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El Rayo Verde

Julio Verne


Novela


I. El hermano Sam y el hermano Sib

¡Bet!

—¡Beth!

—¡Bess!

—¡Betsey!

—¡Betty!

Todos estos nombres resonaron sucesivamente en el magnífico hall de Helensburgh con arreglo a la costumbre del hermano Sam y del hermano Sib, para llamar así al ama de llaves de la mansión.

Pero en aquel momento los diminutivos familiares del nombre de Elisabeth no lograron que apareciera la buena mujer, tanto como si la hubieran llamado con su nombre entero.

En cambio, el que apareció en la puerta del hall con la gorra en la mano fue el mayordomo Partridge en persona.

Partridge, dirigiéndose a los dos personajes de alegre semblante, sentados en el alféizar de una ventana que hacía tribuna en la fachada de la casa:

—Los señores han llamado a la señora Bess —dijo—, pero la señora Bess no está en casa.

—¿Dónde está, pues, Partridge?

—Ha salido acompañando a la señorita Campbell, que se pasea por el jardín.

Y Partridge se retiró ceremoniosamente, obedeciendo una señal que le hicieron los dos hermanos.

Estos dos hermanos, Sam y Sib —cuyo verdadero nombre de bautismo era Samuel y Sebastián—, tíos de la señorita Campbell, escoceses de pura cepa, escoceses de un antiguo clan de las Tierras Altas, contaban entre los dos la bonita edad de ciento doce años, con una diferencia solo en quince meses entre el mayor Sam y el menor Sib.


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151 págs. / 4 horas, 25 minutos / 211 visitas.

Publicado el 16 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

El Talón de Hierro

Jack London


Novela


Prólogo

No se puede considerar el Manuscrito Everhard como un documento histórico importante. Según los historiadores, está plagado de errores —no errores factuales, sino de interpretación—. Al retroceder los siete siglos transcurridos desde que Avis Everhard completara ese manuscrito, los acontecimientos y sus consecuencias, para ella confusos y oscuros, aparecen más claros para nosotros. Avis no dispuso de perspectiva. Estuvo demasiado cerca de los hechos que relató. Mejor dicho, estuvo inmersa en esos sucesos.

No obstante, y como documento personal, el Manuscrito Everhard posee un inestimable valor, aunque nos encontremos, junto con los errores de perspectiva, con la parcialidad del amor. En cualquier caso, sentimos un gran aprecio por su trabajo y disculpamos generosamente a Avis Everhard por el tono épico con que describió a su esposo. Sabemos, hoy día, que no fue tan colosal la figura de su hombre, y que tuvo que afrontar aquellos sucesos con menor grandeza que la que el manuscrito tiende a hacernos creer.

No hay duda de que Ernest Everhard fue un personaje excepcional, aunque no tan grandioso como lo concibió su mujer. Ernest fue, en todo caso, uno más dentro del amplio conjunto de héroes que a lo ancho del mundo han dedicado su vida a la revolución; aunque hemos de concederle un mérito singular: su elaboración e interpretación de la filosofía de la clase trabajadora. «Ciencia proletaria» y «Filosofía proletaria» eran los términos con que se refería en su ideario; con lo que mostraba cierto provincianismo ideológico —un defecto, no obstante, al que nadie en aquellos tiempos podía escapar.


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250 págs. / 7 horas, 18 minutos / 232 visitas.

Publicado el 5 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Incesto

Eduardo Zamacois


Novela


I

Mercedes dió las buenas noches y salió: iba triste, algo pálida, con las ojeras violáceas y la mirada errabunda y brillante de las mujeres nerviosas a quienes el tósigo de una obsesión impide dormir tranquilas; y los dos viejecitos permanecieron sentados, contemplándose con aire melancólico.

Él ocupaba un cómodo sillón canonjil de ancho y sólido respaldar. Era un anciano como de sesenta años, envuelto en una bata obscura que caía a lo largo de su cuerpo alto y enjuto formando pliegues de majestuosa severidad sacerdotal; el pecho era angosto, el busto débil se encorvaba hacia adelante, obedeciendo a esa viciosa propensión física de las personas que envejecieron sentadas, y sus manos, bajo cuya piel rugosa serpeaban grandes venas azules, asían los brazos del sillón con afilados y amarillentos dedos de convaleciente.

