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El Alcalde de Zalamea

Pedro Calderón de la Barca


Teatro


Personajes que hablan en esta obra

El REY, don Felipe II
Don LOPE de Figueroa
Don ÁLVARO de Atayde, capitán
Un SARGENTO
SOLDADOS
REBOLLEDO, soldado
La CHISPA, soldadera
Pedro CRESPO, labrador
JUAN, hijo de Pedro Crespo
ISABEL, hija de Pedro Crespo
INÉS, prima de Isabel
Don MENDO, hidalgo gracioso
NUÑO, criado de don Mendo
Un ESCRIBANO
VILLANOS

Jornada primera

Salen REBOLLEDO, la CHISPA, y algunos SOLDADOS

REBOLLEDO: ¿Cuerpo de Cristo con quien
de esta suerte hace marchar
de un lugar a otro lugar
sin dar un refresco!

TODOS: ¡Amén!

REBOLLEDO: ¿Somos gitanos aquí,
para andar de esta manera?
¿Una arrollada bandera
nos ha de llevar tras sí
con una caja…

SOLDADO 1: ¿Ya empiezas?

REBOLLEDO: … que este rato que calló
nos hizo merced de no
rompernos estas cabezas?

SOLDADO 2: No muestres de eso pesar,
si ha de olvidarse, imagino,
el cansancio del camino
a la entrada del lugar.


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Dominio público
48 págs. / 1 hora, 24 minutos / 917 visitas.

Publicado el 16 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Mujeres y Criados

Lope de Vega Carpio


Teatro, Comedia


1ª Jornada

Personajes

El Conde Próspero
Claridán, camarero
Teodoro, secretario
Riselo, gentilhombre
Martes, lacayo
Lope, lacayo
Emiliano, viejo
Don Pedro, su hijo
Florencio, viejo
Luciana, su hija
Violante, su hermana
Inés, criada

Salen el conde Próspero desnudándose, Claridán, camarero suyo, Riselo y otros criados con una fuente para la golilla.

Conde:

Tomad allá, que os prometo
que me ha cansado el jugar.

Claridán:

Cansa el perder.

Conde:

Y el ganar.

Claridán:

Advertimiento discreto.
Mas dicen que preguntando
a un sabio cómo criarían
a un rey los que le servían,
dijo: jugando y ganando,
porque dicen ques la cosa
que más la sangre refresca.

Conde:

¡Propia sentencia greguesca!
¿Hallástela en verso o prosa?

Claridán:

En el sueño que me ha dado
esperarte hasta las dos.
¡Desnúdate, que por Dios
que te ha el perder desvelado!

Conde:

Qué prisa me das…

Claridán:

¿No es hora
de dormir?

Riselo:

Y aun con hablar
tanto lo es de levantar,
que ya se afeita el aurora.

Conde:

¡Poética traslación!

Claridán:

¡Duerme acaba!

Conde:

Claridán,
los que pierden siempre están
después en conversación,
que haya quien juegue a los trucos.

Claridán:

Un hombre es cosa notoria,
que se hace macho de noria.

Riselo:

Dromedarios, mamelucos,
no sufrirán la tahona
deste juego.

Conde:

El ajedrez
es notable.

Claridán:

Desta vez
la noche se va a chacona.
¡Acuéstate ya, por Dios!

Conde:


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Dominio público
52 págs. / 1 hora, 31 minutos / 478 visitas.

Publicado el 17 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Mariana Pineda

Federico García Lorca


Teatro


Personajes

MARIANA PINEDA
ISABEL LA CLAVELA
DOÑA ANGUSTIAS
AMPARO
LUCÍA
NIÑO
NIÑA
SOR CARMEN
NOVICIA PRIMERA
NOVICIA SEGUNDA
MONJA PRIMERA
FERNANDO
DON PEDRO SOTOMAYOR
PEDROSA
ALEGRITO
CONSPIRADOR PRIMERO
CONSPIRADOR SEGUNDO
CONSPIRADOR TERCERO
CONSPIRADOR CUARTO
MUJER DEL VELÓN
NIÑAS
MONJAS

Prólogo

Telón representando el desaparecido arco árabe de las Cucharas y perspectiva de la plaza Bibarrambla. La escena estará encuadrada en un margen amarillento, como una vieja estampa, iluminada en azul, verde, amarillo, rosa y celeste. Una de las casas que se vean estará pintada con escenas marinas y guirnaldas de frutas. Luz de luna. Al fondo, las Niñas cantarán, con acompañamiento, el romance popular:

¡Oh! Qué día tan triste en Granada,
que a las piedras hacía llorar
al ver que Marianita se muere
en cadalso por no declarar.

