Textos más vistos etiquetados como Novela | pág. 23

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El Rostro Verde

Gustav Meyrink


Novela


Capítulo I

El forastero de vestimenta distinguida, que se había detenido en la acera de la calla Jodenbree, leyó una curiosa inscripción en letras blancas, excéntricamente adornadas, en el negro rótulo de una tienda que estaba al otro lado de la calle:

Salón de artículos misteriosos
de Chidher el Verde

Por curiosidad, o por dejar de servir de blanco al torpe gentío que se apiñaba a su alrededor y se burlaba de su levita, su reluciente sombrero de copa y sus guantes —todo tan extraño en ese barrio de Amsterdam—, atravesó la calzada repleta de carros de verdura. Lo siguieron un par de golfos con las manos hondamente enterradas en sus anchos y deformados pantalones de lona azul, la espalda encorvada, vagos y callados, arrastrando sus zuecos de madera. La tienda de Chidher daba a un estrecho voladizo acristalado que rodeaba el edificio como un cinturón y se adentraba a derecha e izquierda en dos callejuelas transversales. El edificio, a juzgar por los cristales deslucidos y sin vida, parecía un almacén de mercancías cuya parte posterior daría seguramente a un Gracht (uno de los numerosos canales marítimos de Amsterdam destinados al tráfico comercial).

La construcción, en forma de dado, recordaba una sombría torre rectangular que hubiera ido hundiéndose paulatinamente en la blanda tierra turbosa, hasta el borde de su pétrea golilla —el voladizo acristalado—. En el centro del escaparate, sobre un zócalo revestido de tela roja, reposaba una calavera de papel maché amarillo oscuro. Su aspecto era muy poco natural, debido a la excesiva longitud de la mandíbula superior, a la tinta negra de las cuencas de los ojos y a las sombras de las sienes; entre los dientes sostenía un As de picas. Encima había una inscripción que decía: «Het Delpsche Orakel, of de stem uit het Geesteryk» (El oráculo de Delfos, la voz del reino de los fantasmas).


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231 págs. / 6 horas, 45 minutos / 646 visitas.

Publicado el 14 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

El Vizconde de Bragelonne

Alejandro Dumás


Novela


Tomo 1. El vizconde de Bragelonne

Capítulo I. La carta

En el mes de mayo del año 1660, a las nueve de la mañana, cuando el sol ya bastante alto empezaba a secar el rocío en el antiguo castillo de Blois, una cabalgata compuesta de tres hombres y tres pajes entró por él puente de la ciudad, sin causar más efecto que un movimiento de manos a la cabeza para saludar, y otro de lenguas para expresar esta idea en francés correcto.

—Aquí está Monsieur, que vuelve de la caza.

Y a esto se redujo todo.

Sin embargo, mientras los caballos subían por la áspera cuesta que desde el río conduce al castillo varios hombres del pueblo se acercaron al último caballo, que llevaba pendientes del arzón de la silla diversas aves cogidas del pico.

A su vista, los curiosos manifestaron con ruda franqueza, su desdén por tan insignificante caza, y después de perorar sobre las desventajas de la caza de volatería, volvieron a sus tareas. Solamente uno de estos, curiosos, obeso y mofletudo, adolescente y de buen humor, preguntó por qué Monsieur, que podía divertirse tanto, gracias a sus pingües rentas, conformábase con tan mísero pasatiempo.

—¿No sabes —le dijeron— que la principal diversión de Monsieur es aburrirse?

El alegre joven se encogió de hombros, como diciendo: «Entonces, más quiero ser Juanón que príncipe».

Y volvieron a su trabajo.


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2.093 págs. / 2 días, 13 horas, 4 minutos / 1.299 visitas.

Publicado el 9 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Incesto

Eduardo Zamacois


Novela


I

Mercedes dió las buenas noches y salió: iba triste, algo pálida, con las ojeras violáceas y la mirada errabunda y brillante de las mujeres nerviosas a quienes el tósigo de una obsesión impide dormir tranquilas; y los dos viejecitos permanecieron sentados, contemplándose con aire melancólico.

