Textos más populares esta semana etiquetados como Teatro | pág. 17

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Aniversario

Antón Chéjov


Teatro


Personajes

ANDREI ANDREEVICH SCHIPUCHIN, director de la banca Sociedad Mutual de Crédito de N... Hombre relativamente joven y con monóculo.
TATIANA ALEKSEEVNA, su mujer: de veinticinco años.
KUSMA NIKOLAEVICH JIRIN, contable en el Banco. Un viejo.
NASTASIA FEDOROVNA MERCHUTKINA, vieja vestida con un salop.
Los directivos del Banco.
Los empleados del mismo.

La acción tiene lugar en el local de la Mutual de Crédito, de N.

Acto único

Despacho del director. A la izquierda, una puerta abre sobre las salas de empleados. Hay dos mesas de escritorio. En el aderezo de la estancia se aprecian pretensiones a un lujo refinado: muebles tapizados de terciopelo, flores, estatuas, alfombras, teléfono... Es el mediodía.

En la escena, y calzado con unos «valenkii» (Botas altas de fieltro), está solo JIRIN.


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Dominio público
15 págs. / 27 minutos / 406 visitas.

Publicado el 28 de junio de 2018 por Edu Robsy.

María Tudor

Victor Hugo


Teatro, drama


Prefacio

Dos maneras hay de apasionar á la multitud en el teatro: por lo grande y por lo verdadero; lo grande influye en las masas; lo verdadero en el individuo.

El objeto del poeta dramático, cualquiera que fuere el conjunto de sus ideas sobre el arte, debe ser siempre, ante todo, buscar lo grande, como Corneille, ó lo verdadero, como Molière, ó lo que sería mejor, alcanzar á la vez ambas cosas, lo grande en lo verdadero y lo verdadero en lo grande, como Shakespeare.

Porque, observémoslo de paso, á Shakespeare le fué dado, y á esto debió la soberanía de su genio, conciliar, unir y amalgamar de continuo en su obra esas dos cualidades, la verdad y la grandeza, cualidades casi contrarias, ó por lo menos tan diferentes, que la falta de cada una de ellas constituye lo inverso de la otra. El escollo de lo verdadero es lo pequeño; el escollo de lo grande es lo falso. En todas las obras de Shakespeare hay algo grande que es verdadero y viceversa; en el centro de todas sus creaciones se encuentra el punto de intersección de lo grandioso y de lo verdadero; y allí donde se cruzan las cosas grandes y las verdaderas, el arte es completo. Shakespeare, así como Miguel Ángel, parece haber sido creado para resolver este problema extraño, cuya simple enunciación parece absurda:—mantenerse siempre en la naturaleza, saliendo de ella algunas veces.—Shakespeare exagera las proporciones, pero conserva la relación. ¡Admirable omnipotencia del poeta! Hace cosas más elevadas que nosotros, que viven como nosotros. Hamlet, por ejemplo, es tan verdadero como cualquiera de nosotros, y más grande; Hamlet es colosal, y sin embargo, verdadero; Hamlet no es como uno de vosotros ó como yo; es como todos; Hamlet no es un hombre, es el hombre.


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Dominio público
76 págs. / 2 horas, 13 minutos / 363 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2022 por Edu Robsy.

Amor con Vista

Pedro Calderón de la Barca


Teatro


Personas

EL CONDE OTAVIO.
CÉSAR.
EL CONDE FABRICIO, padre de Fénis.
EL VIREY DE NÁPOLES.
JULIO.
LEONARDO.
UN CAPITAN.
CELIA.
LISENA.
FÉNIS.
FLORA, criada.
TOMÉ, criado.
ALBANO, criado.

Acto primero

CELIA Y LISENA, damas.

Cel.
Escribióme que partia,
Ya no es posible tardar.

Lis.
Lo que tanto ha de durar
¿Sientes esperar un dia?

Cel.
No es la pena que resisto
Amor en todo rigor,
Porque nadie tiene amor
Á las cosas que no ha visto.

Lis.
Engéndrase amor del ver,
Tambien del imaginar,
Y quien se piensa casar
Ya sabe que ha de querer.

Cel.
Deseos de ver me dan
Si á la verdad corresponde,
Como me han pintado al Conde
Tan gentil hombre y galan.

Lis.
¿Quién duda que será ansí
Y que no te han engañado?

