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Quince Días en el Desierto Americano

Alexis de Tocqueville


Viajes, Historia


Una de las cosas que más excitaba nuestra curiosidad al venir a Norteamérica era recorrer los confines de la civilización europea y, si el tiempo nos lo permitía, visitar incluso algunas de las tribus indias que han preferido huir hacia las soledades más salvajes a plegarse a lo que los blancos llaman «las delicias de la vida social». Pero hoy en día llegar hasta el desierto es más difícil de lo que se cree. Habíamos salido de Nueva York y, a medida que avanzábamos hacia el Noroeste, el objetivo de nuestro viaje parecía alejarse cada vez más. Recorríamos lugares célebres en la historia de los indios, atravesábamos valles a los que habían dado nombre, cruzábamos ríos que aún llevan el de sus tribus, pero, en todas partes, la choza del salvaje había dado paso a la casa del hombre civilizado; los bosques habían sido arrasados, la soledad cobraba vida.

Sin embargo, parecíamos seguir el rastro de los indígenas.

—Diez años atrás —nos decían— estaban aquí; allá, hace cinco años; más allá, hace dos.

—En aquel lugar, donde se alza la iglesia más hermosa del pueblo —nos contaba uno—, tiré abajo el primer árbol del bosque.

—Aquí —nos contaba otro— estaba el gran consejo de la Confederación de los Iroqueses.

—¿Y qué ha pasado con los indios? —decía yo.

—Los indios —proseguía nuestro anfitrión— se han ido más allá de los Grandes Lagos, ¡quién sabe dónde! Es una raza que se extingue; no están hechos para la civilización: ella los mata.


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64 págs. / 1 hora, 52 minutos / 416 visitas.

Publicado el 18 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Viaje a Arzrum Durante la Campaña de 1827

Aleksandr Pushkin


Crónica, Viajes


Introducción

Hace poco cayó en mis manos un libro publicado en París el pasado año de 1834 y titulado Voyages en Orient entrepris par ordre du Gouvernement Français. El autor, que describe a su manera la campaña de 1829, concluye sus reflexiones con las siguientes palabras:

Un poète distingué par son imagination a trouvé dans tant de hauts faits dont il a été témoin, non le sujet d’un poème, mais celui d’une satyre.

He sabido solamente de dos poetas que estuvieran en la campaña turca: A. S. Jomyakov y A. N. Muravyev. Ambos se encontraban en el ejército del conde Díbich. El primero escribió en aquella ocasión varios hermosos poemas líricos, el segundo estaba trabajando en su libro de viajes por los Santos Lugares, que tanto éxito tuvo. Pero no he leído ninguna sátira de la campaña de Arzrum.

Nunca se me habría ocurrido que se trataba de mí si no hubiera encontrado mi propio nombre entre los de los generales del Cuerpo Independientes del Cáucaso. Parmi les chefs qui la commandaient (l’armée du Prince Paskewitch) on distinguait le Général Mouravief… le Prince Géorgien Tsitsevaze… le Prince Arménien Beboutof… le Prince Potemkine, le Général Raiewsky, et enfin —Mr. Poushkine… qui avait quitté la capitale pour chanter les exploits de ses compatriotes.


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52 págs. / 1 hora, 31 minutos / 104 visitas.

Publicado el 25 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Pamplona

Victor Hugo


Viajes


11 de agosto.

Estoy en Pamplona y no sabría explicaros lo que me pasa. No había visto jamás esta ciudad, y me parece que reconozco cada calle, cada casa, cada puerta. Toda la España que vi en mi infancia se me aparece aquí como el día en que vi pasar la primera carreta de bueyes. Se borran treinta años de mi vida; vuelvo a ser el niño, el chiquito francés, como me llamaban. Todo un mundo que dormía en mí se despierta, revive y hormiguea en mi memoria. Yo lo creía casi borrado, y está más resplandeciente que nunca.

Esto es, realmente, la verdadera España. Veo plazas porticadas, pavimentos de mosaicos de guijarros, balcones con toldos, casas pintadas a franjas, que me hacen palpitar el corazón. Me parece que era ayer. Sí, yo entré ayer bajo esa gran puerta cochera que da a una escalerilla; el otro domingo compré, yendo de paseo con mis jóvenes camaradas del seminario de nobles, no sé qué tortas picantes (rosquillas) en esta tienda de cuyo frontón cuelgan dos pellejos de macho cabrío para poner vino; yo he jugado a la pelota a lo largo de esta pared, detrás de una iglesia vieja. Todo eso es para mí cierto, real, distinto, palpable.