Aquel cuerpo blandengue, enfermizo y tan para poco, contrastaba poderosamente con la cabeza; una cabeza apostólica que recordaba la de Ernesto Renán en sus últimos tiempos, y en la que aparecían acopladas la noble majestad de la vejez y la bizarra gallardía y el vivir heroico de la juventud.


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122 págs. / 3 horas, 33 minutos / 1.546 visitas.

Publicado el 20 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Ivanhoe

Walter Scott


Novela


I

Así hablaban, mientras al atardecer los bien criados
cerdos regresaban a su hogar, con estrepitosos ruidos y
más desagradables gruñidos.

ALEXANDER POPE (traducción de La Odisea), HOMERO: Odisea, XIV.

En la bella comarca de la alegre Inglaterra regada por las aguas del río Don, había antiguamente un dilatado bosque que se extendía por la mayor parte de los hermosos valles y colinas que medían entre Sheffield y la placentera ciudad de Doncaster. Aún pueden verse los restos de lo que antaño fue un espeso bosque en los dominios de Wentwolth, en el parque de Wharncliffe y en los alrededores de Rotherham. En esa zona realizaba sus correrías, alimentándose de sangre, el dragón de Wantley; allí se libraron muchas de las desesperadas batallas en tiempos de la Guerra Civil de las Rosas; allí, en fin, se hicieron famosas por su intrepidez las cuadrillas de galantes bandoleros, cuyos hechos ha popularizado el cancionero inglés.


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549 págs. / 16 horas, 1 minuto / 436 visitas.

Publicado el 12 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.

Joseph Balsamo, Memorias de un Médico

Alejandro Dumas


Novela


PROLOGO

I. CAMINAR A CIEGAS

A la margen izquierda del Rin, cerca de la imperial ciudad de Worms, y hacía el sitio donde nace el pequeño río Selz, empiezan a elevarse las primeras cordilleras de innúmeras montañas, cuyos erizados picos parecen alejarse hacia el Norte, simulando una manada de espantados búfalos que se pierden entre la bruma.

Estas montañas, que desde la cumbre dominan ya aquel país casi desierto, y que semejan la comitiva de la más alta, tiene cada una un nombre particular que expresa su forma o recuerda alguna tradición.

Llámase una la Silla del Rey, la otra la Piedra de los Agavanzos, ésta la Roca de los Halcones y aquélla la Cresta de la Serpiente.

La más alta de todas, la que parece llegar al cielo, ceñida la granítica frente de una corona de ruinas, es la Montaña de los Truenos. Cuando la noche condensa la sombra de los árboles y el crepúsculo vespertino dora las altas cumbres de esta familia de gigantes, parece que el silencio desciende lentamente desde las sublimes gradas del cielo hasta la llanura, y que un brazo invisible y poderoso desenvuelve de sus flancos, para extenderlo sobre el mundo cansado por los ruidos y penalidades del día, ese inmenso manto azulado, en cuyo fondo brillan las estrellas. Entonces todo pasa insensiblemente de la vigilia al sueño, todo enmudece sobre la tierra. Únicamente en medio de este silencio solemne, el riachuelo a que nos hemos referido prosigue día y noche su curso misterioso bajo los abetos de la orilla, hasta desembocar en el caudaloso Rin, que es su muerte. La arena de su seno es tan fresca, sus cañas tan flexibles y sus peñas se hallan tan cubiertas de suave musgo y saxífragas, que sus ondas no producen el más pequeño ruido desde Morsheim, donde principia, hasta el lugar en donde termina.


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1.348 págs. / 1 día, 15 horas, 20 minutos / 674 visitas.

Publicado el 9 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

La Bodega

Vicente Blasco Ibáñez


Novela


I

Apresuradamente, como en los tiempos que llegaba tarde a la escuela, entró Fermín Montenegro en el escritorio de la casa Dupont, la primera bodega de Jerez, conocida en toda España; «Dupont Hermanos», dueños del famoso vino de Marchamalo, y fabricantes del cognac cuyos méritos se pregonan en la cuarta plana de los periódicos, en los rótulos multicolores de las estaciones de ferrocarril, en los muros de las casas viejas destinados a anuncios y hasta en el fondo de las garrafas de agua de los cafés.

