto.

Al oscurecer sus pasos lentos venían de la calle; y cuando entraba al jardín y a pesar del ruido de las máquinas, parecía que los pasos masticaran el balasto. Una noche de otoño, al abrir la puerta y entornar los ojos para evitar la luz fuerte del hall, vio a su mujer detenida en medio de la escalinata; y al mirar los escalones desparramándose hasta la mitad del patio, le pareció que su mujer tenía puesto un gran vestido de mármol y que la mano que tomaba la baranda, recogía el vestido. Ella se dio cuenta de que él venía cansado, de que subiría al dormitorio, y esperó con una sonrisa que su marido llegara hasta ella.

Después que se besaron, ella dijo:

—Hoy los muchachos terminaron las escenas...

—Ya sé, pero no me digas nada.

Ella lo acompañó hasta la puerta del dormitorio, le acarició la nariz con un dedo y lo dejó solo. Él trataría de dormir un poco antes de la cena; su cuarto oscuro separaría las preocupaciones del día de los placeres que esperaba de la noche. Oyó con simpatía, como en la infancia, el ruido atenuado de las máquinas y se durmió. En el sueño vio una luz que salía de la pantalla y daba sobre una mesa. Alrededor de la mesa había hombres de pie. Uno de ellos estaba vestido de frac y decía:


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Dominio público
60 págs. / 1 hora, 46 minutos / 173 visitas.

Publicado el 17 de febrero de 2025 por Edu Robsy.

Liliana

Henryk Sienkiewicz


Novela corta


Cuando me hallaba en California, fuí una vez con mi gran amigo el capitán R... a visitar a nuestro compatriota G..., que vivía a la sazón en los solitarios montes de Santa Lucía. Como no le encontrásemos en casa, permanecimos cinco días en un agreste desfiladero de montañas, en compañía de un viejo sirviente indio, que en ausencia del dueño quedábase al cuidado de las abejas y de las cabras de Angora. Yo, siguiendo la costumbre del país, me pasaba la mayor parte del día durmiendo, y por la noche, sentado ante la hoguera, alimentada con zarzas y espinos, oía narrar al capitán sus andanzas y aventuras; andanzas y aventuras realmente extraordinarias, como sólo es posible vivirlas en los desiertos americanos.

Aquellas horas se nos esfumaban como por ensalmo. Las noches eran noches verdaderamente californianas: silenciosas, cálidas, estrelladas. Al resplandor de la hoguera, que de vez en cuando chisporroteaba, divisábase la enorme —pero bella y noble— silueta del veterano gastador, que, alzando la mirada hacia la bóveda celeste, iba evocando en su memoria los pasados acontecimientos y nombres y semblantes queridos, cuyo recuerdo cubría su frente de suave melancolía. Una de aquellas narraciones es la que voy a relatar ahora, tal como la oí de labios del capitán, esperando que ha de cautivar la atención del lector como cautivó en aquel tiempo la mía.


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Dominio público
78 págs. / 2 horas, 17 minutos / 81 visitas.

Publicado el 15 de febrero de 2025 por Edu Robsy.

Tierras de la Memoria

Felisberto Hernández


Novela corta


Tengo ganas de creer que empecé a conocer la vida a las nueve de la mañana en un vagón de ferrocarril. Yo ya tenía veintitrés años. Mi padre me había acompañado a la estación y en el momento de subir al tren nos venía a recibir un desconocido que me preguntó:

—¿Ud. es el pianista?

—Es verdad.

—Lo saqué por la pinta. Yo soy el “Mandolión”.

Mientras íbamos entreverando las explicaciones, mi padre —que era un poco más lento que yo— lo miraba fijo a través de sus lentes que le agrandaban los ojos; y también tenía abierta la boca porque le iba a decir algo; pero tocaron el pito y no tuvo tiempo más que para abrazarme.

El Mandolión sentó lentamente su cuerpo, que había engordado dentro de una piel amarillenta y dura: parecía hinchado como un animal muerto. En la cintura, donde terminaba el pantalón y empezaba el chaleco, tenía desbordada la camisa blanca como si se hubiera puesto un salvavidas.

