Textos peor valorados etiquetados como Novela | pág. 12

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La Musa Trágica

Henry James


Novela


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Las gentes de Francia nunca han ocultado que las de Inglaterra, hablando en general, son, a su modo de ver, una raza inexpresiva y taciturna, perpendicular e insociable, poco aficionada a cubrir cualquier sequedad de trato mediante recamados verbales o de otra clase. Es probable que esta impresión pareciera respaldada, hace unos años, en París, debido al modo en que cuatro personas se hallaban sentadas juntas en silencio, un buen día cerca de las doce de la mañana, en el jardín, como se lo denomina, del Palais de l’Industrie: el patio central del gran bazar acristalado, donde entre plantas y parterres, senderos de grava y fuentes sutiles, se alinean las figuras y los grupos, los monumentos y los bustos, que forman la sección de escultura en la exposición anual del Salón. El espíritu de observación se pone automáticamente en el Salón muy alerta, estimulado por un millar de detalles llamativos angélicos o desangelados, mas no habría hecho falta ninguna tensión especial del sentido de la vista para percatarse de las características de las cuatro personas en cuestión. Como reclamo para el ojo por méritos propios, también ellos constituían un hecho artístico logrado; y hasta el más superficial de los observadores los habría catalogado como creaciones notables de una vecindad insular, representantes de esa clase impecable e impermeable con la cual, en las ocasiones repetidas en que los ingleses salen de vacaciones (Navidad y Pascua de Resurrección, Pentecostés y el otoño), París se ve rociada entera en el plazo de una noche. Había en ellos con plenitud el indefinible aspecto característico del viajero británico en el extranjero: ese aire de preparación a correr riesgos, materiales y morales, tan extrañamente combinada con una serena demostración de seguridad y perseverancia, el cual aire despierta, según la susceptibilidad de cada cual, la ira o la admiración de las comunidades extranjeras.


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755 págs. / 22 horas, 2 minutos / 110 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

La Princesa Casamassima

Henry James


Novela


Prólogo

Creo que la forma más sencilla de explicar el origen de La princesa Casamassima es decir que la novela nació directamente del interés y la costumbre de pasear por la calle durante el primer año de una larga estancia en Londres. Andaba mucho, como ejercicio, por diversión, para aprender, y sobre todo volvía siempre andando cuando cenaba fuera de casa, caso mucho más frecuente que lo contrario; y como hacer eso significaba recibir muchas impresiones, éstas se agitaban y buscaban una salida, de forma que al cabo de algún tiempo había nacido el libro. Puedo afirmar que, cuando echo la vista atrás, la exploración atenta de Londres, el asalto directo que la gran ciudad lleva a cabo sobre una imaginación predispuesta a reaccionar, explica plenamente una gran parte de la obra. Hay otro elemento secundario que tiene su origen en una fuente distinta, y del que ahora hablaré, pero la idea primera fue, sin duda alguna, el fruto rotundo y maduro de andar por las calles. Claro que uno andaba con los ojos abiertos de par en par, y me apresuro a decir que semejante costumbre, mantenida durante mucho tiempo y en recorridos considerables, llega a provocar una solicitación mística, una urgente llamada de todas las cosas a ser interpretadas y, en la medida de lo posible, reproducidas. «Argumentos» y situaciones, carácter e historia, la tragedia y la comedia de la vida son cosas que, en tales condiciones, parecen mascarse punzantes en el aire; y para una mente que sienta curiosidad ante la escena humana, sus significados y revelaciones, la gran Babilonia gris se transforma fácilmente en un jardín cuajado de inmensa e ilustrativa flora. Historias posibles, figuras presentables se levantan mientras el observador se mueve en la espesa selva, aletean como la caza espantada y, antes de que se dé cuenta, él mismo necesita protegerse del roce de importunas alas.


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670 págs. / 19 horas, 33 minutos / 179 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Las Bostonianas

Henry James


Novela


LIBRO PRIMERO

I

—Olive bajará dentro de unos diez minutos; me pidió que se lo dijera. Unos diez minutos: esa es Olive. Ni cinco ni quince, pero tampoco diez exactamente, sino más bien nueve u once. No me pidió que le dijera que se siente feliz de verlo, porque no sabe si lo está o no, y por nada del mundo se expondría a decir algo impreciso. Si hay alguien honesto esa es Olive Chancellor; es la rectitud en persona. Nadie dice nada impreciso en Boston; la verdad es que no sé cómo tratar a esta gente. Bien, de cualquier manera estoy muy contenta de verlo.

