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Casa con Dos Puertas Mala Es de Guardar

Pedro Calderón de la Barca


Teatro, Comedia


Personas

D. Félix, galan.
Lisardo, galan.
Fabio, viejo.
Calabazas, lacayo.
Herrera, escudero.
Laura, dama.
Marcela, dama.
Silvia, criada.
Celia, criada.
Lelio, criado.
Criados.

La escena pasa en Ocaña.

Jornada primera

Escena I

Campo á la entrada de la villa.

MARCELA y SILVIA, con mantos, como recelándose; detras LISARDO, CALABAZAS.

Marcela:
¿Vienen tras nosotras?

Silvia:
Sí.

Marcela:
Pues párate.—Caballeros,
Desde aquí habeis de volveros,
No habeis de pasar de aquí;
Porque si intentais así
Saber quién soy, intentais
Que no vuelva donde estais
Otra vez; y si esto no
Basta, volveos porque yo
Os suplico que os volvais.

Lisardo:
Difícilmente pudiera
Conseguir, señora, el sol
Que la flor del girasol
Su resplandor no siguiera:
Difícilmente quisiera
El norte, fija luz clara,
Que el iman no le mirara;
Y el iman difícilmente
Intentara que obediente
El acero le dejara.
Si sol es vuestro esplendor,
Girasol la dicha mia;
Si norte vuestra porfía,
Piedra iman es mi dolor;
Si es iman vuestro rigor,
Acero mi ardor severo;
Pues ¿cómo quedarme espero,
Cuando veo que se van
Mi sol, mi norte y mi iman,
Siendo flor, piedra y acero?


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Dominio público
53 págs. / 1 hora, 32 minutos / 767 visitas.

Publicado el 19 de enero de 2019 por Edu Robsy.

Un Duelo

Antón Chéjov


Teatro, Comedia


Personajes

Elena Ivanovna Popova, viuda de un terrateniente, joven, bella.
Gregorio Stepanovich Smirnov, un terrateniente, de unos cuarenta años.
Lucas, un criado viejo.

La escena representa un salón en la casa de campo de la señora Popova.

Escena primera

(Elena, de riguroso luto, contempla la fotografía de su marido y suspira. Lucas le habla desde el umbral de la puerta.)

Lucas.—Señora, se está usted matando. No sea exagerada. Ha llegado la primavera, todo el mundo está alegre y se pasea por el campo y por el bosque. Sólo usted permanece encerrada en casa como en un convento. ¡Hace yo no sé el tiempo que no sale usted!

Elena.—¡Y no saldré ya nunca! ¿Para qué? Mi vida se ha acabado. El yace en la tumba, y yo voy a encerrarme entre las cuatro paredes de esta casa. Hemos muerto los dos.

Lucas.—¡No diga usted eso! Si el señor ha muerto, tal ha sido la voluntad de Dios. Harto ha llorado usted; no va a llorar toda la vida. Es usted joven, casi no ha empezado aún a vivir... Es un crimen matarse así. Ha olvidado usted a sus amigos, a sus vecinos; no recibe a nadie... Esta casa parece una cárcel. En la ciudad, desde hace poco, hay un regimiento... Muchos de los oficiales son jóvenes y guapos como querubines... Los oficiales dan bailes... Y usted, mientras tanto, tan joven, tan hermosa... La hermosura es un don del cielo y hay que aprovecharla... Pasarán los años, y cuando quiera usted gustarles a los señores oficiales, será ya demasiado tarde...


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Dominio público
14 págs. / 24 minutos / 735 visitas.

Publicado el 2 de marzo de 2019 por Edu Robsy.

Dos Madres

Miguel de Unamuno


Cuento, Teatro


I

¡Cómo le pesaba Raquel al pobre don Juan! La viuda aquella, con la tormenta de no tener hijos en el corazón del alma, se le había agarrado y le retenía en la vida que queda, no en la que pasa. Y en don Juan había muerto, con el deseo, la voluntad. Los ojos y las manos de Raquel apaciguaban y adormecían todos sus apetitos. Y aquel hogar solitario, constituido fuera de la ley, era como en un monasterio la celda de una pareja enamorada.

¿Enamorada? ¿Estaba él, don Juan, enamorado de Raquel? No, sino absorto por ella, sumergido en ella, perdido en la mujer y en su viudez. Porque Raquel era, pensaba don Juan, ante todo y sobre todo, la viuda y la viuda sin hijos; Raquel parecía haber nacido viuda. Su amor era un amor furioso, con sabor a muerte, que buscaba dentro de su hombre, tan dentro de él que de él se salía, algo de más allá de la vida. Y don Juan sé sentía arrastrado por ella a más dentro de la tierra. «¡Esta mujer me matará!» —solía decirse, y al decírselo pensaba en lo dulce que sería el descanso inacabable, arropado en tierra, después de haber sido muerto por una viuda como aquélla.

