Dedicatoria
A
LOS SEÑORES
D. JOSÉ DE ESPEJO Y GODOY (DE MURTAS)
Y
D. CECILIO DE RODA Y PÉREZ (DE ALBUÑOL)
Y A LOS DEMÁS HIJOS DE LA ALPUJARRA
QUE LO AGASAJARON EN AQUELLA NOBLE TIERRA
DEDICA ESTE LIBRO
EN SEÑAL DE AGRADECIMIENTO
A SU GENEROSA HOSPITALIDAD
EL AUTOR
Prolegómenos
Principiemos por el principio.
Muy poco después de haberme encontrado yo a mí mismo (como la cosa
más natural del mundo) formando parte de la chiquillería de aquella
buena ciudad de Guadix, donde rodó mi cuna (y donde, dicho sea de
paso, está enterrado ABEN-HUMEYA), reparé en que me andaba buscando las
vueltas el desinteresado erudito, Académico… correspondiente de la
Historia, que nunca falta en las poblaciones que van a menos.
Recuerdo que donde al fin me abordó fue en las solitarias ruinas de la Alcazaba.
Yo había ido allí a ayudarle a los siglos a derribar las almenas de
un torreón árabe, y él a consolarse entre las sombras de los muertos de
la ignorancia de los vivos.
Tendría él sesenta años, y yo nueve.
Al verlo, di de mano a mi tarea y traté de marcharme pero el hombre
de lo pasado me atajó en mi camino; congratulose muy formalmente de
aquella afición que advertía en mí hacia los monumentos históricos;
tratome como a compañero nato suyo, diome un cigarro, mitad de tabaco y
mitad de matalahúva, y acabó por referirme (con el más melancólico
acento y profunda emoción, a pesar de ser muy buen cristiano y Cofrade
de la Hermandad del Santo Sepulcro) todas las tradiciones accitanas del
tiempo de los moros y todas las tradiciones alpujarreñas del tiempo de
los moriscos, poniendo particular empeño en sublimar a mis ojos la
romántica figura de ABEN-HUMEYA.
Leer / Descargar texto 'La Alpujarra'