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etiqueta: Novela corta


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Ajuste de Cuentas en Boot Hill

Robert E. Howard


Novela corta


I. Los Laramies cabalgan de nuevo

Cinco hombres cabalgaban por el serpenteante camino que conducía a San León; uno de los jinetes, con voz ronca y monótona, canturreaba:

«Al alborear la aurora de un día de mayo
Brady llegó en el tren de la mañana.
Brady llegó con el Lucero del Alba.
¡Y le disparó al señor Duncan detrás de la barra!»
 

—¡Basta! ¡Cállate de una vez! —fue el más joven de los jinetes quien protestó así. Un muchacho flaco con el pelo como la estopa, un toque de palidez bajo su tez bronceada y brasas ardiendo en sus ojos rebeldes.

El hombre más grande y corpulento de los cinco sonrió ampliamente.

—Bucky está nervioso —burlóse con malicia—. No quieres convertirte en un vulgar forajido como nosotros, ¿no es así, Bucky?

El más joven clavó en él una mirada fulminante.

—¡Que se te llene el gaznate de llagas por lo que has dicho, Jim! —gruñó.

—Te revuelves como un gato montés —respondió tranquilamente Jim el grande—. Pensé que no seríamos capaces de ponerte sobre tu caballo asilvestrado para dirigirnos a San León sin golpearte antes en la cabeza. La única ocasión en que se hace patente tu sangre Laramie, Bucky, es cuando manejas esos endiablados puños tuyos.


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74 págs. / 2 horas, 10 minutos / 185 visitas.

Publicado el 10 de julio de 2018 por Edu Robsy.

El Coronel Chabert

Honoré de Balzac


Novela corta


Á la señora doña Ida del
Chatelar, condesa de
Bocarmé.

—Vaya, ya tenemos aquí á ese viejo moscardón del carrique.

Esta exclamación la lanzaba un pasante que pertenecía al género de los que se llaman en los estudios saltacharcos, el cual mordía en este momento con apetito voraz un pedazo de pan. El tal pasante tomó un poco de miga para hacer una bolita, la cual, bien dirigida y lanzada por el postigo de la ventana en que se apoyaba, rebotó hasta la altura de dicha ventana, después de haber dado en el sombrero de un desconocido que atravesaba el patio de una casa situada en la calle Vivienne, donde vivía el señor Derville, procurador.

—Vamos, Simonín, no haga usted tonterías á las gentes, ó le pondré de patitas en la calle. Por pobre que sea un cliente, siempre es hombre, ¡qué diablo! dijo el primer pasante interrumpiendo la adición de una memoria de costas.

El saltacharcos es, generalmente, como era Simonín, un muchacho de trece á catorce años, que se encuentra en todos los estudios bajo la dirección especial del primer pasante, cuyos recados y cartas amorosas le ocupan, al mismo tiempo que va á llevar citaciones á casa de los ujieres y memoriales á las audiencias. Tiene algo del pilluelo de París por sus costumbres, y del tramposo por su destino. Este muchacho es casi siempre implacable, desenfrenado, indisciplinable, decidor, chocarrero, ávido y perezoso. Sin embargo, casi todos los aprendices de pasante tienen una madre anciana que se alberga en un quinto piso y con la cual reparten los treinta ó cuarenta francos que ganan al mes.

—Si es un hombre, ¿por qué le llama usted moscardón? dijo Simonín con la actitud de un escolar que coge al maestro en un renuncio.

Y reanudó su operación de comer el pan y el queso, apoyando el hombro en el larguero de la ventana, pues permanecía de pie con una pierna cruzada y apoyada contra la otra sobre la punta del zapato.


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74 págs. / 2 horas, 10 minutos / 544 visitas.

Publicado el 6 de octubre de 2016 por Edu Robsy.

El Halcón de las Colinas

Robert E. Howard


Novela corta


I

Para alguien que se encontrara en lo más bajo de la garganta, el hombre agarrado al abrupto acantilado habría resultado invisible, disimulado por los salientes rocosos que formaban algo parecido a una serie de peldaños irregulares de piedra si se miraba desde lejos. Igualmente, vista desde lejos, la accidentada pared parecía fácil de trepar; pero entre cada saliente había huecos que producían vértigo… pérfidas extensiones de tierra arcillosa y pendientes abruptas donde los dedos que se aferraban a la rocosa pared y los dedos de los pies que buscaban a tientas dónde meterse, difícilmente encontraban una presa o un apoyo.