Estas palabras fueron pronunciadas con aire voluble por una mujer rubia, regordeta y sonriente que entró en una angosta sala en la que un visitante que aguardaba desde hacía algunos minutos se encontraba inmerso en la lectura de un libro. El caballero no había siquiera necesitado sentarse para comenzar a interesarse en la lectura; al parecer había tomado el volumen de una mesa tan pronto como llegó, y, manteniéndose de pie, después de una sola mirada al apartamento, se había sumido en sus páginas. Puso a un lado el libro al acercarse la señora Luna, sonrió, le estrechó la mano y dijo como respuesta al último comentario de la dama:

—Usted ha sugerido que dice mentiras. Tal vez esa sea una.

—Oh, no, no hay de qué maravillarse en que me alegre su visita —respondió la señora Luna— si le digo que he pasado ya tres largas semanas en esta ciudad donde nadie miente.

—Sus palabras no me parecen demasiado elogiosas —dijo el joven—. Yo no pretendo mentir.

—Oh, cielos, ¿cuál es la ventaja entonces de ser un sureño? —preguntó la dama—. Olive me ha encargado de decirle que espera que se quede usted a comer. Y si lo ha dicho es que verdaderamente lo espera. Está dispuesta a correr el riesgo.

—¿Tal como estoy? —preguntó el visitante, adoptando un aspecto más bien humilde.


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534 págs. / 15 horas, 36 minutos / 851 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Roderick Hudson

Henry James


Novela


Prefacio

Comencé a escribir Roderick Hudson durante la primavera de 1874 en Florencia, y la concebí al principio para ser publicada por entregas en el Atlantic Monthly, donde se estrenó en enero de 1875, y continuó durante el resto del año. Cedo al placer de consignar estas circunstancias, al igual que haré con otras, como he cedido a la necesidad de volver a este libro después de un cuarto de siglo. Este resurgir de una casi extinta relación con una obra temprana puede producir a menudo en el artista, creo yo, más sensaciones de interés y de emoción de las que él puede expresar con facilidad, y, sin embargo, no alumbrará en lo más mínimo, a sus ojos, aquel velado rostro de su musa que él se siente condenado a estudiar en todo momento y con un anhelo absoluto. El arte de la representación está repleto de interrogantes cuyos mismos términos son difíciles de aplicar y de valorar; pero independientemente de que la hagan ardua, también la hacen, para nuestro alivio, infinita, provocando que la práctica de la representación —con la experiencia— nos vaya rodeando de un círculo que se ensancha, y no lo contrario. De ahí que la experiencia deba organizar, por comodidad y regocijo propios, algún sistema de observación, ante el temor a perder su propio camino en la admirable inmensidad. La vemos haciendo una pausa de vez en cuando para consultar sus notas, para medir (con el fin de orientarse) tantos aspectos y distancias como sea posible, tantos pasos dados y obstáculos superados y frutos recogidos y bellezas disfrutadas. Todo cuenta, nada es superfluo en tal estudio; el cuaderno del explorador me resulta aquí infinitamente receptivo. A esto me refiero, por lo tanto, cuando hablo de la aportación —o, dicho con sencillez y desde mi punto de vista—, del seductor encanto de los hechos accesorios en determinada obra artística.


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438 págs. / 12 horas, 46 minutos / 79 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Lo que Maisie Sabía