Me empezó a hablar del “Violín”. El Violín vivía en la ciudad a donde nos dirigíamos y allí nos había conseguido el trabajo.


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Dominio público
71 págs. / 2 horas, 4 minutos / 59 visitas.

Publicado el 16 de febrero de 2025 por Edu Robsy.

Doble Error

Prosper Mérimée


Novela, novela corta


I

Julia de Chaverny llevaba unos seis años de casada y desde hacía próximamente cinco o seis meses había reconocido, no solo la imposibilidad de amar a su marido, sino también la dificultad de tenerle en alguna estimación.

Y no es que este marido fuese mala persona ni tonto ni bobo. Acaso, sin embargo, había en él algo de todo esto. Consultando su memoria, hubiera ella podido recordar que en otro tiempo le había parecido amable; pero ahora le aburría. Todo en él le resultaba antipático. Su manera de comer, de tomar el café, de hablar, le crispaba los nervios. No se veían, ni se hablaban, más que en la mesa; pero comían juntos varias veces por semana, y era lo bastante para alimentar la aversión de Julia.


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68 págs. / 2 horas / 29 visitas.

Publicado el 1 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

Locura y Muerte de Nadie

Benjamín Jarnés


Novela corta


Con el lirismo penetra en el arte una sustancia voluble y tornadiza. La intimidad del hombre varía a lo largo de los siglos; el vértice de su sentimentalidad gravita unas veces hacia oriente y otras hacia poniente. Hay tiempos jocundos y tiempos de amargor. Todo depende de que el balance que hace el hombre de su propio valer le parezca, en definitiva, favorable o adverso.

...La poesía y todo arte versa sobre lo humano y solo sobre lo humano. El paisaje que se pinta se pinta siempre como un escenario para el hombre. Siendo esto así, no podía menos de seguirse que todas las formas del arte toman su origen de la variación en las interpretaciones del hombre por el hombre. Dime lo que del hombre sientes y decirte he qué arte cultivas.

...Por eso la literatura genuina de un tiempo es una confesión general de la intimidad humana entonces.


José Ortega y Gasset.

Prólogo

A fuerza de tropezarme con Juan Sánchez he llegado a intimar con él, a quererle; por eso escribo hoy su historia. Me gusta contarla porque en ella apenas hay conflictos, aparte del viejo conflicto de todo héroe que aparece en este mundo: el de su propia aparición.

Porque, de pronto, cuando las aventuras de la carne se van arrinconando —fatigadas— entre los biombos de la frivolidad, se van extinguiendo sobre los almohadones del hastío, y la misma Salomé no provoca vibración simpática ninguna de no acercarse a los espectadores precedida de un costoso y desnudo «conjunto»; cuando la castidad y la lujuria, como la suavidad y la cólera —meros productos de una concurrencia de humores— apenas logran ya conmover a las gentes; cuando todo, en el teatro y en la novela, vacila o cae, se levantan de lo más profundo los antiguos signos de interrogación.

La virtud y el vicio, el bien y el mal, fueron perdiendo sus confines; pero cada vez se acusa con más brío el problema gigante.


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Dominio público
99 págs. / 2 horas, 53 minutos / 28 visitas.

Publicado el 24 de julio de 2026 por Edu Robsy.

Paula y Paulita

Benjamín Jarnés


Novela corta, cuento


La mañana

Estudio en Aguas Vivas cierto período de transición en las evoluciones del paisaje. Hay aquí un sugerente tipo medio entre el patrón natural y el artístico que me recuerda al cuadro histórico, tipo de creación intermedia entre la historia y la pintura. Y culpo de delitos de precipitación al arquitecto del balneario. En unas pocas hectáreas de terreno fue amontonando los relieves pintorescos de muchas leguas a la redonda. Este denso panorama se formó a expensas de muchas otras perspectivas, vacías hoy de sentido decorativo. A buen precio lo habrá pagado todo la administración; porque, maravilla a maravilla, todas las del contorno fueron pasando por el libro de Caja. La colección es ya abrumadora. Aprovecharé la importación de ciertos elementos líricos ultramarinos —un aire porteño capaz de arrobar a Paula— para abrir una brecha en mi charla con esta nueva compañera de comedor. Prefiero seguir paso a paso el curso del lucrativo negocio de las Termas, mientras ella sigue el compás voluptuoso del tango.


