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El Capitán Veneno

Pedro Antonio de Alarcón


Novela


Al Señor D. Manuel Tamayo y Baus, secretario perpetuo de la Real Academia Española.

Mi muy querido Manuel:

Hace algunas semanas que, entreteniendo nuestros ocios caniculares en esta sosegada villa de Valdemoro, de donde ya vamos a regresar a la vecina corte, hube de referirte la historia de El Capitán Veneno, tal y como vivía inédita en el archivo de mi imaginación; y recordarás que, muy prendado del asunto, me excitaste con vivas instancias a que la escribiese, en la seguridad (fueron tus bondadosas palabras) de que me daría materia para una interesante obra. Ya está la obra escrita, y hasta impresa; y ahí te la envío.—Celebraré no haber defraudado tus esperanzas; y, por sí o por no, te la dedico estratégicamente, poniendo bajo el amparo de tu glorioso nombre, ya que no la forma literaria, el fondo, que tan bueno te pareció, de la historia de mi Capitán Veneno.

Adiós, generoso hermano. Sabes cuánto te quiere y te admira tu afectísimo hermano menor,

Pedro.

Valdemoro, 20 de Septiembre de 1881.

PARTE PRIMERA. HERIDAS EN EL CUERPO

I. UN POCO DE HISTORIA POLÍTICA

La tarde del 26 de Marzo de 1848 hubo tiros y cuchilladas en Madrid entre un puñado de paisanos, que, al expirar, lanzaban el hasta entonces extranjero grito de ¡Viva la República!, el Ejército de la Monarquía española (traído o creado por Ataulfo, reconstituido por D. Pelayo de que a la sazón era jefe visible, en nombre de Doña Isabel II, el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra, D. Ramón María Narváez...

Y basta con esto de historia y de política, y pasemos a hablar de cosas menos sabidas y más amenas, a que dieron origen o coyuntura aquellos lamentables acontecimientos.


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69 págs. / 2 horas, 2 minutos / 559 visitas.

Publicado el 23 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Don Álvaro o la Fuerza del Sino

Duque de Rivas


Teatro, Drama


Personas

Don Álvaro.
El Marqués de Calatrava.
Don Cárlos de Vargas, su hijo.
Don Alfonso de Vargas, idem.
Doña Leonor, idem.
Curra, criada.
Preciosilla, gitana.
Un canónigo.
El padre guardian del convento de los Ángeles.
El hermano Meliton, portero.
Pedraza y otros oficiales.
Un cirujano de ejército.
Un capellan de regimiento.
Un alcalde.
Un estudiante.
Un majo.
Mesonero y mesonera.
La moza del meson.
El tio Trabuco, arriero.
El tio Paco, aguador.
El capitan preboste.
Un sargento.
Un ordenanza á caballo.
Dos habitantes de Sevilla.
Soldados españoles, arrieros, lugareños y lugareñas.

Jornada primera

La escena es en Sevilla y sus alrededores.


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Dominio público
69 págs. / 2 horas, 2 minutos / 906 visitas.

Publicado el 14 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

Pachín González

José María de Pereda


Novela corta


Nihil in terra sine causa fit, et de humo non oritur dolor.

(JOB, c. V, 6.)
 

Salió de su casa el día preciso (el de los Difuntos, por más señas), después de oír las tres misas del párroco de su aldea; día bien triste, ciertamente, para los vivos, si tienen memoria para recordar y corazón para sentir, porque los hay que no sienten ni recuerdan, sobre los cuales pasan esas y otras remembranzas como el viento sobre las rocas. Sin los alientos que le infundió el cura aquella misma mañana, sabe Dios si hubiera padecido serios quebrantos su resolución, porque fue mucho lo que lloró su madre oyendo las misas y comulgando a su lado, aunque afirmaba la buena mujer que solamente lloraba por los pedazos de su corazón que pudrían en la tierra: por aquel esposo tan providente y tan bueno, por aquella hija tan garrida y cariñosa, cuyas vidas había segado el dalle de la muerte tres años antes. Sería o no sería esto la pura verdad en opinión del hijo, que también lagrimeaba por contagio y a cuya sutileza de magín no se ocultaban ciertas cosas; pero las reflexiones del párroco por una parte, y por otra la labor tentadora de cierto diablejo que no descansaba un punto en su imaginación pintándole cuadro tras de cuadro y siempre el último más risueño que el anterior, lograron hacerle triunfar, sin gran esfuerzo, de sus flaquezas de hombre y de sus ternuras de hijo cariñoso. Tocante a lo señalado del día, no era posible elegir otro más alegre. El vapor zarpaba el 4 a media mañana, y no le sobraba una hora del 3 para despachar debidamente los indispensables quehaceres que le esperaban en la ciudad.

