Textos más cortos | pág. 56

Mostrando 551 a 560 de 8.907 textos.


Buscador de títulos

5455565758

Captura

Sofía Valentina Montiron.


Poesia/ relato corto.


Quisiera poder hablarle al olvido. Que me haga olvidar que alguna vez me besaste tan lindo que en nadie más pude recuperar esa sensación de que el presente es presente porque estábamos nosotros. En un lío tridimensionalmente casi pacífico, pero faltaba algo para que se ordenara y se convirtiera en estabilidad. Esos triángulos que nunca los entendí, ¿funcionan? Digo, no veo muchas formas triangulares: las calles, los reportes, el sol que da en mi lente. Vos, yo, el sol, el reflejo nuevamente. Vos no. Vos ya no.

Me tocó el hombro como un niño que quiere algo de manera instantánea, que no te da tiempo a contestarle que primero tenés que ver si contás con el dinero, o hacer la fila, esperar que la fila se vaya adelantando, esperar que le llegue el pago a la empleada, que le diga "que tenga buenas tardes, vuelva pronto". Encontrar la plata, contar una vez y volver a contar para darle el dinero, que cuente su vuelto y vuelva a contarlo en voz alta para que yo vea bien que esa persona no me está dando de menos. Decirle que no lo quiero para regalo, sino que es un regalo para el niño, pero que no hace falta envolverlo. O sí... le pregunto al niño, pero lo quiere tan rápido que envolver en papeles un regalo que quiere ser tocado de manera inmediata con sus respectivas manitos es demasiado arriesgado para una mente tan activa. Me lo da, se lo doy. Silencio dormido del deseo, ahora está feliz, yo también. Y él... él está en su mundo buscando, tal vez, una forma que no sea triangular.

¿Seguirá con vida? Pensaba mientras la cajera me decía "vuelva pronto". 

Nunca más se sabe de alguien que quiere saberse para siempre. 

Gracias, que tengas buen día.


Información texto

Protegido por copyright
1 pág. / 1 minuto / 21 visitas.

Publicado el 14 de junio de 2026 por Sofia.Montiron..

¡Es Natural!

Horacio Quiroga


Poema, Lírica


Esther no me ha conocido. He pasado a su lado, temblando de emoción. Cuatro meses que no la veía, y me ha olvidado. Ya no se acuerda de mí, ella que me hizo conocer algo hermoso, yo que la quise tanto, que llegué á dudar de su existencia, ¡oh virgen de oro!

Y no me ha conocido —Allá cuando estaba muy lejos, soñé que me adoraba, pensé que pudiera no verla jamás, pensé que me despreciaba, que sus ojos mentían; pero en medio de mis luchas y cavilaciones, nunca, nunca creí que Esther no me conociera!

¿Qué puedo esperar, cuando mi dulce Esther, como la llamaba en mis momentos de ternura, ha perdido la memoria y le soy indiferente? ¡Pobre principio!


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 8 visitas.

Publicado el 14 de septiembre de 2026 por Brian.

Una Ecuación con Dos Incógnitas

Silverio Lanza


Cuento


(Una solución)


Diálogo en la cervecería del Quebec's Inn entre un Exchange-broker y su hijo.

—Dí, papá; ¿vamos á estar en este país mucho tiempo?

—Quizás estemos poco... quizás estaremos siempre.

—¿Y mámá?

—Ha muerto.

—¡Muerta!...

—Un agente de policía la dió un culatazo. ¿Oyes? un culatazo. Oyelo bien.

—¿Y de qué murió?

—El médico creyó que de una meningitis: un magistrado dijo que la había matado la rabia, y yo creo que murió de vergüenza... Porque nos avergüenzan... Ya lo sabes.

Un minuto de silencio.

—Oye, papá; ¿por qué bota la pelota?

—¿Por qué preguntas eso?

—Contéstame.

—Pues bien; al dar en el suelo se oprime el aire que hay dentro de la esfera de goma; este aire trata de recobrar su volumen primitivo, y este esfuerzo de reacción se efectúa en todos sentidos: la fuerza hacia abajo se neutraliza con la resistencia del suelo, y la que va hacia arriba puede con la pelota y la levanta en el aire... Y basta.

Otra pausa.

—Contesta, y no te incomodes

—Di.

