Textos más vistos publicados el 28 de julio de 2026

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fecha: 28-07-2026


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El Tigre

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Nunca vimos en los animales de casa orgullo mayor que el que sintió nuestra gata cuando le dimos a amamantar una tigre recién nacida. La olfateó largos minutos por todas partes, hasta volverla de vientre; y por más largo rato aún la lamió, la alisó y la peinó sin parar mientes en el ronquido de la fierecilla, que comparado con la queja maullante de los otros gatitos, semejaba un trueno.

Desde ese instante, y durante los nueve días que la gata amamantó a la fiera, no tuvo ojos, ni coqueterías ni lengua más que para aquella espléndida y robusta hija llovida del cielo. Todo el campo mamario pertenecía de hecho y derecho a la roncante princesa. A uno y otro lado de sus tensas patas, opuestas como vallas infranqueables, los gatitos legítimos maullaban de hambre.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Araña Pollito

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Esta gran araña se llama así, según la etimología popular, por su capacidad para atacar y devorar a un pollito. No es fácil, sin embargo, que pueda hacerlo. Ni sus costumbres ni sus fuerzas se lo permiten con éxito. Más fácilmente se ha de contentar con insectos de su familia, a semejanza de todas las arañas. Sus dientes, sin embargo, no son cosa de despreciar, ni aún por un ser humano, conforme se verá por el siguiente ejemplo: un hombre que yo conocía, envejecido en la dura vida del extremo nordeste de la república, no había perdido a sus años la costumbre de reírse cada vez que oía hablar del veneno de la araña pollito.

Este hombre había sido mordido dos veces por otras tantas yararás, y una vez por una serpiente de cascabel. En la mitad de su vida, un rayo le había arrancado todos los dientes superiores. Debido, sin duda, a esta familiaridad con los acontecimientos de volumen, el hombre resistíase a admitir el peligro que encarnan los vellosos y curvos dientes de la araña pollito.

—Yo he visto más de mil en mi vida —decía— Y todas aplastadas de patas contra el suelo.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Vampiro

Horacio Quiroga


Artículo, Cuento, Crónica


Con motivo de una agitación insólita que parecía producirse en la caballeriza, una noche de otoño, en un obraje del Alto Paraná, nos trasladamos a los galpones a ver qué pasaba allí, Nada vimos de anormal. Las mulas comían plácidamente sus hojas de palmera, sin el más leve asomo de inquietud.

Solamente que al barrer con el foco eléctrico los lomos de las acémilas, se levantaron de sobre ellas fantásticas sombras que agitaron el ámbito con su vuelo zumbante.

Eran los vampiros. Del lomo de cada mula, preferentemente de la cruz, escurrían hasta el suelo gruesos hilos de sangre.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

La Ñandurihé

Horacio Quiroga


Cuento, Crónica, Artículo


Hasta el día de hoy, las gentes del norte no han podido ponerse de acuerdo sobre la ñandurihé. Esta víbora representa, sin género alguno de duda, al más venenoso ser de la creación.

Hasta aquí, el acorde es perfecto. Pero cuando deseamos especificar fisonomía, color y particularidades de esta lúgubre bestia, las lenguas se confunden.

Sólo un aspecto de aquélla permanece inalterable en todas las leyendas: su tamaño. La ñandurihé es una viborilla deslizante y fugaz, cuya breve mordedura anuncia cierta, segura, precisa, inexorable y fatalmente, la muerte.

En casa tuvimos una, a que mis chicos profesaron un afecto casi de hermanos mayores. La habíamos hallado entre los bambúes, deslizándose bajo las hojas caídas, que se arqueaban apenas a su paso.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Cuadro Final

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Concluye aquí las impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años. En este lapso de tiempo ellos vieron, con sus ojos infantiles y prestos a sufrir una impresión nueva e inesperada de las cosas, cuanto veía yo con mucho menos frescura. Y las historias de nuestro coatí, nuestro tigre, nuestro cuendú, nuestra ñandurihé, por breves que hayan sido, evocan en ellos un cúmulo de emociones aún vivas, de las que apenas he podido yo coger un rastro al recordarlas en un frío relato.

