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El Milagro

Francisco A. Baldarena


cuento


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Sin dudas, una conmoción sin precedentes, sacudió el polvo de un adormilado pueblo de provincia la última madrugada: la iglesia se prendió fuego 

 «¿Cómo ocurrió?» «¿Qué pasó?» «¿Quién o qué habrá sido el causante?» Fueron las tres preguntas que nadie dejó de hacerse durante toda la noche; y la policía no fue la excepción. Inmediatamente después del aviso del siniestro, con la eficiencia y diligencia que caracteriza a la policía de pueblo chico, el oficial de guardia, un sargento y dos cabos más el propio comisario, que acudió a la comisaría lo más rápido que pudo, se habían puesto, mate y cigarrillo de por medio, a trabajar activamente en el caso. Por la mañana, tres hipótesis salieron a la luz: un cortocircuito («Posiblemente, debido al cableado muy antiguo», subrayó el vocero de la policía, cabo López, como el de El Zorro), una vela encendida («Probablemente, dejada al descuido», opinó al respecto), y un acto terrorista («Con seguridad, perpetrado por un ateo pirómano», afirmó). Aunque nada, hasta donde se sabía hasta el momento, indicara que un individuo con esas características habitara o anduviera circulando por la localidad, esta última hipótesis cayó en el gusto popular y circuló de boca en boca con asombrosa rapidez. Pero ya sabemos que en pueblo chico, a diferencia de las grandes urbes, las cosas funcionan de una manera muy diferente: nunca pasa nada, pero cuando pasa, la tendencia es exagerar lo máximo posible. Por lo tanto, lo de un pirómano suelto, y para mejor ateo, vino a caer como anillo al dedo, y para cuando el cabo López hubo regresado a la comisaría, nadie tenía ninguna duda sobre el culpable del incendio; solo faltaba saber quién era, pero muy pronto habrían de darle caza.


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4 págs. / 7 minutos / 272 visitas.

Publicado el 7 de agosto de 2021 por Francisco A. Baldarena .

Confusa Historia De Una Mordedura De Víbora

Horacio Quiroga


Cuento



Desde hace ya tiempo nuestras serpientes venenosas se hallan perfectamente determinadas. La tarea no ha sido difícil, pues si bien es cierto que una especie se halla difundida en gran parte de la república, las demás tienen un hábitat bastante restringido. Constituye aquella especie la yarará típica del norte y centro del país: la víbora de la cruz. Otra yarará, pequeña de tamaño y de nariz levantada, puebla el sur de nuestro territorio. Todas las demás serpientes venenosas —y son cinco o seis— se hallan limitadas en el extremo norte del país. 


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 6 visitas.

Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

El Cáliz

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Ante la amenaza de que, como entonces se decía, los de Napoladrón llegasen de un momento a otro, el abad del Monasterio de Sangreiro pensó en la necesidad de esconder el tesoro monacal. Y con tal fin llamó a su sobrino Ramón, mozo de empuje, gran cazador, familiarizado con los rincones de la sierra.

Vino, y encerrose con el tío en la celda abacial. Duró la conferencia cerca de una hora, y cuenta que ni uno ni otro gustaban de perder el tiempo. Se discutieron los pormenores, y aun cuando al pronto el abad era partidario de que el sitio fuese conocido de alguien más que del encargado de la ocultación, acabaron por convenir en que secreto entre tres ya no es secreto y por acordar que sólo Ramón lo supiese. Así que los invasores se retirasen, se desenterraría el depósito.

Claro es que el escondrijo había de ser en los montes. De noche, portearían los mismos monjes a un lugar convenido los sacos, y los iría transportando después Ramón. La soledad de aquellos lugares, fragosos y cortados por precipicios, aseguraba la reserva.


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Dominio público
4 págs. / 7 minutos / 114 visitas.

Publicado el 3 de octubre de 2018 por Edu Robsy.

