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Huella de Almas

Francisco Acebal


Novela


A la memoria de mi hermano Victoriano.

Al que leyere

Lector, no temas: mi proemio será breve; á una obra, obscura y modesta no he de pegarle desmedida portada; á pequeño edificio le sienta mal portalón solariego de amplitud y altura inacabables.

Desde que tracé el capítulo primero de éste mi primer librejo, sentí la comezón de hablar directamente al público, no para pedirle, hipócrita, benevolencias inmerecidas. El que saca sus libros de entre el polvo de la carpeta, en que tal vez debieron yacer, y los pone en escaparate, no pida benevolencias: cargar debe con sus culpas. El deseo que me rebullía era otro, pero era vago, era sutil, y á la postre, como novato desmañado que se ataruga y vacila, vacilaba yo temeroso de parecer pregonero de feria, que desde el tendejón se desgañita con las destempladas vociferaciones de lo que dentro de la barraca se puede ver; ya me oía á mí mismo gritar aquello de:—¡Adelante, señores, pasen á ver la sorprendente!... etc., etc.

Y si para hacer pregón de mis propios pensamientos, notaba en mí torpeza y vergüenza tales, mal se me podía ocurrir encomendarlo á pluma ajena: de la mía saldría roncero, pero espontáneo, ingenuo; de la extraña... ¿qué había de salir, sino un piropo mustio? ¡Lisonja fría!


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Dominio público
123 págs. / 3 horas, 36 minutos / 132 visitas.

Publicado el 7 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

Mariluán

Alberto Blest Gana


Novela


I

La indómita energía de la raza inmortalizada por los cantos de Ercilla brillaba en los ojos de Fermín Mariluán. En un pecho espacioso y levantado, latía su altivo corazón, cuya viril entereza daba a sus negros y pequeños ojos su tranquilo mirar, y a los labios, algo abultados, la fría expresión de orgullo que caracteriza la fisonomía de los araucanos.

Unos de los amigos de Mariluán, condiscípulo suyo en el Liceo de Chile, nos decía recordándole:

—Era enamorado y tenía gran vanidad por su raza valiente y entusiasta de la gloria militar; su cara era simpática y elegantes sus maneras.

Fermín Mariluán obtuvo despacho supremo de alférez de caballería y el cariño con que colocaba su mano pequeña, herencia de su raza, sobre la empuñadura de esa espada, como impaciente de tener ocasión de sacarla con razón, porque estaba seguro de poder después envainarla con honor, para cumplir con el lema puesto a las hojas toledanas en palabras como las que hemos subrayado.

Los azares de carrera le llevaron a distintos campamentos durante algunos años, y las prendas de su alma le conquistaron muchos amigos en la paz y el terror de sus enemigos en los combates. Aquella época de revueltas en que inició su carrera militar, cuadraba muy bien a su índole aventurera y a su temerario arrojo. Muchos soldados recuerdan haberle visto en Lircay adelantarse solo a desafiar al enemigo, con los ojos radiantes de alegría a cada estampido del cañón.

—Para mi teniente Mariluán —decían al referir sus guerreras memorias—, todas las balas eran de estopa, y casi más le gustaba la música de las grandes bocas de fuego que la del arpa o de la vihuela en que solía cantar.


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Dominio público
124 págs. / 3 horas, 38 minutos / 219 visitas.

Publicado el 11 de abril de 2022 por Edu Robsy.

El Saludo de las Brujas

Emilia Pardo Bazán


Novela


Al que leyere

Dado que has de leer estas páginas, acaso para ti esté de más la advertencia; para los que no leen, pero malician, no hay advertencia que baste. Con todo eso, quiero declarar en la primera página que esta novela no tiene clave, ni secreto, ni retrata a persona alta ni baja de este mundo, ni se inspira en hechos verdaderos antiguos o contemporáneos. Es inventada de cabo a rabo; se refiere en parte a comarcas imaginarias, y si encerrase alguna enseñanza (no me atrevo a afirmar que la encierre), será porque no hay ficción que no se parezca de cerca o de lejos a la verdad, aunque muna pueda igualarla en interés.

Parte 1

¡Salud, Macbeth! Tú serás rey.

(Shakespeare)

Capítulo 1. Los enviados

La campanilla de la puerta repicó de un modo tan respetuoso y delicado, que parecía un homenaje al dueño de la casa; y el criado, al abrir la mampara de cristal, mostró sorpresa —sorpresa discreta, de servidor inteligente— al oír que preguntaban:

—¿Es buena hora para que Su Alteza se digne recibirnos?