Un único paso en falso, un único asidero mal asegurado y el escalador caería hacia atrás para recorrer una caída vertiginosa que le aplastaría en el fondo rocoso del cañón, trescientos pies más abajo. Pero el hombre agarrado al acantilado era Francis Xavier Gordon y su destino no era caer y aplastarse en el fondo de un barranco del Himalaya.

Su ascensión estaba a punto de terminar. El borde del acantilado se encontraba solamente a pocos pies por encima de su cabeza, pero la superficie que le restaba por franquear era la más peligrosa de aquella insensata escalada. Hizo una pausa para limpiarse el sudor que le cegaba los ojos, inspiró profundamente por la nariz y, una vez más, opuso ojo y músculo a la brutal perfidia de la gigantesca barrera mineral. Apagados aullidos subieron desde el fondo de la garganta, vibrantes por el odio y expresando un deseo sanguinario. No miró hacia abajo. Su labio superior se encogió con un silencioso gruñido, como podría bufar una pantera al oír las voces de los cazadores. Eso fue todo.


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75 págs. / 2 horas, 11 minutos / 53 visitas.

Publicado el 1 de agosto de 2018 por Edu Robsy.

Maura

Concepción Gimeno de Flaquer


Novela corta


Dedicatoria

Novela dedicada a la inteligente y bella dama Carmen Romero Rubio de Díaz

Concepción Gimeno de Flaquer

I

Era una mañana primaveral: la perla de las Antillas despertaba del letargo nocturno; los pájaros cantaban como solo cantan bajo el risueño cielo tropical, las flores exuberantes de vida alzaban erguidas sus corolas sacudiendo el brillante aljófar de sus pétalos; la naturaleza entera parecía entonar un himno al Creador.

En elegante casa situada en una de las principales calles de La Habana y tras ancha ventana de un cuarto bajo, veíase medio oculta por el encaje de las cortinas a una bella joven sentada ante una mesita escribiendo con gran rapidez, cual si la dominara febril agitación. A través de su despejada frente, se adivinaba el tumulto de sus ideas librando extraño combate. Un espiritista la hubiera supuesto medium inspirado.

La poética figura de la joven despertaba grandes ilusiones: esbelta, pálida como un rayo de luna, adornada de abundoso cabello negro, y con grandes y rasgados ojos árabes en los que ardía la llama de la inteligencia iluminando la melancólica expresión de un correcto rostro, su aspecto era fascinador, podía considerarse como la representación de la materia espiritualizada.

En la casa reinaba profundo silencio, pues la mayor parte de sus moradores se hallaban en brazos de Morfeo. Veamos lo que contienen las páginas escritas por la interesante joven, con gran exaltación.


Habana, 27 de marzo de 1860. Sr. D. Alberto Laplana.

Respetable doctor: gracias mil por su bondadosa deferencia al permitirme la dicha de conversar con usted por medio de estas páginas.


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Dominio público
75 págs. / 2 horas, 11 minutos / 166 visitas.

Publicado el 21 de junio de 2020 por Edu Robsy.

Dolores

Gertrudis Gómez de Avellaneda


Novela corta


Prefacio

Sr. Director del Diario de la Marina:

Muy Señor Mío y Amigo: Tres meses hace que deseo, y me propongo cada día, comenzar la grata misión que usted ha tenido a bien confiarme, de recrear de vez en cuando con alguna novelita original a los numerosos y constantes suscritores del apreciable periódico que usted dirige. Pero todo mi anhelo de complacerle se ha estrellado hasta ahora en una absoluta falta de tiempo, que usted comprenderá sin duda, puesto que sabe lo que es en la Habana la instalación de un periódico, y que por mi desgracia me hallo metida en esa empresa magna.

Sin embargo, no quiero en manera alguna dar causa para que usted sospeche que pongo en olvido mi promesa, o que me tomo menos interés por su periódico de usted que por el mío; y toda vez que este último logró al cabo ver la luz (¡Dios sabe con qué trabajos!), allí van esos capítulos para comienzo de mi colaboración en el privilegiado Diario, bienaventurado entre todos los de la isla, pues es el único que marcha sin tropiezos y percances.