Henry James


Novela


PREFACIO DEL AUTOR

Encuentro de nuevo, en el primero de estos tres Relatos, otro ejemplo más del crecimiento de un «gran roble» a partir de una minúscula bellota; pues Lo que Maisie sabía es cuando menos el caso de un árbol que se desarrolla por encima de cualquier previsión que su pequeña simiente hubiese podido parecer autorizar en un primer examen. Me había sido narrado casualmente el modo en que la situación del infortunado pequeño vástago de un matrimonio divorciado había sido afectada, bajo la mirada de mi informante, por el nuevo casamiento de uno de sus progenitores (cuál de ellos, no lo recuerdo); de manera que, a causa del poco entusiasmo por la compañía de la pequeña criatura expresado por el nuevo cónyuge de dicho progenitor, no podía ser llevada a término con facilidad la ley que regía su infantil existencia, consistente en que debía vivir alternativamente una temporada con su padre y otra con su madre. Aun cuando en un principio cada miembro de la desunida pareja había deseado vengativamente impedirle a su retoño cualquier relación con el otro, ahora el progenitor nuevamente desposado buscaba más bien desembarazarse de él: es decir, dejarlo tanto como fuera posible, y excediéndose de las fechas y plazos estipulados, al cargo del adversario; incumplimiento éste que, tomado por el adversario como prueba de mala intención, naturalmente era compensado y vengado mediante una perfidia equivalente. El desdichado infante se había encontrado, así, prácticamente repudiado, rebotando de raqueta a raqueta cual una pelota de tenis o un volante. Este pequeño personaje no podía menos que incidir hasta lo más profundo sobre la sensibilidad y aparecérsele a quien esto escribe como punto de partida de una narración: una narración que demandaba una buena dosis de desarrollos.


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375 págs. / 10 horas, 57 minutos / 201 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Washington Square

Henry James


Novela


I

En la primera mitad del presente siglo, y más en concreto en sus últimos años, ejerció y prosperó en la ciudad de Nueva York un médico que acaso gozara de una cuota excepcional de esa consideración con la que, en Estados Unidos, se ha retribuido invariablemente a los miembros distinguidos del gremio. Dicho gremio, en América, se ha tenido siempre por muy honorable, y más que en ningún otro lugar ha reclamado para sí el calificativo de «liberal». En un país en el que para ocupar una posición social debe uno ganarse la vida o cuando menos hacer creer que se la gana, el arte de la curación da la impresión de haber reunido en alto grado dos reconocidas fuentes de mérito. Se inscribe en el terreno de la práctica, cosa muy estimable en Estados Unidos, y está tocado por la luz de la ciencia: un valor muy apreciado por una sociedad en la que el amor al conocimiento no siempre ha ido de la mano del ocio y la oportunidad.

Contribuyó a la reputación del doctor Sloper la circunstancia de que su ciencia y su habilidad se hallaran equilibradas a partes iguales. Era lo que podría llamarse un médico erudito, y al mismo tiempo no había en sus remedios ninguna abstracción: siempre ordenaba a sus pacientes algún remedio. Aunque pasaba por ser un hombre muy concienzudo, no se enzarzaba en teorizaciones farragosas y, si a veces se explicaba con más detalle de lo que el enfermo necesitaba, nunca llegaba al extremo (como otros galenos de los que uno ha tenido noticia) de fiarlo todo a su exposición, sino que siempre dejaba una inescrutable receta. Había médicos que recetaban sin molestarse en ofrecer explicaciones, pero él tampoco pertenecía a esta clase, que era a fin de cuentas la más vulgar. Pronto se verá que hablo aquí de un hombre inteligente, y ésa es la verdadera razón por la que el doctor Sloper se había convertido en una celebridad local.


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200 págs. / 5 horas, 51 minutos / 129 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Almas Muertas

Nikolái Gógol


Novela


PRIMERA PARTE

CAPÍTULO I

Frente a la puerta de la fonda de la ciudad provinciana de N. se detuvo un cochecillo de apariencia bastante grata, con suspensión de ballestas, como los que acostumbran a utilizar los solterones: tenientes coroneles retirados, capitanes, propietarios que tienen más de cien siervos, en resumen, todos aquellos a los que se da el nombre de señores de medio pelo. En el cochecillo viajaba un caballero que no era ni guapo ni feo, ni demasiado gordo ni flaco; no podía afirmarse que fuera viejo, aunque tampoco se podía decir que fuera muy joven. Su llegada a la ciudad no fue causa del menor ruido ni se vio acompañada de nada que se saliera de lo normal. Solamente dos campesinos rusos que se hallaban en la puerta de la taberna, frente de la fonda, hicieron alguna pequeña observación, que, por lo demás, concernía más al coche que a su dueño.

—Mira esta rueda —dijo uno de ellos a su compañero—. ¿Crees que con ella llegaría a Moscú, si tuviera que ir allí?

—Sí llegaría —contestó el otro.

—Y hasta Kazán, ¿crees que alcanzaría?

—Hasta Kazán no —repuso el otro.

