Salvar el alma
Jordi Cabré Carbó
Cuento, Poesía
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Publicado el 7 de mayo de 2016 por Jordi Cabré Carbó.
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Publicado el 7 de mayo de 2016 por Jordi Cabré Carbó.
Escrito por el Padre
Josef Francisco de la Isla,
en la exaltación
del Señor D. Carlos III
(que Dios Guarde)
al Trono de España.
I
No pasa el mar, quien nunca se aventura,
dicen las Mozorruelas redomadas,
y como este refrán las asegura,
por eso hay tantas bien-aventuradas.
Esta desatinada conjetura
alentó mis tibiezas desmayadas
para que la aprehension se encaracole,
temple la gayta, y apareje el fole.
II
¿Ello ha de ser? Pues manos á la obra,
pongo papel en mesa, y pluma en ristre:
todo à la vela está, todo de sobra,
no hay quien me turbe, enfade, ni registre.
Ahora bien, con quietud y sin zozobra,
expresiones al cálamo ministre
la chola con alguna extravagancia,
fresca del tiempo, y al asunto rancia.
III
Córto la pluma: doy una palmada
en mi rugosa dilatada frente:
atusome la greña mal peinada:
nada discurro: déjolo impaciente:
vuelvo segunda vez á la estacada,
tomo un polvo, y me asaltan de repente
entusiasmos de un Sueño, en cuyo empeño
dejando de dormir, me rindo al Sueño.
IV
¡Bravamente ha salido el conceptillo!
Lo pudiera lucir en un Poema;
y luego me dirán, que es blanco el Grillo;
pues vamos adelante, y valga flema.
Ya he cebado el fogón, y alcé el gatillo,
polvora es el capricho, blanco el tema,
y dispuesta la idea en el encaro,
ninguno se me oponga, que disparo.
V
Yo no he de andar en el comun debate
de invocar à las Musas, ni lo esperen,
que tienen un capricho botarate,
son feminas, y quieren quando quieren.
Para decir mal dicho un disparate
me sobran las especies que sugieren
quantos (gongoricemos) à montones
esquinas entapizan papelones.
VI
Dominio público
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Publicado el 20 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.
el poema moldea significados
talla el centro
cincela uno o dos tópicos
vacila
se escucha el peso de un lápiz
el zigzag natural
la onda expansiva
de un río invisible
tersa sitios pretéritos
claros infiernos
y la magia apenas aparece
es un pájaro aturdido
apresado en el umbral del vuelo
no hay estilo de zanjar distancias
en la hondura de la hoja
ni vertiente que revele
la piel besada por la pluma húmeda
el lazo que lo une a otro universo
pequeño como un punto
imprescindible
un verso alterado por la prisa
de unirse
al cauce de otra mirada
no hay forma ni adjetivo
ni cercano epíteto que salve
ni tipografía que imprima o sacie
el ligero caudal bajo los puentes
un manantial que ansiamos beber
tan próximo y puro
como un cielo
jirones
rato escaso de caricias
mano de cartas delebles
ya todo está escrito
mañana blanquearé los muros
restos del derrumbe
a doble tinta
rojo el cabello
entonces
me acostaré con cualquier palabra
por amor
un párrafo
salto
paréntesis
desafío mortal
en el suspenso de la cima
un equilibrio donde mirarme
en lucha con el trapecio
un abismo
donde callar
mi destino de acróbata
escribir
una forma de estar concebida
romper aguas
diluvio en el modo de no ser
y haber sido humano intento
lenguaje arrullado
Creative Commons
4 págs. / 7 minutos / 46 visitas.
Publicado el 2 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.
I
De
asfalto hinchada,
la sustancia voraz demuele la
arquitectura.
Edificada bajo ansiedades disolutas,
entre el
escarnio de las manos furibundas,
la arquitectura es la hija
hendida
de la ciudad infecunda.
Sonámbula ante el
reclamo
de la permanencia,
la arquitectura cede al
arbitrio
de la animosidad absoluta.
Servil,
cripta
lícitamente abierta en la disforme
virulencia de los
peatones.
Mínima,
el regocijo abastece las dádivas,
el
rencor, el ocio hostil.
La ciudad acoge inmortales
tragedias,
sólidas conflagraciones como disparos.
Cede
la ciudad,
decimonónica
y trémula.
La ciudad
revela largas decadencias
en que la arquitectura gesticula:
sus
muecas desgajan el tiempo,
urden la inclemencia y la bastedad…
Creative Commons
6 págs. / 10 minutos / 34 visitas.
Publicado el 2 de marzo de 2026 por Fernando Guzmán.
Dominio público
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Publicado el 13 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.
—¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
—Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.
—¿A tus amigos?
—Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.
—¿A tu patria?
—Ignoro en qué latitud está situada.
—¿A la belleza?
—Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.
—¿Al oro?
—Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.
—Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?
—Quiero a las nubes… , a las nubes que pasan… por allá… . ¡a las nubes maravillosas!
La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella también sin dientes ni cabellos.
Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables.
Pero el niño, espantado, forcejeaba al acariciarlo la pobre mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos.
Entonces la viejecilla se retiró a su soledad eterna, y lloraba en un rincón, diciendo: «¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas, desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes; ¡y hasta causamos horror a los niños pequeños cuando vamos a darles cariño!»
¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.
Dominio público
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Publicado el 6 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.
Esta es una breve antología de romances sobre nuestros sentimientos de siempre cuando consideramos España, la Vida y la Muerte.
¿Quiénes son esos muchachos
que son soldados y estatuas,
que cuando los miro pienso
en la libertad de España?
¿Quienes son esos muchachos,
azules de cielo y agua,
que miran como no miran
no siquiera las estatuas?
Vienen de lejos y lejos
van volando con sus alas;
amigos del sol y el viento,
miran, sonríen y avanzan.
Hierro llevan en el gesto
y en la bandera una garra.
Algo que no es de este mundo,
algo que no usa palabras,
les empuja, les arrulla,
les ilusiona y les lava.
El agua de lluvia limpia,
el agua de lluvia clara,
les roza los pensamientos.
Y la luz de la mañana,
como un pájaro secreto,
anida en sus frentes altas.
¿Quiénes son esos soldados,
que son soldados y estatuas
y sonríen sin sonrisa
y aun sin palabras nos hablan?
No necesitan hablar;
no necesitan ya nada:
Son algo más que soldados:
Son la semilla de España.
Como la mies que madura,
aguardando ya la siega,
se ponen en pie los hombres
de nuestra Falange eterna.
Como el árbol que se crece,
como el sol que se levanta
y como se hinchan las velas
marcharán mis camaradas.
Una voz corre los campos,
un viento azul que los rasga,
una bandera que grita,
una promesa que arrastra;
los hombres, al escucharla,
son semillas en el aire,
luces corriendo distancias,
manos que todo lo juntan,
gestos que a todos nos atan.
Como sonrisas perfectas
a la boca suben almas
y a los ojos ilusiones
y voces a las gargantas.
Licencia limitada
13 págs. / 23 minutos / 117 visitas.
Publicado el 10 de julio de 2022 por Edu Robsy.
Protegido por copyright
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Publicado el 31 de marzo de 2019 por ariel.
Dominio público
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Publicado el 1 de febrero de 2023 por Elle de Jan.
El pronóstico
del sueño previene de un río amargo de fantasmas en las sienes y un
correr entre escenarios. Serán las próximas horas de aguaceros en
las manos y una voz desconocida
que vendrá de tres a cuatro.
Clara inestabilidad
a la altura de los cráneos
y un relato
en blanco y negro que dirá entre saltos algo.
Serán nubes en los
dedos recuerdos desmenuzados, bloques para el día a día
de un
presente diluviando. Llegará el persecutor
en las lluvias del
espanto; tal vez no te dará alcance mas no podrás alejarlo. Vendrá
azul de boca a pecho cual viento desde un pasado, un calor en
granizada
y un beso que sabe a plagio. Una música de
cielo
—más relámpago que canto y más cántaro que
mar— moverá el mordido labio. Inundado el pensamiento inventará
algún presagio como una voz en los ojos
o un escombro
decorado.
24 de septiembre de 2023
OLAS INMERECIDAS
Ya no hay mar,
para
estos ojos ciegos ya no se siente el mar,
si acaso todavía
ruge a lo lejos
la canción de olas inmerecidas,
y aún
deja el aire en nuestra ropa
el nombre del agua sibilante.
Y
cómo nos grita el sin sentido
de las huellas en la arena
cuando
al mediodía el mar intenta sin nosotros la gravedad de otros huecos
planetarios.
Y hacia estos se empeña el mar
con terrena
humedad de cangrejos y horizontes.
Con gracia se
esfuerza cabalgando
sobre el amor de un millón de trotes
marsupiales
Son culpables todas estas manos solitarias,
voluntariosas en
palpar desde lejos
lo que exige amor con nuestros poros,
que
marchó el gran mar de las sirenas hacia la otra cara prometida del
silencio.
18 de septiembre de 2023
Dominio público
33 págs. / 58 minutos / 79 visitas.
Publicado el 3 de febrero de 2026 por Fernando Guzmán.