Ello fue que la madre y el hijo llegaron a Santander, según lo anotó a pulso el jovenzuelo en su flamante cartera, «en la tardezuca del 2 de noviembre de 1893».


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Dominio público
69 págs. / 2 horas, 2 minutos / 1 visita.

Publicado el 18 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

EL CAMINO HACIA LA NUEVA ERA

Antonio Pinto Renedo


Filosofía, Ovnis


© Autor, maquetación y diseño de cubierta:

Antonio Pinto Renedo

 

Publicado en octubre 2013

Revisado en 2019


 

ÍNDICE

 

CAPÍTULO 1- EL COMIENZO

El objeto volador

El desengaño

El pensamiento dirigido

 

CAPÍTULO 2- LA VERDADERA HISTORIA DE LA BIBLIA

Mesopotamia y los hebreos

El éxodo

Aciertos y errores de las religiones

 

CAPÍTULO 3- JESUCRISTO Y LOS PROFETAS

La vida de Jesús

Cielo e infierno

El anticristo

Los falsos profetas

La naturaleza de un profeta

Lo que une a un hombre con Dios

 

CAPÍTULO 4- HACIA UNA NUEVA ERA

El camino hacia la salud

Riesgo y salud

Las mujeres maltratadas

Racismo y mesticismo

Las claves del progreso

El progreso está en el equilibrio


 

PRÓLOGO

 


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Creative Commons
69 págs. / 2 horas, 2 minutos / 178 visitas.

Publicado el 5 de diciembre de 2020 por Antonio Pinto Renedo.

Cuentos Ingenuos

Felipe Trigo


Cuentos, Colección


La niña mimosa

—¿Estás?

—Sí, corriendo.

Y corriendo, corriendo, azotando las puertas con sus vuelos de seda, desde el tocador al gabinete y desde el armario al espejo, siempre en el retoque de última hora; buscando el alfiler o el abanico que perdían su cabecilla de loca, volviéndose desde la calle para ceñir a su garganta el collar, haciéndome entrar todavía por el pañolito de encaje olvidado sobre la silla, salíamos al fin todas las noches con hora y media de retraso, aunque con luz del sol empezara ella la archidifícil obra de poner a nivel de la belleza de su cara la delicadeza de su adorno.

Gracias había que dar si cuando al primer farol, ella, parándose, me preguntaba: “¿Qué tal voy?”, no le contestaba yo: “Bien, muy guapa”, con absoluto convencimiento; porque capaz era la niña de volverse en última instancia al tribunal supremo del espejo, y entonces, ¡adiós, teatro!..., llegábamos a la salida. Como ocurría muchas veces.

Ella muy de prisa, yo a su lado, un poco detrás, no muy cerca, con mezcla del respeto galante del caballero a la dama y del respeto grave del groom a la duquesita. Cuando en la vuelta de una esquina rozaban mi brazo sus cintas, yo le pedía perdón. Mirábala sin querer a la luz de los escaparates, y cuando alguna mujer del pueblo quedábase parada floreándola, yo la decía: “Mira, ¿oyes?”, y sonreía ella triunfante como una reina.

No hablábamos. Todo el tiempo perdido en casa procuraba, desalada, ganarlo por el camino. Llegaba al teatro sin aliento. Y allí, por última vez, en el pórtico vacío, analizándose rápida en las grandes lunas del vestíbulo, mientras yo entregaba los billetes:—“¿Estoy bien, de veras?”—me interrogaba para que contestase yo indefectiblemente y un mucho orgulloso de su gentileza:—“¡Admirable!”


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Dominio público
69 págs. / 2 horas, 1 minuto / 252 visitas.

Publicado el 14 de abril de 2019 por Edu Robsy.

