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Ánfora

Joan Carlos Vinent


relato


Pandora’s Box (23-II-2003)
 Estaba  en  el  lugar  indicado.  Decidió  esperar.  Había  tiempo para  seguir  con  el  plan.  No  podía  tardar  demasiado.  Podrían sospechar.  Arrancó  la  motocicleta  y  llegó  a  casa.  Era  una  cabaña sobria  pero  refugio  suficiente  para  el  duro  invierno  que  intentaba emular  lugares  de  monotonía  septentrional.  Encendió  la  lámpara  de petróleo  y  añadió  unos  troncos  a  los  rescoldos  aletargados.  De entre  el  polvo  sacó  un  libro  deseoso  de  revivir  en  la  soledad  de  la noche  heladora.  Leyó  el  último  capítulo  del  libro.  No  le  importaba  el final,  sino  el  camino.  Así  que  ya  estaba  preparado  para  saborear cada  una  de  las  palabras  de  un  todo  que  culminaba  con  un desenlace  que  resultaba  absurdo  sin  contar  con  cada  una  de  las partes  esenciales  que  creaban  armonía  en  una  historia  que  cobraría valor  poco  a  poco. La  noche  húmeda  seguía  su  curso  y  repiqueteaba  en  el  tejado oxidado  de  la  caseta  del  viejo  mastín.


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Publicado el 2 de octubre de 2020 por Juan Carlos Vinent Mercadal.

La Hormiga Minera

Horacio Quiroga


Artículo, Crónica, Cuento


En la región nordeste de la república, asolada por la hormiga, los colonos recitan al efectuar sus siembras: "Plantemos para las hormigas, y que alcance para nosotros".

No se trata, como pudiera creerse, de una tolerable hormiga de jardín, muy fácil de exterminar en su hoya. La hormiga minera nada tiene que ver con sus congéneres negras o rubias. Es un poderoso animal de color rojo obscuro, tremendas mandíbulas y el torso erizado de púas, que vive atrincherado bajo tierra en Misiones.

Ella es dueña absoluta del subsuelo y de la vegetación que crece encima. Más que el tiempo, ella rige la agricultura del país. Su presencia desencadena la desesperación del colono.

Tarde o temprano, se la envenene o se la asfixie, se la combata día y noche en sus mismas trincheras, ella acaba por triunfar.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Espectro Del Oro

Horacio Quiroga


Crónica, Artículo


Dos mineros salen de Dawson, sita en la confluencia de los ríos Yukon y Klondike, que da su nombre a la región, y emprenden viaje en dirección de uno de los tantos ríos auríferos del Alto Canadá. El río en cuestión ha atraído ya por su fama a muchos mineros. Casi todos se han vuelto desde el camino por no poder resistir el tormento de los mosquitos.

Nótese bien: estamos en el paralelo 67, donde la temperatura se mantiene en invierno por varios días alrededor de 50 grados bajo cero. Lo que es esta temperatura sobre el organismo humano, pronto lo vamos a ver.

Nuestros dos mineros, pues, salen de Dawson con sus mochilas y sus picos en verano, afrontan los mosquitos, y con suerte mayor o menor que sus predecesores, hallan un filón que trabajan durante el otoño, y que al promediar el invierno está agotado.

Uno de los mineros se siente muy débil para regresar a Dawson. Su compañero le dice:


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Dominio público
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Publicado el 13 de julio de 2026 por Brian.

Pequeñas islas

Melba Guariglia


Poesía


En el desorden del mar, pequeñas islas.



Sitio y tiempo

sitio y tiempo fluyen simultáneos

próximo en-seguida lugar después ola tras ola

instancias disgregadas en pura arena





Una lápida y su epitáfio

una lápida y su epitafio

sorpresa de seguir vivos

en la brevedad

de un adiós




Luna menguante

luna menguante

última llamada

espacio en blanco

inhabitable

el frío es muy frío



Calles verticales

calles verticales

puertas como torres

la imagen del lenguaje

el mar en la boca

dejaré huellas en todos los zaguanes




En el recorrido

en el recorrido

abolir la circunstancia

cautivarse.

durar

durar

mientras tanto alrededor...



