Textos por orden alfabético etiquetados como Novela | pág. 41

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Espatolino

Gertrudis Gómez de Avellaneda


Novela


I

¿Habéis estado alguna vez en Italia? ¿Conocéis aquel país clásico de los héroes, de los artistas y de los bandidos? Si por pereza o absoluta carencia de medios no habéis tenido aún la dicha de recorrer aquella privilegiada región de Europa, no os habrá faltado, por lo menos, uno de tantos libros curiosos como andan por esos mundos, y gracias a los cuales alcanzamos todos la ventaja inestimable de viajar sin movernos de nuestro sitio, mirando y comprendiendo aquel celebrado país, con los ojos y la inteligencia de Madame Staël, de Chateaubriand, de Dumas y de otros infinitos, cuyos nombres sería largo de consignar. ¿Y quién, además, no ha tenido a mano una de aquellas innumerables guías, con cuyo auxilio se logra en pocos minutos conocer palmo a palmo aquella tierra bendita, inexhausta fuente de inspiración para el poeta y para el novelista?

Dando, pues, por indudable que conocéis, tanto como yo misma al menos, la parte del mundo a que intento trasportaros, espero me seguiréis sin ningún género de temor o pena, y aun supongo prudentemente que no me impondréis en toda su extensión la enojosa tarea de Cicerón.

En este concepto, trasladémonos desde luego, lectores míos, al camino de Roma a Nápoles, y descansemos un instante en aquella línea que separa los Estados Pontificios del territorio de la antigua Parténope. Echemos desde allí una rápida ojeada al suelo pantanoso y triste que dejamos a la espalda (y del que pudiera decirse que, cansado de producir grandes hombres, desdeña el fútil adorno de la vegetación), y otra no menos breve a las fértiles campiñas que se despliegan delante de nosotros, y en las que hallaremos toda la lozanía, todo el vigor de la naturaleza, pudiendo apenas persuadirnos que esa tierra, que parece tan joven, conserve la huella de glorias tan antiguas como las que recuerda su orgullosa vecina.


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Dominio público
189 págs. / 5 horas, 32 minutos / 288 visitas.

Publicado el 17 de enero de 2019 por Edu Robsy.

Esplendores y Miserias de las Cortesanas

Honoré de Balzac


Novela


Cómo aman las prostitutas

El año 1824, en el último baile de la Ópera, algunas máscaras quedaron admiradas de la belleza de un joven que se paseaba por los corredores y por el salón de descanso en esa actitud propia del que busca a una mujer a quien, circunstancias imprevistas, retienen en el baile. El secreto de aquel paso, ora presuroso, ora indolente, sólo es conocido por algunas ancianas y por unos cuantos callejeros eminentes. En aquella inmensa sala de citas, la multitud observa poco a la multitud, los intereses son apasionados y hasta la ociosidad parece preocupada. El joven petimetre estaba tan ensimismado en su inquieta busca, que no notaba su éxito: no veía, y no oía siquiera las exclamaciones burlonamente admirativas de ciertas máscaras, los asombros serios, los mordaces chistes y las palabras dulces que le dirigían. Aunque su belleza lo clasificase entre el número de personajes excepcionales que van al baile de la Ópera a buscar una aventura, y que la esperan cual se esperaba un premio en la ruleta cuando Frascati vivía, parecía estar seguro de su fortuna. Nuestro joven iba a ser el héroe de uno de esos misterios de tres personajes que componen todo el baile de máscaras de la Ópera, y que son conocidos solamente por los que desempeñan algún papel; porque, para las damas que van allí a fin de poder decir: Yo he visto; para los provincianos, para los jóvenes inexpertos, para los extranjeros, la Ópera suele ser la mansión del cansancio y del aburrimiento. Para éstos, aquella multitud negra, lenta, agitada, que va, viene, serpentea, da vueltas, sube, baja y sólo puede ser comparada a un hormiguero, es tan incomprensible como la Bolsa para un aldeano que ignora la existencia del papel del Estado. Salvo raras excepciones, en París los hombres no se disfrazan: un hombre con dominó parece ridículo. En esto brilla el genio de la nación.


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586 págs. / 17 horas, 6 minutos / 639 visitas.