—De modo que si la doy con mucho empuje botará mucho.

—Sí, hijo, sí.

—¿Y si la diese con mucha fuerza... con la fuerza de toda la pólvora que hay en Inglaterra?

—¿Qué es eso?

—Sí, papá; yo la empujo con todo mi cuerpo, y con toda esa fuerza...

—Pero entonces darías de bruces en tierra y te estrellarías.

—Bueno; me estrellaría, pero la pelota subiría mucho, mucho... ¿Hasta dónde?

—No sé.

—Subiría hasta el cielo; hasta donde está mamá.

—¿Qué dices, hijo?

—Calla, calla, papá. Ya ves que oía cuando me contaste lo del culatazo.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 56 visitas.

Publicado el 13 de enero de 2022 por Edu Robsy.

Sagas de pergamino

Cristóbal Miró Fernández


Reflexión


Picasso consideraba que el arte no debía servir para decorar paredes, creía que el arte debía remover conciencias, pensemos en su eterno Guernika, por ejemplo, un alegato contra la guerra, que como dice la canción, es un monstruo que pisa fuerte, aplastando la inocencia de la gente… que despierta brutalmente del sueño de que es posible vivir en paz en un medio ambiente de conflicto perpetuo entre contrarios…” cause life is a battle” canta Jane Zhang en una de sus canciones.El arte tampoco distingue entre géneros. Considerar que las mujeres son féminas en cualquier terreno es olvidarse de que las chicas son guerreras y de que la vida es de sexo femenino y nuestro mundo es de sexo femenino, vivimos en la Tierra. La Tierra es madre, es cuna de canción de hielo y fuego… no olvidemos también que el término nipón geisha es neutro, y significa, indistintamente, a quién es diestro en un arte, al artista universal. Tampoco tiene edad, pues Picasso pintó un autorretrato suyo a los 91 años, por ejemplo. Desde que el ser humano desarrolló el sentido del arte nació el arte como disciplina salvaje, hija de la naturaleza de cuyos huesos nació la música, amén de todas las demás formas de alma y voz de las musas… e incluso antes que el ser humano surgiese, el arte ya existía. La vida misma es el arte de la supervivencia, de la garra y de las pieles, del colmillo y la inteligencia, de la piedad y el amor, de los extremos entre la chimenea invernal y el incendio devastador estival… El arte de la evolución salvaje de los sentimientos, inútilmente convertida en parque, disciplinada en el intento imposible de adornar fachadas, pues incluso en el más rosado parque del mundo convive el verde con el azul del cielo.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 34 visitas.

Publicado el 23 de mayo de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .

El Nuevo Abogado

Franz Kafka


Cuento


Tenemos un nuevo abogado, el doctor Bucéfalo. Poco hay en su aspecto que recuerde a la época en que era el caballo de batalla de Alejandro de Macedonia. Sin embargo, quien está al tanto de esa circunstancia, algo nota. Y hace poco pude ver en la entrada a un simple ujier que lo contemplaba admirativamente, con la mirada profesional del carrerista consuetudinario, mientras el doctor Bucéfalo, alzando gallardamente los muslos y haciendo resonar el mármol con sus pasos, ascendía escalón por escalón la escalinata.

En general, la Magistratura aprueba la admisión de Bucéfalo. Con asombrosa perspicacia, dicen que dada la organización actual de la sociedad, Bucéfalo se encuentra en una posición un poco difícil y que en consecuencia, y considerando además su importancia dentro de la historia universal, merece por lo menos ser admitido. Hoy —nadie podría negarlo— no hay ningún Alejandro Magno. Hay muchos que saben matar; tampoco escasea la habilidad necesaria para asesinar a un amigo de un lanzazo por encima de la mesa del festín; y para muchos Macedonia es demasiado reducida, y maldicen en consecuencia a Filipo, el padre; pero nadie, nadie puede abrirse paso hasta la India. Aun en sus días las puertas de la India estaban fuera de todo alcance, pero no obstante, la espada del rey señaló el camino. Hoy dichas puertas están en otra parte, más lejos, más arriba; nadie muestra el camino; muchos llevan espadas, pero sólo para blandirlas, y la mirada que las sigue sólo consigue marearse.