Textos tardíos

Textos tardíos la furia del alfabeto

escribo en el humo

tropezando

derrumbes de agua en el río

se oye

el rumor de la niebla




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Publicado el 24 de enero de 2026 por Fernando Guzmán.

El Flete

Javier de Viana


Cuento


Es el primero y el más persistente de los amores gauchos.

Es el complemento de todos los otros, el instrumento indispensable a las satisfacciones de todas sus vanidades y de todos sus orgullos.

El flete es el potrillo que él eligió entre los cien potrillos de la marcación del año.

Elección difícil, realizada después de innumerables vueltas y revueltas por el interior de la manguera, donde se agita inquieta y bravía la manada.

La primera preocupación ha de ser el pelo. El “colorado sangre de toro” es el preferido, pero abunda poco. El “zaino negro”, el “tostado”, el “picazo cabos blancos”, el “moro” y el “tordillo”, son los pelajes preferidos. Nadie elegirá un “lobuno”, un “pampa”, un “rabicano” y mucho menos un “tubiano”, por más linda que sea su estampa, como nadie preferirá un “lunanco”, un “cacunda” ni un “sillón”.

E! flete debe ser lindo, pero es indispensable que reuna a la vez las cualidades de guapeza más ponderables. Los ojos han de ser vivos, las orejas nerviosas, ancho el encuentro, finos los remos, recias las caderas.

Un gaucho puede tener una o más tropillas de buenos, hasta de excelentes caballos, pero el flete es único.

Él dejará difícilmente pasar un día sin echarle un vistazo a “su potrillo”, siguiendo su crecimiento, extasiándose como una madre, al ver afirmarse, de semana en semana, la belleza de sus formas.

Él mismo lo amansa, él mismo lo doma, con prolijidad, con paciencia, con cariño. No tiene prisa.

Cuando se aproxima el día de su “debut” en la pista, el joven gaucho vive casi exclusivamente consagrado a su flete. No es raro que el patrón, —quien, como todos, ha pasado por ese trance,— lo exima siempre de toda ocupación durante ese período, y los compañeros se prestan gustosos a reforzar sus tareas propias para suplir su falta y hasta para ayudarlo en el entrenamiento del parejero.


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Publicado el 12 de octubre de 2022 por Edu Robsy.

Ante la Ley

Franz Kafka


Cuento, Fábula


Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián , y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si mas tarde lo dejarán entrar.

—Tal vez — dice el centinela — pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta , como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

—Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno mas poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene mas esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta. Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

—Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.


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Publicado el 24 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

En Tiempo de Guerra...

Javier de Viana


Cuento


A Domingo Arena.


Avanzaban cortando campo, rehuyendo los caminos y los pasos reales, deslizándose por quebradas, internándose en serranías, aventurándose por picadas, entre montes espesos y pajonales cerrados. De día marchaban apareados, cambiando raras palabras de tarde en tarde; más al llegar la noche—noches obscuras, toldadas, sin luna, salpicadas apenas de escasas estrellas pálidas—Donato se adelantaba, ordenando silencio, por precaución y por evitar distracciones que hubieran podido hacerle perder el rumbo.

Policarpo, el hijo único del rico estanciero de Mazangano, había abandonado precipitadamente la ciudad, donde cursaba su estudios, para correr en busca del ejército revolucionario. Llegado a la estancia, puesto de acuerdo con el negrillo Donato, su compañero de infancia, confió a éste la dirección de la aventura, reconociéndole una superioridad campera, adquirida en los cuatro años que él había permanecido en la ciudad.

Y el negrillo ordenaba con insolente rigidez.

La noche estaba terriblemente obscura y el trote continuaba con su fatigosa monotonía. Policarpo había aflojado las riendas al zaino y dormitaba con las manos apoyadas en la cabecera del recado, el torso hecho un arco y la cabeza caída sobre el pecho. Pero un tropezón de la bestia, una sacudida demasiado violenta, lo obligaban a erguirse, a mirar, a pensar.