Era lunes, y el joven empleado llegaba al escritorio con una hora de retraso. Sus compañeros apenas levantaron la vista de los papeles cuando él entró, como si temieran hacerse cómplices con un gesto, con una palabra, de esta falta inaudita de puntualidad. Fermín miró con inquietud el vasto salón del escritorio y se fijó después en un despacho contiguo, donde en medio de la soledad alzábase majestuoso un bureau de lustrosa madera americana. «El amo» no había llegado aún. Y el joven, más tranquilo ya, sentose ante su mesa y comenzó a clasificar los papeles, ordenando el trabajo del día.

Aquella mañana encontraba al escritorio algo de nuevo, de extraordinario, como si entrase en él por vez primera, como si no hubiesen transcurrido allí quince años de su vida, desde que le aceptaron como zagal para llevar cartas al correo y hacer recados, en vida de don Pablo, el segundo Dupont de la dinastía, el fundador del famoso cognac que abrió «un nuevo horizonte al negocio de las bodegas», según decían pomposamente los prospectos de la casa hablando de él como de un conquistador; el padre de los «Dupont Hermanos» actuales, reyes de un estado industrial formado por el esfuerzo y la buena suerte de tres generaciones.


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320 págs. / 9 horas, 20 minutos / 773 visitas.

Publicado el 20 de abril de 2016 por Edu Robsy.

La carta muerta

Metta Victor


Novela


PARTE I


Capítulo 1: La carta



El pueblo de Blankville es uno de los más hermosos de ese valle del Hudson, famoso por su belleza. Se asienta sobre la falda de las colinas, mirando hacia el río, con sus iglesias de altas agujas, sus elegantes mansiones y sus calles sombreadas por olmos centenarios. En la época de la que hablo, yo era un joven abogado que apenas comenzaba a abrirse camino en el despacho del señor Burton, uno de los hombres más respetados de la región.

Nada parecía perturbar la paz de aquel lugar, hasta que ocurrió el evento que habría de cambiar nuestras vidas para siempre. El señor Burton no era solo mi mentor, sino también el padre de Eleanor, la joven a quien yo amaba con toda la devoción de mi primer romance. La vida se presentaba ante mí como un camino despejado, lleno de promesas y felicidad.

Recuerdo perfectamente aquella tarde de octubre. El aire era fresco y las hojas comenzaban a teñirse de rojo y oro. Nada en la atmósfera presagiaba la tragedia. Sin embargo, el destino ya había movido sus piezas. Henry Moreland, el prometido de la otra hija del señor Burton y un hombre querido por todos, debía llegar al pueblo tras un breve viaje de negocios. Pero Henry nunca llegó a la estación.

Su desaparición fue el primer eslabón de una cadena de horrores que dejaría a Blankville sumida en el miedo. Las búsquedas iniciales no dieron fruto, y lo que comenzó como una preocupación por un posible retraso, pronto se convirtió en una angustia sofocante. Fue entonces cuando el instinto de detective del señor Burton comenzó a despertar, presintiendo que no estábamos ante un simple accidente, sino ante algo mucho más oscuro y premeditado.


Capítulo 2: Sucesos de una noche




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Dominio público
293 págs. / 8 horas, 33 minutos / 96 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.

La Majestad Caída

Juan Antonio Mateos


Novela


I. El Centenario

I

En el valle más lindo del mundo, donde dijo el Génesis: «Aquí», plantando las joyas más valiosas de sus secretos, los picos nevados de «La Mujer Blanca» y de la «Estrella que humea» el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, destacándose sobre el azul del infinito, con su voz de rayos y sus ritmos de tempestad. Allí donde tendió sus lazos, espejos purísimos donde se asoman las vividas estrellas de las constelaciones. Allí donde pupulan los jardines flotantes, que arrojaron en montón las perfumadas flores que columpiaron en las gargantas de las divinidades antiguas, que viven todavía, con su mirada altanera bajo las bóvedas de los museos, como los vencidos de la civilización y de la historia.