Él ocupaba un cómodo sillón canonjil de ancho y sólido respaldar. Era un anciano como de sesenta años, envuelto en una bata obscura que caía a lo largo de su cuerpo alto y enjuto formando pliegues de majestuosa severidad sacerdotal; el pecho era angosto, el busto débil se encorvaba hacia adelante, obedeciendo a esa viciosa propensión física de las personas que envejecieron sentadas, y sus manos, bajo cuya piel rugosa serpeaban grandes venas azules, asían los brazos del sillón con afilados y amarillentos dedos de convaleciente.

Aquel cuerpo blandengue, enfermizo y tan para poco, contrastaba poderosamente con la cabeza; una cabeza apostólica que recordaba la de Ernesto Renán en sus últimos tiempos, y en la que aparecían acopladas la noble majestad de la vejez y la bizarra gallardía y el vivir heroico de la juventud.


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122 págs. / 3 horas, 33 minutos / 1.546 visitas.

Publicado el 20 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Ivanhoe

Walter Scott


Novela


I

Así hablaban, mientras al atardecer los bien criados
cerdos regresaban a su hogar, con estrepitosos ruidos y
más desagradables gruñidos.

ALEXANDER POPE (traducción de La Odisea), HOMERO: Odisea, XIV.

En la bella comarca de la alegre Inglaterra regada por las aguas del río Don, había antiguamente un dilatado bosque que se extendía por la mayor parte de los hermosos valles y colinas que medían entre Sheffield y la placentera ciudad de Doncaster. Aún pueden verse los restos de lo que antaño fue un espeso bosque en los dominios de Wentwolth, en el parque de Wharncliffe y en los alrededores de Rotherham. En esa zona realizaba sus correrías, alimentándose de sangre, el dragón de Wantley; allí se libraron muchas de las desesperadas batallas en tiempos de la Guerra Civil de las Rosas; allí, en fin, se hicieron famosas por su intrepidez las cuadrillas de galantes bandoleros, cuyos hechos ha popularizado el cancionero inglés.


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549 págs. / 16 horas, 1 minuto / 436 visitas.

Publicado el 12 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.

La Bodega

Vicente Blasco Ibáñez


Novela


I

Apresuradamente, como en los tiempos que llegaba tarde a la escuela, entró Fermín Montenegro en el escritorio de la casa Dupont, la primera bodega de Jerez, conocida en toda España; «Dupont Hermanos», dueños del famoso vino de Marchamalo, y fabricantes del cognac cuyos méritos se pregonan en la cuarta plana de los periódicos, en los rótulos multicolores de las estaciones de ferrocarril, en los muros de las casas viejas destinados a anuncios y hasta en el fondo de las garrafas de agua de los cafés.

Era lunes, y el joven empleado llegaba al escritorio con una hora de retraso. Sus compañeros apenas levantaron la vista de los papeles cuando él entró, como si temieran hacerse cómplices con un gesto, con una palabra, de esta falta inaudita de puntualidad. Fermín miró con inquietud el vasto salón del escritorio y se fijó después en un despacho contiguo, donde en medio de la soledad alzábase majestuoso un bureau de lustrosa madera americana. «El amo» no había llegado aún. Y el joven, más tranquilo ya, sentose ante su mesa y comenzó a clasificar los papeles, ordenando el trabajo del día.

Aquella mañana encontraba al escritorio algo de nuevo, de extraordinario, como si entrase en él por vez primera, como si no hubiesen transcurrido allí quince años de su vida, desde que le aceptaron como zagal para llevar cartas al correo y hacer recados, en vida de don Pablo, el segundo Dupont de la dinastía, el fundador del famoso cognac que abrió «un nuevo horizonte al negocio de las bodegas», según decían pomposamente los prospectos de la casa hablando de él como de un conquistador; el padre de los «Dupont Hermanos» actuales, reyes de un estado industrial formado por el esfuerzo y la buena suerte de tres generaciones.


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320 págs. / 9 horas, 20 minutos / 773 visitas.

Publicado el 20 de abril de 2016 por Edu Robsy.

La carta muerta

Metta Victor


Novela


PARTE I


Capítulo 1: La carta



El pueblo de Blankville es uno de los más hermosos de ese valle del Hudson, famoso por su belleza. Se asienta sobre la falda de las colinas, mirando hacia el río, con sus iglesias de altas agujas, sus elegantes mansiones y sus calles sombreadas por olmos centenarios. En la época de la que hablo, yo era un joven abogado que apenas comenzaba a abrirse camino en el despacho del señor Burton, uno de los hombres más respetados de la región.

