Textos publicados el 1 de enero de 2019

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fecha: 01-01-2019


¡Pobre Dolores!

Fernán Caballero


Novela corta


Capítulo I

Hay gentes en este mundo que no pueden contar con nada, ni con la casualidad, pues hay existencias sin casualidades.

— Balzac
 

Entre Sanlúcar de Barrameda, que despide al Betis, y la pulida Cádiz, que se abre paso entre las olas, como para ir al encuentro de sus escuadras, en una saliente elevación de terreno, se ha asentado Rota, pueblo que, aunque tranquilo y modesto, es de noble y antiguo origen, como lo atestiguan la historia y su magnífico castillo perteneciente a los duques de Arcos, tan bien conservado y tan cuidado... que han pintado sus rejas de verde: Los seculares cantos sillares que forman los robustos muros del castillo, y el fresco verde casino con que han cubierto sus sólidas rejas, forman no sólo un contraste, sino una disonancia que las personas entendidas y de buen gusto comprenderán mejor de lo que nosotros pudiéramos decir.

Hacia el lado que mira al Sudoeste, esto es, el que hace frente al Océano Atlántico, el elevado terraplén en que se asienta el pueblo desciende abrupta y perpendicularmente desde una gran altura hasta la playa. Ésta presenta el uniforme aspecto que da el contacto del mar a la tierra que lame; muertas arenas alternativamente bañadas y abandonadas por las olas, en las que se busca con indistinto ahínco algún curioso secreto del mar lanzado de su profundo seno, algún triste vestigio de un ignorado y solitario naufragio, pero en las que sólo se hallan inocentes y lindas conchitas; algunas estrellitas del mar, que perdieron su luz con la vida; espumas que, arrojadas por las olas que les dieron ínfulas y brillo, decaen mustias y deslustradas; pesadas y trasparentes aguas malas metidas en su masa de flema cristalina, como la yema del huevo en la clara, pobre pólipo que no se sabe si está vivo o está muerto, porque en él tan inerte es la vida como la muerte; algún torpe cangrejo que alza su deforme...


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Dominio público
79 págs. / 2 horas, 18 minutos / 36 visitas.

Publicado el 1 de enero de 2019 por Edu Robsy.

Las Dos Gracias

Fernán Caballero


Cuento


Capítulo I

A la caída de una tarde de invierno, apenas hubieron concluido de tocar la oración las campanas de la hermosa iglesia de la ciudad de Carmona, cuando trocando la gravedad de los sonidos que llaman a la oración, en gozoso repique, anunciaron el bautismo de un recién nacido.

Poco después salió del templo una numerosa comparsa de bien acomodados menestrales, echando el que iba al lado de la madrina, que llevaba la criatura, monedas de cobre con gran profusión a una turba de chiquillos que a grandes gritos pedían el pelón.

Al cabo de media hora salió igualmente de la iglesia una mujer que llevaba también una criatura en brazos, sin más acompañamiento que un anciano al parecer, que vestía un uniforme raído, un sacerdote, y un niño.

—Entre tanto, el cura de la parroquia inscribía en sus libros: «Hoy 4 de Febrero de 184... bauticé a María de Gracia, hija de Josefa Martínez, y de Mateo López, maestro carpintero de esta ciudad».—Y en seguida con igual fecha:

«Bauticé en el mismo día a María de Gracia, hija de doña Teresa Espinosa de los Monteros, y de D. Ramón Vargas de Toledo, Caballero de Alcántara, coronel que ha sido de infantería».

La comparsa que fue acompañada por la bulliciosa turba hasta su casa, al entrar en ella se dirigió a la alcoba de la parida, a la que puso la madrina la criatura en los brazos diciéndole:

—Aquí tienes a tu hija cristiana, Dios te dé a ti salud para criarla, y a ella el salero y gracia de su madre, para que le venga bien el nombre de Gracia que se le ha puesto.

La parida recibió a su niña, que era hermosa y robusta, con una alegría que aumentó la de los demás, los cuales, reunidos por el padre de la recién bautizada al rededor de una mesa cubierta de bizcochos, dulces y botellas de licor, empezaron a beber con ruidosa algazara a la salud de la madre y de la hija.


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Dominio público
91 págs. / 2 horas, 40 minutos / 40 visitas.

Publicado el 1 de enero de 2019 por Edu Robsy.

