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Patrón Elías

Javier de Viana


Cuento


No estoy bien seguro de sí esta narración es una historia verídica o un engendro imaginativo.

Quien me la comunicó afirma que se trata de un «suceso sucedido». Por mi parte, no tengo inconveniente en aceptarlo como tal, pues estoy convencido de que la historia es un cuento con fechas y nombres propios, y el cuento una historia, generalmente más verídica, por cuando el narrador obra con entera libertad, sin supeditar su fantasía creadora a los convencionalismos y las restricciones que imponen las fechas y los nombres propios.

Historia o cuento, allá va él, tal como me lo narraron. El hecho ocurrió en Santa Fe, en el departamento de Vera, en la época de mayor incremento de la explotación agrícola. Diversas colonias, recién nacidas, producían riquezas inesperadas, merced al consorcio de la tierra extremadamente fecunda, y de los obreros animosos.

Y al amparo de esa prosperidad industrial, se desarrollaban pequeños comercios, despreciables boliches, cuyos propietarios giraban por valor de centenares de miles de pesos.

En el comercio local predominaban los buhoneros turcos, y sobre todo ellos, Elías, quien a poco andar se transformó en «Patrón Elías», potentado, ante quien inclinábase respetuosamente hasta las mismas autoridades.

«Patrón Elías» era un hombre alto, grueso, fornido, de tez trigueña, de grandes ojos negros.

No sabía leer ni escribir, expresábase en una jerga extraña, incomprensible para quienes no estaban habituados a escucharle.

Cierta vez llegó a su casa un joven italiano vestido con prolijidad de pueblero presumido, una indumentaria que contrastaba con la tosca y añeja del comerciante.

«Patrón Elías» observó atentamente al forastero y preguntóle:

—¿Qué querés?

—Quiero comer; tengo hambre, —respondió el mozo.

La contestación impresionó favorablemente al buhonero, ya satisfecho de aquel físico robusto.


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2 págs. / 3 minutos / 37 visitas.

Publicado el 1 de octubre de 2022 por Edu Robsy.

Teatro

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


En el terreno dramático, las pasiones sociales, con su red de esfuerzos, intrigas y heroísmos ocupan un lugar prominente en la escena. Se ha tratado de imbuir en la mente del espectador la verdad de una ficción. Se transporta al teatro, concisamente detallada, una ilíada cualquiera, nacida y cantada en la sociedad, una odisea de contrastes, de ternura y de voluntades El drama que anoche ha representado la Compañía del Sr. Cordero va directamente dirigido a la pasión religiosa. El tema es el primer acto del Cristianismo, y desfilan por él las alocuciones, la sentencia y la crucifixión de Jesucristo.

Apenas levantado el telón, una sentida y bíblica nostalgia comienza a apoderarse del espíritu. La visión de una vestidura patriarcal, arrancada a veinte siglos; los muros de Jerusalén, bosquejada a lo lejos despiertan un vago aroma de paraíso perdido, de gloria desterrada, sobre la que se cierne el recuerdo de la ciudad predestinada y fatal, llena de martirios y de aventuras religiosas.

Sobre el conjunto de apóstoles, soldados e ilusionistas, sobresale la figura de Jesús, abstracta y misteriosa como un ideal.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 5 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2026 por Brian.

El Precio De Su Boda…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


El Precio De Su Boda por Elsie Fergusson. —Desde una buena semana atrás, los cines ya ponían toda su fuerza de reclame al servicio de este film. Y, en efecto, nada más justo, dada la cumbre de arte que representa esta actriz. Con Gladys Brockwell y Dorothy Phillips, Elsie Fergusson completa el luminoso triángulo del arte mudo. No tiene Elsie el temperamento dramático de aquellas dos apasionadas estrellas, ni su Nora, por lo tanto, de Casa De Muñeca, tiene el valer de la misma Nora de la Phillips.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 3 visitas.

Publicado el 22 de septiembre de 2026 por Brian.