El que formulaba la pregunta era un señor mayor, de noble continente, vestido con exquisita pulcritud, algo a lo joven; el movimiento que hizo al alzar un tanto el reluciente sombrero pronunciando las palabras Su Alteza, descubrió una faz de cutis rosado y fino como el de una señorita, y cercada por hermosa cabellera blanca peinada en trova, terminando el rostro una barba puntiaguda no menos suave y argentina que el cabello. Detrás de esta simpática figura asomaba otra bien diferente: la de un hombre como de treinta años, moreno, rebajuelo, grueso ya, afeitado, de ojos sagaces y ardientes y dentadura brillante, de traje desaliñado, de mal cortada ropa, sin guantes, y mostrando unas uñas reñidas con el cepillo y el pulidor.


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Dominio público
195 págs. / 5 horas, 41 minutos / 436 visitas.

Publicado el 8 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Dulce Sueño

Emilia Pardo Bazán


Novela


Capítulo 1. Escuchad

Fuera, llueve: lluvia blanda, primaveral. No es tristeza lo que fluye del cielo; antes bien, la hilaridad de un juego de aguas pulverizándose con refrescante goteo menudo. Dentro, en la paz de una velada de pueblo tranquilo, se intensifica la sensación de calmoso bienestar, de tiempo sobrante, bajo la luz de la lámpara, que proyecta sobre el hule de la mesa un redondel anaranjado.

La claridad da de lleno en un objeto maravilloso. Es una placa cuadrilonga de unos diez centímetros de altura. En relieve, campea destacándose una figurita de mujer, ataviada con elegancia fastuosa, a la moda del siglo XV. Cara y manos son de esmalte; el ropaje, de oros cincelados y también esmaltados, se incrusta de minúsculas gemas, de pedrería refulgente y diminuta como puntas de alfiler. En la túnica, traslucen con vítreo reflejo los carmesíes; en el manto, los verdes de esmaragdita. Tendido el cabello color de miel por los hombros, rodea la cabeza diadema de diamantillos, sólo visibles por la chispa de luz que lanzan. La mano derecha de la figurita descansa en una rueda de oro obscuro, erizada de puntas, como el lomo de un pez de aletas erectas. Detrás, una arquitectura de finísimas columnas y capitelicos áureos.

En sillones forrados de yute desteñido, ocupan puesto alrededor de la mesa tres personas. Una mujer, joven, pelinegra, envuelta en el crespón inglés de los lutos rigurosos. Un vejezuelo vivaracho, seco como una nuez. Un sacerdote cincuentón, relleno, con sotana de mucho reluz, tersa sobre el esternón bombeado.

—¿Leo o no la historia? —urge el eclesiástico, agitando un rollo de papel.

—La patraña —critica el seglar.

—La leyenda —corrige la enlutada—. Cuanto antes, señor magistral. Deseando estoy saber algo de mi patrona.


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215 págs. / 6 horas, 17 minutos / 326 visitas.

Publicado el 8 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Las Tormentas del 48

Benito Pérez Galdós


Novela


I

Vive Dios, que no dejo pasar este día sin poner la primera piedra del grande edificio de mis Memorias... Españoles nacidos y por nacer: sabed que de algún tiempo acá me acosa la idea de conservar empapelados, con los fáciles ingredientes de tinta y pluma, los públicos acaecimientos y los privados casos que me interesen, toda impresión de lo que veo y oigo, y hasta las propias melancolías o las fugaces dulzuras que en la soledad balancean mi alma; sabed asimismo que, a la hora presente, idea tan saludable pasa del pensar al hacer. Antes que mi voluntad desmaye, que harto sé cuán fácilmente baja de la clara firmeza a la vaguedad perezosa, agarro el primer pedazo de papel que a mano encuentro, tiro de pluma y escribo: "Hoy 13 de Octubre de 1847, tomo tierra en esta playa de Vinaroz, orilla del Mediterráneo, después de una angustiosa y larga travesía en la urca Pepeta, ¡mala peste para Neptuno y Eolo!, desde el puerto de Ostia, en los Estados del Papa...".

Y al son burlesco de los gavilanes que rasguean sobre el papel, me río de mi pueril vanidad. ¿Vivirán estos apuntes más que la mano que los escribe? Por sí o por no, y contando con que ha de saltar, andando los tiempos, un erudito rebuscador o prendero de papeles inútiles que coja estos míos, les sacuda el polvo, los lea y los aderece para servirlos en el festín de la general lectura, he de poner cuidado en que no se me escape cosa de interés, en alumbrarme y guiarme con la luz de la verdad, y en dar amenidad gustosa y picante a lo que refiera; que sin un buen condimento son estos manjares tan indigestos como desabridos.


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229 págs. / 6 horas, 41 minutos / 453 visitas.

Publicado el 5 de octubre de 2016 por Edu Robsy.