Marianita, sentada en su cuarto,
no paraba de considerar:
«Si Pedrosa me viera bordando
la bandera de la Libertad».

(De una ventana saldrá una Mujer con un velón encendido. Cesa el Coro).

MUJER.

¡Niña! ¿No me oyes?

NIÑA.

(Desde lejos). ¡Ya voy!

(Por debajo del arco aparece una Niña vestida según la moda del año 1850, que canta).

Como lirio cortaron el lirio,
como rosa cortaron la flor,
como lirio cortaron el lirio,
mas hermosa su alma quedó.

(Lentamente, entra en su casa. Al fondo, el Coro continúa).

¡Oh! Qué día tan triste en Granada,
que a las piedras hacía llorar.

Telón lento


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Dominio público
41 págs. / 1 hora, 13 minutos / 2.627 visitas.

Publicado el 21 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Memorias del Subsuelo

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski


Novela, Diario


Nota del autor

El autor de este diario, y el diario mismo, pertenece evidentemente al campo de la ficción. Sin embargo, si consideramos las circunstancias que han determinado la formación de nuestra sociedad, nos parece posible que existan entre nosotros seres semejantes al autor de este diario. Mi propósito es presentar al público, subrayando un poco los rasgos, uno de los personajes de la época que acaba de transcurrir, uno de los representantes de la generación que hoy se está extinguiendo. En esta primera parte, titulada Memorias del subsuelo, el personaje se presenta al lector, expone sus ideas y trata de explicar las causas de que haya nacido en nuestra sociedad. En la segunda parte relata ciertos sucesos de su vida.

Fedor Dostoyevski

I

Soy un enfermo. Soy un malvado. Soy un hombre desagradable. Creo que padezco del hígado. Pero no sé absolutamente nada de mi enfermedad. Ni siquiera puedo decir con certeza dónde me duele.

Ni me cuido ni me he cuidado nunca, pese a la consideración que me inspiran la medicina y los médicos. Además, soy extremadamente supersticioso… lo suficiente para sentir respeto por la medicina. (Soy un hombre instruido. Podría, pues, no ser supersticioso. Pero lo soy.) Si no me cuido, es, evidentemente, por pura maldad. Ustedes seguramente no lo comprenderán; yo sí que lo comprendo. Claro que no puedo explicarles a quién hago daño al obrar con tanta maldad. Sé muy bien que no se lo hago a los médicos al no permitir que me cuiden. Me perjudico sólo a mí mismo; lo comprendo mejor que nadie. Por eso sé que si no me cuido es por maldad. Estoy enfermo del hígado. ¡Me alegro! Y si me pongo peor, me alegraré más todavía.


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Protegido por copyright
130 págs. / 3 horas, 48 minutos / 1.182 visitas.

Publicado el 27 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Stepanchikovo y sus Moradores

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski


Novela


Personajes

Por el nombre con el que aparecen en la novela:


Anfisa Petrovna (madre de Pável Semiónovich Obnoskin, amiga y confidente de la generala)
Bajchéiev, Stepán Aleksiéievich (un conocido)
Falaley (joven mujik, muy bello)
Fomá Fomich Opiskin (el «amigo de familia»)
Gávril (ayuda de cámara del tío)
la generala Agafia Timoféievna Krajótkina (viuda del general Krajotkin, madre de Yégor Ílich)
Iliusha - Ilia Yégorovich (hijo de Yégor Ílich)
Krajotkin (general difunto, segundo marido de la generala)
Korovkin (filósofo borracho)
Mizínchikov, Iván Ivánovich (primo lejano de Serguéi)
Nasteñka - Nastasia Yevgrafovna (la niñera, hija de Yevgraf Yezhévikin)
Obnoskin, Pável Semiónovich (amigo local, hijo de Anfisa Petrovna)
Perepelítsina - Anna Nilovna (solterona y confidente)
Praskovia Ilínichna (hermanastra de Yégor Ílich)
Sasheñka - Aleksandra Yégorovna (hija de Yégor Ílich)
Serguéi Aleksándrovich (el narrador, sobrino de Yégor Ílich)
Tatiana Ivánovna (parienta demente, rica heredera)
Vidopliásov (lacayo de Fomá Fomich)
Yégor Ílich Rostañev (coronel, hijo de la generala, tío del narrador)
Yezhévikin, Yevgraf Lariónovich (padre de la niñera Nasteñka)
 


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Protegido por copyright
247 págs. / 7 horas, 13 minutos / 256 visitas.