Hay algunos zócalos de fachadas pintados imitando mármoles extravagantes que me enamoran. He pasado dos horas deliciosas frente a frente de un viejo postigo verde a pequeños recuadros que se abre en dos mitades, de modo que forma una ventana si se abre la mitad y un balcón si se abre por completo. Ese postigo estaba hace treinta años, sin que yo me diera cuenta de ello, en un rincón de mi pensamiento. Y he dicho: ¡Toma! ¡Éste es mi viejo postigo!


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33 págs. / 57 minutos / 381 visitas.

Publicado el 23 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Un Paseo de Invierno

Henry David Thoreau


Viajes


El viento se filtra con un quedo murmullo a través de los postigos, o sopla con aterciopelada suavidad sobre las ventanas. De vez en cuando, suspira como un céfiro de verano agitando las hojas durante toda la santa noche. El ratón de campo se ha dormido en su abrigado pasadizo subterráneo, el búho se ha instalado en un árbol hueco en la profundidad de los pantanos; el conejo, la ardilla y el zorro, todos se han puesto a cubierto. El perro guardián se ha tumbado tranquilo junto al hogar, y el ganado se ha quedado en silencio en el establo. La tierra misma se ha dormido, como si fuera su primer, y no su último sueño. Salvo algún ruido de la calle o la puerta de la casa de madera que chirría débilmente interrumpiendo el desconsuelo de la naturaleza en su funcionamiento nocturno, el único sonido despierto entre Venus y Marte nos advierte de una distante calidez interior, un ánimo y fraternidad divinos, donde los dioses se reúnen, pero que resulta desolador para los hombres. Sin embargo, mientras duerme la tierra, el aire está despierto y se ha llenado de ligerísimos copos que caen, como si reinara una Ceres boreal y arrojara su grano plateado sobre todos los campos.


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19 págs. / 33 minutos / 271 visitas.

Publicado el 8 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Estatuas de Roma

Herman Melville


Viajes


Se ha dado por supuesto que los únicos jueces adecuados en la valoración de las estatuas son los escultores, pero es de recibo pensar que otros, además del artista, pueden apreciar y calificar la belleza del arte marmóreo de Roma. Si la valoración de lo que es mejor en la naturaleza y el conocimiento no puede ser privilegio de ninguna profesión, sería increíble que hubiera, en el ámbito llamado arte, cualquier tipo de exclusividad. Cierto, los diletantes podrán emplear su vocabulario técnico, pero ignorar dicha terminología no impide, a cualquier mente naturalmente predispuesta a la belleza o la grandeza, disfrutar del arte. Al igual que las producciones de la naturaleza pueden ser apreciadas por aquellos que no tienen conocimientos de botánica, o que no sienten inclinación hacia tal ciencia, así ocurre para las creaciones artísticas con aquellos que ignoran su ciencia crítica o que son indiferentes a ella. El arte sabe pulsar teclas en lo más alto y en lo más bajo; sienten su influencia tanto los ordinarios e incultos como los corteses y educados. Es una esencia que llega a todas las clases. Es más, dado que es dudoso si las flores otorgaron más satisfacción al riguroso Linneo que al laxo Burns, o si lograron conmover lo más profundo de su interior, la cuestión consiste en saber si el arte no sería capaz de inspirar, en las mentes artísticas, pensamientos o emociones no menos intensos que aquellos que despierta en las mentes de los críticos más destacados.


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16 págs. / 28 minutos / 144 visitas.

Publicado el 22 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Los Mares del Sur

Herman Melville


Viajes


El tema de nuestra conferencia de esta noche, «Los Mares del Sur», podría parecer si no ambicioso, al menos sí demasiado amplio, pues se ocupa, según las autoridades, de una proporción de la superficie terrestre que no oso pronunciar: en resumen, más de la mitad del planeta. Tenemos por tanto ante nosotros un tema amplísimo, y mucho me temo que no seamos capaces de abarcarlo en su totalidad de forma exhaustiva esta noche.

Para evitar cualquier malentendido al respecto, deseo que no esperen de mí que repita aquello que ya se publicó sobre mis aventuras en Polinesia. Me propongo abordar temas de un interés más general y hablar de modo informal de los Mares del Sur en su conjunto, bajo diferentes aspectos, añadiendo, si se presenta la ocasión, algunas pequeñas anécdotas personales susceptibles de ilustrar mi tesis.

«Mares del Sur» es un término que designa, sencillamente, el Océano Pacífico. Entonces, ¿por qué no decir simplemente «Océano Pacífico»? Porque se pueden apreciar ciertas viejas reminiscencias que asocian la expresión «Mares del Sur» a antiguos y hermosos libros de viaje, llenos de ilustraciones grabadas en nuestra memoria.


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15 págs. / 26 minutos / 204 visitas.

Publicado el 22 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

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