La vida de la ñandurihé, por ejemplo, encierra para nosotros toda una catástrofe, no tanto por el dolor sufrido, como por la vergüenza de haberla perdido por nuestra ingratitud, abandono y desidia. Nuestra vida sentimental en aquel rincón de bosque consistía, puede decirse, en el cuidado de los animalitos, que compartían con nosotros las bonanzas e inclemencias del país entero, reducido a nuestra meseta.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Quiúbole

Granmidas


Ideas, Reflexiones, Vivencias, Ilusiones, Salud mental.


QUIÚBOLE

Reflexiones sobre la vida, los libros y la esperanza

Granmidas.

Edición Maestra 2026. ChatGPT.

«No dejamos de ser quienes fuimos. Vamos acumulando versiones».

Prólogo

Empecé a escribir este libro por una necesidad profundamente personal. Necesitaba ordenar mi mente, situar mi pasado, comprender mi presente y encontrar una dirección hacia el futuro.

Quizá cuando leas estas páginas haya transcurrido mucho tiempo y yo mismo ya no recuerde con exactitud todo lo que escribí. Aun habiéndolo releído en numerosas ocasiones, sigo teniendo la sensación de que quedaron fuera historias y recuerdos que también merecían un lugar. La memoria nunca consigue abarcarlo todo.

Mientras escribía este libro se disputaba el Mundial de fútbol de 2026. Al principio me parecía casi una utopía imaginar que España pudiera ganarlo, pero finalmente ocurrió. Hoy escribo estas últimas líneas con aquella alegría todavía presente y doy por concluido este manuscrito, aunque sé que, de algún modo, nunca dejaré de escribir sobre las cosas que contiene.

No está aquí todo lo que he vivido. Sería imposible. Pero sí están las experiencias que considero imprescindibles para comprender el camino que me ha traído hasta este momento.

Este libro no pretende ofrecer respuestas ni lecciones. Aspira, simplemente, a emocionar, a invitarte a conversar con sus páginas y, quizá, contigo mismo. Ojalá te recuerde que el pasado debe ocupar el lugar que le corresponde: detrás del presente. No porque deje de importar, sino porque ya no puede cambiarse.


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Licencia limitada
84 págs. / 2 horas, 27 minutos / 75 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Granmidas.

Caminata en la Colina

Carlos Daniel López


Poesia, ecuatoriana, guayaquileña, cuento, cuento corto, novela, novelilla, ecuador, romance, amor


Hete caminado por las tristes y viejas calles de una ciudad que me abandonó, una ciudad a la cual le guardo rencor y ardor por sus desgraciadas tragedias y traiciones hacia mi ser. No soy feliz estando aquí, no puedo recordar porque volví, pero sé que me debo quedar y afrontar mis responsabilidades, tarde o temprano lo que me aterraba tendría que volver a atormentarme. Mientras caminaba recordé los viejos motivos por los cuales me alejé y decidí exiliarme en las altas llanuras de las cercanías de esta ciudad. Estuve lejos por tanto tiempo que no podía reconocer las calles por donde caminaba, todo me parecía extraño y sombrío. Los callejones que en mi niñez encontraba coloridos y llenos de vida ahora me parecían míseros y grises. Sé que me aleje de esta tierra cuando aún era un simple adolescente con metas y logros estúpidos, pero volver y no poder reconocer el lugar de natalicio de uno mismo es el peor sentimiento. Finalice mi caminata al percatarme que mi destino se acercaba. Lentamente bajé el maletín que portaba y   con una cálida mirada pude observar las ruinas de lo que quedaba de mi antiguo hogar. Aquí fue donde pase mis años ya perdidos. Donde disfrute y llore. Suspire con nostalgia recordando memorias alegres y lo contemplé por unos minutos hasta que una voz cálida me levanto de mi transe.  

- ¿Julio?  

La voz cálida con tintes amargos provenía de una bella muchacha costeña. Tenía un cabello castaño tan similar a una barra de cacao, del cacao más fino que se pueda encontrar en esta tierra, unos ojos de leyenda que perpetraban a cualquiera y una sonrisa tan fina como el sol del alba Matutino. Parecía alguna joven extranjera, extranjera a la zona pobre y desgraciada donde se encontraba.  