Hacía tiempo que Raquel venía empujando a su don Juan al matrimonio, a que se casase; pero no con ella, omo habría querido hacerlo el pobre hombre.

RAQUEL.—¿Casarte conmigo? ¡Pero eso, mi gatito, no tiene sentido…! ¿Para qué? ¿A qué conduce que nos casemos según la Iglesia y el Derecho Civil? El matrimonio se instituyó, según nos enseñaron en el Catecismo, para casar, dar gracia a los casados y que críen hijos para el cielo. ¿Casarnos? ¡Bien casados estamos! ¿Darnos gracia? Ay michino —y al decirlo le pasaba por sobre la nariz los cinco finísimos y ahusados dedos de su diestra—, ni a ti ni a mí nos dan ya gracia con bendiciones. ¡Criar hijos para el cielo…, criar hijos para el cielo!


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Dominio público
27 págs. / 48 minutos / 682 visitas.

Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Heracles Furioso

Eurípides


Teatro, Tragedia, Tragedia griega


Argumento

Once de sus famosos trabajos había ya cumplido Heracles, y estaba ausente de Tebas para terminar el último, que consistía nada menos que en traer al Cancerbero de las tinieblas a la luz. En esta ciudad había dejado a su esposa Mégara, y a tres hijos que había tenido de ella, bajo la custodia de su padre Anfitrión que, temeroso de las violencias de que pudieran ser víctimas por parte de Lico, rey de la Eubea, que mandaba en Tebas apoyado por un partido rebelde y victorioso, se refugia junto al altar de Zeus Salvador, asilo sacrosanto que podía resguardarlos de sus iras; pero el tirano entonces inventa el medio de realizar su sanguinario intento sin tocar el ara, mandando a sus esclavos que la cerquen de leña y abrasen de este modo a los heráclidas. Anfitrión y Mégara convienen en tal apuro en someterse a su voluntad, abandonándoles su vida y la de los hijos de Heracles, siempre que perezcan de otra manera, y lo consiguen del tirano, y además un breve plazo para prepararse a la muerte y adornarse en el palacio de Heracles con sus vestidos y galas funerarias.


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Dominio público
39 págs. / 1 hora, 9 minutos / 194 visitas.

Publicado el 12 de julio de 2025 por Edu Robsy.

Las Suplicantes

Eurípides


Teatro, Tragedia, Tragedia griega


Argumento

Adrasto, rey de Argos, rechazado por Creonte, tirano de Tebas, en su demanda de sepultar los cadáveres de los cinco jefes que la atacaron, porque Polinices, hijo de Edipo, había sido inhumado por su hermana Antígona, y a Anfiarao se lo tragó la tierra, acude para lograr su objeto a Teseo, rey de Atenas, que al principio se niega a complacerlo y hasta lo trata con escasa cortesía y miramiento. Pero las madres ancianas de los insepultos son más afortunadas con Etra, madre de Teseo, a la sazón en Eleusis para celebrar la fiesta de Deméter. Imploran su piedad como suplicantes, consiguen que acceda a sus ruegos, recaba de su hijo lo que no pudo conseguir Adrasto, y los difuntos son al fin recuperados por la fuerza de las armas y traídos a Atenas. Evadne, esposa de Capaneo, se precipita en la pira de su marido, y Atenea aconseja a Teseo que conserve a su disposición para lo sucesivo testimonio fehaciente del favor dispensado entonces a Argos.


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Dominio público
34 págs. / 1 hora / 65 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2025 por Edu Robsy.