Todo Bien, Si Bien Acaba

William Shakespeare


Teatro, Comedia


Dramatis personae

BERTRÁN, Conde del Rosellón
La CONDESA del Rosellón, su madre
HELENA, huérfana protegida por la condesa
MAYORDOMO
LAVATCH, bufón
PAJE, al servicio de la condesa
PAROLES, del séquito de Bertrán
El REY de Francia
LAFEU, anciano señor
NOBLE 1º [G. Dumaine]
NOBLE 2º [E. Dumaine], hermanos, luego capitanes del ejército de Florencia
El DUQUE de Florencia
Una VIUDA de Florencia
DIANA, su hija
MARIANA, su amiga
Nobles, caballeros, soldados, florentinos, acompañamiento.

Acto I

Escena I

Entran el joven BERTRÁN, Conde del Rosellón, su madre [la CONDESA], HELENA y el noble LAFEU, todos de luto.

CONDESA
Al echar a mi hijo al mundo, entierro a un segundo esposo.

BERTRÁN
Y yo, al partir, señora, lloro otra vez la muerte de mi padre. Pero he de obedecer la orden de Su Majestad, de quien ahora soy pupilo y siempre súbdito.

LAFEU
Señora, en el rey hallaréis a un esposo, y vos, señor, a un padre. Quien siempre ha sido tan bueno con todos, por fuerza mostrará su virtud con vos, cuyos méritos la incitarían en quien no la tiene antes que reprimirla en quien la tiene en abundancia.

CONDESA
¿Hay esperanza de que Su Majestad pueda curarse?

LAFEU
Señora, ha renunciado a sus médicos, que con sus tratamientos dilataban con el tiempo la esperanza, sin más provecho que hacerle perder la esperanza con el tiempo.


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Protegido por copyright
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Publicado el 10 de junio de 2018 por Edu Robsy.

El Sí de las Niñas

Leandro Fernández de Moratín


Teatro, Comedia


Advertencia

El sí de las niñas se representó en el teatro de la Cruz el día 24 de enero de 1806, y si puede dudarse cuál sea entre las comedias del autor la más estimable, no cabe duda en que ésta ha sido la que el público español recibió con mayores aplausos. Duraron sus primeras representaciones veinte y seis días consecutivos, hasta que llegada la cuaresma se cerraron los teatros como era costumbre. Mientras el público de Madrid acudía a verla, ya se representaba por los cómicos de las provincias, y una culta reunión de personas ilustres e inteligentes se anticipaba en Zaragoza a ejecutarla en un teatro particular, mereciendo por el acierto de su desempeño la aprobación de cuantos fueron admitidos a oírla. Entretanto se repetían las ediciones de esta obra: cuatro se hicieron en Madrid durante el año de 1806, y todas fueron necesarias para satisfacer la común curiosidad de leerla, excitada por las representaciones del teatro.


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Publicado el 20 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Memorias de un Vigilante

José Seferino Álvarez "Fray Mocho"


Novela


I. DOS PALABRAS

No abrigo la esperanza de que mis recuerdos lleguen a constituir un libro interesante; los he escrito en mis ratos de ocio y no tengo pretensiones de filósofo, ni de literato.

No obstante, creo que nadie que me lea perderá su tiempo, pues, por lo menos, se distraerá con casos y cosas que quizás habrá mirado sin ver y que yo en el curso de mi vida me vi obligado a observar en razón de mi temperamento o de mis necesidades.

II. EN LOS UMBRALES DE LA VIDA

Mi nacimiento fue como el de tantos, un acontecimiento natural, de esos que con abrumadora monotonía y constante regularidad se producen diariamente en los ranchos de nuestras campañas desiertas.

Para mi padre, fui seguramente una boca más que alimentar, para mi madre, una preocupación que se sumaba a las ocho iguales que ya tenía, y para los perros de la casa y para los pajaritos del monte que nos rodeaba, una promesa segura de cascotazos y mortificaciones que comenzaría a cumplirse dentro de los tres años de la fecha y duraría hasta que los vientos de la vida me arrebataran, como a todos los congregados por la casualidad bajo aquel techo hospitalario.

Concluía quizás la primera década de mi vida, cuando un buen día llegó a la casa una tropa de carros, que, desviándose del camino que serpenteaba entre las cuchillas, allá en la linde del monte, venía a campo traviesa buscando un vado en el arroyo, que disminuía en una mitad el trecho a recorrer para llegar al pueblo más cercano.