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Publicado el 31 de agosto de 2022 por Edu Robsy.

Desde febrero con amor

Cristóbal Miró Fernández


Reflexión


Febrero es un mes que contempla las dos caras de la luna vista a ocho ojos, la del sueño y la pesadilla, la del cuerpo y el espíritu, la del mundo y el Paraíso, la del triángulo del deseo y los latidos del corazón. Es el mes donde reina Don Carnaval y Doña Cuaresma, enfrentados monarcas de diástole y sístole, la época de las máscaras y la poesía desnuda, de la verdad y la fantasía, el gozo y la tragedia, el imperio del arquero, ángel elevado y caído al mismo tiempo…

El Carnaval de San Valentín, el amor en tiempos previos al mes de marzo, un sentimiento por el que vale la pena morir, morir por alguien o algo más importante que la propia vida. El arquero del amor de oro y plomo, el que fue vástago de Venus y Marte, la sombra y al luz, la burla de la muerte y la muerte misma, el amor eterno, la vida eterna, el amor más allá de la muerte por siempre jamás, el sacrificio supremo aun ignorando el instinto de supervivencia propio de cada persona.

El amor de amores, el amor entre iguales y diversos, el amor visto con ojos en blanco y negro y en color, a través de las pupilas de Leonardo Da Vinci y su inmensa paleta de colores infinitos, el amor de cero más cero, cero más uno, uno más uno, y la suma, sea cuales sean sus elementos quedan lugar a la multiplicación hasta el infinito del resultado de tal operación matemática. Eros y Cupido, convivientes un solo gemelo a la sombra de la legalidad o a la legalidad declarada y aceptada por decreto a portón abierto de armario de presa.


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Publicado el 6 de marzo de 2022 por Cristóbal Miró Fernández .

La Última Carta

Isabel Petrus


Cuento


Querido Juan:


Hoy, de repente, he amanecido un poco más valiente.

No lo creía posible. Durante mucho tiempo, me acostumbré a ser tu sombra, tu deseo, el cuerpo exacto de tu ausencia. Durante mucho tiempo, las líneas de mi cuerpo han sido, solamente, el dibujo exacto de tus huidas, la parodia de tus ausencias. Durante demasiado tiempo, he sido, solamente, lo que tú has querido, a un paso exacto entre la ilusión y el olvido.

Pero se acabó. Hoy he hecho mis maletas. He puesto en ellas, solamente, lo que más necesito: una cucharada de ilusión, toneladas de olvido, y este montón de ausencias que me has regalado últimamente. Y te he escrito ésta, mi última carta, mi último cuento, con la esperanza exacta de que no la esperes, de que te pille por sorpresa, de que tardes, como las anteriores, en leerla, para que me de tiempo para estar muy lejos.

Porque mi valor no alcanza para tanto. Igual, en el último momento, me convences. Y no quiero. Pretendo, por una vez, romper los barrotes de esta cárcel absurda en que me muevo, y volar de nuevo, sola, hacia otros rumbos, a compartir otras presencias. Fue bueno. Te juro que fue bueno mientras duró. Y podría haber durado mucho tiempo. Pero nadie se cree ya tus excusas, tus soluciones fáciles, que me mantienen atada a tus llamadas, pendiente de ti, sin solución ni remedio.

Por esto me voy. Emprendo el viaje sola, casi sin equipaje. Para mí, también, los caminos de la mar son inmensos, y las noches demasiado dulces, como para compartirlas con un sueño. Y me voy. Me voy mientras abrazo todavía tus recuerdos. Cada una de tus caricias, cada una de tus palabras. Pero ya las supero. Porque, de repente, he decidido volver a ser yo misma. Me he cansado, y espero que para siempre, de ser solamente lo que tu quieras, pendiente de tu voz, de tus ausencias. Demasiado, demasiado tiempo he vivido sólo para ti.


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Publicado el 7 de diciembre de 2020 por Edu Robsy.

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