Textos más descargados publicados el 7 de abril de 2019 que contienen 'u' | pág. 2

Mostrando 11 a 15 de 15 textos encontrados.


Buscador de títulos

fecha: 07-04-2019 contiene: 'u'


12

El Nacimiento de la Verdad

Juan Cortés de Tolosa


Cuento, Alegoría


Nació la Verdad en un lugar grande, pero poco poblado. Fueron sus padres la Razón y el Desengaño. Salió embuelta en un capillo, no por afortunada sino por pobre. Por la calidad de sus padres no le estuvo mal el don: éste fue de sabiduría. Fue su rostro blanco y sus faciones hermosíssimas; fue creciendo siempre tan delicada como se suele dezir della. Procuró arrimarse a buenos y huyeron su compañía, que, aunque era muy hermosa, tenía mal olor en la boca. Ya era de razonable edad quando se le pegaron muchos, que dixeron ser sus amigos: parecieron antes sus deudos en lo poco que hizieron por ella.

En ésta empeçó a exercitar su oficio. Passó ansí que, al desembocar de una calle, oyó que en una casa davan grandes gritos, a cuya puerta dixo:

—Dezid que está aquí la Verdad.

Un pobre hombre, a quien su muger dava tormento de toca, basquiña, ropa, jubón y otros adereços, dixo:

—Entre y sea muy bien venida. Veamos si tengo para dar todo esso junto.

Entró, y apenas la huvo visto la muger quando, con grandes gritos, llamó a su madre. Salió la vieja con unos colmillos de javalí y, vista de la Verdad, con apresurados passos se bolvió por donde avía entrado, que ni un gigante tan grande se atreve con una suegra. A quien siguió el desconsolado marido, diziéndola:

—No acabo de entender esta muger: dize me quiere mucho y dame pesadumbres de muerte. Dezidme, pues todo lo sabéys, qué quiere dezir esto o a dónde está el remedio.

A quien la Verdad dió por respuesta:

—En quanto a la suegra, ¡Dios se duela de vos! A que no la acabáys de entender, digo que no tan malo, pues otros aún no han empeçado con las suyas o no quieren empeçar. Creedme que esto de entender estas damas es como relación de balbucientes, que siempre están los que los oyen en los principios. A que dónde está el remedio, digo que según lo que he oýdo, que en la puerta de Guadalajara.


Leer / Descargar texto

Dominio público
27 págs. / 48 minutos / 130 visitas.

Publicado el 7 de abril de 2019 por Edu Robsy.

El Desgraciado

Juan Cortés de Tolosa


Cuento


Tuvieron principio en Sevilla las vidas de dos grandes amigos, llamado el uno don Eugenio y el otro don Fadrique, ciudad por tantas razones insigne, a cuyas puertas paren cada año las Indias. Y principió su amistad desde que en el escuela se conocieron, donde, excediendo del límite pueril, de dos voluntades hizieron una, doliéndose el uno de los infortunios del otro, como recreándose con sus plazeres; tanto, que si a los descuydos de aquella edad aplicava el maestro la medicina a ella conveniente, pedía el uno fuesse él el castigado porque su amigo quedasse essento dél, como si huviera hecho por que padecerle.

De manera que diremos mejor que en Sevilla nacieron los segundos Orestes y Pílades, de quien se cuenta que, como en cierta ciudad huviesse costumbre de sacrificar a los dioses la décima persona que entrasse en ella y ésta fuesse Pílades y la novena Orestes, no se pudo averiguar quién era Pílades y quién fuesse Orestes, porque los dos afirmavan llamarse Pílades, ofreciéndose cada uno de muy buena voluntad a la muerte porque el otro no perdiesse la vida. De suerte que entre ellos se amava lo que más se aborrece y se aborrecía lo que más se ama como es la vida, evidente prueva de su recíproco amor, porque, si acudir con el hazienda es bastante prueva dél, acudir con la vida ¿qué será? No tener más que ser. Causó pues tanta admiración a los executores de diezmo tan inhumano, que dexaron a los dos con ella.


Leer / Descargar texto

Dominio público
43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 136 visitas.

Publicado el 7 de abril de 2019 por Edu Robsy.

La Cordobesa

Juan Valera


Ensayo


El editor de esta obra tuvo la bondad de encomendarme, un siglo ha, uno de sus artículos; y yo, como es natural, elegí la cordobesa, por ser la provincia de Córdoba donde he nacido y me he criado.