Águila de Blasón

Ramón María del Valle-Inclán


Teatro


Dramatis personae

EL CABALLERO DON JUAN MANUEL MONTENEGRO.
FRAY JERÓNIMO.
UNA VIEJA.
UNA MOZA.
UN MONAGO.
UNA VOZ EN LA SOMBRA.
SABELITA.
DOÑA ROSITA.
ROSITA MARÍA.
OTRA VIEJA.
LA ROJA.
EL ZAGAL DE LAS OVEJAS.
DON GALÁN.
EL CAPITÁN DE LOS LADRONES.
UN VECINO.
UN LADRÓN.
OTRO LADRÓN.
EL ENMASCARADO.
VOCES DE LOS LADRONES y VOCES DE LOS CRIADOS.
PEDRO REY.
LIBERATA.
DON PEDRITO.
LA CURANDERA.
UN MOZO.
UNA VIEJA.
UN VIEJO.
UNA MOZA.
UN MARINERO.
EL PATRÓN.
OTRO MARINERO.
MANUEL TOVÍO.
PEDRO ABUÍN.
MANUEL FONSECA.
UN LAÑADOR.
UNA CRIBERA.
UNA CINTERA.
EL MENDICANTE.
DOÑA MARÍA.
EL CAPELLÁN.
LA MANCHADA.
ROSALVA.
BIEITO.
ANDREÍÑA.
EL ALGUACIL y EL ESCRIBANO.
DON GONZALITO.
DON MAURO.
DON FARRUQUIÑO.
DON ROSENDO.
CARA DE PLATA.
EL SEÑOR GINERO.
LA VOZ DE UN BORRACHO.
DOS SEÑORAS CON UN CRIADO.
EL CHANTRE y EL DEÁN.
EL ABUELO y EL RAPAZ.
LA PREÑADA.
EL MARIDO.
LA SUEGRA.
EL NIÑO JESÚS.
LA PICHONA.
LA GAZULA y LA VISOJA.
EL BARQUERO.
EL PEREGRINO.
EL ESPOLIQUE.
UNA VIEJA CIEGA.


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Dominio público
98 págs. / 2 horas, 51 minutos / 690 visitas.

Publicado el 26 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

El Paseo de Buster Keaton

Federico García Lorca


Teatro, teatro breve


Personajes

BUSTER KEATON.
EL GALLO.
EL BÚHO.
UN NEGRO.
UNA AMERICANA.
UNA JOVEN.

El paseo de Buster Keaton

GALLO.— Quiquiriquí.

(Sale BUSTER KEATON con sus cuatro hijos de la mano.)

BUSTER KEATON.— (Saca un puñal de madera y los mata.) Pobres hijitos míos.

GALLO.— Quiquiriquí.

BUSTER KEATON.— (Contando los cuerpos en tierra.) Uno, dos, tres y cuatro. (Coge una bicicleta y se va.)

(Entre las viejas llantas de goma y bidones de gasolina, un NEGRO come su sombrero de paja.)

BUSTER KEATON.— ¡Qué hermosa tarde!

(Un loro revolotea en el cielo neutro.)

BUSTER KEATON.— Da gusto pasearse en bicicleta.

EL BÚHO.— Chirri, chirri, chirri, chi.

BUSTER KEATON.— ¡Qué bien cantan los pajarillos!

EL BÚHO.— Chirrrrrrrrrrrr.

BUSTER KEATON.— Es emocionante.

(Pausa. BUSTER KEATON cruza inefable los juncos y el campillo de centeno. El paisaje se achica entre las ruedas de la máquina. La bicicleta tiene una sola dimensión. Puede entrar en los libros y tenderse en el horno del pan. La bicicleta de BUSTER KEATON no tiene el sillón de caramelo y los pedales de azúcar, como quisieran los hombres malos. Es una bicicleta como todas, pero la única empapada de inocencia. Adán y Eva correrían asustados si vieran un vaso lleno de agua, y acariciarían, en cambio, la bicicleta de KEATON.)

BUSTER KEATON.— ¡Ay amor, amor!

(BUSTER KEATON cae al suelo. La bicicleta se le escapa. Corre detrás de dos grandes mariposas grises. Va como loco, a medio milímetro del suelo.)


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 562 visitas.

Publicado el 11 de septiembre de 2018 por Edu Robsy.

El Refugio

Pedro Muñoz Seca


Teatro, Comedia


Al gran periodista y admirable escritor Adolfo Febles Mora, director de la «Gaceta de Tenerife», que con tanto cariño me he defendido siempre.

Personajes

Africa
Horacio
Maruja
Ramón
Consuelo
Timoteo
Nieves
Luis
Benita
Paco
Condesa
Victoriano
Timoteo
Wistremundo
Eulogio
Jorge

La acción, en un parador. Época actual (1933)

Acto primero

Pieza central de uno de los paradores, albergues o «refugios» construidos al borde de las carreteras por el Patronato Nacional de Turismo. En el foro, chimenea de piedra, con librerías y sendos butacones. En el primer término de cada lateral, un tresillo con su mesita correspondiente. En las paredes, aparatos de luz, un teléfono y trazos de colores indicando carreteras, pueblos, fuentes de gasolina, etc., etc. Una puerta en cada lateral: la de la derecha (actor), que da acceso al comedor, y la de la izquierda, que conduce al recibimiento. Son las cinco de la tarde de un día de invierno. La chimenea, encendida. Época actual.

