Textos más populares este mes publicados el 23 de octubre de 2021 | pág. 2

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fecha: 23-10-2021


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La Torta

Christoph von Schmid


Cuento infantil


Fritz era un niño de diez años, vivo y despejado, hijo del cazador de Grunental. Un día su padre tenía que llevar una carta al propietario de Laroche, castillo situado entre espesos bosques, y en el corazón de unas montañas salvajes—Difícilmente podré hacer este camino,—dijo el cazador.—No hace mucho que me lastimé un pie, que no tengo curado todavía, y hay tres leguas largas desde aquí á Laroche; pero como precisamente me lo manda mi amo, debo obedecer.

Oyendo estas palabras de su padre, le contestó Fritz:—Deme V. su comisión, y la cumpliré por V. Si bien es verdad que pasa el camino entre dos espesos bosques, pero esto no me da miedo alguno, Lo conozco todo, hasta la piedra, que forma nuestros límites; lo encontraré, y entregaré la carta.

—Pues, anda,—continuó su padre:—pero cuidado; que pongas la carta en manos propias: encierra mucho dinero, y seguramente que te darán una propina.

Y enseguida le explicó minuciosamente el camino, Fritz tomó su saquito de caza y su pequeña carabina, y emprendió el camino.

Llegó felizmente al castillo de Laroche y suplicó á los criados que lo comunicaran á su dueño. Subió magníficas y largas escaleras de piedra, y entró en una bellísima habitación. El señor del castillo estaba entonces ocupado en el juego de naipes. Fritz se inclinó profundamente en su presencia, y le entregó la carta que contenía una crecida cantidad. El caballero se levanta; pasa á su escritorio, escribe algunas palabras que entrega á Fritz, y se sienta otra vez al juego diciéndole estas palabras:—Está muy bien: puedes partir, que yo más tarde ya enviaré otra contestación.


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9 págs. / 16 minutos / 112 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

El Antiguo Castillo

Christoph von Schmid


Cuento infantil


I

En el fondo de una montaña poblada de espesos bosques residía un carbonero llamado Roberto. La cabaña era de madera y estaba construida sobre una peña, la cual estaba rodeada de un valle fértil y muy ameno. Un pequeño riachuelo serpenteaba en el fondo; y muchas veces con las lluvias se salía de madre, convirtiéndose en impetuoso torrente que arrastraba ramas, arbustos, piedras y troncos de árboles. Todo el territorio que estaba al exterior del ralle era en parte árido y en parte poblado dé árboles seculares, de modo que aquel sitio era solitario y poco frecuentado. Sólo el carbonero lo tenía bien medido, No se veía, exceptuada la cabaña, ninguna cosa hedía por mano del hombre, todo pertenecía exclusivamente á la naturaleza.

A poca distancia de la cabaña había una cantera envuelta en un pinar y en la cúspide de dicha montaña descollaba una torre en ruínas, restos de un antiguo castillo feudal que últimamente fué habitado por una banda de foragidos. En aquella soledad vivía Roberto con Eduvigis su esposa y sus dos hijos Nicolás y Tecla: y pasaban muchas semanas sin ver á otro sér humano. Los únicos seres vivientes que concurrían en el valle eran muchas liebres y cabras monteses y algunas veces bajaba al arroyuelo algún ciervo cansado de correr. Roberto empleaba el día cortando lena y quemándola para obtener carbón: tan pronto la encendía en un lado del bosque, tan pronto en otro, según como se le presentaba la ocasión; su mujer cuidaba de la casa y en los momentos libres hilaba; Nicolás guardaba un rebañito de cabras y Tecla tenía á su caro media docena de ovejas que apacentaban en los bosques del arroyuelo. Juntos vivían pacíficamente como buenos cristianos sin tener más deseos, ni más idea del mundo que su cabaña y aquella pacífica soledad.


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Dominio público
11 págs. / 20 minutos / 104 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Cuentos Nuevos

Christoph von Schmid


Cuentos infantiles, colección


La capilla del bosque

Habiendo terminado su aprendizaje de calderero un joven sano y vigoroso, llamado Conrado Erliebe, tomó el partido de viajar por espacio de tres años, á fin de perfeccionarse en su profesión.

