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Lanza Seca

Javier de Viana


Cuento


Profundamente abatido, Ponciano resistió aún:

—¡No Nerea!... Eso no; ¿pa qué comprometerme al ñudo?... ¿Tenés ganas de comer una ternera gorda?... Yo tengo muchas en mi rodeo y no viá dir a carniar la ternerita blanca del vasco Anselmo, exponiéndome a un disgusto...

—¡Compraselá!

—Ya te dije que no quiere venderla.

—Robaselá, entonces...

Y luego, con esa expresión de insolente fiereza que sólo saben tener las mujeres, exclamó:

—¡No ha de ser el primer zorro que desollés!...

La bofetada hizo empurpurar sus flacas mejillas tostadas por todos los soles estivales y por todas las heladas invernales. Pero la pasión, una pasión casi senil, le maneó la voluntad y el orgullo. Guardó silencio.

Envalentonada, la china impuso:

—Ya sabés: el lunes que viene, de aquí cinco días, es mi santo, y yo quiero festejarlo comiendo la ternerita blanca del vasco Anselmo.

Ponciano se despidió contristado, sin aventurar una respuesta. En el momento de montar a caballo, ella insistió:

—Si el lunes no venís con la ternera, es al ñudo que vengás...

Era él un gaucho alto y flaco, que parecía más alto y más flaco debido a la eterna vestimenta negra. Tenía una cabeza perfectamente árabe; denegridos el pelo, la barba y los ojos; aguileña y afilada la nariz; salientes los pómulos, hundidas las quijadas, obscura la tez, finos los labios, blanquísimos los dientes.

Su flacura le había valido el mote generalizado de «Lanza seca» y pasaba en el pago por un personaje misterioso.

Su oficio era el de acarreador de ganado para invernadas y saladeros, y tenía gran crédito debido a su pericia y a su honradez.

En los veinte años que llevaba trabajando en el pago, nadie había tenido de él la más mínima queja.


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Publicado el 5 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

El Juez de Paz

Roberto Payró


Cuento


Ya se ha visto que también Pago Chico tenía juez de paz y que éste era entonces, desde años, D. Pedro Machado, «pichuleador» enriquecido en el comercio con los indios, y a quien la política había llamado tarde y mal.

—¡A la vejez viruela! —decía Silvestre.

Y para desaguisados nadie semejante al juez aquel, famoso en su partido y en los limítrofes, por una sentencia salomónica que no sabemos cómo contar porque pasa de castaño obscuro.

Ello es que un mozo del Pago, corralero por más señas, tuvo amores con una chinita de las de enagua almidonada y pañolón de seda, linda moza, pero menor y sujeta aún al dominio de la madre, una vieja criolla de muy malas pulgas que consideraba a su hija como una máquina de lavar, acomodar, coser, cocinar y cebar mate, puesta a sus órdenes por la divina providencia.

Demás está decir que se opuso a los amores de Rufina y Eusebio, como quien se opone a que lo corten por la mitad, y tanto hizo y tanto dijo para perder al muchacho en el concepto de la niña... que ésta huyó un día con él sin que nadie supiera adónde.

Desesperación de misia Clara, greñas por el aire, pataleos y pataletas...

El vecindario en masa, alarmado por sus berridos, acudió al rancho, la roció con Agua Florida, la hizo ponerse rodajas de papas en las sienes, y por si el disgusto había dañado los riñones, la comadre Cándida, gran conocedora de males y remedios, le dio unos mates de cepa caballo...

Luego comenzó el rosario de los consuelos, de las lamentaciones y de los consejos más o menos viables.

—¡Será como ha'e ser misia Clara! ¡Hay que tener pacencia!... ¡Si es de lái háe golver!

—¡Usebio es un buen gaucho y no la v'a dejar! —observaba un consejero del sexo masculino, que atribuía muy poca importancia al hecho.

Pero misia Clara no quería entender razones, ni aceptar consejos, ni tener paciencia.


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Publicado el 1 de enero de 2021 por Edu Robsy.

El Poema Vivo del Amor

Miguel de Unamuno


Cuento


Un atardecer de primavera vi en el campo a un ciego conducido por una doncella que difundía en torno de sí nimbo de reposo. Era la frente de la moza trasunto del cielo limpio de nubes; de sus ojos fluía, como de manantial, una mirada sedante, que al diluirse en las formas del contorno las bañaba en preñado sosiego; su paso domeñaba a la tierra acariciándola, y el aire consonaba con el compás de su respiración, tranquila y profunda. Parecía aspirar a ella todo el ambiente campesino, de ella a la par tomando avivador refresco. Marchaba a la vera de los trigales verdes, salpicados de encendidas amapolas, que se doblaban al vientecillo, bajo el sol incubador de la mies, aún no granada. En acorde con las cadencias de la marcha de la joven palpitaba, al pulsarlo la brisa, el follaje tierno de los viejos álamos, recién vestidos de hoja, aún en escarolado capullo e impregnados en la lumbre derretida del crepúsculo.

