Textos por orden alfabético etiquetados como Novela | pág. 17

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El Anillo de Amatista

Anatole France


Novela


I

La señora de Bergeret abandonó el hogar conyugal, conforme lo había decidido, y se retiró a casa de su madre, la señora viuda de Pouilly.

A última hora suponía ya más grato no marcharse, y a poquito que la instaran hubiera consentido en olvidar el pasado para seguir haciendo vida común con el señor Bergeret, su marido, quien ya solamente le inspiraba cierto desprecio por ser un marido burlado.

Estaba dispuesta a perdonar; pero no se lo permitía la estimación inflexible de que la sociedad la rodeaba. La señora de Dellion la hizo saber que juzgarían desfavorablemente una debilidad semejante; los salones de la capital mostráronse unánimes en este punto, y entre los tenderos también hubo una sola opinión: la señora de Bergeret debía retirarse a vivir con su familia. De este modo se interesaban por su virtud y al mismo tiempo se libraban de una persona indiscreta, grosera y comprometedora, cuya vulgaridad era reconocida hasta entre los más vulgares, y que molestaba mucho a todos. La hicieron comprender que su inmediata separación era un gesto gallardo.

—Hija mía, la admiro a usted —decía desde el fondo de su butaca la señora Dutilleul, viuda imperecedera de cuatro maridos, mujer terrible de la cual se había sospechado todo menos que hubiese amado, y que, sin embargo, era muy estimada.


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Dominio público
182 págs. / 5 horas, 20 minutos / 498 visitas.

Publicado el 25 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

El Antidescubrimiento de América

Arturo Robsy


Novela


Capítulo 1

El «famoso» Edward Free se puso en pie y contempló a todos los reunidos en torno a la mesa de trabajo. De arriba abajo. Agitó sobre lu cabeza semitonante el guión y, lleno de desprecio, lo arrojó sobre el centro del tablero.

—Basura. —dijo.

Los presentes estaban de acuerdo. Precisamente por eso se habían puesto en contacto con Joseá, aquel editor de abordaje, y le habían ofrecido un buen pellizco de los beneficios.

Faltaba poco para el VI Centenario del Descubrimiento de América, que se iba a celebrar en Madrid, París, Londres Copenhague, Génova, Nueva York, Atlanta y Tel Aviv. Había que poner en marcha una serie televisiva que explicara el Magno Acontecimiento de un modo que pudiera aceptarse por Europa y por América.

La Comisión Europea para el Sexto Centenario contrató a Jean Lapin. Lapin encargó el guión a Thomas Spenser y Thomas había nombrado asesor al académico J.J. Torceau. El resultado de tantas horas de trabajo era lo que Edward acababa de arrojar sobre la mesa del Consejo Asesor. Todos sospechaban que los guionistas anteriores se entregaban al chisporroteo del anís:

—¡El Descubrimiento de América! —exclamó Free, escandalizado— ¿Es posible que ya no quede imaginación en este continente? Se trata de contar el viaje de Colón y no se les ocurre otra cosa que llamarlo «El Descubrimiento de América».

Los presentes asintieron. Joseá, el editor, dos veces. Por amistad. Todos habían leído el guión histórico y todos, por sus razones, estaban contra él. Así fue como decidieron ponerlo en manos de Edward Free.

Free había hecho tres series, de éxito arrollador, magnificando la Unidad Europea: Neanderthal, Atila y Gengis Kan. Además, era español. Hacía falta un español para desmitificar el 12 de Octubre de 1492 y darle una dimensión de empresa europea.


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Licencia limitada
145 págs. / 4 horas, 15 minutos / 210 visitas.

Publicado el 8 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

El árbol de la ciencia

Pío Baroja


Novela


 PRIMERA PARTE   La vida de un estudiante en Madrid.


I  ANDRÉS HURTADO COMIENZA LA CARRERA

Serían las diez de la mañana de un día de octubre. En el patio de la Escuela de Arquitectura, grupos de estudiantes esperaban a que se abriera la clase. De la puerta de la calle de los Estudios que daba a este patio, iban entrando muchachos jóvenes que, al encontrarse reunidos, se saludaban, reían y hablaban.

