Textos favoritos | pág. 161

Mostrando 1601 a 1610 de 8.911 textos.


Buscador de títulos

159160161162163

Don Dimas y su Última Aventura

Arturo Robsy


Cuento


Hemos de reconocer que el mundo va mal, muy mal.

Se dice —y no lo suficiente— que 10.000 niños mueren al día de hambre.

De HAMBRE. En Zambia, sin ir más cerca, de cada cuatro recién nacidos, uno muere indefectiblemente. Solamente en Asia hay más de mil millones de analfabetos, un poco menos del tercio de la población mundial. Y, por si fuera poco, diariamente nacen más de 187.000 pequeños terrestres.

Se dicen otras cosas sin el eficaz apoyo de la estadística: subidas de precios; salarios poco, muy poco elásticos; disminuciones en la habitual corriente turística y aumento de contaminadores y contaminantes...

Hemos de reconocer que el mundo va mal, muy mal.

Y si no, pregúnteselo al bueno de Don Dimas. Poquita cosa él. Dueño de un nombre con sonido de campanilla (Don-Di-mas); siempre agazapado tras su sonrisa de conejito bueno; con los ojos continuamente abiertos, quizá de miedo... Y eso que Don Dimas ni era analfabeto ni nació en Asia ni se murió de hambre.

Le mató el corazón. De golpe. El corazón mata de diversos modos. A veces presenta su tarjeta de visita y aguarda pacientemente. En ocasiones se contenta con un par de timbrazos previos. En otras... nada: echa abajo la puerta y no da tiempo ni a decir "Jesús".

Don Dimas tuvo una muerte de este tercer tipo, que es el más cómodo para el que se va y el más incómodo para los que se quedan. ¡Qué de sobresaltos! El corazoncito de Don Dimas estaba fatigado ya: sesenta años de esfuerzos más o menos intensos y, por supuesto, de sinsabores.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
5 págs. / 9 minutos / 78 visitas.

Publicado el 31 de marzo de 2019 por Edu Robsy.

A Todo Honor

Felipe Trigo


Novela corta


I

Son ridículas... sencillamente ridículas, estas fondas de los pueblos.

En general, casas de cierta fanfarronería que empezaron A construir el comerciante X o el notario Z, al jubilarse, y que «vieron» la muerte de sus dueños antes que ellas estuviesen concluidas en todos los perfiles. Y así se quedan inconclusas para siempre. Escaleras sin baranda, a lo mejor, o con una provisional-definitiva; timbres que no suenan; techos sin pintar...

El comedor, ya se sabe: estrecho y largo, con aspiraciones de salón; el patio con columnas, con corredor encima, con mecedoras... Y luego, viajantes, viajantes...; la mesa llena de viajantes y cajas de viajantes por todos los rincones.

Además —¡no lograba entenderlo Luis!—, estaba en plena Mancha (el país de los carneros y las dehesas) y acababan de ponerle en la cena unas chuletas empanadas que antes parecían unas tortillas de cordel. Sobre esto de las famas regionales tenía ya el joven madrileño sus escamas: gente alegre, por ejemplo, la andaluza... y hasta se dijese que lloraban cantando en sus guitarras; buen vino en Jerez... y en otro viaje tornó una copa, al paso, en la estación, y parecía petróleo.

¡Oh, su Madrid!... Allí sí que eran tiernas las carnes de la Mancha, y bueno y barato el jerez, y alegre la alegría de Andalucía... Exportación. Las provincias se quedaban sin todo por enviárselo a la corte.

Encendió el puro, en el zaguán, y se lanzó por las calles.

Yacían en una semiobscuridad eléctrica digna del siglo. «¡Para lo que hay que ver!» —podía decirse aquí, como cuentan que decía el oculista que iba dejando ciega a su clientela.


Leer / Descargar texto

Dominio público
51 págs. / 1 hora, 30 minutos / 398 visitas.

Publicado el 10 de abril de 2019 por Edu Robsy.

Leyenda Marítima

Arturo Robsy


Cuento


Para Elisa Pons, en mutuo recuerdo de Neruda.
 

Al Juanón se le despertó el hambre de mar y cuando no pudo llevarla más bajo el pecho, se echó a los caminos. Los andaba con el corazón saltándole por las acequias y la cabeza imaginándole desconocidos espectáculos. Tenía hambre de mar: una enfermedad que los médicos no curan ni siquiera distinguen en sus laboriosos análisis, y que no acusan ni los leucocitos ni los eosinófilos.