Sólo pido a usted el obsequio de que haga presente a sus ilustrados suscritores, que—al ofrecerles estas desaliñadas páginas—no abrigo pretensión alguna, como ahora se dice. Declaro desde luego que no soy inventora de los sucesos que en ellas se refieren, ni puedo reclamar como creación de mi humilde ingenio ninguno de las caracteres que juegan en este drama doméstico.

Dolores, mi estimado amigo, existió realmente, como todos los personajes de esta historia, que parece novela, y cuyos principales hechos hallará usted en las crónicas de aquel tiempo; si bien no tan detallados como en otra que yo guardo entre papeles de familia, y de la cual ha sido extractado el extraño episodio que a usted remito, y que acaso me interesa más que interesara al público, por la circunstancia de ser gentes de mi sangre las que descuellan en él.


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Dominio público
75 págs. / 2 horas, 12 minutos / 218 visitas.

Publicado el 2 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

El Fondo Coxon

Henry James


Novela corta


Capítulo I

«¡No se lo van a quitar de encima en su vida!», me dije esa noche de regreso a la estación, pero más tarde, mientras estaba solo en mi compartimento (desde Wimbledon hasta Waterloo, antes de que llegaran los gloriosos ferrocarriles metropolitanos), rectifiqué dicha afirmación, pues se me ocurrió que probablemente no complacería a mis amigos disfrutar de un monopolio sobre el señor Saltram. No pretendo decir que en aquel primer encuentro me hiciera una idea cabal de su persona, pero sí creí vislumbrar qué cargas comportaba el privilegio de su amistad. Desde luego, conocerlo constituyó toda una experiencia, y quizá eso me llevó a pensar que todos, más tarde o más temprano, tendríamos el honor de disfrutar abundantemente de su trato. Aparte de la impresión que me causó su personalidad, salí de allí con una idea muy clara de la paciencia de los Mulville. El invitado iba a quedarse durante todo el invierno. Adelaide lo dejó caer con tono distraído, restándole gravedad al inevitable énfasis.


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76 págs. / 2 horas, 13 minutos / 67 visitas.

Publicado el 1 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Gurí

Javier de Viana


Novela corta


Para Adolfo González Hackenbruch

I

En un día de gran sol—de ese gran sol de Enero que dora los pajonales y reverbera sobre la gramilla amarillenta de las lomas caldeadas y agrietadas por el estío—Juan Francisco Rosa viajaba á caballo y solo por el tortuoso y mal diseñado camino que conduce del pueblecillo de Lascano á la villa de Treinta y Tres. Al trote, lentamente, balanceando las piernas, flojas las bridas, echado á los ojos el ala del chambergo, perezoso, indolente, avanzaba por la orilla del camino, rehuyendo la costra dura, evitando la polvareda. De lo alto, el sol, de un color oro muerto, dejaba caer una lluvia fina, continua, siempre igual, de rayos ardientes y penetrantes, un interminable beso, tranquilo y casto, á la esposa fecundada. Y la tierra, agrietada, amarillenta, doliente por las torturas de la maternidad, parecía sonreír, apacible y dulce, al recibir la abrasada caricia vivificante.

Bañado en sudor, estirado el cuello, las orejas gachas, el alazán trotaba moviendo rítmicamente sus delgados remos nerviosos. De tiempo en tiempo el jinete levantaba la cabeza, tendía la vista, escudriñando las dilatadas cuchillas, donde solía verse el blanco edificio de una Estancia, rodeado de álamos, mimbres ó eucaliptos, ó el pequeño rancho, aplastado y negro, de algún gaucho pobre. Unos cerca otros lejos, él los distinguía sin largo examen y se decía mentalmente el nombre del propietario, agregando una palabra ó una frase breve, que en cierto modo definía al aludido: "Peña, el gallego pulpero; Medeiros, un brasileño rico, ladrón de ovejas; el pardo Anselmo; don Brígido, que tenía vacas como baba'e loco; más allá, el canario Rivero, el de las hijas lindas y los perros bravos..." Y así, evocando recuerdos dispersos, el paisanito continuaba, tranquilo, indiferente, á trote lento, sobre las lomas solitarias.


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Dominio público
76 págs. / 2 horas, 14 minutos / 112 visitas.