Torquemada y San Pedro

Benito Pérez Galdós


Novela


Primera parte

I

Las primeras claridades de un amanecer lento y pitañoso, como de Enero, colándose por claraboyas y tragaluces en el interior del que fue palacio de Gravelinas, iba despertando todas las cosas del sueño de la obscuridad, sacándolas, como quien dice, de la nada negra a la vida pictórica... En la armería, la luz matinal puso el primer toque de color en el plumaje de yelmos y morriones; modeló después con trazo firme los petos y espaldares, los brazales y coseletes, hasta encajar por entero las gallardísimas figuras, en quien no es difícil ver catadura de seres vivos, porque la costra de bruñido hierro, cuerpo es de persona monstruosa y terrorífica, y dentro de aquel vacío, ¡quién sabe si se esconde un alma!... Todo podría ser. Los de a caballo, embrazando la adarga, en actitud de torneo más que de guerra, tomaríanse por inmensos juguetes, que fueron solaz de la Historia cuando era niña... En alguno de los guerreros de a pie, cuando ya la luz del día determinaba por entero sus formas, podía observarse que los maniquíes vestidos del pesado traje de acero, se aburrían soberanamente, hartos ya de la inmovilidad que desencajaba sus músculos de cartón, y del plumero que les limpiaba la cara un sábado y otro, en miles de semanas. Las manos podridas, con algún dedo de menos, y los demás tiesos, no habrían podido sostener la lanza o el mandoble, si no se los ataran con un tosco bramante. En lo alto de aquel lindo museo, las banderas blancas con la cruz de San Andrés colgaban mustias, polvorosas, deshilachadas, recordando los tiempos felices en que ondeaban al aire, en las bizarras galeras del Tirreno y del Adriático.


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194 págs. / 5 horas, 40 minutos / 324 visitas.

Publicado el 9 de octubre de 2016 por Edu Robsy.

Los Horrores de la Siberia

Emilio Salgari


Novela


Ver una vez es mejor que oír cien veces.

Proverbio japonés.

CAPITULO I. LOS DESTERRADOS

Tobolsk es una de las más importantes y pintorescas ciudades del Obi. Situada cerca de la confluencia del Tobol y del Irtich, afluente del Obi, alzase orgullosa aún sobre la estepa, haciéndose distinguir desde larga distancia por sus altivas cúpulas pintadas de vivos colores, y por su imponente kremlin, rodeado de almenados muros.

Como todas las ciudades asiáticas, se divide en dos partes completamente diferentes: la ciudad alta, protegida por el kremlin, situado al pie de una roca que se levanta un centenar de metros sobre el río, y en la que se agrupan el palacio de los agentes gubernativos, con cuarteles y pabellones para la guarnición y la policía; las prisiones de los desterrados, la catedral y otra iglesia secundaria. La ciudad baja está compuesta de casas de mezquina apariencia, habitadas por la población indígena y tártara; de chozas con tejados, en los que relucen al sol las chillonas tintas de sus pinturas.

Aunque muy antigua, pues fue erigida a raíz de la conquista de la Siberia, su aspecto es absolutamente moderno, distinguiéndose en ella como único monumento de pasadas edades el obelisco levantado en honor de Iermak, valiente atamán de los cosacos del Don, que, al frente de seis mil guerreros, aseguró a la Rusia en la mitad del siglo XVI la posesión de aquellas regiones que se extienden desde los confines de Europa hasta el estrecho de Behring.

Su población, compuesta en una pequeña parte de rusos, dedicados al comercio de pieles, de tártaros y de samoyedos, consta de unas quince mil almas, pero tiende constantemente a disminuir.

De cuando en cuando aumenta en algunos millares el número de sus vecinos; pero tal aumento es de poca duración y nada agradable ni deseado por los habituales habitantes, porque se trata de desterrados.


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158 págs. / 4 horas, 38 minutos / 617 visitas.

Publicado el 4 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Sónnica la Cortesana

Vicente Blasco Ibáñez


Novela


Al lector

Esta obra la escribí en 1901, para completar con ella la serie de mis novelas que tienen por escenario la tierra valenciana.

Había publicado ya Arroz y tartana, Flor de Mayo, La barraca y Entre naranjos, que son la novela de la vida en la ciudad, de la vida en el mar, de la vida en la huerta y de la vida en los naranjales. Tenía entonces el proyecto de escribir Cañas y barro, y para ello estudiaba la existencia de los habitantes del lago de la Albufera. Pero antes de producir esta última obra sentí la imperiosa necesidad de resucitar el episodio más heroico de la historia de Valencia, sumiéndome para ello en el pasado, hasta llegar a los primeros albores de la vida nacional. Y abandonando la novela de costumbres contemporáneas, la descripción de lo que podía ver directamente con mis ojos, produje una obra de reconstrucción arqueológica más o menos fiel, una novela de remotas evocaciones.

Con esto realicé un deseo de mi adolescencia, cuando empezaba a sentir las primeras tentaciones de la creación novelesca.