- El mismo. 

Respondí con una seriedad digna de las aves que sobrevuelan al Pichincha. No conocía a esta bella joven, pero el que supiera mi nombre ya era motivo de alerta.  

- ¿Me conoces?  


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Creative Commons
6 págs. / 11 minutos / 7 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Carlos Daniel López.

El Vampiro

Horacio Quiroga


Cuento, Gotico


Son estas líneas las últimas que escribo. Hace un instante acabo de sorprender en los médicos miradas significativas sobre mi estado: la extrema depresión nerviosa en que yazgo llega conmigo a su fin.

He padecido hace un mes de un fuerte shock seguido de fiebre cerebral. Mal repuesto aún, sufro una recaída que me conduce directamente a este sanatorio.


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Dominio público
23 págs. / 40 minutos / 10 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Yaciyateré

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Yo no logré nunca ver un yaciyateré. Oí su canto en la noche, pero no vi sus bucles de oro ni su bastón, ni le vi robar a las criaturas, para abandonarlas luego enloquecidas por su contacto.

Corre por todo Corrientes, Chaco y Misiones, la leyenda de este singular duende de aspecto pueril que aterroriza con su canto en las altas horas mudas, y a quien se inculpa el ciento por ciento de las meningitis infantiles.

Durante el día, es un pájaro. Como tal, un hombre me dice haberlo entrevisto dormitando en lo más denso del follaje. Tendría, según él, el aspecto de un mirlo delgado. Y el plumaje uniformemente gris. Nada más sé del yaciyateré.

Pero conozco su voz. Y ella constituye la nota más tierna, honda y poética de todo el bosque.

En lo más crudo del día estival, ningún sonido, ningún grito descuella en el ambiente: todos se funden en el rumor monótono, zumante y tenaz de las largas horas de fuego.

Al declinar el sol, los zorzales reviven, y su flauteo, un poco desafinado y a contratiempo, anuncia ya la próxima frescura. Nuevas voces se agregan a aquél, y la noche comienza a cerrar, en un decreciente piar de pajarillos.

Luego, nada. Desde el fondo de los valles húmedos de la selva, comienza a media noche a ascender, vaguísima neblina. Horas después, el país entero, doblegado por doce horas de atroz calor, yace cubierto por fresquísimo manto de rocío.

La dicha es demasiado grande para que se permita gozar de ella con los ojos abiertos. El bosque duerme: pájaros, flores, anchas hojas por fin eréctiles de rocío, sueñan en paz.

Pero he aquí que del fondo de esa gran felicidad dormida, se levanta un canto apenas sensible. No posee ese canto gorjeos ni trisos. Es sólo un silbido tímido, un hilo de voz excesivamente dulce que no consta sino de cinco notas, y cuatro de ellas repetidas. Más la poesía silbada en esa desfallecida voz, no se la vuelve a hallar en canto alguno de pájaro.


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Dominio público
1 pág. / 2 minutos / 7 visitas.

Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

Los Cuervos

Horacio Quiroga


Cuento, Artículo, Crónica


Todas las veces que el cadáver de un animal ultimado en el monte ha atraído a los buitres, me he preguntado con qué extraordinaria finura de olfato el cuervo, flotando en el alto cielo, a miles de metros, ha podido percibir las emanaciones de un agutí muerto, una comadreja, menos aún, que bajo veinte metros de obscuro e impenetrable follaje. comienza a descomponerse.

La vista no juega aquí ningún papel. Desde las altísimas nubes el bosque es un uniforme bloque de pizarra. Más fácil sería distinguir una presa a una legua de distancia en una noche de tinta, que percibir ser alguno bajo el impenetrable blokao del monte.

Y de allí vienen, no obstante; de allí y de allá, los grandes buitres necrófagos. Son al principio dos o tres, y muy pronto veinte o treinta.

¿Cómo han sentido al agutí, apenas recién muerto, a cuyo contacto la más fina nariz no percibe emanación alguna?


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

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