Textos más vistos publicados el 19 de octubre de 2017 | pág. 2

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fecha: 19-10-2017


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El Hombre que No Era Nadie

Edgar Wallace


Novela


1. Una carta misteriosa

Bien, ¡ya le has cazado! ¿Que piensas de él? Los labios delgados de August Javot esbozaron una cínica sonrisa, mientras contemplaba el espectáculo. La confusión reinaba en el pequeño gabinete; los muebles habían sido arrimados a las paredes, a fin de dejar a los bailarines un poco más de espacio. La mano de un borracho había arrancado un aplique eléctrico de un tabique, y un gran jarrón de lilas blancas había sido roto y arrojado al suelo, donde yacía, formando un montón de trozos de china y flores deshojadas. En un rincón de la estancia lanzaba sus notas mecánicas una pianos, y media docena de parejas se movían al compás de un pasodoble, dando pasos vacilantes entre una babel de risas y chillidos histéricos.

La hermosa muchacha que estaba al lado de August Javot paseó la mirada por la habitación; y detuvo los ojos en un joven enrojecido, que en aquel momento trataba de sostenerse en el aire con las manos apoyadas en la pared, animado por los ensordecedores gritos de otro, que parecía algo más sereno que el acróbata improvisado.

Alma Trebizond levantó ligerísimamente las cejas; y se volvió para mirar a Javot.

—No se puede escoger —dijo con aire de satisfacción—, ¿no le parece? Pero es un baronet del Reino Unido y tiene una renta de cuarenta mil libras al año.

—Y el collar de diamantes de los Tynewood —murmuró Javot—. Será una cosa original verte con cien mil libras en diamantes alrededor de tu lindo cuello, querida.

La muchacha lanzó un largo suspiro, como persona que se ha atrevido a mucho y que ha alcanzado más de lo que esperaba.

—Todo ha ido mejor de lo que yo creía —dijo, y añadió—: He puesto un anuncio en los periódicos.

Javot la miró fijamente. Era un hombre de rostro delgado, anguloso, algo calvo. Sus ojos parecían los de un halcón, cuando se volvió hacia la joven para observarla con seriedad.


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Protegido por copyright
136 págs. / 3 horas, 58 minutos / 190 visitas.

Publicado el 19 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

La Pista de la Llave de Plata

Edgar Wallace


Novela


Capítulo uno

Todos estaban en el negocio: Dick Allenby, inventor y heredero presunto; Jerry Dornford, catasalsas, hombre de sociedad y vagabundo; Mike Hennessey, aventurero de teatro; Mary Lane, actriz de segunda categoría; Leo Moran, banquero y especulador, y Horace Tom Tickler, que estaba muy metido en esto, aunque no sabía una palabra.

Mister Washington Wirth, que daba reuniones y adoraba la adulación; el viejo Hervey Lyne y el paciente Binny, que empujaba su silla, le hacía el desayuno y escribía sus cartas, y Surefoot Smith.

Llegó el día en que Binny, que era un asiduo lector de periódicos dedicados a los aspectos más pintorescos del crimen, se encontró a sí mismo como foco de atención, y sus declaraciones, leídas por millones de personas que hasta entonces desconocían su existencia. Una maravillosa sorpresa.

Las reuniones de mister Washington Wirth eran de lo más escogidas y, en cierto modo, selectas. Los invitados eran seleccionados con cuidado y no podían, siguiendo la costumbre de los tiempos, invitar a los no invitados a que los acompañaran; pero eran, según decía Mary Lane, un curioso grupo. Ella iba porque Mike Hennessey se lo pidió y a ella le gustaba el grueso y letárgico Mike. La gente le llamaba el pobre viejo Mike, a causa de sus bancarrotas, pero, precisamente en esta época, condolerse de él no hubiera sido oportuno. Había encontrado a mister Washington Wirth, empresario de teatros, que era un hombre muy rico.


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Dominio público
206 págs. / 6 horas, 1 minuto / 410 visitas.

Publicado el 19 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

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