Publicado el 13 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Estudio en Escarlata

Arthur Conan Doyle


Novela


Primera parte

(Reimpresión de las memorias de John H. Watson, doctor en medicina y oficial retirado del Cuerpo de Sanidad)

1. Mr. Sherlock Holmes

En el año 1878 obtuve el título de doctor en medicina por la Universidad de Londres, asistiendo después en Netley a los cursos que son de rigor antes de ingresar como médico en el ejército. Concluidos allí mis estudios, fui puntualmente destinado el 5.0 de Fusileros de Northumberland en calidad de médico ayudante. El regimiento se hallaba por entonces estacionado en la India, y antes de que pudiera unirme a él, estalló la segunda guerra de Afganistán. Al desembarcar en Bombay me llegó la noticia de que las tropas a las que estaba agregado habían traspuesto la línea montañosa, muy dentro ya de territorio enemigo. Seguí, sin embargo, camino con muchos otros oficiales en parecida situación a la mía, hasta Candahar, donde sano y salvo, y en compañía por fin del regimiento, me incorporé sin más dilación a mi nuevo servicio.

La campaña trajo a muchos honores, pero a mí sólo desgracias y calamidades. Fui separado de mi brigada e incorporado a las tropas de Berkshire, con las que estuve de servicio durante el desastre de Maiwand. En la susodicha batalla una bala de Jezail me hirió el hombro, haciéndose añicos el hueso y sufriendo algún daño la arteria subclavia. Hubiera caído en manos de los despiadados ghazis a no ser por el valor y lealtad de Murray, mi asistente, quien, tras ponerme de través sobre una caballería, logró alcanzar felizmente las líneas británicas.


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138 págs. / 4 horas, 2 minutos / 427 visitas.

Publicado el 4 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Eugenio Oneguin

Aleksandr Pushkin


Novela


Dedicatoria

Pétri de vanité, il avait encore plus cette espêce d’orgueil qui fait avouer avec la même indifference les bonnes comme les mauvaises actions, suite d’un sentiment de superiorité peut-être imaginaire.

(Tiré d’une lettre particulière).

A PEDRO ALEKSANDROVICH PLETNEV

No pensando divertir al orgulloso mundo, y en aprecio a nuestra amistad, quisiera ofrecerte un testimonio digno de ti, digno de un alma bella colmada de sueños sagrados, de poesía pura y verdadera, de pensamientos elevados y de sencillez. Pero ¡qué se va a hacer! Acepta, con mano benevolente, esta colección de capítulos tan diversos, mitad cómicos, mitad tristes, populares, espirituales, fruto descuidado de mis entretenimientos, insomnios, inspiraciones ligeras, frías observaciones de mi cerebro y amargas decepciones del corazón; fruto de mis años marchitos antes de florecer.

Capítulo I

Se apresura a vivir y a sentir

(Príncipe de Viasemski).
 

Mi tío, hombre de austeras normas de vida, al caer seriamente enfermo, se atrajo súbitamente el respeto de cuantos le rodeaban.

¡Que su ejemplo sirva a los demás de ciencia! Pero ¡Dios mío, qué aburrimiento estar sentado día y noche con un enfermo, sin alejarse de él ni un solo paso! ¡Qué fastidio tan enorme divertir a un moribundo, arreglarle las almohadas, darle tristemente la medicina y suspirar y pensar: «¿Cuándo te llevará el diablo?»!

Así pensaba el joven atolondrado y pícaro, único heredero de todos sus parientes, corriendo en una diligencia, por la voluntad del Todopoderoso, en medio de una nube de polvo.


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109 págs. / 3 horas, 11 minutos / 2.102 visitas.

Publicado el 12 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

Extraña Confesión

Antón Chéjov


Novela


—¿Cuál es el tema de su obra? —pregunté, con displicencia, al señor elegante, extremadamente ágil y desenvuelto, llamado Iván Kamychov, que necesitado de fondos y declarándose un principiante, me proponía la publicación de un grueso manuscrito.