El Pequeño Patriota Paduano

Edmundo de Amicis


Cuento infantil


No seré un soldado cobarde, no; pero iría con más gusto a la escuela si el maestro nos refiriese todos los días un cuento como el de esta mañana. Todos los meses, dice, nos contará uno: nos lo dará escrito, y será siempre el relato de una acción buena y verdadera, llevada a cabo por un niño. El pequeño patriota paduano se llama el de hoy. Helo aquí: “Un naviero francés partió de Barcelona, ciudad de España, para Génova, llevando a bordo franceses, italianos, españoles y suizos. Había, entre otros, un chico de once años, solo, mal vestido, que estaba siempre aislado como animal salvaje, mirando a todos de reojo. Y tenía razón para mirar a todos así. Hacía dos años que su padre y su madre, labradores de los alrededores de Padua, le habían vendido al jefe de cierta compañía de titiriteros, el cual, después de haberle enseñado a hacer varios juegos a fuerza de puñetazos, puntapiés y ayunos, le había llevado a través de Francia y España, pegándole siempre y no quitándole nunca el hambre. Llegado a Barcelona, y no pudiendo soportar ya los golpes y el ayuno, reducido a un estado que inspiraba lástima, se escapó de su carcelero y corrió a pedir protección al cónsul de Italia, el cual, compadecido, le había embarcado en aquel bajel, dándole una carta para el alcalde de Génova, que debía enviarlo a sus padres, a los padres que lo habían vendido como vil bestia. El pobre muchacho estaba lacerado y enfermucho. Le habían dado billete de segunda clase. Todos le miraban, algunos le preguntaban; pero él no respondía, y parecía que odiaba a todos: ¡tanto le habían irritado y entristecido las privaciones y los golpes! Al fin tres viajeros, a fuerza de insistencia en sus preguntas, consiguieron hacerle hablar, y en pocas palabras, toscamente dichas, mezcla de español, de francés y de italiano, les contó su historia.


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Dominio público
2 págs. / 3 minutos / 345 visitas.

Publicado el 7 de mayo de 2024 por Edu Robsy.

Los Días de la Semana

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


Una vez los días de la semana quisieron divertirse y celebrar un banquete todos juntos. Sólo que los días estaban tan ocupados, que en todo el año no disponían de un momento de libertad; hubieron de buscarse una ocasión especial, en que les quedara una jornada entera disponible, y vieron que esto ocurría cada cuatro años: el día intercalar de los años bisiestos, que lo pusieron en febrero para que el tiempo no se desordenara.

Así, pues, decidieron reunirse en una comilona el día 29 de febrero; y siendo febrero el mes del carnaval, convinieron en que cada uno se disfrazaría, comería hasta hartarse, bebería bien, pronunciaría un discurso y, en buena paz y compañía, diría a los demás cosas agradables y desagradables. Los gigantes de la Antigüedad en sus banquetes solían tirarse mutuamente los huesos mondos a la cabeza, pero los días de la semana llevaban el propósito de dispararse juegos de palabras y chistes maliciosos, como es propio de las inocentes bromas de carnaval.

Llegó el día, y todos se reunieron.

Domingo, el presidente de la semana, se presentó con abrigo de seda negro. Las personas piadosas podían pensar que lo hacía para ir a la iglesia, pero los mundanos vieron en seguida que iba de dominó, dispuesto a concurrir a la alegre fiesta, y que el encendido clavel que llevaba en el ojal era la linternita roja del teatro, con el letrero: «Vendidas todas las localidades. ¡Que se diviertan!».

Lunes, joven emparentado con el Domingo y muy aficionado a los placeres, llegó el segundo. Decía que siempre salía del taller cuando pasaban los soldados.

—Necesito salir a oír la música de Offenbach. No es que me afecte la cabeza ni el corazón; más bien me cosquillea en las piernas, y tengo que bailar, irme de parranda, acostarme con un ojo a la funerala; sólo así puedo volver al trabajo al día siguiente. Soy lo nuevo de la semana.


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2 págs. / 3 minutos / 350 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2016 por Edu Robsy.

