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El Lazarillo de Manzanares

Juan Cortés de Tolosa


Novela


Aprobaciones

He visto este libro intitulado Lazarillo de Manzanares y aunque es libro de entretenimiento no tiene cosa que ofenda las buenas costumbres, antes debajo de los cuentos y novelas que en él se refieren enseña a desengañarse de los engaños deste mundo, y ansí me parece se le puede dar licencia que pide para imprimirle.

En este convento de Nuestra Señora de la Merced de Madrid, a 27 de abril de 1619.

FRAY ALONSO RAMÓN

He hecho ver este libro intitulado Lazarillo de Manzanares y en él no se halla cosa contra nuestra santa fe católica y buenas costumbres, antes muchas cosas morales y agudas para el común desengaño, y ansí se le puede dar la licencia que pide.

En Madrid, a 13 de mayo de 1619.

EL LICENCIADO DON JUAN DE GÓMARA Y MEJÍA

Por comisión y mandamiento de Vuestra Alteza he visto un libro intitulado Lazarillo de Manzanares compuesto por Juan Cortés de Tolosa y en él no hallo cosa contra la fe y buenas costumbres, antes debajo de los cuentos y novelas descubre muchas para el desengaño del mundo y aviso para los que tienen poca experiencia dél; y siendo Vuestra Majestad servido, le puede hacer la merced que pide.

Madrid, a 9 de mayo de 1619.

EL MAESTRO VICENTE ESPINEL

Suma del privilegio

Este libro intitulado Lazarillo de Manzanares tiene privilegio del Rey nuestro señor para que, por tiempo de seis años, ninguna otra persona lo pueda imprimir ni vender, so las penas en el privilegio contenidas.

Fecha en Lisboa, a catorce días del mes de julio de 1619 años.

Despachado por Diego González de Villarroel, escribano de Cámara.

Tasa


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118 págs. / 3 horas, 27 minutos / 234 visitas.

Publicado el 9 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

El Manco de Lepanto

Manuel Fernández y González


Novela


I. En que se trata de un percance que le sobrevino a un barbero de Sevilla, por meterse a afeitar a oscuras.

Había en la ilustrísima ciudad de Sevilla, allá por los tiempos en que llegaban a la Torre del Oro, que a la margen del claro y profundo Guadalquivir se levanta, los galeones cargados de oro que venían de las Indias, y cuando reinaba en España el señor rey don Felipe el Segundo, de clara y pavorosa memoria, en la calle de las Sierpes, y en una rinconada a la que jamás llegaba el sol, como no fuese en verano y al mediodía, un tinglado de madera, de dos altos, desvencijado y giboso, al que llamaban casa, y en el cual vivía una valiente persona, cuyo apellido y nombre de pila ignoraba él mismo, que si los tuvo olvidolos, y nadie le conocía ni él respondía más que por el sobrenombre de Viváis-mil-años, cortesanía que empleaba para saludar a todo el mundo. Era de mediana edad, entre los treinta y cinco y los cuarenta, de no mala apariencia, agradable y sonriente el rostro, morena la color, agudas las facciones, sutil la sonrisa, la mirada rebuscona, y no mezquino el cuerpo; vivía de rasurar y rapar, entreteniendo durante el día sus ocios con el puntear de una vihuela morisca que le dejó su padre, ya harto usada por sus abuelos, y cantando como un ruiseñor las alegres canciones de la tierra, y las que él mismo componía, para lo que se daba muy buena gracia; comadreaba a las comadres de la vecindad, y, fuera de esto, las vendía untos y bebedizos, y las leía el sino, y las traía a todas engañadas y pendientes de sus labios; y a tal llegaba la fama de brujo y de hechicero del señor Viváis-mil-años, que más de una vez la Inquisición se había metido en sus asuntos, y había quien se acordaba de haberle visto con coroza y sambenito, luciendo su persona en un auto de fe.


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176 págs. / 5 horas, 9 minutos / 299 visitas.

Publicado el 29 de abril de 2016 por Edu Robsy.

