Textos más largos | pág. 110

Mostrando 1091 a 1100 de 8.755 textos.


Buscador de títulos

108109110111112

El Pozo de Santa Clara

Anatole France


Cuento


Prólogo. El R. P. Adone Doni


Τὰ γὰρ φυσιχὰ, χαὶ τὰ ἠθιχὰ, ὰλλὰ χαὶ τὰ, μαθημτιχὰ, χαὶ τοὺς ἐγχυχλίουϛ λόγος, χαὶ περὶ, τεχνὦν πἆσαν εἶχεν ἐμπειρίαν.

(Laert. IX, 37).
 

Me encontraba en Siena, durante la primavera. Ocupado todo el día haciendo minuciosas investigaciones en los archivos de la ciudad, iba a pasearme por la tarde, después de comer, por el agreste camino del Monte Oliveto, donde a la hora del crepúsculo grandes bueyes blancos uncidos arrastraban, como en tiempos del viejo Evandro, un rústico carro de plenas ruedas. Las campanas de la ciudad plañían la muerte tranquila del día; y la púrpura de la tarde descendía con majestad melancólica sobre la baja cadena de las colinas. Cuando ya los negros escuadrones de las cornejas habían asaltado las murallas, un gavilán, solitario en el cielo de ópalo, giraba con las alas inmóviles sobre una encina aislada.

Y proseguía adelante, circundado del silencio, de la soledad y de los dulces terrores que se agigantaban ante mí. La marea de la noche envolvía insensiblemente el campo. La mirada infinita de las estrellas parpadeaba en el cielo. Y en las sombras, las moscas de luz hacían palpitar sobre los matorrales su luz amorosa.

Estas chispas animadas cubren por las noches de Mayo toda la campiña de Roma, de la Umbría y de la Toscana. Yo las había visto antaño sobre la vía Apia, en torno de la tumba de Cecilia Metela, donde hace dos mil años que vienen a danzar. Encontrábalas en la tierra de Santa Catalina y de la Pía, d’Tolomei, a las puertas de esta ciudad de Siena, dolorosa y amable. A todo lo largo de mi camino vibraban entre las hierbas y los arbustos, se rondaban, y en ocasiones, como respondiendo a la apelación del deseo, trazaban sobre el camino el arco inflamado de su vuelo.


Información texto

Protegido por copyright
152 págs. / 4 horas, 27 minutos / 121 visitas.

Publicado el 12 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

Los Piratas en Cartagena

Soledad Acosta de Samper


Novela


Introducción

La envidia, la emulación y el odio que el gran poderío de España en el nuevo mundo despertó entre las demás naciones europeas, se había traducido por medio de ataques y vías de hecho: cosa natural en un tiempo recién emancipado de la barbarie y que acababa de salir de la época de transición llamada de la Edad Media. Aquellos ataques injustos contra España se pusieron en planta por ciertas asociaciones y compañías de piratas, corsarios, filibusteros, bucaneros y aventureros de diferentes naciones, y particularmente ingleses y franceses, los cuales, con el pretexto de auxiliar a sus gobiernos y reyes —casi continuamente en guerra contra España—, se dieron a robar los tesoros que llevaban de las colonias a la madre patria, cometiendo al mismo tiempo innumerables desafueros y cruelísimas acciones en los puertos hispanoamericanos, como podía temerse de malandrines sin Dios ni ley.

Establecidas aquellas asociaciones de piratas en varias islas de las Antillas, que habían logrado tomar por su cuenta, muy en breve se hicieron poderosos y temibles, y las expediciones que sus jefes enviaban contra la tierra firme causaban el espanto y el terror de los colonos, que jamás podían vivir tranquilos y seguros.

Señalaremos aquí muy de paso los nombres de las expediciones más importantes que atacaron las costas de los territorios que hoy forman la República de Colombia.