Allí está tendida dulcemente la virgen de Anáhuac, la gran Tenochtitlan, reclinada en la colina suntuosa de Chapultepec, como en un nido de águilas, coronada con las ramas sagradas de los ahuehuetes antediluvianos, y empapando sus sandalias en las linfas ardientes y sulfurosas del Peñón, donde se sumergían indolentes las mujeres y las esclavas de los emperadores. Pasó la Conquista con el vendaval salvaje, esa pléyade brutal de bandidos, que empapó con sangre mexicana hasta el pomo de sus tizonas, levantando su sacrilega clerecía, las encendidas llamas del Santo Oficio, como el «Memento Homo» de la raza conquistada y contra cuyos hechos indignos, protesta la historia y la conciencia humana.

En medio de esa noche oscura de los siglos, despuntó la primera luz de un sol inmortal, en las montañas de oro de Guanajuato, que alumbró los altares de la patria, a cuyas plantas se arroja la generación actual, para celebrar el primer centenario de la independencia mexicana.


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Dominio público
148 págs. / 4 horas, 19 minutos / 220 visitas.

Publicado el 17 de junio de 2019 por Edu Robsy.

La Mujer de Todo el Mundo

Alejandro Sawa


Novela


I

Palacios buenos los habría en Z, Z, la capital de un territorio de cerca de veinte millones de habitantes, tostado por el sol y por la cólera de los dioses; pero como el de la condesa del Zarzal muy pocos o ninguno. ¡Aquello sí que era lujo! No parecía sino que no cabiendo materialmente en las amplias habitaciones del hotel, se desparramaba, se vaciaba por todos los boquetes de aquella casa desde las bocas de las chimeneas hasta los barrotes recamados de las ventanas de la planta baja. A veinte pasos de distancia del edificio ya se percibían los tibios y aduladores perfumes del jardín, que por lo penetrantes y lo activos en su misión de hacer simpático el sentido localizado en la nariz, simulaban así como heraldos mensajeros de una corte de amor o como la promesa vaga de un mundo más perfecto; y cuando el transeúnte, haciendo caso de aquellas inspiraciones de olor que enardecían su olfato seguía adelante hasta pararse en la verja dorada de aquel parque del paraíso, ¡oh! entonces, burgués o demagogo, linfático o nervioso, con el cerebro chato o esférico, como quiera que fuera, sentía subir desde el estómago al cerebro la oleada biliosa del socialismo, y pensaba indistintamente, como piensan los que están durmiendo, en que Dios no es justo, no, en que Dios no es justo, fundando toda la mecánica social del Universo, en la ley absurda de la desnivelación y el desequilibrio.


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Dominio público
121 págs. / 3 horas, 33 minutos / 510 visitas.

Publicado el 7 de abril de 2019 por Edu Robsy.

Las Amistades Peligrosas

Pierre Choderlos de Laclos


Novela, novela epistolar


INTRODUCCIÓN

Esta colección, que el público hallará quizá aún demasiado voluminosa, no contiene, sin embargo, sino el más pequeño número de las cartas que componían la totalidad de la correspondencia de que está sacada. Encargado de ponerla en orden por las personas que la habían adquirido, y que sabía yo tenían intención publicarla, no he pedido por recompensa de mi trabajo sino permiso de separar lo que me pareciese inútil, y he cuidado conservar efectivamente sólo aquellas que he considerado necesario para mostrar los caracteres y hacer más comprensibles los sucesos, se agrega a este ligero trabajo el de colocar nuevamente en orden que he conservado —lo que hecho casi siempre siguiendo las fecha— y en fin, algunas notas cortas que, en su mayoría sólo tiende indicar la fuente de algunas citas, o a motivar ciertos cortes que he permitido hacer, se verá toda la parte que he tenido en esta obra. Mi encargo no se extendía a más.

Yo había propuesto otras alteraciones más considerables, y casi todas relativas a la pureza de la dicción o del estilo, contra la cuál se hallarán muchas faltas. Hubiera deseado también hallarme autorizado para abreviar ciertas cartas demasiado largas, y muchas de las cuales tratan separadamente, y casi sin transición, de objetos que no tienen relación alguna uno con otro. Este trabajo, que no se admitió, no hubiera bastado, sin duda, para dar mérito a la obra, pero la hubiera purgado, por lo menos, de una parte de sus defectos.


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399 págs. / 11 horas, 39 minutos / 656 visitas.

Publicado el 28 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

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