La Estrella de Vandalia

Fernán Caballero


Novela


Prólogo

Al comenzar estas pobres líneas, miserable fachada que pego con vergüenza a dos tan graciosos monumentos, y al escribir de novelas, según creo, por primera vez, después de tanto como he escrito en este mundo, juzgo que mis lectores no llevarán a mal el que principie confesándome con ellos sobre esta materia, a fin de que conozcan desde luego mis aficiones, mis hábitos, casi iba a decir mis doctrinas, algo de lo que siento y lo que pienso acerca de una lectura tan generalizada en nuestro siglo y en nuestro país.

Declaro, en primer lugar, que soy enteramente de éstos, —de mi país y de mi siglo,— en el particular de que estamos hablando: declaro que la buena novela me enamora, me cautiva, me arrastra; que pocas distracciones tienen para mí un encanto igual; que embebido en saborearlas y aún en devorarlas, he pasado y paso todavía horas y horas, discurriendo con sus autores, viviendo con sus héroes, tomando una activa parte en la ficticia, escogida existencia que son su atmósfera y su terreno. Si éste es un defecto, por ventura; si todas las personas graves y formales que me oyeren lo estiman una aberración de juicio o una puerilidad de carácter, inclinaré la frente y me someteré al rigor de la sentencia común. Pero si hay algunos que conciban semejante ocupación como un decente y provechoso solaz en medio de las pesadas tareas del foro y de las acerbas realidades de la vida pública; si los hay para quienes esa afición a lo distinguido, a lo romancesco, a lo ideal, pueda elevar el ánimo, perfeccionar el gusto, inspirar amor a lo bueno y a lo bello, contribuir, en una palabra, al ennoblecimiento de nuestro espíritu y a la mejora de nuestro ser; permítaseme entonces que me confirme y aferre en mi costumbre, y que ya que no haga gala de una impenitencia procaz, diga sencillamente, pero sin rubor, que tengo pasión por las novelas, como la tienen algunos...


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Dominio público
109 págs. / 3 horas, 12 minutos / 35 visitas.

Publicado el 1 de enero de 2019 por Edu Robsy.

Amor con Amor se Paga

José Martí


Teatro


La escena pasa en nuestros días.

Acto único

Salón elegantemente amueblado; puerta al fondo.

ELLA esperaba; ÉL entra.

ELLA.
Vino el caballero a punto.

ÉL.
Venir a punto era fuerza.
A caballeros las damas
Nos obligan, cuando ruegan.

ELLA.
Envidiáraos por cortés
La vieja corte francesa;
Pero ésa es prenda del hombre,
Y aunque es necesaria prenda,
En el asunto a que os llamo
He menester al poeta.

ÉL.
Pues qué, ¿poeta y hombre acaso
Serán dos cosas diversas?
¡Con nacer y con amar
Cuánta poesía está hecha!

ELLA.
(Con interés mal disimulado.) ¡Qué, amáis!

ÉL.
(Con intención.) ¡Sí, amo!

ELLA.
(Abandonando precipitadamente la idea.) Dejad
Inoportunas querellas
Que os distraerían

ÉL.
Y ¿a vos
No?

ELLA.
(Sonriendo.) Tal vez me distrajeran.
Es ello que necesito
Para hoy mismo una comedia.

ÉL.
Comedia, ¿y para hoy?... ¿Qué, acaso
Fénix renace el gran Vega,
O de los dos Calderones
Ha vuelto alguno a la tierra?
¿Y el enredo? ¿Y la enseñanza?
¿Y aquellas galas poéticas,
Blonda sutil del lenguaje
Que lo borda y hermosea?

ELLA.
No os pido cosa tan alta:
Quiero una obrilla modesta,
Juguete, ensayo, proverbio...

ÉL.
¡Facilidad como ella!

ELLA.
Sabéis que en casa, el teatro,
Por cierto, no es cosa nueva:
De moda han puesto mi casa
Para tertulias y fiestas,
Y yo amenizo las noches
Representando comedias.
Así las horas distraigo,
Y tal vez sencillas penas.
(Con malicia.) Y dolores de viudez
Que ya en mis años aquejan.

ÉL


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Dominio público
10 págs. / 18 minutos / 104 visitas.

Publicado el 1 de enero de 2019 por Edu Robsy.