Vestía sencillo, pero decentemente; y echada á las espaldas su maleta, y apoyándose en su palo á modo de peregrino, emprendió alegremente su viaje. Hacía ya algunas horas qué estaba caminando, á pesar de ser un día caluroso de verano, cuando se encontró de repente en el corazón de un espeso bosque.

En vano procuró dejarlo; bien pronto quedó perdido enteramente; vagó por largo tiempo á la ventura, sin que pudiese encontrar el menor rastro de camino. El sol iba á ocultarse en las próximas montañas, é iba ya Conrado á entregarse á la inquietud y la tristeza, cuando advirtió á lo lejos el campanario de una capillita que se levantaba por sobre de unos melancólicos abetos, y al cual tocaban todavía los últimos rayos del sol. Tomó aquella dirección y en breve dió con un camino que le condujo al pie de la capilla, situada sobre una eminencia coronada de fresco verdor.

A su vista, recordó Conrado los consejos de su padre, que acostumbraba decirle: «Hijo mío; si está en tu mano, jamás pases por una capilla abierta, sin entrar y orar en ella. Piensa que ha sido construida para servir la adoración de Dios; y que su elevado campanario es para nosotros á la manera de un dedo que nos muestra el cielo. Cómo podrías, pues, pasar por alto ninguna ocasión de levantar tu alma á Dios y arrodillarte en la presencia de nuestro bienhechor supremo? Un cuadro que llame tu atención; una sentencia que leas por curiosidad, pueden inspirarte, sin que tú lo adviertas, valor y una santa confianza, y hacer que nazcan en tí las más santas resoluciones».


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81 págs. / 2 horas, 23 minutos / 172 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Artículos Ligeros sobre Asuntos Trascendentales

José Tomás de Cuéllar


Artículo, crónica


Los faroles

No es nuestro ánimo tratar aquí de los hombres vacíos á quienes el mundo llama faroles, ni de autoridades caricaturescas á quienes suele llamárseles farolones, ni tampoco de aquéllos á quienes por vanos, pretenciosos y farsantes se les dice faroleros. Lejos de nosotros tan mezquinas personalidades. Vamos á ocuparnos simplemente de la importancia social del farol; mueble cuya principal calidad es estar vacío, y que á nosotros se nos antoja que está lleno de muchas cosas importantes, curiosas y buenas de contarse, por ser un tanto cuanto trascendentales.

Los mexicanos de la presente y de las pasadas generaciones, á contar de algún tiempo después de la conquista, hemos nacido viendo faroles: solo que, desde el tiempo de los virreyes hasta la independencia y poco después, los faroles tenían para nosotros casi exclusivamente esta significación: la iglesia. El culto católico fué, mientras pudo, introductor, mantenedor y consumidor de los faroles.

Los faroleros (hablamos, se entiende, de los constructores de faroles, y no de las personas de quienes desde un principio dijimos que no queríamos hablar) los faroleros, pues, han debido ser dos veces afectos al culto; porque este culto con faroles, era además de su religión, su subsistencia.

Ya se recordará que esta dichosa capital, con sus doscientas iglesias, sus doscientas fiestas titulares, sus doscientos novenarios y octavarios, en todo lo que, lo primero indispensable eran los faroles, debió llegar á acopiarlos en cantidades fabulosas.


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230 págs. / 6 horas, 43 minutos / 96 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

El Despertar de Budha

Vicente Blasco Ibáñez


Novela corta


I

El príncipe Sidarta era el hombre más feliz de la India.

Brahma, el divino soberano de los cielos, habla juntado en su persona el valor de Rama, paladín invencible de las leyendas, con la profunda sabiduría de los poetas solitarios que en las laderas del Himalaya, lejos de los hombres, pasaban su vida componiendo himnos religiosos.

Su padre era Sudhodana, de raza guerrera, rey de Kapila, que sostenía con su espada la conquista del territorio indio realizada por sus antecesores. Su madre, la gentil Maya; y según contaban los poetas de la corte, habíalo concebido en un bosquecillo del palacio de los Cisnes, tendida en lecho de marfil, cubierta por la lluvia de rosas que desde lo alto lanzaban las divinidades absortas ante su belleza y viendo en sueños cómo descendía del cielo un pequeño elefante blanco como la espuma del mar, que dulcemente penetraba por su costado izquierdo.

Murió la hermosa Maya, segura de haber sido escogida por Brahma para dar al mundo un sér que, por su sabiduría, seria adorado por los hombres.