Leer / Descargar texto

Dominio público
152 págs. / 4 horas, 26 minutos / 208 visitas.

Publicado el 8 de mayo de 2023 por Edu Robsy.

La Perla del Río Rojo

Emilio Salgari


Novela


1. LA PAGODA DEL ESPÍRITU MARINO

Un trueno espantoso, que parecía que iba a derrumbarlo todo, seguido de un relámpago deslumbrador, había hecho conmover las inseguras bóvedas de la antigua pagoda Tang-Ki.

La campana, suspendida en lo alto de la pirámide, que ni el tiempo ni los huracanes habían destruido todavía, a pesar de que contaba ya con más de seis siglos de existencia, produjo un sonido broncíneo, semejante al lamento de un moribundo.

Siguieron después mil extraños rumores, como si una muchedumbre de almas en pena se complaciese en, recorrer las desiertas galerías del Monasterio de los bonzos. Retemblaban las paredes, oscilaban, las gigantescas linternas que aún pendían de las bóvedas, golpeaban las pesadas puertas de madera de teca, abriéndose y cerrándose con estrépito.

Gemían los armazones de las pirámides con incesante lamento, mientras ráfagas impetuosas de viento entraban, por las puertas abiertas de la pagoda, arrojando al interior montones de hojas arrebatadas a los bosques vecinos, las cuales rodaban por el pavimento brillante, con un rumor que daba escalofríos.

Sai-Sing se había acurrucado a los pies de Nairan, el dios marino de los tonkineses, cuya estatua, aún blanca, se erguía en medio de la pagoda agigantándose en la oscuridad. Vivo terror se había dibujado en las graciosas facciones de la muchacha y su rostro de color casi alabastrino, se había tornado lívido.

—Tengo miedo —murmuró, envolviéndose apretadamente en su amplio manto de seda blanca—. ¿Oyes, Man-Sciú?

Una forma humana, que estaba echada en tierra junto a la estatua del espíritu Marino, se levantó, dejando oír una carcajada burlona.

—¿La Perla del Río Rojo tiene miedo? —preguntó con voz estridente. ¿Para qué, entonces, me hizo venir? ¿Habrá olvidado ya el juramento de vengar el secuestro del valeroso Lin-Kai?


Leer / Descargar texto


152 págs. / 4 horas, 26 minutos / 451 visitas.

Publicado el 24 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

El Rayo Verde

Julio Verne


Novela


I. El hermano Sam y el hermano Sib

¡Bet!

—¡Beth!

—¡Bess!

—¡Betsey!

—¡Betty!

Todos estos nombres resonaron sucesivamente en el magnífico hall de Helensburgh con arreglo a la costumbre del hermano Sam y del hermano Sib, para llamar así al ama de llaves de la mansión.

Pero en aquel momento los diminutivos familiares del nombre de Elisabeth no lograron que apareciera la buena mujer, tanto como si la hubieran llamado con su nombre entero.

En cambio, el que apareció en la puerta del hall con la gorra en la mano fue el mayordomo Partridge en persona.

Partridge, dirigiéndose a los dos personajes de alegre semblante, sentados en el alféizar de una ventana que hacía tribuna en la fachada de la casa:

—Los señores han llamado a la señora Bess —dijo—, pero la señora Bess no está en casa.

—¿Dónde está, pues, Partridge?

—Ha salido acompañando a la señorita Campbell, que se pasea por el jardín.

Y Partridge se retiró ceremoniosamente, obedeciendo una señal que le hicieron los dos hermanos.

Estos dos hermanos, Sam y Sib —cuyo verdadero nombre de bautismo era Samuel y Sebastián—, tíos de la señorita Campbell, escoceses de pura cepa, escoceses de un antiguo clan de las Tierras Altas, contaban entre los dos la bonita edad de ciento doce años, con una diferencia solo en quince meses entre el mayor Sam y el menor Sib.


Información texto

Protegido por copyright
151 págs. / 4 horas, 25 minutos / 206 visitas.