La Ciudad de los Contrastes

Juana Manuela Gorriti


Crónica


En un oasis asentado entre las arenas del mar y las primeras rocas de los Andes, extiéndese la opulenta metrópoli.

Capital de la más rica de las repúblicas sudamericanas, cuenta a granel los millones que afluyen a su tesoro, por centenas los palacios de mármol que se alzan en su recinto; pero se rehúsa una casa para sus recepciones oficiales, un teatro donde recibir los grandes artistas, que atraídos por su esplendor vienen a visitarla.

En el flanco septentrional de una bella plaza adornada con fuentes, jardines y estatuas, álzase apenas del suelo un ruinoso, sucio y grotesco edificio coronado de una baranda de madera carcomida, y flanqueado de tiendas atestadas de telas vistosas y de una profusión de objetos heterogéneos. Diríase un bazar de Oriente.

Llámanlo Palacio de Gobierno. Sus huéspedes, curándose muy poco de esa transitoria morada, conténtanse con forrarla interiormente de seda, oro y mármol para su propio confort, dejando a sus sucesores el cuidado de la parte monumental.

Cinco cuadras de allí distante, un engañoso frontispicio da entrada a un caserón vetusto, informe, cuarteado en todos sentidos, y con las más pronunciadas apariencias de un granero:

¡Es el teatro!

Y sin embargo, con la cuarta parte del oro y las pedrerías que en su espléndido entusiasmo ha derramado Lima en ese escenario sobre sus artistas favoritos, habría podido construir el más hermoso teatro del mundo.

Y sin embargo, aun, en las noches de estrenos cuando las encantadoras hijas del Rímac llenan las tres líneas de palcos, que el gas resplandece, y los abanicos se agitan, y las miradas se cruzan, un prestigio extraño, casi divino, trasforma el derruido edificio; y ningún joven abonado lo cambiaría entonces por el más suntuoso teatro de París, por el más aristocrático de Londres.


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2 págs. / 3 minutos / 102 visitas.

Publicado el 3 de enero de 2021 por Edu Robsy.

Introducción a la Pedagogía de la Formación del Educador para la Primera Infancia

Mirtha García Pérez


#formacióneducadoresorimerainfancia


Introducción a la Pedagogía de la Formación del Educador para la Primera Infancia
Resumen:Este artículo explora los fundamentos teóricos y prácticos de la pedagogía aplicada a la formación de educadores para la primera infancia. Se abordan los principios pedagógicos esenciales, las competencias necesarias para los educadores, y las metodologías más efectivas para asegurar una formación integral y de alta calidad. Se destaca la importancia de una formación que combine teoría, práctica y desarrollo personal para preparar a los educadores a enfrentar los desafíos del aula preescolar.
Introducción
La educación de la primera infancia es una etapa crucial en el desarrollo de los niños, y la calidad de esta educación depende en gran medida de la formación de sus educadores. La pedagogía de la formación del educador para la primera infancia debe ser integral, abarcando conocimientos teóricos, habilidades prácticas y el desarrollo de actitudes y valores. Este artículo tiene como objetivo proporcionar una visión general de los principios y estrategias que guían esta formación, así como las competencias esenciales que deben adquirir los futuros educadores.
Principios Pedagógicos
1. Enfoque Centrado en el Niño:   - La formación del educador debe priorizar el desarrollo integral del niño, considerando sus necesidades físicas, emocionales, cognitivas y sociales. Los educadores deben aprender a crear entornos de aprendizaje que sean seguros, estimulantes y adaptados a las características individuales de cada niño.
2. Aprendizaje Activo y Participativo:   - El aprendizaje en la primera infancia se basa en la exploración y la participación activa.


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2 págs. / 3 minutos / 46 visitas.

Publicado el 16 de enero de 2025 por Mirtha García Pérez .

De Cuero Crudo

Javier de Viana


Cuento


Tarde de otoño, cielo gris, ambiente tibio, fina, intermitente garúa.

La peonada, sin trabajo, está reunida en el galpón. Cuatro, rodeando un cajón que tiene por carpeta una jerga, juegan al «solo», por fósforos.