Cel.
Sin los ojos me he casado,
Quejosos están de mí,
Que por no tener enojos
Con lo que se ha de querer,
Les da el alma su poder
En causa propia á los ojos;
Que ellos los primeros son
En tanto que el bien se alcanza,
Los que van con la esperanza
Á tomar la posesion;
Mas cuando no me contente,
Yo te aseguro de ser,
Sólo en mudarme mujer,
Y no suya eternamente.

Lis.
La dicha, Celia, no estriba,
De una mujer, en que sea
Lindo el hombre en quien se emplea
Para que contenta viva;
Un discreto entendimiento
Y una dulce condicion,
Partes principales son
De un dichoso casamiento;
Ruega que las tenga el dueño
Que esperas, para que seas
Dichosa si en él te empleas.


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Dominio público
48 págs. / 1 hora, 24 minutos / 359 visitas.

Publicado el 19 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Prueba de Amor

Roberto Arlt


Teatro


Boceto teatral irrepresentable ante personas honestas

Personajes

Guinter
Frida

Acto único

Abierto sobre la escena, un cuarto de baño de muros cubiertos con azulejos blancos, separado de la biblioteca por un tabique de mampostería. La puerta del cuarto de baño comunica con el costado lateral izquierdo del foro, mientras que la puerta de la biblioteca, dando frente a los espectadores, se abre sobre un pasillo. La mesa de la biblioteca aparece anormalmente cubierta por un mantel blanco sobre el cual se distinguen pilas de paquetes pequeños cuyo contenido es imposible discernir. Fría luz invernal ilumina la escena.

Escena 1

Guinter, en traje de calle, pero sin sombrero, entra con paso lento en la biblioteca; mira abstraído durante un instante los paquetes que están sobre la mesa y se acerca a la biblioteca, de la que extrae un libro, que hojea y coloca inmediatamente en el estante. Luego se acerca a la mesa, recoge las cuatro puntas del mantel e improvisa así un bulto. Indeciso, cavila y sale; entra en el cuarto de baño, donde se mira en el espejo.


GUI: Nada más que veintisiete años... y ¡qué viejo estoy...! (Enciende un cigarrillo sentándose en la orilla de la bañera enlozada) Podría estar peor... (Mira en derredor.) Es lógico: con estas cosas no se juega.


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Dominio público
11 págs. / 19 minutos / 258 visitas.

Publicado el 18 de julio de 2023 por Edu Robsy.

La Andriana

Terencio


Teatro, comedia


Acto I

Escena I

SIMÓN, SOSIA, esclavos cargados de provisiones.

SIMÓN.— Llevad vosotros esas viandas allá dentro, caminad. Tú, Sosia, llégate acá; que te quiero decir dos palabras.

SOSIA.— Dalas por dichas: que se aderece bien todo esto.

SIMÓN.— Muy diferente cosa es.

SOSIA.— ¿En qué más puedo yo serte útil con mi arte?

SIMÓN.— No hay necesidad de ese arte para lo que yo pretendo, sino de aquellas virtudes que yo en ti siempre he conocido, que son fidelidad y silencio.

SOSIA.— Suspenso estoy aguardando qué me quieres.

SIMÓN.— Ya sabes cómo después que te compré has tenido en mi casa desde pequeño una moderada y benigna servidumbre. Hícete de esclavo mi liberto, porque me servías hidalgamente: te di la mayor recompensa que pude.

FOBIA.— No lo he olvidado yo.

SIMÓN.— Ni yo tampoco estoy de ello arrepentido.

SOSIA.— Huélgome, Simón, de haber hecho o hacer en tu servicio algo que te agrade: y en haberte dado gusto recibo gran merced. Pero ese recuerdo me da pena; porque traerlo a mi memoria, es como reprenderme de olvidado de las mercedes recibidas. Di, pues, en pocas palabras, qué me quieres.

SIMÓN.— Así lo haré. En primer lugar, te advierto que estas que tú crees verdaderas bodas no son tales bodas.

SOSIA.— ¿Por qué, pues, las finges?

SIMÓN.— Yo te lo contaré todo desde su principio, y así conocerás la vida de mi hijo y mi intento, y también qué es lo que yo quiero en este caso que tú hagas. Porque después que mi hijo salió de la niñez, amigo Sosia, tuvo ocasión para vivir más libremente; que basta entonces ¿quién pudiera saber ni entender su condición, mientras la edad, el miedo y el maestro lo estorbaban?

SOSIA.— Así es.


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Dominio público
42 págs. / 1 hora, 15 minutos / 188 visitas.