Publicado el 16 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Con Perdón de Dios

Manel Martin's


Novela


Prologo

El siglo XVI fue un siglo convulso para la nación española, el gran imperio que debían defender nuestras tropas, menguaba la efectividad de los limitados soldados, afortunadamente el oro recibido de las Indias ayudaba a mantener la mayor flota del mundo y con ella infundir respeto a las demás naciones.

España contaba con el apoyo de la Santa sede, lo cual era una gran ventaja para la nación, aunque la ayuda debía de ser mutua y no salía gratuita. Tras el rey mandaba el clero y la Inquisición campaba por sus respetos. Prácticamente en tiempos de Felipe III el consejero, legislador y quien verdaderamente mandaba en la Nación era el Duque de Lerma. Digamos que su majestad tenía la necesidad de nombrar consejeros y delegar sus funciones; también en Virreyes hallen de los mares, estos en lugar de representar al rey y velar por los intereses de la corona, velaban por los suyos propios en primer lugar.

En este estado se desarrolla mi relato o la aventura de tres amigos.

Utilizo nombres o apellidos históricos de la zona donde nace el relato, sin que por ello sean reales los hechos. Si lo son algunos personajes que dejaron huella en la zona, también existen en la actualidad algunos edificios de las familias mencionadas. Como el hotel en Morella.

En fin lean el relato como una novela más, sin intención de molestar ni agraviar a nadie y disfruten tanto al leerlo como yo al escribirlo.


Manel Martin’s

Preámbulo

Es verano: el sol aprieta de lo lindo durante gran parte de la mañana. Me baño con mis nietos y lo que debía ser un relajante y placentero baño, con sus juegos y vitalidad me agotan (yo ya no estoy para esos trotes) por fin salimos del agua. Mientras nos duchamos para quitarnos la sal, escuchamos el primer aviso de la abuela — ¡A Comer! – obedecemos con urgencia.


Leer / Descargar texto

Licencia limitada
151 págs. / 4 horas, 25 minutos / 144 visitas.

Publicado el 20 de julio de 2022 por Edu Robsy.

El Olmo del Paseo

Anatole France


Novela


I

El salón gris perla, donde recibía las visitas el cardenal-arzobispo, estaba guarnecido con maderas talladas, y fue decorado en tiempo de Luis XV. Descansaban sobre los ángulos de la cornisa figuras de mujer entre varios trofeos. El espejo de la chimenea, rajado transversalmente, se hallaba cubierto, en su parte baja, por un terciopelo carmesí, sobre el que realzaba su blancura nivea una imagen de Nuestra Señora de Lourdes con su lucido manto azul. Suspendidos en las paredes veíanse retratos en colores de Pío IX y León XIII, bordados y esmaltes devotos en marcos de peluche grosella, recuerdos vaticanos o de piadosas damas. Había sobre las consolas, doradas, modelos en yeso de iglesias góticas o romanas; el cardenal-arzobispo era muy aficionado a las obras de arquitectura; se hubiera pasado la vida construyendo edificios. Del florón central colgaba una lucerna merovingia, cuyo dibujo era obra del señor Quatreberbe, arquitecto diocesano y caballero de la Orden de San Gregorio.

Monseñor, junto a la chimenea, recogiéndose la sotana para calentarse, dictaba una pastoral, mientras el padre Goulet su vicario, escribía sobre una mesa grande con incrustaciones de concha y de latón, al pie de un crucifijo de marfil: «Para que nada pueda turbar ni arrebatarnos los goces del Carmelo…».

Monseñor dictaba maquinalmente, sin mística unción. Hombre de menguada estatura, erguía su cabezota y su rostro envejecido; sus facciones eran vulgares, ordinarias; pero se advertía en ellas cierto imperio, una especie de superioridad, seguramente adquirida por el ansia y la costumbre de ser obedecido.