Por una de estas anomalías clásicas de España, aquellos estudiantes que esperaban en el patio de la Escuela de Arquitectura, no eran arquitectos del porvenir, sino futuros médicos y farmacéuticos. La clase de Química general del año preparatorio de Medicina y Farmacia se daba en esta época en una antigua capilla del Instituto de San Isidro convertida en clase, y ésta tenía su entrada por la Escuela de Arquitectura.

La cantidad de estudiantes y la impaciencia que demostraban por entrar en el aula se explicaba fácilmente por ser aquél, primer día de curso y del comienzo de la carrera. Ese paso del bachillerato al estudio de facultad siempre da al estudiante ciertas ilusiones, le hace creerse más hombre, que su vida ha de cambiar.

Andrés Hurtado, algo sorprendido de verse entre tanto compañero, miraba atentamente arrimado a la pared la puerta de un ángulo del patio por donde tenían que pasar. Los chicos se agrupaban delante de aquella puerta como el público a la entrada de un teatro.

Andrés seguía apoyado en la pared, cuando sintió que le agarraban del brazo y le decían:


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Dominio público
204 págs. / 5 horas, 57 minutos / 737 visitas.

Publicado el 21 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

El Archivo de Sherlock Holmes

Arthur Conan Doyle


Novela


Prefacio

Me temo que el señor Sherlock Holmes puede llegar a convertirse en uno de esos tenores famosos que, habiendo sobrevivido a su tiempo, se sienten tentados de repetir una y otra vez sus reverencias de despedida ante su indulgente público. Esto tiene que terminar, y debe seguir el camino de toda carne, real o imaginaria. A uno le gusta pensar que hay un limbo fantástico para las criaturas de la imaginación, donde los guapos de Fielding pueden aún cortejar a las bellas de Richardson, donde los héroes de Scott pueden aún pavonearse, el encantador cockney de Dickens suscitar una sonrisa, y los hombres mundanos de Thackeray seguir sus respetables carreras. Quizás en algún humilde rincón del Walhalla, Sherlock y su Watson puedan encontrar acomodo por un tiempo, mientras alguien más astuto, con algún incluso menos astuto camarada, ocupa la escena que ellos han dejado libre.


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Protegido por copyright
277 págs. / 8 horas, 6 minutos / 507 visitas.

Publicado el 24 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

El Arte de Agradar

Eugène Sue


Novela


1. El sastre

En el año de 1769, había en la calle de San Honorato, no lejos del palacio real, una modesta tienda de sastre, cuya insignia era un enorme par de tijeras doradas, suspendidas sobre la puerta por un gancho de hierro.

Existía un sorprendente contraste entre el maestro Landry, propietario de la tienda de las tijeras doradas, hombrecillo delgado, pálido y apático, y su mujer, madame Magdalena Landry.

Esta, de treinta y cinco a cuarenta años de edad, era activa y robusta; sus facciones pronunciadas, su modo de andar varonil, su tono brusco e imperioso daban a entender que ejercía un dominio absoluto en la casa.

Era un día de diciembre sombrío y lluvioso: acababan de dar las once.

El maestro Landry, sentado en su banquete, manejaba alternativamente las tijeras y la aguja, en compañía de Martin Kraft, su aprendiz, alemán grande, grueso y flemático, de cerca de veinte años, de hinchadas y encendidas mejillas, de cabello largo, más bien amarillo que rubio, y de empaque estúpido y lento.

La mujer del sastre parecía hallarse poseída de un violento acceso de mal humor. Landry y su aprendiz guardaban un silencio respetuoso.

Finalmente, Magdalena, dirigiéndose a su marido, le dijo con desprecio:

—Anda, que no tienes sangre en las venas… ¡te has de dejar quitar por imbécil hasta el último parroquiano!

Landry cambió un codazo y una mirada con Martin Kraft, se estuvo quedo, y maniobró con su aguja con doble agilidad.

Irritada sin duda madame Landry por la resignación de su marido, dijo dirigiéndose a este:

—¿A quién hablo yo?

El sastre y el aprendiz callaron.