Publicado el 31 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

El Médico a Palos

Molière


Teatro, Comedia


Advertencia

Escribió Moratín la traducción libre de la comedia de Molière, titulada Le Médecin malgré lui, para que la representase en un día destinado a su beneficio el gracioso de la compañía cómica de Barcelona, Felipe Blanco, a quien debía particulares atenciones de amistad. Siguió en la versión de esta pieza los mismos principios que le había dirigido en las precedente. Simplificó la acción, despojándola de cuanto le pareció inútil en ella. Suprimió tres personajes, MM. Robert, Thibaut y Perrin, y por consiguiente dejo perder la graciosa escena segunda del primer acto y la segunda del tercero, para no interrumpir la fábula con distracciones meramente episódicas, sujetándola a la estrecha economía que pide el arte, sin la cual, a fuerza de ornatos viciosos, se entorpece la progresión dramática y se debilita el interés. Redujo a tres las cinco palizas que hallo en la pieza original. Paso en silencio la existencia inútil de un amante que no aparece en la escena, y esta omisión le facilito el medio de dar a la resistencia obstinada de Don Jerónimo un motivo más cómico, y más naturalidad al desenlace.

Omitió igualmente las lozanías y expresiones demasiado alegres del supuesto medico, que no se hubieran tolerado en ningún teatro de España, y se hallan en la escena primera del primer acto, en las cuarta, quinta y séptima del segundo y en la tercera del tercero de la obra francesa; y persuadido de que las imágenes asquerosas, ni son donaires cómicos, ni deben presentarse jamás a un auditorio decente, omitió lo que hay de este genero en la escena sexta, acto segundo, y en la quinta, acto tercero, del original. Si Moliere viviese, haría en ésta y en otras piezas suyas las mismas correcciones con más severidad y mayor acierto.


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Dominio público
31 págs. / 55 minutos / 2.150 visitas.

Publicado el 8 de abril de 2018 por Edu Robsy.

Don Gil de las Calzas Verdes

Tirso de Molina


Teatro, Comedia


Personas que hablan en ella

DOÑA JUANA
DON DIEGO
DON MARTÍN
DON ANTONIO
DOÑA INÉS:
CELIO
DON PEDRO, viejo
FABIO
DOÑA CLARA
DECIO
DON JUAN
VALDIVIESO, escudero
QUINTANA, criado
AGUILAR, paje
CARAMANCHEL, lacayo
UN ALGUACIL
OSORIO
MÚSICOS

Acto primero

(Sale Doña Juana de hombre con calzas y vestido todo verde, y Quintana, criado).

QUINTANA:
Ya que a vista de Madrid
y en su Puente Segoviana
olvidamos, Doña Juana,
huertas de Valladolid,
Puerta del Campo, Espolón,
puentes, galeras, Esgueva,
con todo aquello que lleva,
por ser como inquisición
de [la] pinciana nobleza,
pues cual brazo de justicia,
desterrando su inmundicia
califica su limpieza;
ya que nos traen tus pesares
a que desta insigne puente
veas la humilde corriente
del enano Manzanares,
que por arenales rojos
corre, y se debe correr,
que en tal puente venga a ser
lágrima de tantos ojos;
¿no sabremos qué ocasión
te ha traído desa traza?
¿Qué peligro te disfraza
de damisela en varón?

JUANA:
Por agora no, Quintana.


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Dominio público
58 págs. / 1 hora, 43 minutos / 661 visitas.

Publicado el 10 de abril de 2018 por Edu Robsy.

Rosa y Verde

Stendhal


Novela corta


Capítulo I

Fue a finales de 183… cuando el conde von Landek, general de división, regresó a Kœnigsberg, su patria; llevaba años con un empleo en el cuerpo diplomático prusiano. Llegaba en aquellos momentos de París. Era un hombre bastante bonachón que tiempo atrás, en la guerra, había demostrado que era valiente; ahora estaba casi siempre asustado; temía no ser todo lo ocurrente que parece necesario para un cargo de embajador —el señor de Tayllerand echó a perder el oficio— y además creía que resultaba ocurrente si hablaba sin parar. El general von Landek tenía una forma más de destacar, y era el patriotismo; se ponía rojo de ira, por ejemplo, siempre que se topaba con el recuerdo de Jena. Hacía poco, al regresar a Kœnigsberg, dio un rodeo de más de treinta leguas para no pasar por Prenzlow, esa ciudad pequeña en donde un cuerpo de ejército prusiano depuso las armas ante unos cuantos destacamentos del ejército francés allá por la época de Jena.