Nada parecía perturbar la paz de aquel lugar, hasta que ocurrió el evento que habría de cambiar nuestras vidas para siempre. El señor Burton no era solo mi mentor, sino también el padre de Eleanor, la joven a quien yo amaba con toda la devoción de mi primer romance. La vida se presentaba ante mí como un camino despejado, lleno de promesas y felicidad.

Recuerdo perfectamente aquella tarde de octubre. El aire era fresco y las hojas comenzaban a teñirse de rojo y oro. Nada en la atmósfera presagiaba la tragedia. Sin embargo, el destino ya había movido sus piezas. Henry Moreland, el prometido de la otra hija del señor Burton y un hombre querido por todos, debía llegar al pueblo tras un breve viaje de negocios. Pero Henry nunca llegó a la estación.

Su desaparición fue el primer eslabón de una cadena de horrores que dejaría a Blankville sumida en el miedo. Las búsquedas iniciales no dieron fruto, y lo que comenzó como una preocupación por un posible retraso, pronto se convirtió en una angustia sofocante. Fue entonces cuando el instinto de detective del señor Burton comenzó a despertar, presintiendo que no estábamos ante un simple accidente, sino ante algo mucho más oscuro y premeditado.


Capítulo 2: Sucesos de una noche




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Dominio público
293 págs. / 8 horas, 33 minutos / 96 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

La Casa de Vapor

Julio Verne


Novela


Primera parte

Capítulo I. Una cabeza puesta a precio

Una recompensa de dos mil libras esterlinas se dará a la persona que entregue vivo o muerto a uno de los antiguos jefes de la rebelión de los cipayos. Se sabe que está en la presidencia de Bombay, y es el nabab Dandu-Pant, más conocido con el nombre de…
 

Así decía el anuncio que los habitantes de Aurangabad podían leer en la tarde del seis de marzo de mil ochocientos sesenta y siete.

El último nombre, nombre execrado, maldecido por unos, secretamente admirado por otros, no podía leerse en el cartel que había sido fijado hacía unos instantes en la pared de un bungalow arruinado, a orillas del río Dudhma.

Y si este nombre no podía leerse, era porque el ángulo inferior del cartel en donde estaba impreso con grandes letras, acababa de ser desgarrado por la mano de un faquir a quien nadie había visto en aquella playa, a la sazón desierta. Con este nombre había desaparecido igualmente el del gobernador general de la presidencia de Bombay, que refrendaba el decreto del virrey de la India.

¿Qué motivo había tenido el faquir para su acción? Al desgarrar el cartel, ¿esperaba que el rebelde de mil ochocientos cincuenta y siete se escaparía de la vindicta pública y de las consecuencias del decreto expedido contra su persona? ¿Pensaba acaso que tan terrible celebridad desaparecería junto con el fragmento de papel reducido a trozos? Hubiera sido una locura.


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Protegido por copyright
367 págs. / 10 horas, 42 minutos / 285 visitas.

Publicado el 15 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

La Destrucción de Cartago

Emilio Salgari


Novela


I. El dios antropófago

—¡Muera la romana!

—¡Sean quemadas sus entrañas en el pecho de Moloch!

—Quedará agradecido y nos infundirá nuevas fuerzas.

—¡Muera!, ¡muera! ¡Moloch quiere víctimas enemigas!

Un inmenso aullido, escapado de treinta o cuarenta mil pechos, que parecía el mugido de una gran marea cuando embiste, derriba los diques, cubrió por algunos instantes aquellas voces aisladas.

—¡Muera! ¡Con nuestros hijos!

Había cerrado la noche, pero parecía que sobre Cartago, la opulenta colonia fenicia que disputaba feroz, valerosamente a la poderosa Roma el dominio del mundo antiguo, resplandecían millares de pequeños soles.