(Al levantarse el telón, AFRICA, administradora del «parador», señora como de cincuenta años, que viste con sencillez y buen gusto, está poniendo nuevos leños en la chimenea, al mismo tiempo que entra en escena, por la derecha, TIMOTEO, su hermano, sesentón simpaticote y corriente, que ha sido cochero de casa grande, y se le nota).

TIMOTEO.—¿Qué, se largó ya la marquesa esa de Sangüesa?

AFRICA.—Hace un momento. ¡Lo que se ha alegrado de verme aquí, al frente de «parador»! Y no me reconoció al pronto. Ya ves: ella, que hace treinta años me llamaba a mí la doncella de oro… Lo que yo le dije: «¡Ay, señora marquesa!… ¡De aquel oro no queda más que esta escoria!».

TIMOTEO.—Vamos, vamos; no hay que tirarse por los suelos, hermana.


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Dominio público
81 págs. / 2 horas, 23 minutos / 555 visitas.

Publicado el 22 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Rey Juan

William Shakespeare


Teatro, Drama, Drama histórico


Dramatis personae

El REY JUAN de Inglaterra
La reina LEONOR de Aquitania, su madre
El príncipe ENRIQUE, hijo del rey y más tarde Enrique III
BLANCA de Castilla, sobrina del rey Juan
LADY FALCONBRIDGE
ROBERTO Falconbridge, su hijo legítimo
Felipe Falconbridge, el BASTARDO, hijo ilegítimo del rey Ricardo I
GURNEY, criado de lady Falconbridge
El Conde de PEMBROKE
El Conde de ESSEX
El Conde de SALISBURY
Lord BIGOT, Conde de Norfolk
HUBERTO, criado del rey Juan
PEDRO de Pomfret, profeta
El REY FELIPE de Francia
LUIS, el Delfín, su hijo mayor
El Duque de AUSTRIA, aliado del rey francés
MELUN, noble francés
CHATILLON, noble francés y embajador ante el rey Juan
ARTURO, Duque de Bretaña, sobrino del rey Juan
CONSTANZA, su madre
Cardenal PANDOLFO, representante del papa Inocencio III

Un oficial y varios nobles, verdugos, heraldos, mensajeros, soldados, ciudadanos y acompañantes

Vida y muerte del rey Juan

Acto I

Escena I

Entran el REY JUAN, la reina LEONOR, PEMBROKE, ESSEX y SALISBURY con CHATILLON de Francia.

REY JUAN:
Bien, dime, Chatillon, ¿qué desea el rey de Francia?

CHATILLON:
Después de saludaros, así habla el rey de Francia
por mi persona a Vuestra Majestad aquí presente,
a la ficticia majestad del rey inglés.

LEONOR:
Raro comienzo. ¿A la ficticia majestad?

REY JUAN:
Silencio, buena madre, oigamos la embajada.


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Protegido por copyright
63 págs. / 1 hora, 50 minutos / 506 visitas.

Publicado el 18 de agosto de 2018 por Edu Robsy.

El Eunuco

Terencio


Teatro, comedia


Prólogo

Si hay quienes deseen complacer a muchos varones principales sin ofender a nadie, el poeta mándase contar por uno de ellos. Y si alguno hubiere a quien le parezca que le han ofendido gravemente de palabra, téngalo por respuesta y no por ofensa, pues él picó primero. El cual, trasladando muchas y zurciéndolas mal, de buenas comedias griegas hizo malas latinas. Ese mismo dio a la escena no ha mucho El fantasma, de Menandro, y en la comedia El Tesoro representó que aquél a quien le pedían el oro había de probar cómo era suyo, antes que el demandante mostrase de dónde tenía aquel tesoro, o quién lo había puesto en la sepultura de su padre.

De hoy más, no se engañe a sí mismo, ni diga entre sí: «Yo ya estoy bien acreditado: sus críticas no me alcanzan». Que no se engañe, le digo; y deje ya de provocar a Terencio. Muchas más cosas podría decirle, que por ahora callaré; mas si persevera en herir, como lo viene haciendo, las descubriré después.

No bien los Ediles compraron esta comedia que vamos a representar, que es El Eunuco, de Menandro, el poeta rancio recabó de ellos que se la dejasen ver. Comienza a representarse en presencia de los magistrados, y alza la voz diciendo que Terencio era ladrón y no poeta, y que había dado a luz una fábula en que ni aun palabras había puesto, porque era la antigua comedia El Adulador, de Nevio y Plauto, de donde había tomado las personas del truhán y del soldado. Si esto es falta, lo será por inadvertencia, no porque el poeta haya querido cometer hurto. Y que esto es así, vosotros mismos lo vais a sentenciar ahora.


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Dominio público
48 págs. / 1 hora, 25 minutos / 354 visitas.

Publicado el 13 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

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