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fecha: 01-06-2021


Perro de Sulky

Francisco A. Baldarena


cuento



Lo llamaban Sombra, porque siempre estaba tirado debajo del sulky. Un galgo negro como un carbón que no servía ni pa perro, como decía su dueño, don Rigoberto Benavídes. Y que se note que digo estaba y no andaba, porque de hecho cuando no acompañaba trotando debajo a don Rigoberto cuando él usaba el sulky, el Sombra se mantenía echado a su reparo. Y se dirá que exagero, si digo que no salía de debajo del sulky más que para lo mínimo indispensable y que se entienda esto como lo más básico de lo básico, es decir, para sus necesidades fisiológicas y para comer, siempre y cuando no pudiera llevarse la comida debajo del sulky, además de beber en el bebedero de las vacas. Después no había santo que lo hiciera moverse de ahí. Podían caer rayos y centellas que lo máximo que hacía era pararse para no encharcarse el cuerpo; los extraños podían entrar como pancho por su casa y llevarse todas las vacas y todos los chanchos y el gallinero entero que muy posiblemente ni se molestaría en ladrar. Y si una perra alzada quería aparearse con él, tenía que arrimarse debajo del carro, de lo contrario, que se la montara el perro de la esquina.


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Publicado el 1 de junio de 2021 por Francisco A. Baldarena .

El Disgraciao

Francisco A. Baldarena


cuento


Después que el pulpero volvió a llenar los vasos, siguió hablando: 

   Como le dicía, jué el golpazo contra el suelo, lo que me hizo dispertar del sueño atordonao en que me encontraba sumido. La noche recién empezaba a retirar su manto oscuro y entuavía estaba frío. A mi lao, el Flechazo hacía sonar los cascos contra el suelo. Cuando me levanté, me di cuenta del dolor en las ancas y el hombro del lao de la caída. Entonce recordé tuito. Que estuve en el boliche del Perro Eleuterio, bebiendo y martirizándome, ande había ido dispué de las muertes. Que me senté en el rincón más oscuro y que me puse a embuchar copa tras copa, esperanzao de olvidar la traición de la Mercedes y el mal amigo que resultó ser el Eulalio Fajardo. Pero por más que tomaba y tomaba, la imagen de los cuerpos desnudos como Dios los trajo al mundo, entrelazaos en un hueco en la parva de lino, a un costao del corral de las vacas, no me salía de los ojos ni apretando con juerza los párpados. 


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Publicado el 1 de junio de 2021 por Francisco A. Baldarena .