Mayerling
ClaudeAnet
Novela
PRÓLOGO
Era una amplia estancia, de techo alto y ricamente amueblada. Sus dos ventanas daban a un parque de altos árboles se alzaban demasiado cerca de la casa. Un biombo apenas lograba aislar del resto de la habitación aquella cama, colocada en el centro, en ella yacía una joven. Su cabello era castaño, cuidadosamente trenzado, se extendía sobre la almohada formando una especie de aureola alrededor de su cabeza. Su rostro, aunque marcado por el dolor, conservaba bien su belleza; suss cejas fruncidas dibujaban una línea recta. De sus labios finos y bien delineados escapaba, de vez en cuando, un gemido, y bajo la sábana que la cubría se podía notar cómo su cuerpo se tensaba.
Junto a la cama permanecía un grupo de personas atentas: un anciano vestido de frac, con una condecoración prendida en la solapa; un hombre más joven, de aire inteligente, con bata blanca; y dos enfermeras. En el momento en que toda mujer, herida en su cuerpo y en su pudor, tiene derecho a permanecer en privacidad, varias personas rodeaban a aquella mujer que sufría. Pertenecía, en efecto, a una casta en la que ni el dolor ni la alegría podían mantenerse en secreto, y la emperatriz de Austria, Isabel, de apenas veinte años, estaba en la obligación de dar a luz en público.
Junto a una de las ventanas se encontraba un hombre bajo y rechoncho, de piernas cortas: Su Alteza Imperial y Real, el archiduque Raniero. Conversaba en voz baja con el consejero íntimo Carlos Fernando, conde de Buol-Schauenstein. Otros tres personajes, vestidos con uniforme, contemplaban en silencio el parque y sus avenidas rectas, ya cubiertas por las sombras del atardecer. Dos damas, sentadas en un rincón, cuchicheaban entre sí.
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169 págs. / 4 horas, 57 minutos / 30 visitas.
Publicado el 26 de julio de 2026 por Fernando Guzmán.