Tenía hambre de mar: algo tan común que por ella vino al mundo América, o nacieron mitos tan enormes como el de la Atlántida. Juanón, claro, no sabía los antecedentes de su mal, y se limitaba a seguir el camino cantando poquito a poco las canciones de su repertorio para que, así, le durasen más y estar acompañado.

Antes, cuando estaban en su casa, fue un muchacho normal hasta que llegó un hombre al pueblo hablando del mar. Traía los ojos claros de tanto mirarlo, y las manos grises, con brillos, que es el efecto del agua salada; y el cabello lanzado hacia el cielo, espeso y profundo, que es como, según cuentan, se pone el cabello a las orillas. Decía que el mar era lo más grande y lo más azul de la creación. Decía que los peces curiosos se asomaban a la superficie para hablar con los pescadores y que era raro encontrar algunos que conocían tu idioma.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
6 págs. / 12 minutos / 110 visitas.

Publicado el 15 de julio de 2019 por Edu Robsy.

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral

Friedrich Nietzsche


Filosofía Nietzsche


En algún apartado rincón del universo, desperdigado de innumerables y centelleantes sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales astutos inventaron el conocer. Fue el minuto más soberbio y más falaz de la Historia Universal, pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras un par de respiraciones de la naturaleza, el astro se entumeció y los animales astutos tuvieron que perecer. Alguien podría inventar una fábula como ésta y, sin embargo, no habría ilustrado suficientemente, cuán lamentable y sombrío, cuán estéril y arbitrario es el aspecto que tiene el intelecto humano dentro de la naturaleza; hubo eternidades en las que no existió, cuando de nuevo se acabe todo para él, no habrá sucedido nada. Porque no hay para ese intelecto ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero si pudiéramos entendernos con un mosquito, llegaríamos a saber, que también él navega por el aire con ese mismo pathos y se siente el centro volante de este mundo. Nada hay en la naturaleza tan despreciable e insignificante que, con un mínimo soplo de aquel poder del conocimiento, no se hinche inmediatamente como un odre; y del mismo modo que cualquier mozo de cuadra quiere tener sus admiradores, el más orgulloso de los hombres, el filósofo, quiere que desde todas partes, los ojos del universo tengan telescópicamente puesta su mirada sobre sus acciones y pensamientos.Es remarcable, que tal estado lo produzca el intelecto, él que, precisamente, sólo ha sido añadido como un recurso a los seres más desdichados, delicados y efímeros, para conservarlos un minuto en la existencia; de la cual, por el contrario, sin ese añadido, tendrían toda clase de motivos para huir tan rápidamente como el hijo de Lessing .


Información texto

Protegido por copyright
12 págs. / 22 minutos / 1.981 visitas.

Publicado el 26 de abril de 2019 por Gisell Pinedo.

Es tarde

Joel


00


Tarde


Bien, realmente, se hace muy difícil estar tratando tal tema de manera tan directa y clara; el planeta, nuestra casa, la única que tenemos se nos acaba, cada segundo, cada minuto, cada hora y cada día de los que estan pasando, se nos hace mas irreversible el problema.

Llegados a este punto, uno se pregunta: porque todos sabemos tan claramente los motivos, consecuencias y, sobretodo soluciones de este problema y no actuamos? Pues no actuamos básicamente porque de la manera en la que esta montada la sociedad actual, sobretodo en los paises más desarrollados, es un estilo de vida basado infinitamente en el consumismo y en una profunda falta de empatía que crece exponencialmente conforme consumimos, digo falta de empatía porque no nos estamos poniendo en la piel de nuestra descendencia con lo que van a sufrir con el tipo de planeta que les vamos a dejar o incluso a nosotros mismos, por ejemplo, el cambio climático ya se esta notando y se pensaba que iba a ser mucho mas tardío

Como he dicho antes, pienso que este tema debería de tratarse de manera contundente, porque al igual que hemos sido tan precozes como irresponsables al empezar a destruirnos el entorno a nosotros mismos y a las especies con las que lo compartimos, deberíamos ser igual de responsables para parar este desmesurado consumismo, está claro que no es nada fácil, está claro que no todo el mundo va a estar de acuerdo y va a parar, pero, por una sola persona que empieze a cambiar y lo contagie a más esto va a llegar a ser un movimiento en masa en contra de esas personas y empresas que estan destruyendo nuestro aire, mares, tierras y entre otros.


Leer / Descargar texto


2 págs. / 4 minutos / 89 visitas.

Publicado el 9 de julio de 2019 por Joel Roig.

