Textos más populares este mes etiquetados como Poesía | pág. 6

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El Spleen de París

Charles Baudelaire


Poesía


El extranjero

—¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?

—Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.

—¿A tus amigos?

—Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.

—¿A tu patria?

—Ignoro en qué latitud está situada.

—¿A la belleza?

—Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.

—¿Al oro?

—Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.

—Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?

—Quiero a las nubes… , a las nubes que pasan… por allá… . ¡a las nubes maravillosas!

La desesperación de la vieja

La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella también sin dientes ni cabellos.

Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables.

Pero el niño, espantado, forcejeaba al acariciarlo la pobre mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos.

Entonces la viejecilla se retiró a su soledad eterna, y lloraba en un rincón, diciendo: «¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas, desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes; ¡y hasta causamos horror a los niños pequeños cuando vamos a darles cariño!»

El «yo pecador» del artista

¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.


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81 págs. / 2 horas, 22 minutos / 1.272 visitas.

Publicado el 6 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

El Estudiante de Salamanca

José de Espronceda


Poesía


Parte 1

Sus fueros, sus bríos,
sus premáticas, su voluntad.
Quijote.— Parte primera.

Era más de media noche,
antiguas historias cuentan,
cuando en sueño y en silencio
lóbrego envuelta la tierra,
los vivos muertos parecen,
los muertos la tumba dejan.
Era la hora en que acaso
temerosas voces suenan
informes, en que se escuchan
tácitas pisadas huecas,
y pavorosas fantasmas
entre las densas tinieblas
vagan, y aúllan los perros
amedrentados al verlas:
En que tal vez la campana
de alguna arruinada iglesia
da misteriosos sonidos
de maldición y anatema,
que los sábados convoca
a las brujas a su fiesta.
El cielo estaba sombrío,
no vislumbraba una estrella,
silbaba lúgubre el viento,
y allá en el aire, cual negras
fantasmas, se dibujaban
las torres de las iglesias,
y del gótico castillo
las altísimas almenas,
donde canta o reza acaso
temeroso el centinela.
Todo en fin a media noche
reposaba, y tumba era
de sus dormidos vivientes
la antigua ciudad que riega
el Tormes, fecundo río,
nombrado de los poetas,
la famosa Salamanca,
insigne en armas y letras,
patria de ilustres varones,
noble archivo de las ciencias.
Súbito rumor de espadas
cruje y un ¡ay! se escuchó;
un ay moribundo, un ay
que penetra el corazón,
que hasta los tuétanos hiela
y da al que lo oyó temblor.
Un ¡ay! de alguno que al mundo
pronuncia el último adiós.

El ruido
cesó,
un hombre
pasó
embozado,
y el sombrero
recatado
a los ojos
se caló.
Se desliza
y atraviesa
junto al muro
de una iglesia
y en la sombra
se perdió.


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30 págs. / 53 minutos / 728 visitas.

Publicado el 21 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

El Viaje del Parnaso

Miguel de Cervantes Saavedra


Poesía


Licencia

Por mandado y comisión de los señores del Consejo, he visto El viaje del Parnaso, de Miguel de Cervantes Saavedra; y, después de no tener cosa contra lo que tiene y enseña nuestra santa fee católica ni buenas costumbres, tiene muchas muy apacibles y entretenidas, y muy conformes a las que del mismo autor honran la nación y celebra el mundo. Este es mi parecer, salvo &c. En Madrid, a 20 de setiembre, 1614.

El maestro Joseph de Valdivielso.


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79 págs. / 2 horas, 19 minutos / 458 visitas.

Publicado el 22 de abril de 2016 por Edu Robsy.

La Inquietud del Rosal

Alfonsina Storni


Poesía


Prólogo

I

He ahí cómo en estos versos se sienten los aleteos del pájaro — Misterio.— A la vera de este «Jardín Lírico» me he puesto a escuchar, en estas tardes en que se inicia el Otoño, el ritmo melodioso, ¿quién canta? Puedo preguntar otra vez, como bajo el Pórtico de mis jardines abandonados, en una exaltación dolorosa. La voz tiene profundas unciones de martirio; voz de sacerdotisa en el altar de los misterios. Hermana del dolor y de la vida su canción exalta en las almas la libertad, el heroísmo. Es la voz de la vida que grita bajo el azote. Por eso estos versos gimen y lloran como ángeles castigados.

II

«¡Golpéame dolor! Tu ala de cuervo
Bate sobre mi frente y la azucena
De mi alma estremece»...


Así el grito del alma dolorida y atormentada. Los versos aparecen espontáneos y naturales como las rosas. Todas ellas, unas páginas más intensas que otras, dicen de un espíritu escogido para penetrar en la región desconocida. El alma de un poeta consumado es la lira de estos sus versos, Alfonsina.