Y en este punto concluyó la conversación. Digamos también que cuando el coche se aproximaba a la fonda se cruzó con un joven que llevaba unos pantalones blancos de fustán, extremadamente cortos y estrechos, y un frac que pretendía ajustarse a la moda, y bajo el cual asomaba la lechuguilla, sujeta con un alfiler de bronce de Tula que tenía la forma de una pistola. El joven volvió la cabeza, se quedó contemplando el coche, llevó después su mano a la gorra, que poco había faltado para que el viento se la llevara, y continuó su camino.


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474 págs. / 13 horas, 50 minutos / 551 visitas.

Publicado el 29 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Marido y Mujer

Wilkie Collins


Novela


Afectuosamente dedicado al Señor Frederick Lehmann y señora

¿No puedo escribir con este estilo,
con este método también, sin perder
mi fin, tu bien? ¿Por qué no puede hacerse?
Las nubes negras traen agua; no así las claras.

JOHN BUNYAN, Apology for his Book.

Prefacio

La historia que aquí se ofrece al lector difiere en un aspecto de las historias que la han precedido, escritas por la misma mano. Esta vez, la ficción se basa en hechos y aspira a contribuir en la medida de lo posible a acelerar la reforma de ciertos abusos que se cometen desde hace demasiado tiempo entre nosotros sin que nadie les ponga freno.

En cuanto a la escandalosa situación actual de las leyes matrimoniales en el Reino Unido, no hay controversia posible. El informe de la Comisión Real, designada para examinar el funcionamiento de dichas leyes, me ha proporcionado la sólida base sobre la que he construido mi libro. En el Apéndice se encontrarán las referencias a tan alta autoridad que puedan ser necesarias para convencer al lector de que no le llevo a engaño. Sólo me queda por añadir que, mientras escribo estas líneas, el Parlamento se dispone a remediar los crueles abusos que se exponen en la historia de «Hester Dethridge». Existe por fin el proyecto de establecer legalmente en Inglaterra el derecho de una mujer a tener propiedades y a conservar sus ingresos. Aparte de esto, la Legislatura no ha hecho el menor esfuerzo, que yo sepa, por depurar las deformaciones que existen en las leyes matrimoniales de Gran Bretaña e Irlanda. Los miembros de la Comisión Real han pedido la intervención del Estado sin la menor vacilación, sin que hasta ahora hayan recibido respuesta del Parlamento.


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715 págs. / 20 horas, 51 minutos / 108 visitas.

Publicado el 30 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Basil

Wilkie Collins


Novela


Dedicatoria

Al Señor
Charles James Ward

Carta a modo de dedicatoria al Señor Charles James Ward

Hace ya muchísimo tiempo que esperaba con verdadero placer, mi querido y viejo amigo, que llegase el momento propicio para rendirle el debido reconocimiento por el gran valor en que tengo el afecto que usted me profesa, así como el agradecimiento por las muchas muestras de amabilidad que ese afecto me ha deparado, y que ahora le ofrezco con inmensa alegría en este lugar. Al dedicarle esta obra que ahora se publica, cumplo por consiguiente un propósito que durante bastante tiempo he deseado muy sinceramente llevar a cabo. Por si fuera poco, para mí gano la satisfacción de saber que habrá al menos una página de mi libro que siempre habré de contemplar con absoluto placer, y no es otra que la página que lleva su nombre.

El principal acontecimiento del que brota esta narración es un suceso real del que he tenido conocimiento. Al dar después forma al relato, a medida que se me iba sugiriendo por sí solo, lo he guiado casi siempre hacia el terreno que mejor conozco por mi propia experiencia, o bien por las experiencias que me han referido otros, de manera que, en su transcurso, incidiera sobre algo real y verdadero. Mi idea era que cuanto más pudiera cosechar de lo real, en calidad de texto a partir del cual hablase, tanto más seguro podría estar respecto del valor genuino de lo ideal que sin duda brotaría de él. La imaginación y la fantasía, la elegancia y la belleza, y todas las cualidades que son para la obra de arte lo que son para la flor el aroma y la coloración, sólo pueden ascender hacia el cielo si están enraizadas en la tierra. ¿No es acaso la más noble poesía esa ficción en prosa de la verdad cotidiana?


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411 págs. / 11 horas, 59 minutos / 99 visitas.

Publicado el 31 de enero de 2017 por Edu Robsy.

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