El capataz habló con mi padre; y éste, de repente, me hizo señas de que me acercara, y dijo:

—¡Este es el muchacho!... Como obediente y humilde, no tiene yunta... ¡el otro que podía igualarlo se nos murió la vez pasada!... ¡Como conocedor del monte y del arroyo, lo verá en el trabajo!


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Publicado el 30 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Viaje a Nicaragua

Rubén Darío


Viajes


I

Tras quince años de ausencia, deseaba yo volver a ver mi tierra natal. Había en mí algo como una nostalgia del Trópico. Del paisaje, de las gentes, de las cosas conocidas en los años de la infancia y de la primera juventud. La catedral, la casa vieja de tejas arábigas en donde despertó mi razón y aprendí a leer; la tía abuela casi centenaria que aun vive; los amigos de la niñez que ha respetado la muerte, y tal cual linda y delicada novia, hoy frondosa y prolífica mamá por la obra fecundante del tiempo. Quince años de ausencia... Buenos Aires, Madrid, París, y tantas idas y venidas continentales. Pensé un buen día: iré a Nicaragua. Sentí en la memoria el sol tórrido y vi los altos volcanes, los lagos de agua azul en los antiguos cráteres, así vastas tazas demetéricas como llenas de cielo líquido.

Y salí de París hacia el país centroamericano, ardiente y pintoresco, habitado por gente brava y cordial, entre bosques lujuriantes y tupidos, en ciudades donde sonríen mujeres de amor y gracia, y donde la bandera del país es azul y blanca, como la de la República Argentina.

Me embarqué en un vapor francés, La Provence, en el puerto de Cherbourg, y llegué a Nueva York sin más incidente en la ruta que una enorme ola de que habló mucho la prensa. Según Luis Bonafoux, la caricia del mar iba para mí... Muchas gracias. Pasé por la metrópoli yanqui cuando estaba en pleno hervor una crisis financiera. Sentí el huracán de la Bolsa. Vi la omnipotencia del multimillonario y admiré la locura mammónica de la vasta capital del cheque.


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Publicado el 12 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Viviana y Merlín

Benjamín Jarnés


Novela corta


A Titania.
A la reina Mab.
A todas las amigas —visibles e invisibles— de Viviana y Merlín.

Años de aprendizaje y alegría

(Nota autobiográfica)


Como Scheherezada, yo salvé mi vida narrando, produciendo.

...Toda mi existencia ha sido una lucha contra mí mismo. Yo no quiero tener discípulos.

Kierkegaard.


Mi edad bien puede adivinarse por la foto que acompaña a estas líneas, hecha en abril de 1930. Ya dije otras veces la fecha exacta —y lejana— de mi nacimiento: no soy masoquista.

Hay en Aragón enormes extensiones donde apenas crece sino un poco de esparto. En una de ellas, a distancia de unos pocos kilómetros y de algo más de un siglo, nació Goya y nací yo. Él, en Fuendetodos, y yo, en Codo. Como Goya, fui a Zaragoza, y como Goya, caí después en Madrid. Uno, a pintar muy bien, y otro, a escribir como se puede. Me gustaría desterrarme también por algo y morir, como él, en Burdeos o en China. Esto me será fácil. Aunque me gustaría mucho más tener duquesas desnudas que pintar —tropo a tropo, claro es— después o al mismo tiempo de haberme derretido de amor por ellas. (Ya comprendo lo difícil de realizar esta última parte del itinerario goyesco, pero mi devoción —fatal— por Goya es superior a todo, y —fatalmente— debo hacerlo así constar en mi programa de ambiciones).

Me gustaría, además:

Ser tan exuberante como Goya y tan alerta como mi segundo genial paisano y maestro, Baltasar Gracián. Es decir: llenar los museos literarios de libros opulentos, pero magros; incandescentes, pero de llama cautiva en transparente cristal; voluptuosos, pero de sensualidad puesta en tortura de razón; vivaces, vivarachos, quizá, hasta el aturdimiento, pero de inquietud siempre armonizada; libres, pero de ruta bien clara y hondo cauce.


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69 págs. / 2 horas / 27 visitas.

Publicado el 25 de agosto de 2026 por Edu Robsy.

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