He recorrido lentamente, en un silencio melodioso, las avenidas de este su agreste lirismo donde se oyen grandes gritos humanos, aullidos de lobos, besos, sollozos, aleteos, risas, músicas lejanas y rebeliones.

En algún rincón yace el cuerpo de una paloma muerta por un niño cruel y en otras han entrado al jardín las alimañas de la selva.

Pero los versos musicales siguen vibrando:


«La tarde es apacible: juguetea en el aire
Una sonrisa eterna»...


El sol ilumina tenuemente áureo el cielo de Otoño de estos versos. Las hojas caen en un eterno murmullo: el silencio es severo. Y en la suprema desolación de ese silencio supremo vibra el alma fuerte — alma de poeta — de esta niña.


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35 págs. / 1 hora, 1 minuto / 23 visitas.

Publicado el 18 de octubre de 2026 por Edu Robsy.

Arte de las Putas

Nicolás Fernández de Moratín


Poesía


I

Hermosa Venus que el amor presides,
y sus deleites y contentos mides,
dando a tus hijos con abiertas manos
en este mundo bienes soberanos:
pues ves lo justo de mi noble intento
déle a mi canto tu favor aliento,
para que sepa el orbe con cuál arte
las gentes deberán solicitarte,
cuando entiendan que enseña la voz mía
tan gran ciencia como es la putería.

Y tú, Dorisa, que mi amor constante
te dignaste escuchar, tal vez amante,
atiende ahora en versos atrevidos
cómo instruyo a los jóvenes perdidos,
y escucha las lecciones muy galanas
que doy a las famosas cortesanas.

Mas ya advertido mi temor predice
que al escuchar propuestas semejantes
tu modesto candor se escandalice;
pues no, Dorisa bella, no te espantes
que no es como en el título parece,
en la sustancia esta obra abominable.

Por mí la serie de los tiempos hable;
pues siguieron las mismas opiniones
todos los siglos, todas las naciones,
y hallarán en el mundo practicados
mis dogmas por las gentes más ilustres
de entrambos sexos; no permita el hado
que la obscena maldad ninguno aprenda
siendo yo su maestro; el que aún no entienda
del rígido apetito, no me lea
a no ser que advertencias pretendiese
del mal para evitarlo, pues cogido
puede un incauto ser muy fácilmente,
del contrario que no es bien conocido.

Así como se informan los pedantes
de Galego y de Lárraga, estudiantes
del homicidio, estupro y adulterio,
de plétora, aneurisma y esquinencia
para ahuyentarlo, como dicen ellos,
con rosario y con pócimas amargas,
yo no pretendo con arengas largas
disuadir el amor puro y constante
de solo a solo, ni romper deseo
la coyunda que enlaza el Himeneo.


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Publicado el 16 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Rosario de Sonetos Líricos

Miguel de Unamuno


Poesía


Breve e amplissimo carme…
fosti d'arcan dolori arcan richiamo.

Carducci. Rime nuove. Al soneto.
 


The great object of fhe Sonnet seems to be, to express in musical numbers and as it were with individed breath, some occasional thought or personal feeling «some fee-grief due to the poet's breast». It is a sigh uttered from the fulness of the heart, an involuntary aspiration born and diying in the same moment.

W. Hazlitt. Table Talk. On Milton's sonnets.

Los sonetos de Bilbao

I. Ofertorio

A mi querido amigo Pedro Eguillor.


No de Apenino en la riente falda,
de Archanda nuestra la que alegra el boche
recojí este verano á troche y moche
frescas rosas en campo de esmeralda.


Como piadoso el sol ahí no escalda
los montes otorgóme este derroche
de sonetos; los cierro con el broche
de este ofertorio y te los doy, guirnalda.


Van á la del Nervión desde la orilla
esta del Tormes; á esa mi Vizcaya
llevando soledades de Castilla.


No con arado, los saqué con laya;
guárdamelos en tu abrigada cilla
por si algún día en mí la fé desmaya.

II. Puesta de sol

¿Sabéis cuál es el más fiero tormento?
Es el de un orador volverse mudo;
el de un pintor, supremo en el desnudo,
temblón de mano; perder el talento


ante los necios, y es en el momento
en que el combate trábase más rudo,
solo hallarse sin lanza y sin escudo,
llenando al enemigo de contento.


Verse envuelto en las nubes del ocaso
en que al fin nuestro sol desaparece
es peor que morir. Terrible paso


sentir que nuestra mente desfallece!
Nuestro pecado es tan horrendo acaso
que asi el martirio de Luzbel merece?


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Publicado el 29 de marzo de 2020 por Edu Robsy.