Y el rey Sudhodana casi no pudo llorarla, ocupado únicamente en la educación y cuidado de su hijo.

¡Dichoso príncipe Sidarta! Jamás se vió educación mejor aprovechada ni progresos tan asombrosos.

Aquel muchacho, nacido en el bosquecillo de Lumbini en una noche serena, al susurro de las altas palmeras, entre los suspiros de las rosas y contemplado desde lo más profundo del cielo por los cien mil ojos de Brahma que parpadeaban como inquietas estrellas, sabia todo lo humano, presentía lo desconocido y no abría la boca sin que experimentaran asombro los brahmanes y guerreros de la corte de su padre.


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43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 125 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Los Cangrejos

Christoph von Schmid


Cuento infantil


Catalina, era una joven muy amable, aplicarla, laboriosa, y bastante bien educada; pero tenía un gran defecto: el de ser extremadamente golosa. Sus padres tenían la tienda más hermosa de una pequeña población; y siendo todavía muy niña Catalina, ya no podía resistir á la tentación de visitar los cajones de la tienda, y tomar algunas almendras, higos y pasas. Cuando fué más crecida, vendía secretamente un pedazo de tafetán ó de algodón, ó alguna vara de cinta ó de encaje, á fin de comprarse alguna golosina: y cuando por la tarde salían sus padres á paseo, entonces tenía grande gusto en tomarse una taza de té ó de chocolate, ó en asar y comerse un pichón ó un pollito.

Un día, salió su padre del pueblo para ciertos negocios, y la madre fué convidada á unas bodas. Según su costumbre, quiso aprovecharse Catalina de aquella libertad en que la dejaban; convidó á tres amigan suyas á que la visitaran, y las ofrece café, tortas, uvas y atrae frutas, un hermoso mazapán, y buen vino de Málaga; en una palabra, puso la mesa cubista de cosas buenas en tal modo; que apenas había sitio para otro plato. Las cuatro jóvenes comenzaron á aficionarse á la comida, y empezaron á reir y á conversar; pero he ahí que á la mitad de la fiesta se abre de repente la puerta y aparece la madre de Catalina seguida de otra señora. Las tres convidadas se levantaron estupefactas, y Catalina hubiera querido sepultarse bajo la tierra. Su madre se calló por el momento, y se fué con aquella persona al almacén. Esta era una señora campesina que también había sido convidada á las bodas, y que después de comer quiso aprovechar la ocasión y hacer algunas compras.


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6 págs. / 11 minutos / 85 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Las Guindas

Christoph von Schmid


Cuento infantil


En la pequeña y hermosa aldea de Rebenim, cercado de preciosos y riquísimos viñedos y situada en las márgenes del Rhin, habitaba un respetable procurador que se llamaba Muller. Todo el mundo le quería; pues tenía grande celo en cumplir los deberes de su cargo, y conservar la justicia en todas partes y el buen orden, Su esposa también se hacía estimar por su genio bienhechor hacia los pobres. No tenían más hijos que una tierna niña llamada Carolina, distinguida por su belleza, por su mucha discreción, y por la excelencia de su corazón. Sus padres le profesaban un cariño bien explicable y procuraban darle la más buena educación posible.

En la casa del procurador había una grande huerta y un pequeño jardín cubierto de flores. El día que nació Carolina, su padre plantó en el jardín un guindo de una especie particular, que siempre queda pequeño de tal suerte, que sin dificultad se cogen con la mano los frutos que produce. Cuando este árbol; tizo flores por la primera vez, el procurador y su mujer admiraban deliciosamente los bellos ramitos de que estaba cubierto; y su hija, sentada en los brazos de su madre, sonreía como ellos, y extendía bacía el árbol sus tiernas manecitas, profiriendo palabras casi incomprensibles, pero que sus buenos padres entendían perfectamente. Cuando la oyeron gritar: «flores! flores!» fué tal la alegría que les dió, que sin pararse en el árbol, las viñas, ni el jardín en que se hallaban, quedaron extasiados contemplándola. Desde aquel instante prometieron piadosamente á Dios emplear todo su cuidado en criarla religiosamente, y le suplicaron que les ayudara en tan santa obra, y la hiciese tan buena como ellos deseaban.


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11 págs. / 19 minutos / 63 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

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