A través de la inmensa avenida de Khamon, que dividía la ciudad en dos partes distintas, bordeada por maravillosas alamedas de soberbias palmeras, descendía una inmensa muchedumbre hacia el templo dedicado al terrible dios Baal Moloch, el dios representante del fuego maléfico: el rayo que incendia las mieses, los ardores del sol que esterilizan la llanura, y, para aplacar al cual, fenicios y cartagineses ofrecían entre sus brazos ardientes o en el antro monstruoso de su pecho sus hijos predilectos, para que se abrasaran vivos.

Eran millares y millares de mercaderes, de navegantes, de guerreros, de carpinteros, de alfareros, y fabricantes de estatuitas, de armas númidas, mauritanos, negros mercenarios y marineros de Tiro y de Arados, y bajaban en masas compactas desde la necrópolis, llevando un infinito número de astas de hierro en cuyo extremo ardían globos de algodón impregnados de materias resinosas que relampagueaban hasta deslumhrar.


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Dominio público
265 págs. / 7 horas, 44 minutos / 765 visitas.

Publicado el 22 de agosto de 2019 por Edu Robsy.

Las Amistades Peligrosas

Pierre Choderlos de Laclos


Novela, novela epistolar


INTRODUCCIÓN

Esta colección, que el público hallará quizá aún demasiado voluminosa, no contiene, sin embargo, sino el más pequeño número de las cartas que componían la totalidad de la correspondencia de que está sacada. Encargado de ponerla en orden por las personas que la habían adquirido, y que sabía yo tenían intención publicarla, no he pedido por recompensa de mi trabajo sino permiso de separar lo que me pareciese inútil, y he cuidado conservar efectivamente sólo aquellas que he considerado necesario para mostrar los caracteres y hacer más comprensibles los sucesos, se agrega a este ligero trabajo el de colocar nuevamente en orden que he conservado —lo que hecho casi siempre siguiendo las fecha— y en fin, algunas notas cortas que, en su mayoría sólo tiende indicar la fuente de algunas citas, o a motivar ciertos cortes que he permitido hacer, se verá toda la parte que he tenido en esta obra. Mi encargo no se extendía a más.

Yo había propuesto otras alteraciones más considerables, y casi todas relativas a la pureza de la dicción o del estilo, contra la cuál se hallarán muchas faltas. Hubiera deseado también hallarme autorizado para abreviar ciertas cartas demasiado largas, y muchas de las cuales tratan separadamente, y casi sin transición, de objetos que no tienen relación alguna uno con otro. Este trabajo, que no se admitió, no hubiera bastado, sin duda, para dar mérito a la obra, pero la hubiera purgado, por lo menos, de una parte de sus defectos.


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399 págs. / 11 horas, 39 minutos / 656 visitas.

Publicado el 28 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

Las Aventuras de Telémaco

François Fénelon


Novela


Libro I

Conducido Telémaco por Minerva bajo la figura de Méntor, arriba, después de un naufragio, a la isla de Calipso, que aún se lamentaba de la partida de Ulises. Recíbele la diosa favorablemente; enamórase de él, le ofrece hacerle inmortal y exige la relación de sus aventuras. Refiere Telémaco su viaje a Pilos y a Lacedemonia, su naufragio en las costas de Sicilia, el riesgo en que se halló de ser sacrificado a los manes de Anquises, el auxilio que él y Méntor prestaron a Acestes en una invasión de los bárbaros y el cuidado de aquel rey para recompensar este servicio.


Sin consuelo vivía Calipso desde la partida de Ulises, y el exceso de su dolor hacía se considerase más infeliz aun, por ser inmortal. No resonaban ya en su gruta los armoniosos acentos de su dulce voz, ni las ninfas que la acompañaban se atrevían a turbar su melancólico silencio. Paseábase muchas veces por las floridas praderas que esmaltaban la isla, encantando la vista con las gracias de una perpetua primavera; mas lejos de templar su amargura la amenidad de tan deliciosos sitios, traían a su memoria el triste recuerdo de Ulises, a quien había visto complacida tantas veces a su lado. Quedábase inmóvil en la playa, y bañándola con sus lágrimas volvía sin cesar el rostro hacia el sitio por donde, rompiendo las olas, había desaparecido a sus ojos el navío de Ulises.


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Dominio público
383 págs. / 11 horas, 11 minutos / 56 visitas.

Publicado el 31 de diciembre de 2025 por Edu Robsy.

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