Apagose de súbito su marcha a la vista de un valle rebosante de quietud. Posó sobre él la doncella su mirada, una mirada verdaderamente melodiosa, y depurado entonces el pobre terruño de su grosera materialidad al espejarse en las pupilas de la moza, replegábase desde ellas a sí mismo, convertido en ensueño del virginal candor de su inocente contempladora. Humanizaba al campo al contemplarlo ella, más bien que mujer, campestre naturaleza encarnada en femenino cuerpo virginal.

Cuando se hubo empapado en la visión serena, indignose al ciego, e inspirada de filial afecto, con un beso silencioso le trasfundió el alma del paisaje.

—¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso! —exclamó el padre entonces, vertiendo en una lágrima la dicha de sus muertos ojos. Y se volvió a besar los de su hija, en que perhinchía inconsciente piedad.

Reanudaron su camino, henchido el ciego de luz íntima, de calma su lazarilla.


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Publicado el 25 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

La Cuba

Emilia Pardo Bazán


Cuento


El pintor que quisiese crear un Sileno típico y entonado, encontraría modelo incomparable en Antón de Caneira. Sileno no es un alcohólico, sino un vinoso, y ambas cosas no pueden confundirse. Sileno tiene los cachetes abermellonados, los ojos chispeantes y alegres, no la lívida palidez y las atónicas pupilas del alcohólico habitual. Sileno siente despertarse su instinto viril ante las carnes sólidas de una ninfa o de una bacante desgreñada, y el miserable esclavo del aguardiente ya ni nota el aguijón de que se quejó San Pablo… Antón de Caneira, el Sileno aldeano, no bebe «perrita». Su beodez es clásica. Pámpanos y racimos… El vino… El vino, sí. El vino en todas sus formas, jovial y juvenil en el mosto, confortador y sabroso al rehacerse, fragante y recio en su vejez… Hasta el vino malo, aguado, anilinado, de las tabernas, encontraba en Antón de Caneira un admirador, cuando no podía trasegar entre pecho y espalda algo más legítimo. Sólo empezaba a despreciar el peleón, ante el Borde añejo. Lo malo es que éste era muy raro, muy caro, y Antón no siempre guardaba en el raído bolsillo una peseta.


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Publicado el 27 de febrero de 2021 por Edu Robsy.

Sin Tregua

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Al terminar el día, las estrellas encienden los diamantes de su estuche, que fulguran de un modo intenso y extraño, como miradas en que destella el amor.

Hace frío; pero no nieva. Una pureza profunda clarifica el aire. El silencio es absoluto. Grave y solemne el momento.

Dos formas, dos bultos, una mujer y un varón avanzan por la llanura, a paso leve, cual si no sentasen en el suelo la planta.

Ella se envuelve en las amplias telas azules que hoy usan las mujeres egipcias. Él, a pesar del glacial soplo nocturno, sólo viste una túnica blanca, que descubre sus descalzados pies.

De tiempo en tiempo, los dos se inclinan, y parecen reconocer los lugares que cruzan. Un cuchicheo de ternura se establece entre ambos.

—¿Te acuerdas, María? —pregunta él—. Ya no estamos lejos. Fue hace muchos siglos, y en un establo.

—Me acuerdo, hijo mío, me acuerdo de cómo tiritábamos José y yo, rendidos de la caminata. El viento entraba libremente por las junturas de las piedras y por las aberturas del tejado. El suelo estaba húmedo y pegajoso. Fuera, helaba, helaba, helaba. Luego empezó a caer la nieve en anchos copos. Su blancura alumbraba como una aurora. Y entonces viniste al mundo. Te agasajé en mis ropas, y el amigo buey te echó su aliento gordo, tibio, y te lamió mansamente. ¡Cuánto se lo agradecí! Porque los piececitos se te habían puesto como dos granizos, y temblabas… ¡Ah, si yo pudiera librar del yugo y del aguijón a todos nuestros amigos, los bueyes, tan honrados!


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Publicado el 9 de mayo de 2021 por Edu Robsy.

El Realismo Real

Silverio Lanza


Cuento


Dos cartas y un cuento

La pena es consecuencia fatal del delito. Dios perdona a los reos castigados por el Código; y los hombres hacen justicia porque no conocen con exactitud las leyes de la naturaleza.


Al enemigo que huye
puente de plata,
al que a traición ofende
traidor le mata.

Primera carta

San Francisco de California, á tantos de tantos de tantos.


Mi buen amigo Silverio: Estamos disgustadísimos contigo, porque hace seis meses que no nos escribes, y esto no está bien que lo hagas con unos amigos que tanto te quieren.

Margarita te recuerda constantemente, y consentiría que la volvieses á llamar Margot, con tal que estuvieses aquí y fueses el consejero de nuestro Enriquito, que ya tiene tres años.

Dice ella que tú sabes entretener á los niños y á los viejos, y supongo que también te ocuparía en entretenerme, porque mis sesenta y tres años, que han estado tan llenos de contrariedades, me agobian con su terrible pesadumbre, y daría los que me restan de vida á cambio de volverme joven. En fin, no quiero hablar más de esto, que tú adivinarás perfectamente.

Mis negocios van muy bien, aunque esto no sea Jauja; y si muero te suplico que vengas enseguida á ponerte al frente de mis asuntos.