Mi extremada desidia me ha impedido hasta ahora cumplir mi palabra de escribirle. Tal vez para cohonestar esta falta me presentaba yo un sinnúmero de dificultades y objeciones, por cuyo medio trataba de condenar el pensamiento del editor, a fin de justificar mi tardanza en contribuir a su realización con mi trabajo.


Leer / Descargar texto

Dominio público
29 págs. / 51 minutos / 156 visitas.

Publicado el 7 de abril de 2019 por Edu Robsy.

El Sochantre de mi Pueblo

Ginés Alberola


Novela


I

Limpia como los chorros del agua y madrugadora como las alondras del campo, Isabel, de antiguo había puesto singular empeño en que la escuela regentada por su padre apareciese a diario, desde el amanecer, con el bruñido brillo que los almireces, velones, calderas, sartenes, perolas, ollas, platos, aparecían colocados por los testeros de la cocina y sobre el pretil de la chimenea, en la parte de casa reservada a la familia.

La escuela, como el hospital, como la cárcel, como el cementerio, como todos los establecimientos públicos por las regiones meridionales, carece en absoluto no ya de esplendor, sino hasta de condiciones higiénicas. Se cuidan más los ediles, con su alcalde a la cabeza, en las horas del reparto territorial de favorecer los intereses propios que los del amigo; y mas los intereses del amigo que los del pueblo. Se atiende allí con mayor solicitud a los gastos de cualquier fiesta religiosa que a los gastos de cualquier mejora pública.

Pocos espectáculos tan tristes como los ofrecidos por los ayuntamientos de los pueblos, aun en sus mis solemnes sesiones. No se discute allí por el bien común, sino por el medro y la granjería particular. No libran los ediles unos con otros altas polémicas que tengan por fin mejorar el estado de una población más o menos populosa, pero al fin y al cabo de una población entera, se pelean como lobeznos hambrientos por repartirse el botín municipal. Los nombramientos de este alguacil, de aquel sereno, de tal escribiente, de cual sepulturero, interesan más, mucho más que el medio y manera de allegar recursos para cosa tan innecesaria, a su juicio, como un establecimiento de educación intelectual.


Leer / Descargar texto

Dominio público
134 págs. / 3 horas, 55 minutos / 91 visitas.

Publicado el 7 de abril de 2019 por Edu Robsy.

El Hampón

Joaquín Dicenta


Cuento


I

En las oficinas, acodado contra la saliente de un ventanillo, sobre el cual pintaron con negro la palabra JORNALES, recoge los suyos un hombre de piernas recias y ancha espalda. Bajo la chaqueta, se dibujan poderosos los músculos del bíceps; los de la pantorrilla se apelotonan tras el remendado pantalón, poniéndole a punto de estallar, cuando las piernas hacen firme. La cabeza del minero, embutida en el semicírculo que traza el ventanillo apenas descubre ásperos remolinos de la barba azabache; un sombrero ancho, con repujadura de mugre, cae a ras de su nuca; por ella se desparraman mechones rebeldes que se retuercen hacia arriba, para componer tufos encima de la oreja.

Cuatro manos vienen y van por una tabla que, interiormente, angula el ventanillo. Dos de estas manos, las que se mueven más adentro, pálidas, blanduchas, apilan en la tabla monedas; las otras dos manos, deshechuradas y callosas, cuentan las monedas y las hacen rebotar sobre el mostrador, una a una. Cuando rebota la última, la mano izquierda del minero sale del ventanillo y desaparece en los repliegues de la faja; vuelve a aparecer, extendiendo un pañuelo de hierbas; va el pañuelo a la faja, repleto de medias pesetas, pesetas y duros, y el hombre, apoyándose en los codos, endereza el busto dando frente a una puerta, por cuya vidriera, alambrada y sucia, se ciernen los rayos solares en átomos plomizos.

Aquella media luz recorta fantásticamente la imagen del minero. Su cuerpo erguido, apoyado en las piernas, deja ver por la camiseta desabrochada un pecho velludo y un cuello de cíclope; sobre él posa con arrogancia la cabeza, mostrando, entre las marañas de la barba y del pelo, dos grandes ojos verdes que relampaguean bajo unos cejales endrinos, una corva nariz; y unos labios que se contraen, descubriendo los dientes blancos, puntiagudos y cabales.


Leer / Descargar texto

Dominio público
37 págs. / 1 hora, 6 minutos / 112 visitas.

Publicado el 7 de abril de 2019 por Edu Robsy.

12