Publicado el 13 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Templo Sin Dios

Ramón María Tenreiro


Cuento, teatro


(Tragedia)


Acto único

Bosque. Los gruesos troncos y el oscuro ramaje de los árboles centenarios piérdense en lo alto entre las sombras de la noche. Robustas raíces serpentean enmarañadas por el suelo. Al fondo, a la derecha, la playa del mar. A la izquierda, a media altura del ingente cantil de la costa, una gruta convertida en templo. Recias puertas de bronce cierran su entrada; una caterva de disformes monstruos, tallados en la roca, la guardan y defienden. Desigual escalera abierta en los peñascos sube hasta el templo.

Soledad y silencio. Sólo se escucha el apagado rumor de las hojas de los árboles movidas de la brisa y el blando alentar de las dormidas ondas.

TRES MUJERES, envueltas en oscuros mantos, buscan trabajosamente su camino en las tinieblas. Una de ellas lleva un niño en los brazos. Hablan acobardadas, en voz baja.

ANCIANA.—Creo que hemos llegado. Esos negros peñascos que se levantan hasta el cielo me parece que son los del templo.

MADRE JOVEN.—Sí; aquí es... Sentémonos en las raíces de este árbol. Tengo los brazos muertos. El peso del niño me ha rendido... ¿Faltará mucho para el día?

DONCELLA.—No; ya amanece. La estrella de la mañana brilla ya sobre las ondas.

ANCIANA.—Así, como la ansiada luz del día, llegarán por el mar los que esperamos.

DONCELLA.—¡Ay! ¡Tardan tanto!

MADRE.—Aún no has aprendido a esperar. Cuando te pase como a mí... Cinco veces se marchó ya mi esposo desde que nos hemos casado, ¡Y qué remedio! ¡Aquí no hay de qué vivir!

ANCIANA.—Vosotras quizá podáis esperar con calma. Yo no. Yo soy vieja y soy madre. Cada día le veo morir en las más espantosas muertes; sus lamentos en toda clase de suplicios resuenan en mi oído; su voz clama sin cesar dentro de mi corazón: ¡Madre! ¡Madre!... Cada ola que rompe en la playa me parece que arrastra su cuerpo sin vida.


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Dominio público
14 págs. / 25 minutos / 28 visitas.

Publicado el 17 de diciembre de 2023 por Edu Robsy.

El Otro

Miguel de Unamuno


Teatro, drama


Personajes

EL OTRO.
ERNESTO, hermano de Laura.
LAURA, la mujer de Cosme.
DAMIANA, mujer de Damián.
DON JUAN, médico de la casa.
EL AMA.

Acto I

Escena I

ERNESTO y DON JUAN.

ERNESTO: Pues bien, don Juan: a usted, el médico de esta casa y algo alienista encima, le ruego que me aclare el misterio de ella y de mi pobre hermana Laura. Porque aquí hay un misterio…, se le respira con el pecho oprimido. Esto parece parte cárcel, parte cementerio, parte…

DON JUAN: ¡Manicomio!

ERNESTO: ¡Justo! Y este misterio…

DON JUAN: ¡Un espanto, don Ernesto, un espanto!

ERNESTO: Como yo no le conocía a él… Se conocieron y casaron estando yo en América, y al volver me he encontrado con este… loco.

DON JUAN: ¡Cabal! Su cuñado de usted; el marido de la pobre Laura, se ha vuelto loco de remate.

ERNESTO: Eso ya lo había yo sentido; pero ¿ella?

DON JUAN: ¿Ella? Loca por contagio. Les une y a la vez les separa un espanto común…

ERNESTO: ¿Les separa?


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Dominio público
33 págs. / 58 minutos / 2.047 visitas.

Publicado el 9 de septiembre de 2018 por Edu Robsy.

El Viejo y la Niña

Leandro Fernández de Moratín


Teatro, comedia


Advertencia

En el año de 1786, leyó el autor esta comedia a la compañía de Manuel Martínez, y los galanes fueron de opinión de que tal vez no se sufría en el teatro por la sencilla disposición de su fábula, tan poco semejante a las que entonces aplaudía la multitud; pero se determinaron a estudiarla a pesar de este recelo, persuadidos de que ya era tiempo de justificarse a los ojos del público, presentándole una obra original escrita con inteligencia del arte.

Costó no pequeña dificultad obtener licencia para representarla, y sólo pudo conseguirse haciendo en ella supresiones tan considerables, que resultaron truncadas las escenas, inconsecuente el diálogo, y toda la obra estropeada y sin orden. La segunda dama de la compañía, que frisaba ya en los cuarenta, no quiso reducirse a hacer el papel de doña Beatriz, a fin de conservar siquiera en el teatro las apariencias de su perdida juventud. La comedia volvió a manos del autor y desistió por entonces de la idea de hacerla representar.