El Maniquí de Mimbre

Anatole France


Novela


I

En su estudio, ensordecido por el piano, donde sus hijas ejecutaban —pared por medio— ejercicios difíciles, el señor Bergeret, catedrático de Literatura de la Universidad, preparaba su lección acerca del octavo libro de la Eneida. El estudio del señor Bergeret sólo tenía una ventana, de bastante anchura, que abarcaba casi todo un lienzo de pared, por la cual solía entrar más frío que luz, pues los postigos no ajustaban, y a poca distancia de las vidrieras se alzaba un muro muy alto.

Colocada junto a los cristales, recibía la mesa del señor Bergeret los apagados reflejos de una claridad avara y sórdida. Ciertamente, la estancia donde sutilizaba el catedrático sus agudos conceptos de humanista era un rincón deforme, o, mejor dicho, un doble rincón junto a la caja de la escalera, cuya monstruosa panza casi dividía el estudio en dos porciones angostas e irregulares. Oprimido por aquel incómodo saliente, oprobio de la geometría y del buen gusto, apenas encontró el señor Bergeret un plano que sirviera de apoyo a las tablas de pino donde ordenaba su biblioteca, sumergida en la oscuridad.

Junto a los cristales, el pobre señor escribía sus reflexiones, heladas por un filo de aire molesto; pero se sentía dichoso cada vez que, al entrar en su estudio, no encontraba las cuartillas en desorden o mutiladas y las plumas de acero abiertas de puntos. Era el rastro que solían dejar su esposa y sus hijas cuando anotaban sobre la mesa del catedrático la cuenta de la compra o la lista de la ropa sucia.

Y, por añadidura, la señora de Bergeret tenía guardado en el estudio el maniquí, chisme indispensable para confeccionar sus vestidos.

Tieso, en pie, imagen conyugal, el maniquí de mimbre rozaba las ediciones eruditas de Catulo y de Petronio.


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Dominio público
156 págs. / 4 horas, 33 minutos / 546 visitas.

Publicado el 25 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

El Médico Rural

Felipe Trigo


Novela


Primera parte

I

Partió el tren, negro, largo, con sus dos locomotoras. Esteban y Jacinta, en el andén, al pie de las maletas, le vieron alejarse entre el encinar, con una emoción de adiós a algo doloroso de que habíales arrancado y despedido para siempre. Fue en los dos jóvenes, en los dos casi chiquillos, tan honda y compartida esta emoción, que al deshacerse las últimas volutas de vapor en el final del puente, ellos se miraron y cogiéronse la mano. Jacinta se acercó a darle un beso y a ordenarle los encajes de la gorra a su hijo, que dormía en brazos de la vieja y fiel criada; y Esteban, inundado por la bondad de su mujer, sintió en los ojos humedad de lágrimas, en una dulce angustia de la honradísima alegría que le causaba el poder empezar, al fin, a hacerla venturosa.

—Bueno, ¿y quién habrá venido por nosotros? ¿Nadie? —desconfió Nora, la sirviente, que había criado a Jacinta y que, por quererla como madre, trataba a Esteban con la misma confianza—. El pueblo no se ve. Sería bueno que tuviésemos que ir a pata con estos cachivaches.

—No, mujer —repuso Esteban—. El pueblo, a dos leguas. Yo escribí, y seguramente habrá alguien esperándonos.

Miraban, y no veían más que al jefe de la pequeña estación y al mozo, que andaban trajinando con unas cubas descargadas; a la pareja de la Guardia Civil, que entreteníase viendo la pelea de un pavo con un gallo, y a unos niños que al pie de la empalizada jugaban con un perro.

—¡Pregunta, hombre! —incitó Nora.

Y cuando el joven vacilaba sobre si ir a preguntar al jefe, a los guardias, a otros campesinos que allá lejos ocupábanse en cargar de jaras un vagón o a una fresca mujer que asomada a una ventana de encima del telégrafo consideraba curiosamente el porte señorial de los llegados, oyóse un carro que fuera se acercaba al trote.