—¿Qué le puedo decir?… El tema no es nuevo… Amor…, asesinato… Lea, usted verá… Son las memorias de un juez de instrucción. —Sin duda fruncí las cejas, porque Kamychov pestañeó, se estremeció y agregó rápidamente—: Mi relato está en viejo estilo judicial, pero usted encontrará un hecho real…, la verdad… Todo lo que evoco pasó ante mi vista, de pe a pa; fui testigo y hasta participé en el hecho…

—Lo importante no es la verdad, y no es indispensable haber visto un hecho para describirlo. Nuestro público está harto de los Gaboriau y de los Chkliarevski. Harto de asesinatos misteriosos, de hábiles detectives y de jueces sagaces. Es verdad que hay público y público. Hablo del que lee nuestro diario. ¿Cuál es el título de su relato?

—Un drama en la cacería.

—Veamos, no es un título serio… y, en verdad, tengo tantos textos para publicar que me es prácticamente imposible aceptar otros, aunque sean meritorios.

—A pesar de todo, señor, guarde mi manuscrito… Usted dice: «No es serio», pero no puede calificarse así lo que no se ha leído… ¿Ypor qué no quiere usted admitir que hasta los jueces de instrucción sepan escribir seriamente?

Kamychov balbuceaba, hacía girar un lápiz entre sus dedos y se miraba la punta de sus zapatos. Terminó por conmoverme.

—Perfectamente, déjeme su manuscrito. Pero no le prometo leerlo en seguida. Tendrá que esperar…

—¿Mucho tiempo?

—No sé… Vuelva dentro de dos o tres meses…

—¡Oh, cuánto tiempo! Bueno, no me atrevo a insistir…, será como usted quiera.


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Protegido por copyright
161 págs. / 4 horas, 42 minutos / 195 visitas.

Publicado el 9 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

Facundo

Domingo Faustino Sarmiento


Novela, Biografía


Advertencia del autor

Después de terminada la publicación de esta obra, he recibido de varios amigos rectificaciones de varios hechos referidos en ella. Algunas inexactitudes han debido necesariamente escaparse en un trabajo hecho de prisa, lejos del teatro de los acontecimientos, y sobre un asunto de que no se había escrito nada hasta el presente. Al coordinar entre sí sucesos que han tenido lugar en distintas y remotas provincias, y en épocas diversas, consultando un testigo ocular sobre un punto, registrando manuscritos formados a la ligera, o apelando a las propias reminiscencias, no es extraño que de vez en cuando el lector argentino eche de menos algo que él conoce, o disienta en cuanto a algún nombre propio, una fecha, cambiados o puestos fuera de lugar.

Pero debo declarar que en los acontecimientos notables a que me refiero, y que sirven de base a las explicaciones que doy, hay una exactitud intachable, de que responderán los documentos públicos que sobre ellos existen.

Quizá haya un momento en que, desembarazado de las preocupaciones que han precipitado la redacción de esta obrita, vuelva a refundirla en un plan nuevo, desnudándola de toda digresión accidental, y apoyándola en numerosos documentos oficiales, a que sólo hago ahora una ligera referencia.

1845.


On ne tue point les idées.

FORTOUL
 

A fines del año 1840, salía yo de mi patria, desterrado por lástima, estropeado, lleno de cardenales, puntazos y golpes recibidos el día anterior en una de esas bacanales sangrientas de soldadesca y mazorqueros. Al pasar por los baños de Zonda, bajo las armas de la patria que en días más alegres había pintado en una sala, escribí con carbón estas palabras:

On ne tue point les idées.


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Dominio público
287 págs. / 8 horas, 22 minutos / 2.516 visitas.

Publicado el 19 de diciembre de 2018 por Edu Robsy.

Familia Sin Nombre

Julio Verne


Novela


I. Algunos hechos, algunas fechas

Se tiene lástima del pobre género humano que se degüella por «algunas aranzadas de hielo» decían los filósofos del siglo XVIII; y esto es lo peor que podían decir tratándose del Canadá, cuya posesión disputaban, en aquella época, los franceses a los soldados de Inglaterra.

Doscientos años antes, Francisco I exclamó, respecto a ciertos territorios americanos reclamados por el rey de España y por el de Portugal: «Me gustaría mucho ver el artículo del testamento de Adán que les lega esa vasta herencia». El rey de Francia no iba tan descaminado en sus pretensiones, puesto que algún tiempo después una parte de aquellos territorios tomaron el nombre de Nueva Francia; y aun cuando los franceses no han podido conservar aquella magnífica colonia americana, la mayor parte da sus habitantes son franceses de corazón y están unidos a la antigua Galia por los lazos de la sangre, por la identidad da raza y por los instintos naturales, que la política internacional no llegará nunca a desterrar.