El Zonzo Malaquías

Javier de Viana


Cuento


A Víctor Pérez Petit.


En la estancia del Palmar, donde nos criamos juntos, á Malaquías, el hijo de la peona, le llamaban el zonzo, desde que era chiquito.

Teníamos más ó menos la misma edad, estábamos juntos casi siempre y yo nunca pude explicarme por qué lo llamaban «El zonzo».

Cierto que era petizo, panzudo, patizambo, cargado de espaldas, la cara como luna, la nariz chata, ojos de pulga y el labio inferior siempre caído y húmedo, semejante al befo de un ternero que concluye de mamar; verdad que caminaba tardo, balanceándose á derecha é izquierda, al igual de una pata vieja; innegable que su risa era idiota,—y reía siempre—y que su voz era ridiculamente gruesa, pero... á mi no me parecía zonzo, y tenía mis motivos para opinar de ese modo.

En la estancia se amasaba todos los sábados y era costumbre darnos una torta á cada uno. Malaquías, que era un voraz, devoraba la suya en pocos minutos, y luego venía á pedirme que le diese algo de la mía; durante un tiempo, accedí, pero una vez, cansado de soportar aquella contribución á la angurria, ó con más apetito, quizá, me negué á la dádiva. Entonces, el muy canalla, se puso á gritar como un marrano á quien le turcen el rabo, y cuando acudieron mi padre, y la madre de él y los peones, contó, entre hipo é hipo, con su voz de bordona floja.

—Patroncito... ¡hip! ¡hip! ¡hip!... me quitó... ¡hip! ¡hip! ¡hip!... ¡me robó mi torta!

Como la mía estaba casi intacta, se le dió fé; mi padre me la quitó y se la pasó al idiota, propinándome á mí un par de mojicones para enseñarme á «no abusar de mi condición de hijo del patrón».

Y de esas me hizo mil, de tal modo que casi siempre el «hijo de la peona», el zonzo Malaquías lo pasaba mejor que el hijo del patrón.


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Dominio público
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Publicado el 20 de agosto de 2022 por Edu Robsy.

El Alacrán de Fray Gómez

Ricardo Palma


Cuento


I

Éste era un lego contemporáneo de don Juan de la Pipirindica, el de la valiente pica, y de San Francisco Solano, el cual lego desempeñaba en Lima, en el convento de los padres seráficos, las funciones de refitolero en la enfermería u hospital de los devotos frailes. El pueblo lo llamaba fray Gómez, y fray Gómez lo llaman las crónicas conventuales, y la tradición lo conoce por fray Gómez. Creo que hasta en el expediente que para su beatificación y canonización existe en Roma, no se le da otro nombre.

Fray Gómez hizo en mi tierra milagros a mantas, sin darse cuenta de ellos y como quien no quiere la cosa. Era de suyo milagrero, como aquel que hablaba en prosa sin sospecharlo.

Sucedió que un día iba el lego por el puente, cuando un caballo desbocado arrojó sobre las losas al jinete. El infeliz quedó patitieso, con la cabeza hecha una criba y arrojando sangre por boca y narices.

—¡Se descalabró! ¡Se descalabró! —gritaba la gente—. ¡Qué vayan a San Lorenzo por el santo óleo! —Y todo era bullicio y alharaca.

Fray Gómez acercóse pausadamente al que yacía en tierra, púsole sobre la boca el cordón de su hábito, echóle tres bendiciones, y sin más médico ni más botica el descalabrado se levantó tan fresco, como si el golpe no hubiera recibido.

—¡Milagro, milagro! ¡Viva fray Gómez! —exclamaron los infinitos espectadores.

Y en su entusiasmo intentaron llevar en triunfo al lego. Éste, para sustraerse a la popular ovación, echó a correr cansino de su convento y se encerró en su celda.

