I
Mientras subo por la montaña, pienso lo siguiente:
Si te guías por la razón, toparás con esquinas; si te dejas llevar
por un mar de sentimientos, te arrastrará la marea; y actuar a voluntad,
a la larga, es oprimirse a uno mismo. En todo caso, vivir en este mundo
no es tarea fácil.
A medida que esta sensación se acrecienta, te acucia la necesidad de
trasladarte a un lugar más tranquilo. Pero no importa dónde vayas, pues
cualquier lugar te parecerá inhabitable. Y es entonces cuando nacen la
poesía y la pintura, en el instante en que comprendes que no hay ningún
lugar al que huir.
Este mundo no lo han creado ni los dioses ni los demonios. Lo han
creado personas corrientes, vecinos que viven a la vuelta de la esquina.
No hay más mundo que el que ellos han construido y, si lo hubiera, se
trataría de un lugar inhóspito, completamente despoblado en el que sería
muy difícil vivir.
Así las cosas, y visto que no hay escapatoria posible, solo queda
sobrellevar la brevedad de la vida en este mundo inhabitable y tratar de
hacer de él un lugar más cómodo. Es aquí donde los poetas desempeñan su
labor sagrada; aquí, donde los pintores hallan la inspiración. Y el
arte de estos guerreros pacifica el corazón de sus habitantes, lo colma y
lo ennoblece.
Información texto 'Almohada de Hierba'