Nuevos Cuentos de Pago Chico

Roberto Payró


Cuentos, Colección


El fantasma

El fantasma Las apariciones sobrenaturales de que era víctima Jesusa Ponec, traían revuelto al pueblo desde semanas atrás. Misia Jesusa las había revelado bajo sello de secreto inviolable a sus íntimas amigas: misia Cenobia, la empingorotado y tremebunda esposa del concejal Bermúdez, y misia Gertrudis Gómez, la espigadora presidenta de las Damas de Beneficencia. Tula y Cenobia las comunicaron, naturalmente, bajo el mismo sello inviolable, a sus confidentas, quienes, a su vez... Total, que todo el mundo lo sabía.

Los fantasmas suelen deambular preferentemente en las noches de invierno, cuando los vecinos se quedan en sus casas, pero a la sazón era verano, un verano de plomo derretido que mantenía en fusión el fuelle del viento norte. Así, los que se encerraban «por si acaso» desde que corrió la noticia, sudaban la gota gorda.

Tula y Cenobia escucharon, haciéndose cruces y temblando como azogadas, las primeras confidencias de Jesusa, aunque Cenobia Bermúdez fuera hembra de pelo en pecho y capaz de zurrarle la badana (como lo probó varias veces) no sólo a su esposo, sino al más pintado, y aunque Tula no tuviese temor de Dios, según decían las malas lenguas refiriéndose a cómo administraba la sociedad. Hicieron que llenase su casa de palma y boj del Domingo de Ramos, que la rociara con agua bendita, que pintara cruces en el suelo delante de las puertas, que encendiese velas de la Candelaria, que hiciera sahumerios de incienso... Y como el fantasma —que era el ánima de su marido Nemesio Ponce, comisario de Tablada— siguió apareciéndose a misia Jesusa, la aconsejaron que acudiese en confesión al cura Papagna, pues aunque éste fuera un «carcamán sin conciencia», era el único que tenía corona para conjurar al Malo y ahuyentarlo con sus «sorcismos».


Leer / Descargar texto

Dominio público
42 págs. / 1 hora, 14 minutos / 186 visitas.

Publicado el 2 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

Don Álvaro o la Fuerza del Sino

Duque de Rivas


Teatro, Drama


Personas

Don Álvaro.
El Marqués de Calatrava.
Don Cárlos de Vargas, su hijo.
Don Alfonso de Vargas, idem.
Doña Leonor, idem.
Curra, criada.
Preciosilla, gitana.
Un canónigo.
El padre guardian del convento de los Ángeles.
El hermano Meliton, portero.
Pedraza y otros oficiales.
Un cirujano de ejército.
Un capellan de regimiento.
Un alcalde.
Un estudiante.
Un majo.
Mesonero y mesonera.
La moza del meson.
El tio Trabuco, arriero.
El tio Paco, aguador.
El capitan preboste.
Un sargento.
Un ordenanza á caballo.
Dos habitantes de Sevilla.
Soldados españoles, arrieros, lugareños y lugareñas.

Jornada primera

La escena es en Sevilla y sus alrededores.


Leer / Descargar texto

Dominio público
69 págs. / 2 horas, 2 minutos / 914 visitas.

Publicado el 14 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

Primer Cuento Sobre la Esclavitud

Arturo Robsy


Cuento


—¿Puede escribirse un cuento de cualquier cosa?

—De cualquier cosa, no. De casi todas, sí.

—¿Hasta un cuento de la verdad?

—Hay verdades que, aún sin escritor, son cuentos, y muy divertidos. Hay otras que son tan verdad que parecen mentira, y por fin, de las que se pueden decir cosas interesantes: este es el caso de los sacacorchos, por ejemplo.

—¿De mí podrías escribir un cuento?

—Supongo que muchos.

—¿Cómo?

—Di tu nombre. Preséntate.

—Me llamo Pedro Martínez. Nací, según me dicen, el doce de agosto de 1948. Fui al colegio de los Hermanos: estudié hasta cuarto de bachillerato y ahora trabajo como oficial administrativo en...

—¡Chis! No importa el nombre de la empresa.

—¿No? Bueno: ¿me haces el cuento?

—De acuerdo: ¿qué hiciste el domingo pasado?

—Dormí un buen rato, para desquitarme de la semana. Luego me lavé bien, me vestí y me fui de paseo.

—¿Adónde?

—¿Adónde va a ser? A la calle. Di una vuelta solo y me encontré después con Juan: así otra vuelta acompañado. Tomamos un aperitivo en la bodega y, como no nos venía el hambre del todo, nos calzamos otro en un bar. Anduvimos un rato más y nos fuimos a comer.

—¿Y por la tarde?

—Hombre: miré la tele y me fumé unos cigarrillos. Arreglé un enchufe que daba calambre y me fui al cine de las siete.