Para el bueno del general, legítimo poseedor de siete cruces y dos medallas, el amor a la patria no consistía en hacer a Prusia feliz y libre, sino en vengarla por segunda vez de la fatal derrota que ya hemos mencionado.


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Protegido por copyright
90 págs. / 2 horas, 38 minutos / 304 visitas.

Publicado el 16 de abril de 2018 por Edu Robsy.

La Abadesa de Castro

Stendhal


Novela


I

El melodrama nos ha mostrado con tanta frecuencia a los bandoleros italianos del siglo dieciséis, y tanta gente ha hablado sobre ellos sin conocerlos, que hoy en día tenemos al respecto una idea completamente equivocada. En general puede decirse que estos bandidos actuaron como oposición a los gobiernos atroces que, en Italia, sucedieron a las repúblicas de la Edad Media. El nuevo tirano era normalmente el ciudadano más rico de la difunta república y, para seducir a la plebe, adornaba la ciudad con iglesias magníficas y hermosos cuadros. Así lo hicieron los Polentini de Roma, los Manfredi de Faenza, los Riario de Ímola, los Cane de Verona, los Bentivoglio de Bolonia, los Visconti de Milán y, por último, los menos belicosos y los más hipócritas de todos, los Médicis de Florencia. De entre los historiadores de estos pequeños estados, nadie se atrevió a narrar los innumerables envenenamientos y asesinatos provocados por el miedo que atormentaba a esos pequeños tiranos; estos historiadores tan serios estaban en su nómina. El lector debe tener presente que todos estos tiranos conocían personalmente a cada uno de los republicanos por los que se sabían execrados (por ejemplo, el gran duque de Toscana, Cosme, trataba con Strozzi), que muchos de estos tiranos perecieron asesinados, y así se comprenderán los odios profundos, las suspicacias eternas que insuflaron tanto ingenio y valentía a los italianos del siglo dieciséis, y tanta genialidad a sus artistas. Veremos que estas pasiones profundas impidieron el nacimiento de ese prejuicio tan ridículo al que, desde los tiempos de madame de Sévigné, llamamos «honor» y que consiste sobre todo en sacrificar la propia vida para servir al amo del que hemos nacido vasallos, y para complacer a las damas.


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Protegido por copyright
115 págs. / 3 horas, 22 minutos / 258 visitas.

Publicado el 30 de abril de 2018 por Edu Robsy.

La Cartuja de Parma

Stendhal


Novela


Advertencia

Esta novela se escribió en el invierno de 1830 y a trescientas leguas de París. Así, pues, ninguna alusión a las cosas de 1839.

Muchos años antes de 1830, en la época en que nuestros ejércitos recorrían toda Europa, me correspondió un boleto de alojamiento para la casa de un canónigo. Era en Padua, deliciosa ciudad italiana. Como la estancia se prolongara, el canónigo y yo nos hicimos amigos.

A finales de 1830 volví a pasar por Padua y me apresuré a ir a casa de mi buen canónigo. El canónigo no vivía ya, y yo lo sabía, pero quería volver a ver el salón en que habíamos pasado tantas veladas placenteras, tan a menudo añoradas desde entonces. Encontré al sobrino del canónigo y a la mujer del sobrino, que me recibieron como a un viejo amigo. Llegaron otras personas y no nos separamos hasta muy tarde. El sobrino mandó a buscar al café Pedroti un excelente zambajon. Lo que nos hizo trasnochar fue sobre todo la historia de la duquesa Sanseverina, a la que alguien aludió, y el sobrino quiso contarla completa en honor mío.

—En el país adonde voy —dije a mis amigos— me será muy difícil encontrar una casa como ésta, y, para pasar las largas horas de la noche, escribiré una novela con esta historia vuestra.

—Entonces —dijo el sobrino— le voy a prestar los anales de mi tío, que, en el artículo Parma, menciona algunas de las intrigas de esta Corte en los tiempos en que la duquesa hacía y deshacía en ella. Pero tenga cuidado: esta historia no es nada moral, y ahora que en Francia hacéis gala de pureza evangélica, puede valerle fama de asesino.

Publico esta novela sin cambiar nada del manuscrito de 1830, lo que puede tener dos inconvenientes.


Información texto

Protegido por copyright
568 págs. / 16 horas, 35 minutos / 832 visitas.

Publicado el 22 de abril de 2018 por Edu Robsy.

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