I
¡Como usted guste, señora! Pero son muy dignos de lástima los Dutlov.
¡Todos ellos son buena gente!... Y si no mandamos ahora a uno de los
dvorovuy, inevitablemente deberá ir uno de ellos, decía el intendente.
La verdad es que toda la aldea los señala. Por lo demás, si es voluntad
de usted...
Y puso otra vez la mano derecha sobre la izquierda, colocándose ambas
sobre el vientre; inclinó a un lado la cabeza, apretó sus delgadísimos
labios hasta casi hacerlos chasquear, levantó los ojos y calló, con la
intención evidente de permanecer así mucho tiempo, escuchando sin
réplica todas las tonterías que no dejaría de decir la señora.
Este intendente era un antiguo siervo de la casa, que, afeitado y con
largo casacón del corte especial adoptado por los intendentes, estaba
de pie frente a su ama, rindiendo su informe, a la caída de una tarde de
otoño. Según el parecer de la señora, el informe había de consistir en
escuchar en las cuentas que le rindiera respecto a la marcha de la
hacienda, para darle enseguida órdenes sobre asuntos futuros, mas, según
el parecer del intendente, Egor Mikáilovich, consistía en la obligación
de permanecer sobre sus torcidos pies, en un rincón de la estancia, con
el rostro vuelto hacia el diván, escuchando toda la charla, alejada
siempre del asunto, hasta lograr por medios diversos que la señora,
impaciente, comenzara a murmurar: "Bien, bien...", consintiendo en todos
los propósitos de Egor Mikáilovich.
Se trataba en esta ocasión del reclutamiento. La hacienda Pokróvskoie había de enviar tres reclutas.
Información texto 'Polikushka'