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Dominio público
291 págs. / 8 horas, 30 minutos / 343 visitas.

Publicado el 14 de abril de 2019 por Edu Robsy.

El millón perdido

William Le Queux


Novela


Obra original: The Lost Million – William Le Queux, 1913.

Traducción de uso libre


 Capítulo 1 Un hombre y su secreto


—¡Mire! Está… está en mi bolsa de viaje, allí. La cosa… aquello ante lo cual el mundo entero quedará asombrado

El hombre, delgado, de rostro pálido y barba gris, que yacía de espaldas en la cama, hizo un esfuerzo por incorporarse ligeramente y, con un dedo huesudo, señaló su resistente aunque maltrecha bolsa de cuero, arrinconada en un extremo de la pequeña habitación del hotel.


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Creative Commons
247 págs. / 7 horas, 13 minutos / 52 visitas.

Publicado el 12 de agosto de 2026 por Fernando Guzmán.

El Minero

Natsume Sōseki


Novela


Pasé mucho tiempo caminando a través del pinar. Los pinares de los cuadros no parecen tan extensos, pero en este lugar solo había pinos, pinos y más pinos. Nada más. No veía la razón de continuar mi paseo si los árboles no desaparecían. En realidad, habría sido mejor haberme quedado quieto desde el principio, ponerme delante de uno de ellos y jugar a ver quién se salía con la suya.

Salí de Tokio sobre las nueve de la noche del día anterior y me puse a caminar como un loco en dirección norte. En cierto momento me sentí exhausto. No conocía por allí a nadie en cuya casa pudiera descansar y tampoco tenía dinero para pagar un humilde alojamiento en el que pasar la noche. Con la intención de echar al menos una cabezada, me deslicé en la oscuridad bajo el alero de un templo. Creo que estaba consagrado a Hachiman, el dios de la guerra. Aún era de noche cuando me desperté muerto de frío y, a partir de ese momento, caminé sin descanso. Pero ¡quién habría sido capaz de seguir así, rodeado solo de malditos pinos, indefinidamente!

Mis piernas parecían pesar una tonelada. Cada paso que daba era un suplicio, como si alguien me hubiera atado unas barras de acero a las pantorrillas. Me recogí el quimono hasta dejar las piernas desnudas para ver si así avanzaba con mayor facilidad. En cualquier otro lugar habría sido capaz de echar a correr, pero no allí, rodeado de pinos.

Encontré una casa de té. Tras las persianas de bambú, divisé una tetera oxidada colocada sobre un brasero. Junto a la entrada había un banco que miraba hacia el camino y, en el suelo, unas sandalias. Vi a un hombre abrigado con un quimono acolchado sentado de espaldas.


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Protegido por copyright
165 págs. / 4 horas, 48 minutos / 208 visitas.

Publicado el 28 de abril de 2017 por Edu Robsy.

El Misterio de la Jungla Negra

Emilio Salgari


Novela


1. EL ASESINATO

El Ganges, el famoso río loado por los indios antiguos y modernos, cuyas aguas son consideradas sagradas por estos pueblos, después de haber atravesado las nevadas montañas del Himalaya y las ricas provincias de Delhi, Uttar Pradesh, Biliar y Bengala, a doscientas veinte millas del mar se bifurca en dos brazos formando un delta gigantesco, intrincado, maravilloso y quizás, en su género, único en el mundo.

La imponente masa de agua se divide y subdivide en una multitud de riachuelos, canales y pequeños canales que accidentan, de todos los modos posibles, la inmensa extensión de tierra comprendida entre el Hugli, el verdadero Ganges y el golfo de Bengala. De aquí que se formen una infinidad de islas, islotes y bancos que hacia el mar reciben el nombre de sunderbunds.

Nada más desolador, extraño y espantoso que la vista de estas sunderbunds. Ni ciudades, ni poblados, ni cabañas, ni un refugio cualquiera; desde el sur al norte y desde el este al oeste no se divisan más que inmensas extensiones de bambúes espinosos cuyos altos vértices ondean bajo el soplo del viento, apestadas por las emanaciones insoportables de millares y millares de cuerpos humanos que se pudren en las envenenadas aguas de los canales.