—¿Solo?

—Solo.

—¿No tienes amigos?

—Claro que sí, pero ellos, además, tienen novia.

—Y tú, ¿por qué no?

—¿Qué quieres? Esto de las novias tiene sus más y sus menos. Cuando te enamoras de una, pues, a lo mejor, nada, te entra el miedo. En cambio cuando no lo piensas, ¡zas!, ya estás cogido.

—Pero, ¿por qué no tienes novia?

—Porque no la encuentro.

—¿Y por qué no la encuentras?

—Porque no la busco.

—¿Y por qué no la buscas?


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
6 págs. / 11 minutos / 96 visitas.

Publicado el 31 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

Toda la Verdad Sobre el Día Ocho

Arturo Robsy


Cuento


Por la mañana

El día ocho, conduciendo su OCA-6, Juan Palomo perdió la vida al colisionar su vehículo con la trasera de un camión a la altura del kilómetro once. Se supone que se le rompió la dirección al coche.
(de la prensa)
 

Su mujer le hizo pan frito para desayunar: la golosina preferida por Juan Palomo.

—¿Adónde vas hoy? —le preguntó.

—Aquí al lado. Es muy probable que consiga vender una buena partida. La semana pasada ya estuve allí y tengo casi a punto al comerciante.

—¿Seguro?

—Al menos no me dijo que me fuera.

Plegó la servilleta mientras ojeaba el periódico por encima de la taza vacía y se secó los labios despacio. La mujer le trajo el muestrario de la casa y se lo metió en el maletín.

—¿Qué hora es ya?

—Las nueve.

—Es una suerte que los niños ya vayan solos al colegio. Si no tú no podrías hacerme estos desayunos.

Se besaron junto a la puerta: el mismo beso sin importancia de todas las despedidas y de todas las llegadas.

—¿Volverás a comer?

—¿Qué tenemos hoy?

—Canelones.

—¡Hum! Pues no me los perderé. Adiós.

El OCA-6

Juan Palomo, agente comercial, fue extraído con vida de su automóvil y conducido al hospital municipal, donde se le apreciaron heridas en brazos y cuello, rotura de una de las vértebras cervicales y hemorragia interna. Llevado al quirófano, falleció antes de que se le pudiera intervenir.
(de la prensa)
 

Al terminar la guerra, Octavio Carreras Abad solo tenía juventud, ambición y perspicacia. Había servido en un batallón de automóviles y allí fue donde aprendió cuanto sabía de motores y de coches.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
5 págs. / 10 minutos / 83 visitas.

Publicado el 28 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

Teléfonos y Conquistadores

Arturo Robsy


Cuento


"Me he enterado de que llevas vida de desenfreno y que tocas la guitarra".

—Carta de un padre del siglo XIII a su hijo que estudiaba en Orleans.
 

El teléfono es un horrible artefacto lleno de maldad. Bueno: quizá el aparato sea perfectamente neutro, pero no cabe duda de que quienes lo usan llevan, a veces, perversas intenciones en la cabeza.

Y, ya que está empezado el tema telefónico, quisiera contarles la aventura de uno de mis amigos. Quizá fue trastada más que aventura, claro y, en todo caso, una broma de pésimo gusto.

Sucedió en Madrid, ciudad enorme y tentacular que se presta a muchos líos. Eran los verdes años de la vida estudiantil, que se pasan entre las paredes de las aulas y las de las pensiones, y que justifican, por lo tanto, la tendencia bohemia que algunos jóvenes venimos a manifestar.

Por entonces no era raro que prolongásemos la velada hasta las dos de la madrugada en alguna entrañable tasca, que nos reuniésemos en el piso de cualquier amigo a bailar con la música de moda, o que nos sorprendiera el alba devorando chocolate con churros o engullendo sopa de cebolla en cualquier figón.

Tampoco nos era extraño despertar con zumbidos en la cabeza, escalofríos y malestar general a causa de los alegres trasiegos de la noche, o con borrones en la memoria, borrones que nos impedían recordar dónde nos dieron tal tarjeta que guardábamos en la cartera, o en qué lugar nos desollamos los nudillos de la derecha.

Compruebo que estoy tratando de disculparnos antes incluso de explicar lo que pasó. Y lo triste es que no hay más excusa que ésta: nuestra condenada afición al juergueteo, a las discusiones del alba, al noctambulismo y a ese néctar opalino de efectos milagrosos que, en Madrid, suele llamarse Valdepeñas blanco o Blanco simplemente.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
6 págs. / 11 minutos / 71 visitas.

Publicado el 26 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

159160161162163