Publicado el 5 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

Luisa de Bustamante

José María Blanco White


Novela corta


Bien quisiera yo, amigos lectores españoles, tener la pluma de Cervantes para con ella ganar vuestra benevolencia en favor de la narración que me propongo escribir. Pero, aunque el mismo suelo y cielo vieron nacer al célebre ingenio que ha sido y será por siglos la admiración de Europa y al oscuro individuo que esto escribe, la naturaleza dotó al uno con sus mejores dones y dejó al otro, si no desheredado enteramente, a lo más con un corto patrimonio en la república de las letras. Añádase a esto una ausencia de treinta años que casi lo han hecho extranjero en su patria, y no será difícil conjeturar con qué poca confianza emprende, enfermo y casi moribundo, la composición de una obra en español.

Pronto, me temo, vendrán muchos, a preguntarme: ¿por qué la emprendes? A esta pregunta responderé diciendo que la naturaleza es más poderosa que la costumbre y que es ley bien conocida de la condición humana que, a medida que envejecemos, se rejuvenecen las impresiones de la niñez y de los verdes años. Nada, paisanos míos: me empecé a convencer, algunos años ha, que había entrado dentro de los términos de la vejez con el perpetuo revivir que noté en mí de imágenes y memorias españolas. Hasta mis sueños, que por muchos años habían sido, por decirlo así, en mi lengua adoptiva, comenzaron a mezclar con él otro idioma el castellano. Desde entonces he sentido un vivo deseo de probar si el cielo me concedería, en el corto espacio que me puede quedar de vida, la satisfacción de dejar siquiera una obrita a España en que sus hijos hallasen tal cual entretenimiento unido con algún provecho.


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76 págs. / 2 horas, 14 minutos / 119 visitas.

Publicado el 14 de enero de 2021 por Edu Robsy.

El Cura de Tours

Honoré de Balzac


Novela corta


A David, estatuario

La duración de la obra en que inscribo vuestro nombre, dos veces ilustre en este siglo, es muy problemática; mientras que vos grabáis el mío en el bronce, que sobrevive a las naciones aunque no haya sido batido mas que por el vulgar martillo del monedero. ¿No se verán confusos los numismáticos al hallar en vuestro taller tantas cabezas coronadas, cuando descubran entre las cenizas de París esas existencias por vos perpetuadas hasta más allá de la vida de los pueblos, y en las cuales se les antojará adivinar dinastías? Vuestro es ese divino privilegio; a mí me corresponde la gratitud.

De Balzac.

En los comienzos del otoño del año 1826, el abate Birotteau, personaje principal de esta historia, fue sorprendido por un chaparrón al volver de la casa donde había pasado la velada. Atravesaba, pues, tan rápidamente como sus carnes podían permitírselo la plazuela desierta llamada del Claustro, que se halla a espaldas del ábside de Saint-Gatien, en Tours.


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Dominio público
77 págs. / 2 horas, 15 minutos / 446 visitas.

Publicado el 12 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Blasones y Talegas

José María de Pereda


Novela corta


I

De la empingorotada grandeza y el coruscante lustre de sus antepasados, he aquí lo que le restaba, catorce años hace, al señor don Robustiano Tres-Solares y de la Calzada.

Un casaquín de paño verde con botones de terciopelo negro.

Un chaleco de cabra, amarillo.

Un corbatín de armadura.

Dos cadenas de reló con sonajas, sin los relojes.

Un pantalón de paño negro, muy raído.

Un par de medias-botas con la duodécima remonta.

Un sombrero de felpa asaz añejo, y

Un bastón con puño y regatón de plata.

Esto para los días festivos Y grandes solemnidades.

Para los días de labor:

Otro casaquín, incoloro, que soltaba la estopa de los entreforros por todas las costuras y poros de su cuerpo.

Otro corbatín, de terciopelo negro, demasiadamente trasquilado.

Otro chaleco, de mahón, de color de barquillo.

Otro pantalón, «de pulga», con más p asadas que un pasadizo.

Otro sombrero de copa, forrado de hule.

Unas zapatillas de badana; y

Un par de abarcas de hebilla para cuando llovía.

Como ornamentos especiales y prendas de carácter:

Una capa azul, con cuello de piel de nutria y muletillas de algodón; y

Un enorme paraguas de seda encarnada, con empuñadura, contera y argolla de metal amarillo.

Como elementos positivos y sostén de lo que antecede y de algo de lo que seguirá:

Una casa de cuatro aguas con portalada y corral, de la que hablaremos luego más en detalle.

Una faja o cintura de vicios y retorcidos castaños alrededor de la casa.


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Dominio público
77 págs. / 2 horas, 15 minutos / 159 visitas.

Publicado el 31 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

1819202122