Durante el día reina, soberano, un silencio gigantesco, fúnebre, que infunde pavor a los más audaces; durante la noche, por el contrario, lo hace un estruendo horrible de gritos, rugidos, aullidos y silbidos que hiela la sangre.

Nadie osa adentrarse en estas junglas, sembradas de pestilentes charcas, porque están pobladas por serpientes de toda especie, tigres, rinocerontes e insectos venenosos, pero, sobre todo, porque a veces son visitadas por los thugs, los sanguinarios devotos de la diosa Kalí, siempre sedienta de víctimas humanas.


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229 págs. / 6 horas, 41 minutos / 1.279 visitas.

Publicado el 26 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

El Misterio de un Hombre Pequeñito

Eduardo Zamacois


Novela


I

Mediaba la tarde cuando empezó á llover. La misma violencia inicial del aguacero, engañó á los vecinos; creían todos que el chaparrón, como de Mayo, amainaría pronto; pero no fué así, y la voz gradualmente más fuerte y cercana del trueno, y ciertas nubes grises, semejantes á columnas de humo, que velaban la crestería de los montes mayores, aseguraron la persistencia del mal tiempo.

Es Puertopomares un lugarejo salmantino de seis mil habitantes, situado en las ondulaciones menos ariscas de la fragosa sierra de Gredos. Hállase enclavado sobre el lomo de un altozano estrecho y largo, circuído por una breve campiña que, muy luego, arrepentida de su humildad apacible, trepa veloz y ambiciosa por todos lados hasta ser orgullosa montaña; y así el pueblo queda hundido en el centro de un anfiteatro ciclópeo alrededor del cual los altos cerros coronados de castañares, de alisos, de copudos tejos, de nogales y de chopos, componen fabulosas graderías. En aquel escenario abrupto, puesto á cerca de mil metros sobre el nivel del mar, los accidentes atmosféricos tienen energía extraordinaria: las nevadas son terribles, el calor asfixiante, las lluvias torrenciales y furiosas, y los vientos y el trueno suscitan en las concavidades graníticas de la cordillera ululeos y resonancias imponentes.

Y como la región, son sus habitantes: acaso un tanto imaginativos y movedizos en sus ideas, determinaciones y afectos; pero, llegado el caso, duros de voluntad, exaltados en sus deseos, en ofrecer y cumplir lo ofrecido, generosos é hidalgos, y, finalmente, nobles, sufridos y bravos, cual corresponde á la tradición, tantas veces centenaria, de la ejemplar Castilla.


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325 págs. / 9 horas, 28 minutos / 400 visitas.

Publicado el 20 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.

El Misterio del Cuarto Amarillo

Gastón Leroux


Novela


A Robert CHARVAY

En recuerdo agradecido de los
comienzos del joven Rouletabille.

Afectusosamente,

Gaston LEROUX

1. DONDE SE EMPIEZA A NO ENTENDER NADA

No sin cierta emoción, comienzo a relatar aquí las extraordinarias aventuras de Joseph Rouletabille. Hasta hoy, este se había negado tan firmemente a ello que yo había perdido toda esperanza de publicar alguna vez la historia policial más curiosa de los últimos quince años. Supongo que el público nunca habría conocido "toda la verdad" sobre el prodigioso caso llamado del "cuarto amarillo" -que generó tantos dramas misteriosos, crueles y sensacionales, y en el que mi amigo estuvo tan íntimamente comprometido- si, con motivo de la reciente nominación del ilustre Stangerson para el grado de la Gran Cruz de la Legión de Honor, un periódico vespertino, en un artículo lamentable por su ignorancia o por su audaz perfidia, no hubiera resucitado una terrible aventura que Joseph Rouletabille, según me decía, hubiera deseado que se olvidara para siempre.


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Protegido por copyright
262 págs. / 7 horas, 39 minutos / 1.366 visitas.

Publicado el 21 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

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