Tengo una alegría muy grande que comunicarte, y es que vamos á tener otro chiquitín, que nos hacía mucha falta, porque siempre estábamos pensando qué sería de nosotros si perdiésemos á Enriquito, ¡no lo quiera Dios!

Margarita está de cinco meses, y tienes tiempo, si quieres, de venir á ser el padrino. ¿A que no te atreves?

He leído todos los libros que me enviaste, y todos te los agradezco, pero singularmente La Estátua, de nuestro querido Urrecha.

Es un libro admirable, que para mí es interesantísimo.


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Publicado el 28 de diciembre de 2021 por Edu Robsy.

La Inmoralidad De "La Garçonne"

Horacio Quiroga


Artículo, Crítica


Esta culpa de inmoralidad recaída sobre un novelista con treinta años de honestísima labor, inmoralidad supuesta tan obscena y crasa que el Consejo de la Legión de Honor se ha visto forzado a arrojar al escritor de sus filas, constituye un hecho bastante más trascendental que la excomunión religiosa y digno, por lo tanto, de grave atención.

Nadie ignora la situación de niños mimados de la literatura de que gozaron un día los hermanos Margueritte, hijos del general del mismo nombre, cubierto de gloria en el célebre ataque de caballería de Sedan. Paul y Victor Margueritte han cantado con profundo amor filial las hazañas de su padre, y las del ejército y de su patria en general. Por muchos años el nombre de los hermanos Margueritte ha estado así ligado a las glorias pasadas y futuras de Francia, condensadas por cierto mundo en un solo y neto  ideal: la revancha guerrera.


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Publicado el 26 de julio de 2026 por Brian.

Argumento

Emilia Pardo Bazán


Cuento


¿Quién no conoce a aquel médico no sólo en la ciudad, sino en la provincia, y aun en Madrid, al que desdeña profundamente? Son muchas las cosas que desdeña, y entre ellas, el dinero. Lo desdeña con sinceridad, sin alharacas. Podría ser rico; su fama de mago, más que de hombre de ciencia, le permitiría exigir fuertes sumas por las curas increíbles que realiza; pero para él existen la conciencia, el alma, la otra vida —un sinnúmero de cosas que mucha gente suprime por estorbosas y tiránicas—, y se limita a tomar lo que basta al modesto desahogo de su existir. No tiene coche, ni hotel, ni cuenta corriente en el Banco; en cambio, espera tener un lugar en el cielo, al lado de los médicos que hayan cumplido con su deber de cristianos, que algunos hay, y hasta en el Santoral los encontramos, con su aureola y todo.


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Publicado el 28 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Viaje de Don Casiano

Emilia Pardo Bazán


Cuento


No podrá decir nadie que don Casiano emprendió a la ligera aquella expedición que había de hacer época en su vida sedentaria y penumbrosa, encerrada entre las cuatro paredes de las Bibliotecas que asiduamente frecuentaba.

Don Casiano frisaba en los cincuenta y cinco años, y a pesar de estudios muy pacientes y de una tenacidad de insecto roedor, no había conseguido que su labor fuese estimada en lo que a su juicio valía.

Para hablar con lisura, nadie se enteraba ni hacía caso de labor semejante. Con menor esfuerzo, otros, eruditos e investigadores alcanzaban fama y hasta un rayito de pálida gloria. Se les otorgaban honores; se les llevaba a puestos lucrativos y cómodos, verdaderas brevas. Él seguía vegetando, guardando en los cajones del escritorio los elementos de una obra magna que proyectaba desde hacía lo menos quince o veinte años, y para la cual, en medio de tanto acopio de materiales, notas, apuntes, extractos y fárragos, le faltaban algunos decisivos. No importa: él sabía dónde desenterrarlos. Diversas noticias le habían hecho sospechar que el tesoro se guardaba en la catedral de Nublosa, una de las más interesantes por su arquitectura de fortaleza y por los recuerdos históricos que a ella iban reunidos.

Tardó, sin embargo, don Casiano un lustro en habituarse a la idea de que era preciso visitar la vieja ciudad, aislada a respetable distancia de la línea férrea. Encaramada en la ladera de un monte escueto, Nublosa apiña su caserío, que parece hincarse de hinojos ante el templo que la sirve de acrópolis, y éste, ceñudo y severo, con sus torreones y su recinto fortificado, desafía el vuelo del tiempo, y se diría que condena la vanidad del presente con la majestad grave del pasado.


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Publicado el 27 de febrero de 2021 por Edu Robsy.

Manos Blancas…

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica


Manos Blancas. Hobart Bosworth y Roberto Mac Kim. —La cinta de este título estrenada en los últimos días reúne a dos hombres de alto valer en el cine que por vez primera, si no recordamos mal, se encuentran con papel descollante en un mismo film. 

Hobart Bosworth y Roberto Mac Kim representan dos tipos característicos en este sentido: que siendo ambos de gallardo continente, buenos mozos (pese a la edad de Bosworth), y de noble fisonomía, prefieren desarrollar sus facultades de expresión en los papeles antipáticos. 


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Publicado el 20 de septiembre de 2026 por Brian.

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