Magdalena, exasperada, dio un fuerte bofetón a su marido, diciéndole:

—Me parece que cuando hablo de imbécil, a ti es a quien me dirijo, y debieras responderme… ¡Mal conoces lo que eres!


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Dominio público
136 págs. / 3 horas, 59 minutos / 194 visitas.

Publicado el 12 de febrero de 2019 por Edu Robsy.

El Artista Barquero

Gertrudis Gómez de Avellaneda


Novela


Prefacio

Esta novela está fundada sobre cierta anécdota, bastante conocida, de la vida de un hombre célebre.

La autora.

Primera parte

I. El paseo por la bahía de Marsella

Empezaba a declinar la más apacible tarde de junio de 1752, y aunque era domingo—día de reposo y de oración, en que se disminuye un tanto el bullicioso hervidero de la vida comercial—el puerto de Marsella, poblado de mástiles y banderas de todas las naciones del mundo, presentaba, como siempre, el aspecto animado que le es característico. Uníase más bien al movimiento ordinario de la activa multitud que de continuo bulle por los muelles—formando pintoresco contraste con sus variados trajes, y alegre algazara con sus diversos idiomas—el considerable número de oficinistas domingueros, touristes transeúntes y distinguidos ociosos, que iban llenando lanchas y botes, para visitar los fuertes o las islillas que se levantan en grupo, a media legua apenas de la costa, como para contemplar de frente a la hermosa reina del Mediterráneo.

Entre las pocas barcas que aun aguardaban pasajeros, se distinguía por su blancura una que casi tocaba con su popa los pies del pesado edificio consistorial, y que con su graciosa vela latina—plegada todavía—se asemejaba a un cisne dormitando al suave balance de las tranquilas olas.

La única persona que la ocupaba era un rubio y gallardo mancebo, como de diez y ocho a veinte años, vestido con pulcra sencillez que no carecía de elegancia, y cuya mano derecha—apoyada negligentemente en el timón—mostraba tan aristocrática hermosura, que no era posible presumir estuviese avezada a manejarlo.


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Dominio público
218 págs. / 6 horas, 22 minutos / 179 visitas.

Publicado el 3 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

El Asador de la Reina Pie de Oca

Anatole France


Novela


I

Tengo intención de relatar los hechos más singulares de mi vida. Los hay hermosos y extraños. Rememorándolos, yo mismo dudo si no los habré soñado. Conocí a un caballero gascón del que no puedo decir que fuera prudente, pues murió de forma lamentable, pero que pronunció una noche, en la isla de los Cisnes, palabras sublimes que he tenido la suerte de recordar y el cuidado de poner por escrito. Esas palabras se referían a la magia y a las ciencias ocultas, que hoy en día gozan de gran predicamento. No se habla de otra cosa que de Rosacruz. Por lo demás, no me jacto de merecer gran honor por esas revelaciones. Algunos dirán que lo he inventado todo y que ésa no es la verdadera doctrina; otros, que sólo he dicho lo que todo el mundo sabía. Confieso que no estoy muy instruido en la Cabala, pues mi maestro pereció al comienzo de mi iniciación. Pero lo poco que aprendí de su arte me hace suponer vehementemente que todo es ilusión, error y vanidad. Basta, por otra parre, que la magia sea contraria a la religión para que yo la rechace con todas mis fuerzas. Sin embargo, creo que debo explicarme sobre un punto de esta falsa ciencia para que no se me juzgue aún más ignorante de lo que soy. Sé que los cabalistas piensan generalmente que los Silfos, las Salamandras, los Elfos, los Gnomos y los Gnómidas nacen con un alma tan perecedera como su cuerpo y que adquieren la inmortalidad por sus relaciones con los magos. Mi cabalista, por el contrario, enseñaba que la vida eterna no puede ser otorgada por ninguna criatura, sea terrestre o aérea. Yo he seguido su opinión, sin pretender juzgarla.


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Protegido por copyright
225 págs. / 6 horas, 34 minutos / 142 visitas.

Publicado el 13 de septiembre de 2017 por Edu Robsy.