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Dominio público
24 págs. / 43 minutos / 21 visitas.

Publicado el 6 de septiembre de 2026 por Edu Robsy.

Vida de San Alejo

Benjamín Jarnés


Cuento, novela corta


La cuna

Dioses y santos suelen hacerse esperar mucho. La jerarquía —en la tierra y en el cielo— se mide por el número de antesalas.

«¿Eres tú el que ha de venir o esperamos a otro?», preguntaban los judíos al Bautista. Porque al judío —excepto en la Banca— le gustó siempre invertir su tiempo en funciones pasivas. Y esta dócil postura del espíritu fue legada al cristiano, que ascendió la esperanza a la categoría suma de virtud teologal.

A cuya exaltación dedica anchos capítulos La leyenda dorada. Para fomentar esta virtud se cultivan las patentes de doncellez o esterilidad de las madres predestinadas; porque el santo o el dios lo son desde toda la eternidad, y su primer empeño es procurarse una cuna original.

Aglae, mujer de Eufemiano, es infecunda. Eufemiano, senador ilustre de Roma, columna de la nueva fe imperial, confidente de Teodosio, sueña con una prolongación de su nombre, de sus títulos, de su oro. Espera un hijo. Lo espera como los hebreos esperaban agua de un risco, codornices de un arenal. Ignora que Dios no obra milagros para afirmar la prole de un burgués, que no se crea un alma fuera de turno, para infundirla en el cuerpo de un futuro senador vitalicio.


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Dominio público
31 págs. / 54 minutos / 12 visitas.

Publicado el 10 de septiembre de 2026 por Edu Robsy.

Viviana y Merlín

Benjamín Jarnés


Novela corta


A Titania.
A la reina Mab.
A todas las amigas —visibles e invisibles— de Viviana y Merlín.

Años de aprendizaje y alegría

(Nota autobiográfica)


Como Scheherezada, yo salvé mi vida narrando, produciendo.

...Toda mi existencia ha sido una lucha contra mí mismo. Yo no quiero tener discípulos.

Kierkegaard.


Mi edad bien puede adivinarse por la foto que acompaña a estas líneas, hecha en abril de 1930. Ya dije otras veces la fecha exacta —y lejana— de mi nacimiento: no soy masoquista.

Hay en Aragón enormes extensiones donde apenas crece sino un poco de esparto. En una de ellas, a distancia de unos pocos kilómetros y de algo más de un siglo, nació Goya y nací yo. Él, en Fuendetodos, y yo, en Codo. Como Goya, fui a Zaragoza, y como Goya, caí después en Madrid. Uno, a pintar muy bien, y otro, a escribir como se puede. Me gustaría desterrarme también por algo y morir, como él, en Burdeos o en China. Esto me será fácil. Aunque me gustaría mucho más tener duquesas desnudas que pintar —tropo a tropo, claro es— después o al mismo tiempo de haberme derretido de amor por ellas. (Ya comprendo lo difícil de realizar esta última parte del itinerario goyesco, pero mi devoción —fatal— por Goya es superior a todo, y —fatalmente— debo hacerlo así constar en mi programa de ambiciones).

Me gustaría, además:

Ser tan exuberante como Goya y tan alerta como mi segundo genial paisano y maestro, Baltasar Gracián. Es decir: llenar los museos literarios de libros opulentos, pero magros; incandescentes, pero de llama cautiva en transparente cristal; voluptuosos, pero de sensualidad puesta en tortura de razón; vivaces, vivarachos, quizá, hasta el aturdimiento, pero de inquietud siempre armonizada; libres, pero de ruta bien clara y hondo cauce.


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Dominio público
69 págs. / 2 horas / 31 visitas.

Publicado el 25 de agosto de 2026 por Edu Robsy.

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