Por eso, quizá, lo mejor sea hacer lo que Bucéfalo ha hecho, sumergirse en la lectura de los libros de derecho. Libre, sin que los muslos del jinete opriman sus flancos, a la tranquila luz de la lámpara, lejos del estruendo de las batallas de Alejandro, lee y vuelve las páginas de nuestros antiguos textos.


Información texto

Protegido por copyright
1 pág. / 1 minuto / 1.051 visitas.

Publicado el 14 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Las Cañadas

Juan José Morosoli


Cuento


El agua que corría por la calzada se llenaba de pequeños barcos de papel, que arrojábamos uno detrás de otro. Luego los seguíamos con la imaginación en su viaje por las calles del pueblo. Mi padre nos reprendía. Aquel continuo ir y venir bajo la lluvia, terminaría por mojarnos la ropa.

–Déjalos –decía abuelo. –No son los botes, son ellos que viajan...

Siempre el agua en nuestra alegría. El agua corriendo como nosotros.

Tras los ríos de la calzada, las cañadas llenas de saltos y con enaguas de espuma como las niñas.

Las cañadas llenas de encanto, con la juguetería de sus piedras de colores, redondas y sonantes como monedas.

Quisimos hacer una colección pero comprendimos que era imposible. Era tan difícil como coleccionar nubes.

–¿No ves que todas, todas, son de colores distintos?...

Había de colores que sólo se podían definir por comparación. Colores que sólo tenían las frutas, los pájaros y las nubes.

Las golondrinas volaban sobre su cauce sonoro flechando la mañana. Peces como hojitas iban en la corriente.

Junto con los pantalones largos conquistamos el arroyo que ya era cosa de muchachos y no de niños.

Y luego las noches del arroyo.

Íbamos a pescar con los amigos.

La noche se escondía en el monte. Algunos pájaros cantaban las horas como relojes. La corriente se cargaba de estrellas. Las lagunas le tiraban de la cabellera a los sauces.

Nos reuníamos en torno de los fogones donde llameaban azules y amarillos los leños del pago.

La noche se iba corriendo hacia los bordes del campo y el arroyo se guardaba monte adentro...

Siempre había una corriente de agua en nuestras horas mejores.

Pero las cañadas eran las más queridas. Las cañadas son la niñez.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 28 visitas.

Publicado el 27 de julio de 2025 por Edu Robsy.

Las Costas del Pleito

José Fernández Bremón


Cuento


Subía el gusano de luz por las ramas de un fresno para evitar, a buena altura, el pico de un gallo que se había salido del corral, y al revolver una hoja tropezó sin querer con la cantárida.

—¡Aparta, farolero! —dijo ésta despertando con mal humor—; si no ves de día, enciende tu linterna.

—¿Mi linterna? Ya quisieras tener ese adorno, que sólo tienen las estrellas en el cielo; con ella doy luz de noche, y alumbro algunas veces a un sabio amigo mío cuando no tiene vela para escribir. Tú eres inútil.

—No es verdad; mi cuerpo se lo disputan los boticarios apenas muero, para medicina. ¿Quién te busca ni repara en ti cuando se apagan tus faroles?

—Pero tú eres como el avaro, que necesitas perecer para que aprovechen tus despojos.

—¿No es mejor ser útil después de existir que brillar en vida?

—Bajad aquí —dijo el gallo alzando el pico— y yo sentenciaré ese pleito.

—¡Qué más qusieras sino que bajásemos, para resolver la cuestión con un par de picotazos. ¡Vaya un juez!

—Para que veáis mi desinterés, decidiré desde aquí sin exigiros adelantos. Tú, gusano de luz, eres útil, celebrado y brillante mientras luces; es un mérito. Tú, cantárida, tienes un valor medicinal después de muerta; es otro mérito también; pero uno y otro sois incompletos: el verdadero saber consiste en ser útiles en vida y después de la muerte, como yo.

—¿Pues para qué sirves? —dijeron a la vez los coleópteros.

—Mientras vivo, defiendo y aumento el gallinero, y soy de noche un cronómetro; cuando muero, preguntad a los hombres a qué sabe el gallo con arroz. He fallado en justicia: si sois honrados, bajad a entregar vuestros cuerpos en pago de honorarios.


Leer / Descargar texto

Dominio público
1 pág. / 1 minuto / 17 visitas.

Publicado el 14 de julio de 2024 por Edu Robsy.

5455565758