La crónica franciscana cuenta esto último de manera distinta. Dice que fray Gómez, para escapar de sus aplaudidores, se elevó en los aires y voló desde el puente hasta la torre de su convento. Yo ni lo niego ni lo afirmo. Puede que sí y puede que no. Tratándose de maravillas, no gasto tinta en defenderlas ni en refutarlas.


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Publicado el 27 de junio de 2018 por Edu Robsy.

El Espectro en el Umbral

Robert E. Howard


Cuento


Lo sobrenatural siempre ha jugado un papel importante, no solo en el folclore, sino en la verdadera historia de Irlanda. Aparte de los Duine Sidh, los espíritus de la tierra, los Leprechaun, o Leuhphrogan, el Geancanach o la Cloblier-ceann, y demás espíritus como las hadas, comunes a toda la isla y a toda la raza, existen espíritus locales, y resulta difícil encontrar una sola familia irlandesa que no cuente con su propio fantasma o aparición.

Lo que se disponen a leer a continuación es una traducción del gaéèlico de las Memorias del capitán Turlogh Kirowan, que ejerció dicho rango en Francia, durante el reinado de Luis XIV, en 165—. La vida del capitán Kirowan resulta sumamente turbulenta. Nació en la ciudad de Galway, pero su madre era una O’Sullivan del Condado de Kerry. Participó en primera línea en la mayoría de los complots y revueltas contra el gobierno inglés y fue en 1650, durante la increíble severidad del sangriento dominio de Cromwell en Irlanda, cuando tuvieron lugar los siguientes sucesos. Kirowan le era bien conocido a Cromwell, tanto por su valor como por su habilidad, y el célebre hipócrita de manos ensangrentadas, que rugía blasfemias contra la voluntad Divina mientras repartía muerte a diestro y siniestro, había ofrecido un alto precio por la cabeza del valiente capitán de Galway. Podemos estar seguros de que Cromwell andaba a la búsqueda de Kirowan, aunque fuera por medio de terceros. El puritano psicópata se encontraba en su elemento a la hora de masacrar a mujeres y niños, pero no tenía agallas para enfrentarse con Kirowan, hombre a hombre.


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Publicado el 4 de agosto de 2018 por Edu Robsy.

El Presagio

Gabriel Miró


Cuento


Naturalmente somos los alicantinos distraídos, indolentes y pacíficos. No cavamos nuestra alma con lentas y profundas meditaciones ni resistimos mucho tiempo un mismo pensamiento.

Es verdad que lo nuevo, lo inesperado, nos intranquiliza y alborota, y que lo decimos y comentamos, y de todo contendemos muy ardientemente, viéndolo desemejante por excesos imaginativos. Mas luego vienen las zumbas y risas y el olvido, y somos dichosos en la dejadez, indiferencia y socarronería.

Hay en el diccionario un vocablo que sospecho extraído de la cantera espiritual de nuestro pueblo. Alicantina, f. fam.: «treta, astucia o malicia con que se procura engañar o no ser engañado».

De modo que no necesitamos de bizarrías, audacias ni de costosas empresas. Nos basta con una alicantina o varias, y se desliza nuestra vida placenteramente, contemplando el mar liso, bruñido, perezoso, y los campos, secos, amarillentos; todo cegador de lumbre, que hace entornar los ojos y nos predispone para una siesta eterna y venturosa. A esto y a nuestros buenos padres los árabes culpamos de nuestro temperamento. Otros antiguos contribuirían también. Yo no sé lo que de nuestra psicología hubiera escrito Stendhal, la señora Stäel, Taine... Da lo mismo. Quizás Unamuno nos diría cuatro lindezas o cuatro frescas. Perdería el tiempo.


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Publicado el 28 de enero de 2021 por Edu Robsy.

El Panteón de los Años

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Allá donde las eternas nieves cubren, como un casquete de plata, la extremidad de la tierra, y existen soledades dilatadísimas, sin rastros de vida, no ya humana, sino de toda clase, con gigantescos bloques de hielo, se ha formado el eterno edificio.

