Textos más populares este mes publicados el 28 de julio de 2026 que contienen 'u' | pág. 5

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fecha: 28-07-2026 contiene: 'u'


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Lo Que No Puede Decirse

Horacio Quiroga


Artículo


Lo que no se puede decir ni hacer es la apología con vistas internas de un estado de cosas que atañe a cien millones de seres humanos, y que desde hace tres años está puesto en el Índice por los países de instituciones conocidas y probadas. Como tales instituciones rigen al mundo entero, el mundo entero es quien ha reprobado las nuevas instituciones rusas. La reprobación asume en casi todos los países carácter prohibitivo, y en algunos, de franca excomunión. Tal nuestra república.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Cántico Nacional

Horacio Quiroga


Artículo


Un diario de Nueva York, el más importante de aquella ciudad, según nos informan, acaba de estampar lo siguiente en sus columnas: —"Firpo nos ha descubierto a Buenos Aires".

La persona del informe se muestra indignada de este poco diplomático descubrimiento, asegurando que él es una prueba más del despectivo concepto en que nos tienen los Estados Unidos.

Triste concepto, sin duda... Pero fundado en cierto modo como ningún otro. Véase, si no.

Estados Unidos, como cualquier otro pueblo, no tiene por qué estar más enterado de nuestra cultura que nosotros mismos.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

To Scalp

Horacio Quiroga


Artículo


Acontece a veces que un hombre perfectamente fresco de cuerpo sube al tranvía para hacer tres cuadras, porque lleva el alma muerta de fatiga. Podría marchar largas horas sin cansarse, pero no tiene ánimo para desearlo. Sabe que su punto de destino está a sólo cuatrocientos metros y ha tomado el tranvía.

No ha sufrido nuestro hombre en ese día disgustos mayores que los que depara el comercio de los hombres. Ni su labor habitual, ni las contrariedades, ni los desencuentros, ni las citas falsas, ni cada uno de los mil pequeños desengaños del hombre contemporáneo al concluir su diario aporte a la vida, han colmado su alma más de lo preciso.

Está enfermo tan sólo del momento actual. Sufre la profunda fatiga del hombre que afiliado a una carrera diaria que exigiera cuanto es y hay en él, hallará en la meta por constante y estéril premio a su esfuerzo, esta sola palabra: Civilización.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Cascarudo-Tanque

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


Al caer la noche de un riguroso día de verano, tan riguroso que las piedras se mantienen calientes en la obscuridad; antes que el rocío refresque la atmósfera ardida, y los cuyos asciendan desde la hondura de los valles, suele oírse en Misiones un zumbido lejano, cuya orientación no se puede aún definir, El zumbido crece, acercándose sensiblemente; tórnase agudo de pronto, y sacudiendo el aire en nuestros propios oídos con una violencia de pequeño bólido, va de nuevo a perderse en el misterio de la noche.

No siempre pasa de este modo. A veces el zumbido se estrella, por decirlo así, contra la palmera que nos abanica. Y al pie del árbol vemos entonces por el césped avanzar pesadamente, como una máquina que quisiera imitar a un insecto, un enorme escarabajo que destella, bruñido y verde como un metal, Es el cascarudo-tanque.

Ningún escarabajo da como él la impresión de artificio con cardanes, bielas y pistones de lenta marcha. Cada movimiento suyo, cada avance de pata, es un prodigio de mecánica; pero no lo parecería, a juzgar por la titubeante lentitud del animal.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Pique

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En cierta ocasión, como hubiéramos naufragado en el Alto Paraná al embate de una recia tormenta, fuimos arrastrados a cobrar tierra bajo un cobertizo de cinc abandonado en la costa, y cuyo destino fuera en otra época el de secar ladrillos. Vastos montones de ceniza diseminados por el suelo, lo atestiguaban todavía.

Para náufragos, no estaba aquello mal. Solamente que al volcar sobre la ceniza el agua de nuestras botas, una especie de nubecilla obscura comenzó a ascender por las piernas.

Eran los piques. Había millares de ellos, si no millones.

Para valorar lo pintoresco de esta visita, es bueno que se sepan las costumbres de dichos visitantes.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Tatetos

Horacio Quiroga


Cuento, Artíclo, Crónica


El tateto es un animalito arisco, cerdoso y cargado de hombros, como el jabalí. Se mueve constantemente de un lado a otro con una especie de trote nervioso, y representa en la selva americana al citado jabalí, a cuya familia pertenece.

Pero al revés de la negra bestia Solitaria, el tateto no se halla en la soledad, Su vida entera, su inteligencia están consagradas a la piara. Un tateto aislado apenas constituye otra cosa que un chanchito canoso, de cuello recogido, mirar soslayado y cabeza baja. Pero en la piara familiar, en la manada salvaje, el tateto encarna la vida total y obstinada de la especie.