—«… los goces del Carmelo…». Continúe usted expresando sentimientos de concordia, respeto, cordura y sumisión a los poderes que rigen… Amóldese al espíritu, que ya conoce, de otras pastorales mías.


Leer / Descargar texto

Dominio público
151 págs. / 4 horas, 24 minutos / 459 visitas.

Publicado el 26 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Honorata de Wan Guld

Emilio Salgari


Novela


I. Veracruz

Después de aplacar las exigencias del estómago y de disfrutar algunas horas de descanso, los filibusteros se encaminaron en busca del campamento indio.

Temiendo, sin embargo, que en vez de indios fuesen españoles, Moko, que era el más ágil de todos, se adelantó para explorar los contornos.

La floresta que atravesaba era espesísima y estaba formada por plantas diversas que crecían tan próximas las unas a las otras, que en ocasiones casi imposibilitaban el paso.

Un infinito número de lianas circundaba aquellas plantas, serpenteando por el suelo y enroscándose en torno de los trancos y las ramas de los árboles.

De cuando en cuando, a lo largo de los troncos se veían huir esos reptiles llamados

“iguanas” o lagartos, largos de tres a cinco pies, de piel negruzca con reflejos verdes, que daban asco, y cuya carne, sin embargo, es apreciadísima por los gastrónomos mexicanos y brasileños, que la comparan a la del pollo.

Después de una hora larga de marcha abriéndose paso penosamente por entre aquella maraña de vegetales, los filibusteros se encontraron con Moko.

—¿Has visto a los indios? —preguntó el Corsario.

—Sí —contestó el negro—. Su campamento está ya próximo.

—¿Estás seguro de que son indios?

—Sí, capitán.

—¿Son muchos?

—Acaso unos cincuenta.

—¿Te han visto?

—He hablado con su jefe.

—¿Consiente en darnos hospitalidad?

—Sí, porque sabe que somos enemigos de los españoles y que entre nosotros se encuentra una princesa india.

—¿Has visto caballos en su campamento?

—Una veintena.

—Espero que nos venderán algunos —dijo el Corsario—. ¡Vamos, amigos, y si todo va bien, os prometo llevaros mañana a Veracruz!

Pocos minutos después los filibusteros llegaban al campamento indio.


Leer / Descargar texto

Dominio público
151 págs. / 4 horas, 24 minutos / 915 visitas.

Publicado el 3 de febrero de 2019 por Edu Robsy.

Los Caminos para el Éxito

Aureliano Abenza y Rodríguez


Psicología, Autoayuda


Lemas

Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro.

—Cervantes
 

Sabemos los que somos, pero no lo que podemos ser.

—Shakespeare
 

El estudio propio de la humanidad es el hombre.

—Goethe
 

Prólogo

Lo mejor que tenemos de la historia es el entusiasmo que en nosotros excita.

—Goethe
 

LOS CAMINOS PARA EL ÉXITO llamamos a este libro y no decimos nada que no sea cierto, como podrá ver el lector si lo hojea. El hombre llega a realizar sus aspiraciones generalmente por cualquiera de los medios de que en estas líneas se trata.

Como el presente trabajo se ha escrito con cierto carácter de universalidad, hemos procurado darla un tinte anecdótico y ameno que le quite su sabor filosófico, siempre duro y serio. Para ello hemos recurrido a la historia tomando para cada capítulo la vida de un hombre célebre que nos sirva de modelo y sobre la cual prosiguen las consideraciones posteriores que respecto a cada asunto hemos creído de necesidad hacer.

Si la historia ha de ser maestra de la vida como la llamaba Cicerón, ha de ser estudiando en ella los hombres antes que los hechos. Al fin y al cabo éstos han sido producidos por aquellos y más importa conocer el autor que la obra, si queremos que su ejemplo nos sirva de estímulo para imitarle y hacer nosotros obras idénticas, o todavía mejores si fuese posible.