Siendo estudiante, en vez de entrar en la Universidad huía de ella las más de las mañanas para vagar por los campos o por la orilla mediterránea, encontrando a esto mayor seducción que al conocimiento de las verdades muchas veces discutibles del Derecho. Al caminar por los senderos de la huerta valenciana se ve siempre en el horizonte, por encima de las arboledas, una colina roja que es la estribación más avanzada de la sierra de Espadán, el último peldaño de las montañas que se escalonan en descenso hasta el mar. Sobre su cumbre, como amarillentas y sutiles pinceladas, se columbran los muros de un vasto castillo. Allí está Sagunto.


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Dominio público
271 págs. / 7 horas, 55 minutos / 527 visitas.

Publicado el 7 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

El 19 de Marzo y el 2 de Mayo

Benito Pérez Galdós


Novela


I

En Marzo de 1808, y cuando habían transcurrido cuatro meses desde que empecé a trabajar en el oficio de cajista, ya componía con mediana destreza, y ganaba tres reales por ciento de líneas en la imprenta del Diario de Madrid. No me parecía muy bien aplicada mi laboriosidad, ni de gran porvenir la carrera tipográfica; pues aunque toda ella estriba en el manejo de las letras, más tiene de embrutecedora que de instructiva. Así es, que sin dejar el trabajo ni aflojar mi persistente aplicación, buscaba con el pensamiento horizontes más lejanos y esfera más honrosa que aquella de nuestra limitada, oscura y sofocante imprenta.

Mi vida al principio era tan triste y tan uniforme como aquel oficio, que en sus rudimentos esclaviza la inteligencia sin entretenerla; pero cuando había adquirido alguna práctica en tan fastidiosa manipulación, mi espíritu aprendió a quedarse libre, mientras las veinte y cinco letras, escapándose por entre mis dedos, pasaban de la caja al molde. Bastábame, pues, aquella libertad para soportar con paciencia la esclavitud del sótano en que trabajábamos, el fastidio de la composición, y las impertinencias de nuestro regente, un negro y tiznado cíclope, más propio de una herrería que de una imprenta.

Necesito explicarme mejor. Yo pensaba en la huérfana Inés, y todos los organismos de mi vida espiritual describían sus amplias órbitas alrededor de la imagen de mi discreta amiga, como los mundos subalternos que voltean sin cesar en torno del astro que es base del sistema. Cuando mis compañeros de trabajo hablaban de sus amores o de sus trapicheos, yo, necesitando comunicarme con alguien, les contaba todo sin hacerme de rogar, diciéndoles:


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Dominio público
215 págs. / 6 horas, 17 minutos / 1.558 visitas.

Publicado el 21 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

Viaje a la Luna

Cyrano de Bergerac


Novela, sátira


A Monseñor Tannegui, Regnault des Bois-Clairs

Caballero, secretario de los Reales Consejos y gran preboste de Borgoña y Bresse

Señor:

Cumplo ahora la última voluntad de un muerto que vos obligasteis en su vida con un señalado desprendimiento. Como era conocido por una infinidad de gente de espíritu por el fuego potente que ardía en el suyo, fue absolutamente imposible el que muchas gentes ignorasen la desgracia que una peligrosa herida, seguida de fiebre violenta, le produjo algunos meses antes de su muerte. Muchos han ignorado qué buen demonio velaba por él; pero ha creído él que el nombre no debía ser tan público como fue provechoso el lance. Vos fuisteis su amigo, vos le socorristeis con frecuencia y aun le habríais testimoniado muchas veces cuán bien sabréis vos cuánta necesidad tenía él de vuestro socorro; pero, ¿qué se ha de hacer, si otros hombres no hicieron como vos? ¿Y qué menos que os mostraseis así ante nuestro amigo, vos que también parecíais magnánimo con cien más que no eran de su temple? Era, pues, necesario imprimirlo, y que vuestra generosidad, distinguiéndole por encima de todos aquellos a quienes tiene obligados, hiciese ver, no solamente, como dice Aristóteles, que no había degenerado, sino que se había superado a sí misma en obsequio de tan gran personaje; así que, cuando durante su enfermedad vos tuvisteis la bondad de darle tantas pruebas de vuestra protección y amistad, deteniendo con vuestros cuidados y con las generosas asistencias que le prestasteis el curso de su mal, ya en términos tan violentos, le prestasteis una tan poderosa protección que le dio a él esperanzas de lograr la que poco antes de su muerte me encargó pediros para esta obra; por esta gran confianza y por estos últimos sentimientos juzgaréis, señor, los que por vos sentía, pues en este trance de la muerte es cuando la lengua habla como el corazón:


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Dominio público
119 págs. / 3 horas, 29 minutos / 364 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2020 por Edu Robsy.

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