Apretados en piaras de cientos y miles de individuos, los tatetos van y van. Como los perros jaros de la India, nada ni nadie les detiene. Donde ellos pasaron, el bosque queda desgarrado, destilando barro y flavo hedor.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Catorce Millones De Víboras Del Señor Casado

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


En el Alto Paraná, sobre la barranca misma del río, existe o existía un cementerio que alojaba diez y siete cadáveres. De quince de estos cadáveres, eran causantes las víboras. 

Sufriría yerro, sin embargo, quien creyera que este terrible porcentaje de muertes por el veneno ofídico, es en aquella zona el régimen normal. Las víboras no constituyen un peligro mayor que el de tantas circunstancias sombrías de la existencia, aquí como allá. La víbora de cascabel, con todo y ser la más peligrosa bestia de la familia, dista mucho de abundar hasta el extremo de erigirse como una cruz alquitranada, en el confín de todos nuestros pasos. Las estadísticas más avanzadas conceden apenas dos o tres víboras a cada hectárea de bosque. De estas tres víboras, dos son yararás, y la otra es una serpiente de cascabel.

Ahora bien: como una legua de bosque tiene dos mil quinientas hectáreas, el feliz poseedor de una legua de bosque virgen (el señor Carlos Casado poseía dos mil), se halla también ser poseedor de siete u ocho mil mortales víboras, discretamente diseminadas por la finca.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Palmera

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Uno de mis sueños de chico fue llegar a ver un día la avenida de las palmeras, en Río de Janeiro. Cuando pude realizarlo, vinieron a mi memoria las palabras con que un viejo señor observó una espléndida foto de dicha avenida, que yo en aquel momento contemplaba,

—Esto no da impresión de lo que es —dijo—. Es preciso verla.

Tenía razón el sujeto. Los testigos de comparación, humanos casi siempre, que se estilan al pie de los grandes monumentos, no logran nunca exaltar la grandeza de aquéllos. En las fotografías de la avenida en cuestión, se percibe claramente, por la pequeñez del hombre al pie de las palmeras, que éstas deben ser veinte o treinta veces más altas. Esta deducción se verifica ante una minúscula cartulina 9/12, bellísima de colores.

En realidad, las palmeras tienen 40 metros. Pero es preciso ver que es una columna viva de esta altura, en cuya sola cúspide, surgiendo como por fantasía, puede decirse que está la planta.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Caminata en la Colina

Carlos Daniel López


Poesia, ecuatoriana, guayaquileña, cuento, cuento corto, novela, novelilla, ecuador, romance, amor


Hete caminado por las tristes y viejas calles de una ciudad que me abandonó, una ciudad a la cual le guardo rencor y ardor por sus desgraciadas tragedias y traiciones hacia mi ser. No soy feliz estando aquí, no puedo recordar porque volví, pero sé que me debo quedar y afrontar mis responsabilidades, tarde o temprano lo que me aterraba tendría que volver a atormentarme. Mientras caminaba recordé los viejos motivos por los cuales me alejé y decidí exiliarme en las altas llanuras de las cercanías de esta ciudad. Estuve lejos por tanto tiempo que no podía reconocer las calles por donde caminaba, todo me parecía extraño y sombrío. Los callejones que en mi niñez encontraba coloridos y llenos de vida ahora me parecían míseros y grises. Sé que me aleje de esta tierra cuando aún era un simple adolescente con metas y logros estúpidos, pero volver y no poder reconocer el lugar de natalicio de uno mismo es el peor sentimiento. Finalice mi caminata al percatarme que mi destino se acercaba. Lentamente bajé el maletín que portaba y   con una cálida mirada pude observar las ruinas de lo que quedaba de mi antiguo hogar. Aquí fue donde pase mis años ya perdidos. Donde disfrute y llore. Suspire con nostalgia recordando memorias alegres y lo contemplé por unos minutos hasta que una voz cálida me levanto de mi transe.  

- ¿Julio?  

La voz cálida con tintes amargos provenía de una bella muchacha costeña. Tenía un cabello castaño tan similar a una barra de cacao, del cacao más fino que se pueda encontrar en esta tierra, unos ojos de leyenda que perpetraban a cualquiera y una sonrisa tan fina como el sol del alba Matutino. Parecía alguna joven extranjera, extranjera a la zona pobre y desgraciada donde se encontraba.  

- El mismo. 

Respondí con una seriedad digna de las aves que sobrevuelan al Pichincha. No conocía a esta bella joven, pero el que supiera mi nombre ya era motivo de alerta.  

- ¿Me conoces?  


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Creative Commons
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Publicado el 28 de julio de 2026 por Carlos Daniel López.

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