Leer / Descargar texto

Dominio público
151 págs. / 4 horas, 24 minutos / 434 visitas.

Publicado el 28 de mayo de 2018 por Edu Robsy.

El Misterio y Otros Cuentos

Leónidas Andréiev


Cuentos, Colección


El misterio

I

Mi alegría fué inmensa: estudiante hambriento, expulsado de la Universidad por no pagar, sin un copec en el bolsillo—me había gastado los últimos en un anuncio solicitando un empleo cualquiera—, tuve la suerte de encontrar una colocación magnífica.

Una nebulosa mañana de fines de octubre recibí una carta en que se me invitaba a acudir al hotel de Francia, en la calle de la Marina. Hora y media después—aun no había cesado la lluvia, iniciada momentos antes de llegar la carta a mis manos—tenía un empleo, una vivienda y veinte rublos. ¡Parecía un sueño, un cuento de hadas! Todo, desde el primer momento, me produjo una grata impresión: el espléndido hotel, la lujosa habitación donde fuí recibido, el caballero amabilísimo que me recibió, un caballero—según pude observar cuando mi turbación fué pasando—entrado en años y vestido con esa elegancia inconfundible de los que están acostumbrados a vestir bien desde su infancia.

Excuso decir que acepté sus condiciones: vivir con su familia en el campo, ser el profesor de un niño de ocho años y cobrar cincuenta rublos mensuales.

—¿Le gusta a usted el mar?—me preguntó Norden (no hay por qué llamarle el señor Norden).

—¡Oh, el mar!—balbucí—.¡Enormemente!

Norden se echó a reír.

—¿Cómo no? ¿A quién, de joven, no le ha gustado el mar...? Pues bien; desde casa verá usted el mar..., un mar un poco gris, un poco triste; pero con furias y sonrisas. Estará usted en sus glorias.

—¡Ya lo creo!

Me sonreí, y Norden, sonriéndose también, añadió:

—En ese mar se ahogó mi hija Elena... Hace cinco años.

Callé. No sabía qué decir. Además, estaba desconcertado por su sonrisa. ¡Se sonreía hablando de la muerte de su hija! «¿Será una broma?», pensé.


Leer / Descargar texto

Dominio público
151 págs. / 4 horas, 24 minutos / 383 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2019 por Edu Robsy.

Almohada de Hierba

Natsume Sōseki


Novela


I

Mientras subo por la montaña, pienso lo siguiente:

Si te guías por la razón, toparás con esquinas; si te dejas llevar por un mar de sentimientos, te arrastrará la marea; y actuar a voluntad, a la larga, es oprimirse a uno mismo. En todo caso, vivir en este mundo no es tarea fácil.

A medida que esta sensación se acrecienta, te acucia la necesidad de trasladarte a un lugar más tranquilo. Pero no importa dónde vayas, pues cualquier lugar te parecerá inhabitable. Y es entonces cuando nacen la poesía y la pintura, en el instante en que comprendes que no hay ningún lugar al que huir.

Este mundo no lo han creado ni los dioses ni los demonios. Lo han creado personas corrientes, vecinos que viven a la vuelta de la esquina. No hay más mundo que el que ellos han construido y, si lo hubiera, se trataría de un lugar inhóspito, completamente despoblado en el que sería muy difícil vivir.

Así las cosas, y visto que no hay escapatoria posible, solo queda sobrellevar la brevedad de la vida en este mundo inhabitable y tratar de hacer de él un lugar más cómodo. Es aquí donde los poetas desempeñan su labor sagrada; aquí, donde los pintores hallan la inspiración. Y el arte de estos guerreros pacifica el corazón de sus habitantes, lo colma y lo ennoblece.


Información texto

Protegido por copyright
150 págs. / 4 horas, 23 minutos / 355 visitas.

Publicado el 29 de abril de 2017 por Edu Robsy.

108109110111112