Á QUIEN LEYERE.
En la moderna literatura inglesa, menos quizás que en ninguna otra,
espera encontrar el lector obras que por su carácter y forma le
recuerden las narraciones históricas de tipos caballerescos, empresas
aventuradas y altas hazañas, que han inmortalizado los nombres de
escritores españoles, franceses é italianos. Diríase que esas novelas de
capa y espada, galanas y airosas, en las que palpita la vida entera de
hidalga tierra y se refleja el espíritu de toda una raza, son patrimonio
exclusivo de otros pueblos y otros autores que los nacidos en la
nebulosa Albión.
De aquí la novedad y el buen éxito merecidísimo de la obra de Conan
Doyle cuya traducción castellana ofrecemos al público en este volumen.
Con erudición y exactitud sorprendentes reproduce el escritor inglés en
La Guardia Blanca una serie de episodios fidelísimos de la época en
que se desarrolla el argumento de su novela. Época tan agitada como lo
fué para Inglaterra la segunda mitad del siglo XIV, en la que á pesar de
sus grandes y recientes victorias de Crécy y Poitiers y del tratado de
Bretigny, volvía á encenderse, más fiera y sañuda si cabe, aquella lucha
interminable conocida en la historia con el nombre de Guerra de los Cien
Años.
Á imitación de las famosas Compañías Blancas de Duguesclín, personaje
que también figura en esta obra de muy pintoresca manera, la Guardia
Blanca inglesa se lanza de lleno en la contienda y tras breve
permanencia en el Ducado de Aquitania, arrebatado por entonces á la
corona de Francia, entra en España á la vanguardia del poderoso ejército
que Eduardo de Inglaterra pusiera á las órdenes del Príncipe Negro para
reinstalar en el solio de Castilla á su aliado Don Pedro el Cruel, á la
sazón destronado por su hermano Don Enrique de Trastamara.
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