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Dominio público
58 págs. / 1 hora, 42 minutos / 1.771 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2018 por Edu Robsy.

La Tempestad

William Shakespeare


Teatro, Comedia


Dramatis personae

ALONSO, rey de Nápoles
SEBASTIÁN, su hermano
PRÓSPERO, el legítimo Duque de Milán
ANTONIO, su hermano, usurpador del ducado de Milán
FERNANDO, hijo del rey de Nápoles
GONZALO, viejo y honrado consejero

ADRIÁN
FRANCISCO, nobles

CALIBÁN, esclavo salvaje y deforme
TRÍNCULO, bufón
ESTEBAN, despensero borracho
El CAPITÁN del barco
El CONTRAMAESTRE
MARINEROS
MIRANDA, hija de Próspero
ARIEL, espíritu del aire

IRIS
CERES
JUNO, segadores

Ninfas
Segadores

Escena: una isla deshabitada.

Acto I

Escena I

Se oye un fragor de tormenta, con rayos y truenos. Entran un CAPITÁN y un CONTRAMAESTRE.

CAPITÁN
¡Contramaestre!

CONTRAMAESTRE
¡Aquí, capitán! ¿Todo bien?

CAPITÁN
¡Amigo, llama a la marinería! ¡Date prisa o encallamos! ¡Corre, corre!

Sale.
Entran los MARINEROS.

CONTRAMAESTRE
¡Ánimo, muchachos! ¡Vamos, valor, muchachos! ¡Deprisa, deprisa! ¡Arriad la gavia! ¡Y atentos al silbato del capitán! — ¡Vientos, mientras haya mar abierta, reventad soplando!

Entran ALONSO, SEBASTIÁN, ANTONIO, FERNANDO, GONZALO y otros.

ALONSO
Con cuidado, amigo. ¿Dónde está el capitán? — [A los MARINEROS] ¡Portaos como hombres!

CONTRAMAESTRE
Os lo ruego, quedaos abajo.

ANTONIO
Contramaestre, ¿y el capitán?

CONTRAMAESTRE
¿No le oís? Estáis estorbando. Volved al camarote. Ayudáis a la tormenta.

GONZALO
Cálmate, amigo.


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Protegido por copyright
49 págs. / 1 hora, 27 minutos / 1.364 visitas.

Publicado el 23 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Coriolano

William Shakespeare


Teatro, Tragedia


DRAMATIS PERSONAE

Cayo MARCIO, después Cayo Marcio CORIOLANO
TITO Larcio, general en guerra con los volscos
COMINIO, general en guerra con los volscos
MENENIO Agripa, amigo de Coriolano
SICINIO Veluto, tribuno del pueblo
Junio BRUTO, tribuno del pueblo
El JOVEN MARCIO, hijo de Coriolano
Un HERALDO romano
NICANOR, un romano
Tulo AUFIDIO, general de los volscos
LUGARTENIENTE de Aufidio
CONSPIRADORES con Aufidio
ADRIANO, un volsco
VOLUMNIA, madre de Coriolano
VIRGILIA, esposa de Coriolano
VALERIA, amiga de Virgilia
Senadores romanos y volscos, patricios, ediles, lictores, soldados, ciudadanos, mensajeros, sirvientes y otros acompañantes

Escena: Roma y sus alrededores; Corioles y sus alrededores; Ancio

PRIMER ACTO

ESCENA I

Calle de Roma. Entra un grupo de ciudadanos amotinados
con palos, garrotes y otras armas.

CIUDADANO PRIMERO Antes de que sigamos adelante, déjenme hablar.

TODOS Habla, habla.

CIUDADANO PRIMERO ¿Están todos resueltos a morir más que a perecer de hambre?

TODOS ¡Resueltos! ¡Resueltos!

CIUDADANO PRIMERO Primero, ya saben que Cayo Marcio es enemigo principal de la gente.

TODOS ¡Lo sabemos! ¡Lo sabemos!

CIUDADANO PRIMERO Matémoslo, y tendremos grano al precio que nos conviene. ¿Hay veredicto?

TODOS No se hable más de ello. Que se haga. ¡Vamos, vamos!

CIUDADANO SEGUNDO Una palabra, buenos ciudadanos.


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Protegido por copyright
95 págs. / 2 horas, 47 minutos / 1.334 visitas.

Publicado el 22 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

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