Se alzan colosales sus bóvedas transparentes, y su estilo arquitectónico recuerda en gran parte el de las construcciones atribuidas a los cíclopes. La puerta, la única puerta, es baja, y no existen ventanas, ni cornisas ni adornos. Dentro, salas y más salas, y, abiertos en el mismo hielo, nichos donde descansan los años difuntos. Fue el Padre Tiempo, el viejo temeroso, el siempre joven interiormente, el que se renueva a medida que se consume, quien trazó el plano y erigió los muros deslumbradores de este edificio misterioso, para dar en él sepultura magnífica a sus hijos, según van precipitándose en el abismo del no ser.

Millones de años yacen allí, y el mayor número ha transcurrido sin dejar huellas en la memoria de nadie. Antes de que el hombre, en el período del último terciario y el primer cuaternario, hiciese su aparición sobre la tierra, años infinitos, que no es posible calcular, habían caído silenciosamente en la fosa común, como caen las hojas en las grandes selvas desconocidas, y se amontonan formando capas de mantillo, donde brotará nuevos gérmenes. Padre amoroso, aunque devore a su progenie por necesidad ineludible, el barbado Kronos recogió a esos años oscuros y sin historia, y los llevó al palacio fúnebre y glacial. Ninguna inscripción señaló el sitio que ocuparon. Eran los años anónimos, en que todo fermentaba para las evoluciones y los cataclismos futuros.


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Publicado el 27 de febrero de 2021 por Edu Robsy.

Saletita

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Cuando doña Maura Bujía, viuda de Pez, vio incrustarse en el marco de la puerta a aquel vejete de piernas trémulas y desdentada boca, apoyado en un imponente bastón de caña de Indias con borlas y puño de oro, no pudo creer que tenía en su presencia al novio de sus juventudes, al que, por ser pobre, no se había casado con ella. Cierto que el novio, Pánfilo Trigueros, ya no era niño entonces; y ahora, mientras doña Maura llevaba divinamente sus cincuenta y nueve, activa y ágil y todavía frescachona, con el pescuezo satinado aún y los ojos vivos, don Pánfilo se rendía al peso de los setenta y cuatro, tan atropelladito, que doña Maura se precipitó a ofrecerle el sillón de gutarpercha.

—Y luego dicen que no se hacen viejos los hombres —pensó, risueña, mientras le daba mil bienvenidas—. ¡Ya sabía ella su llegada, ya! ¡Y que traía un capitalazo, montes y morenas!

—Eso sí, laus Deo —silbó y salivó don Pánfilo al través de sus despobladas encías—. No nos ha ido mal del todo… De aquí me echasteis por desnudo…, y vuelvo vestido y calzado y con gabán de pieles…

Doña Maura, abriendo el ojo a pesar suyo, cogió una silla y se acomodó cerquita del anciano. Tan rara vez entraban compradores en aquella tienda de pasamanería y cordonería, que no se perjudicaba la dueña recibiendo tertulia.

—¿Conque mucha suerte? ¿Era verdad que había depositado en la sucursal del Banco un millón de pesetas?


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Publicado el 10 de mayo de 2021 por Edu Robsy.

La Guardia Nocturna

Horacio Quiroga


Cuento



Se me había dicho que Angelici había logrado resolver el arduo problema de la defensa nocturna del jardín, y yo me puse en campaña para averiguarlo. 

Nadie ignora que mucho más que el vergel de frutales, el jardín floral constituye la nocturna pesadilla de sus dueños. Como no existen valla ni cerco capaces de contener al ratero —no siempre ratero— de rosas de calidad (souvenir de Mme. une telle), los modestos propietarios deben confiar la guardia nocturna de su jardín a los animales domésticos cuya voz de alerta pone en jaque a los ladrones.


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Publicado el 21 de julio de 2026 por Brian.

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