En realidad, las «algunas aranzadas de hielo» tan mal calificadas por los filósofos, forman un reino cuya superficie es igual a la de Europa.

Un francés fue el que tomó posesión de aquellos vastos territorios en 1534.


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Protegido por copyright
340 págs. / 9 horas, 55 minutos / 136 visitas.

Publicado el 14 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Fanfarlo

Charles Baudelaire


Novela


Samuel Cramer, que en otros tiempos había firmado bajo el nombre de Manuela de Monteverde varias locuras románticas —en los buenos tiempos del Romanticismo—, es el producto contradictorio entre un pálido alemán y una chilena mulata. Añada a este doble origen una educación francesa y una cultura literaria, y quedará usted menos sorprendido —ya que no satisfecho y edificado— de las complicadas rarezas de este carácter. Samuel tiene la frente pura y noble, los ojos brillantes como gotas de café, la nariz grosera y burlona, los labios impúdicos y sensuales, el mentón cuadrado y déspota, y la cabellera pretenciosamente rafaelesca. Es a la vez un gran holgazán, un triste ambicioso y un ilustre infeliz; ya que en toda su vida no ha tenido más que ideas a medias. El sol de la pereza que resplandece sin cesar en su interior, vaporiza y consume aquella mitad de genio con que el cielo lo ha dotado. Entre todos los medio-grandes hombres que he conocido en esta terrible vida parisina, Samuel fue, más que cualquier otro, el hombre de las bellas obras fallidas; criatura fantástica y enfermiza, cuya poesía brilla más en su persona que en sus obras, y que, hacia la una de la mañana, entre el resplandor de un fuego de carbón y el tic-tac de un reloj, se me muestra siempre como el dios de la impotencia, dios moderno y hermafrodita, ¡impotencia tan colosal y enorme que torna épica!


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Dominio público
33 págs. / 59 minutos / 760 visitas.

Publicado el 19 de agosto de 2016 por Edu Robsy.

Flavio

Rosalía de Castro


Novela


I

La verdadera patria del hombre es el mundo entero.

Allí donde respire aire y libertad, allí donde pose con seguridad su planta, allí es el reino de un alma libre, allí su amada patria, el lugar bendecido, la tierra santa, que puede regar con el sudor de su frente.

¿Por qué detenerme un instante más?

Un mismo sol, ¿no da vida y calor a todo el universo?

Adiós, pues, lugares a quien no amo.

Casa que me ha visto nacer.

Jardín en donde por primera vez aspiré el aroma de las flores.

Fuentes cristalinas, bosque umbroso, en donde gemía el viento en las tardes del invierno, prado sonriente bañado por el primer rayo del sol, ¡adiós!

Adiós, tranquilo hogar, techo amigo, sobre el cual han rodado tantos huracanes sin arrancar una sola hierba de esas que nacen solitarias y solitarias mueren, en las grietas que forman una y otra pizarra desunidas.

Yo me ahogo en las blancas paredes de tus habitaciones mudas y sin ruido.

Tu silencio y tu tranquilidad pesan sobre mi alma como la fría losa de un sepulcro.

Y es que no hay nada tan triste y melancólico como el silencio que se sucede al armonioso murmullo de voces queridas, que fueron a apagarse para siempre en los abismos de la eternidad; pues no existe nada más lúgubre que el eco que responde a nuestra voz, bajo las bóvedas desiertas, cuando pronunciamos un nombre querido, que ya está borrado del número de los vivos.

¡Un padre!...

¡Una madre!...

¡Desde el instante en que estas palabras dulcísimas no son ya más que un recuerdo, el espíritu se agita inquieto y temeroso, en los lugares en donde esas palabras han resonado un día, como un reclamo, al cual respondía otro dulce reclamo!


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Dominio público
253 págs. / 7 horas, 23 minutos / 307 visitas.

Publicado el 18 de septiembre de 2018 por Edu Robsy.

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