El Audaz

Benito Pérez Galdós


Novela


Capítulo I. Curioso diálogo entre un fraile y un ateo en el año de 1804

I

El padre Jerónimo de Matamala, uno de los frailes más discretos del convento de franciscanos de Ocaña, hombre de genio festivo y arregladas costumbres, dejó la esculpida y lustrosa silla del coro en el momento en que se acababa el rezo de la tarde, y muy de prisa se dirigió a la portería, donde le aguardaba una persona, que había mostrado grandes deseos de verlo y hablarle.

Poco antes un lego, que desempeñaba en aquella casa oficios nada espirituales, había trabado una viva contienda con el visitante. Empeñábase éste en ver al padre Matamala, contrariando las prescripciones litúrgicas que a aquella hora exigían su presencia en el coro; se esforzaba el lego en probar que tal pretensión era contraria a la letra y espíritu de los sagrados cánones, y oponía la inquebrantable fórmula del terrible non possumos a las súplicas del forastero, el cual, fatigado y con muestras de gran desaliento, se apoyaba en el marco de la puerta. Hablaba con descompuestos ademanes y alterada voz; contestábale el otro con rudeza, orgulloso de ejercer autoridad aunque no pasara de la entrada; y el diálogo iba ya a tomar proporciones de altercado, tal vez la cuestión estaba próxima a descender de las altas regiones de la discusión para expresarse en hechos, cuando apareció fray Jerónimo de Matamala, y abriendo los brazos en presencia del desconocido, exclamó con muestras de alborozo:

—¡Martín, querido Martín, tú por aquí! ¿Cuándo has llegado?... ¿De dónde vienes?

Contestole con frases afectuosas el viajero, y ambos entraron. Al avanzar por el claustro pudo el lego notar que hablaban con mucho calor; que el visitante no había dejado de ser displicente; que continuaba con el mismo aspecto de hastío y desdén, y que el padre Matamala se mostraba en extremo cariñoso y solícito con él.


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Dominio público
383 págs. / 11 horas, 11 minutos / 439 visitas.

Publicado el 14 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

El Bobo Wilson

Mark Twain


Novela


Un murmullo al lector


No hay ningún carácter, por bueno y puro que sea, que no se pueda destruir con el ridículo, por tosco y mezquino que sea. Observemos al asno, por ejemplo: su carácter es casi perfecto, es el espíritu más selecto entre todos los animales más humildes, y sin embargo ya sabemos lo que el ridículo ha hecho de él. En vez de sentirnos halagados cuando nos llaman asnos, nos quedamos dudosos.

—Del calendario del Bobo Wilson.
 


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Protegido por copyright
163 págs. / 4 horas, 45 minutos / 170 visitas.

Publicado el 11 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

El Buey Suelto

José María de Pereda


Novela


AL SEÑOR D. M. MENÉNDEZ Y PELAYO

DOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS

Aunque tú nos has dicho, y has dicho muy bien, que «el que lanza al mundo un libro con sus tachas buenas ó malas, debe responder de todas, confiéselas ó no,» quiero, á buena cuenta y por lo que valga, invocarte por testigo de que al borrajear estos cuadros, casi á tu presencia, no me guió el propósito de resolver en ellos problema alguno, sino el de fantasear sobre un tema determinado, con el mismo derecho que han tenido otros escritores para fantasear con opuesta tendencia; y acusarte después, como te acuso, de haber creído y de seguir creyendo que en este rimero de cuartillas, escritas sin plan meditado y verdaderamente á vuelapluma, hay un libro que debe publicarse, porque, bien leído, no carece de útiles enseñanzas.

Esto dicho sin temor de que me desmientas, declaro que, no obstante lo mucho que pesan tus dictámenes sobre mis pareceres, por esta vez, ateniéndome al mío, diametralmente opuesto al tuyo denunciado, quedáranse estos cuadros, como algunos de sus hermanos mayores, sin ver la luz de la imprenta, á no animarme á publicarlos la esperanza de que el lector ha de perdonar las tachas de la obra, en gracia de lo virgen del terreno en que penetra.


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Dominio público
232 págs. / 6 horas, 46 minutos / 230 visitas.

Publicado el 10 de agosto de 2017 por Edu Robsy.

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