El chico Terutero ceba y acarrea incansablemente el amargo.

En otro grupo, el viejo Serafín, Santurio y dos o tres peones más, iniciando cada uno relatos que morían al nacer porque no interesaban a nadie.

—Con este tiempo malo,—dijo el viejo—m'está doliendo la «estilla» izquierda... Me la quebraron de un balazo cuando la regolución del finao López Jordán y...

Uno interrumpió:

—¡Ya lo sabemo!... ¡Puchero recocido, ese!...

Calló el viejo, cohibido, y Paulino intentó meter baza:

—Ayer vide en la pulpería del gallego Rodríguez un poncho atrigao, medio parecido al que lleva el comesario, y m'estoy tentado de comprarlo ¿A que no saben con cuánto se apunta el gallego?... Se deja cáir con...

—¿Y a los otros qué se los importa, si no los vamo a tapar con él?—sofrenó Federico.

Algo alejado del grupo, Juan José tocaba un estilo en la guitarra.

La mujer que a mí me quiera Ha de ser con condición...

—La mujer que a vos te quiera,—interrumpió Santurio,—ha de ser loca de remate.

—Ha de encontrarse cansada de andar con el freno en la mano sin encontrar un mancarrón qu'enfrenar...

—Vieja, flaca y desdentada...

—¡Y negra... noche l'espera!...

Juan José, impasible, continuó su canto:

A la china más bonita
del pago del Abrojal,
le puse ayer con mis labios
un amoroso bozal...

—Miente... nao... no vino tuavía...—dijo maliciosamente el viejo Serafín.

Juan José, amoscado, apoyó la guitarra en el muslo, y encarándose con los del grupo, interrogó:


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Publicado el 5 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

Voltiando Palos

Javier de Viana


Cuento


A Julio María Sosa.


Iba acabándose el día. Metido hasta media pierna en el bañado, Elviro meneaba facón á la paja brava con valentía apasionada.

Y mientras metía facón, decía:

—Dos mazos más, y dispués á voltiar los cuatro coronillas que m’encargó el patrón pa postes del rancho de l’agregada... ¡Dale facón, Elviro, y dispués, dale hacha!...

Y al rato:

—Güeno; esto y’astá. Aura vamos á los palos.

Caminó unos cincuenta metros, penetró en el monte, observó un árbol, le pareció bueno, y empezó á herirlo á golpes de hacha.

Y cantaba:


Para mí todo es lo mesmo.
invierno que primavera:
yuyos cuando cai l’escarcha:
y al beso del sol yuyera!...


—Pucha que lo tiró de las cuatro raíces al coronilla éste!... Había sido más duro qu’aspa de güey barcino.. L’encajé con fuerza y rebotó no más. ¡Ah toro! Pero á la larga no hay cotejo, m’hijito: yo te volteo ó el diablo carga con los dos, con vos pa leña, conmigo pa sebo p’hacerte arder... No... no te defendás porq’es al cuete: lo mesmo te vía dar contra el suelo, porqu’entre pístola’e chispa y remitón, no es ni carrera!...

Pegó otro hachazo. Hizo saltar astillas, rojas y mojadas. Y cantó:


Para mí todo es lo mesmo.
para mí todo es igual:
que me maten de un balazo.
que me achuren con puñal.


El gauchito reposó un momento. Miró el cielo, miró el árbol, miró el hacha y dijo:

—Sos duro, pero yo te bajo d’esta hecha!... Resistite no más, qu’es pa pior!...

Dio un hachazo feroz y la herramienta rebotó.

—¡Ah! ¿Conque no?... ¿un ñudo?... ¡Siempre he de encontrar ñudos en mí vida!... Pero esperate: allá va esto!...

Y enarbolando la herramienta, afirmándose en los garrones, blandió el hacha y descargó un golpe tremendo, que hizo temblar la copiosa ramazón del coronilla.


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2 págs. / 3 minutos / 39 visitas.

Publicado el 24 de agosto de 2022 por Edu Robsy.

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