A la Juventud Filipina

José Rizal


Poesía


¡Alza su tersa frente,
Juventud Filipina, en este día!
¡Luce resplandeciente
Tu rica gallardía,
Bella esperanza de la patria mía!

Vuela, genio grandioso,
Y les infunde noble pensamiento,
Que lance vigoroso,
Más rápido que el viento,
Su mente virgen al glorioso asiento.

Baja con la luz grata
De las artes y ciencias a la arena,
Juventúd, y desata
La pesada cadena
Que tu genio poético encadena.

Ve que en la ardiente zona
Do moraron las sombras, el hispano
Esplendente corona,
Con pía sabia mano,
Ofrece al hijo de este suelo indiano.

Tú, que buscando subes,
En alas de tu rica fantasía,
Del Olimpo en las nubes
Tiernisima poesía
Más sabrosa que néctar y ambrosía.

Tú, de celeste acento,
Melodioso rival Filomena,
Que en variado concento
En la noche serena
Disipas del mortal la amarga pena.

Tú que la peña dura
Animas al impulso de tu mente,
Y la memoria pura
Del genio refulgente
Eternizas con genio prepotente.

Y tú, que el vario encanto
De Febo, amado del divino Apeles,
Y de natura el manto
Con mágicos pinceles
Trasladar al sencillo lienzo sueles.

¡Corred! que sacra llama
Del genio el lauro coronar espera,
Esparciendo la fama
Con trompa pregonera
El nombre del mortal por la ancha espera.

¡Día, día felice,
Filipinas gentil, para tu suelo!
¡Al Potente bendice
Que con amante anhelo
La ventura te envia y el consuelo!


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Publicado el 19 de junio de 2022 por Edu Robsy.

La casa que me habita

Melba Guariglia


Poesía, Uruguay


Editado por Fernando Guzmán 2025. Se realizó una revisión ortotipográfica del texto, limitada a la puntuación y al uso de mayúsculas/minúsculas.Creative Commons BY-SA 4.0 Internacional
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A mis habitantes de aquí y de allá, y de mas allá
México, 1985 / Montevideo, 2015



Mi casa es la escritura... con la única compañía que no falla, las palabras
Cristina Péri Rossi
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Me amparo, efímera,  en un cuarto diferente.  
La bahía de sal queda atrás,  borrosa en la imagen del mapamundi.  
La sospecha invade, con miedo,  mi armadura.  
¿Dónde derrumbarme?  
Otros muros transforman laderas  en alojos;  
palabras inquietas  buscan raíces.
México 1979
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Las casas jóvenes  acuden al llamado,  
Andan sin norte  por la madrugada,  
Suben hacia el nuevo pasado,  se dispensan.  

Un paseo por la añoranza  al cielo triste de la piel,  las calles se alejan.  

Ahora queda solo  el duende que me habita,  el aire de la niebla,  una escalera que sube,  pasos infinitos.  

Hogares perdidos  en el sur del viento.  

Montevideo, 1987
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Ese haberme llamado Melba,  nombre agridulce  donde persisten heridas,  
poemas silenciosos  desde un abril de otoño.  
Palabra grave  investida de otro nombre Mabel,  
hermana solitaria  dormida en sueño incierto.  
Respuesta tímida  oculta en seudónimos,  espejos pequeños  que no me empañan.


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Publicado el 13 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

Manfredo

Lord Byron


Poesía


En el cielo y en la tierra hay mil cosas que vuestros filósofos tampoco dudan.

Horacio

Personajes

UN CAZADOR DE GAMUZAS
EL ABAD DE SAN MAURICIO
MANUEL
HERMAN
LA ENCANTADORA DE LOS ALPES
ARIMAN
NÉMESIS
LOS DESTINOS
ESPÍRITUS


La escena se representa en medio de los Alpes, unas veces en el castillo de Manfredo y otras en las montañas.

Acto I

Escena I

(Manfredo está solo en la galería de un antiguo castillo. Es media noche.)

MANFREDO.
Mi lámpara va a apagarse; por más que quiera reanimar su luz moribunda; no podrá durar tanto tiempo como mi desvelo. Si parece que duermo, no es el sueño el que embarga mis sentidos y sí el descaecimiento que me causan una multitud de pensamientos que afligen mi alma y a los cuales no me es posible resistir. Mi corazón está siempre desvelado y mis ojos no se cierran sino para dirigir sus miradas dentro de mí mismo; sin embargo estoy vivo, y según mi forma y mi aspecto, me parezco a los otros hombres.

¡Ah, el dolor debería ser la escuela del sabio! Las penas son una ciencia, y los más sabios son los que más deben gemir sobre la fatal verdad. El árbol de la ciencia no es el árbol de la vida.


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38 págs. / 1 hora, 7 minutos / 193 visitas.

Publicado el 4 de agosto de 2023 por Edu Robsy.

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