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El Vergonzoso en Palacio

Tirso de Molina


Teatro, Comedia


Personas que hablan en ella

El DUQUE de Avero
Don Duarte, CONDE de Estremoz
Dos CAZADORES
FIGUEREDO, criado
TARSO, pastor
MELISA, pastora
DORISTO, alcalde
MIRENO, pastor
LARISO, pastor
DENIO, pasto
RUY Lorenzo, secretario
VASCO, lacayo
Doña JUANA
Doña MAGDALENA
Don ANTONIO
Doña SERAFINA
Un PINTOR
LAURO, viejo pastor
BATO, pastor
Un TAMBOR

Acto primero

(Salen el DUQUE de Avero, viejo, y el CONDE de Estremoz, de caza)

DUQUE:
De industria a esta espesura retirado
vengo de mis monteros, que siguiendo
un jabalí ligero, nos han dado
el lugar que pedís; aunque no entiendo
con qué intención, confuso y alterado.
Cuando en mis bosques festejar pretendo
vuestra venida, conde don Duarte,
¿dejáis la caza por hablarme aparte?

CONDE:
Basta el disimular, sacá el acero
que, ya olvidado, os comparaba a Numa;
que el que desnudo veis, duque de Avero,
os dará la respuesta en breve suma.
De lengua al agraviado caballero
ha de servir la espada, no la pluma
que muda dice a voces vuestra mengua.

(Echan mano)

DUQUE:
Lengua es la espada, pues parece lengua;
y pues con ella estáis, y así os provoca
a dar quejas de mí, puesto que en vano,
refrenando las lenguas de la boca,
hablen solas las lenguas de la mano
si la ocasión que os doy, que será poca
para ese enojo poco cortesano,
a que primero la digáis no os mueve;
pues mi valor ningún agravio os debe.

CONDE:
¡Bueno es que así disimuléis los daños
que contra vos el cielo manifiesta!

DUQUE:
¿Qué daños, conde?


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Dominio público
69 págs. / 2 horas / 524 visitas.

Publicado el 22 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Cuestión de Ambiente

Antonio de Hoyos y Vinent


Novela corta


Prólogo

Siempre me ha dado asunto para pensar y escribir el hecho de que, cuando los autores, en obras de amena literatura —novelas, cuentos, comedias, dramas, viajes—, sacan a relucir las costumbres de la aristocracia española, suprimen los restantes colores heráldicos y de oro y azul la ponen solamente... El Padre Coloma, en Pequeñeces y La Gorriona; Pereda, en La Montálvez; Palacio Valdés, en La Espuma; Alfonso Danvila, en Lully Arjona y La conquista de la elegancia; Benavente, en Lo cursi; Chatfield Taylor, en El país de las castañuelas, fustigan (es la palabra de rigor), ora irónica, ora indignadamente, a la crema social, y repiten y glosan la diatriba de Jovino:


¿Y éste es un noble, Arnesto? ¿Aquí se cifran
los timbres y blasones? ¿De qué sirve
la clase ilustre, un alta descendencia,
sin la virtud? Los nombres venerados
de Laras, Tellos, Haros y Girones,
¿Qué se hicieron...?
 

Con todo lo demás que en aquella juvenalesca sátira se contiene, incluso el final, especie de invocación, desde una Roma putrefacta, a los bárbaros regeneradores:


... Venga denodada, venga
la humilde plebe en irrupción, y usurpe
casta, nobleza, títulos y honores.
Sea todo infame behetría; no haya
clases ni estados...
 


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Dominio público
69 págs. / 2 horas / 265 visitas.

Publicado el 23 de abril de 2019 por Edu Robsy.

La Bolsa de Huesos

Eduardo Ladislao Holmberg


Novela corta


Dedicatoria

Señor D. Belisario Otamendi

Estimado amigo:

Cometería un acto de insolente modestia si no consignara aquí que usted escuchó la lectura de este juguete policial con toda la atención que corresponde á una persona bien educada, y que me felicitó con las expresiones de la mayor cordialidad en el momento en que, dejándose llevar el escritor por la lógica inflexible de los sucesos, llama el pesquisante por su nombre á la persona misteriosa que motiva la indagacion.

No olvidaré tampoco sus palabras al terminar la lectura:«No soy juez en materia literaria; pero no obstante, me gusta más La bolsa de huesos que La casa endiablada; policialmente, si fuese yo el autor, terminaría la obra con el capítulo VI. Hasta aquí no tengo pero que ponerle.»—«Amigo mio»—le dije—«usted olvida que soy yo, yo mismo, quien hace la pesquisa»—«Nada... esa persona criminal tiene que ir á manos del Juez de instruccion y luego á las del Juez del crimen.»

He consignado esto porque envuelve para mí el mayor elogio: ¡insistir con enfado el Jefe de la Oficina de pesquisas de la Policía de Buenos Ayres en llevar á la cárcel un fantasma de novela! Nunca soñé un éxito semejante.


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Publicado el 16 de marzo de 2019 por Edu Robsy.

El Huésped Misterioso

Joseph Sheridan Le Fanu


Cuento


Parte I

Hacia el año 1822 residía en una casa confortable y espaciosa en una población cuya localización exacta no particularizaré, diciendo tan sólo que no estaba lejos de Old Brompton, en la vecindad inmediata, o más bien en la continuidad (como saben incluso mis lectores de Connemara) de la famosa ciudad de Londres.

Aunque la casa era, tal como he dicho, espaciosa y confortable, en modo alguno podría afirmase que era hermosa. Estaba construida con ladrillos de color rojo oscuro, ventanas pequeñas de gruesos marcos blancos; el recibidor lo oscurecía permanentemente un porche, pero no del habitual enrejado fino, sino una proyección sólida del mismo ladrillo bermellón, sobre el que había una balconada plomiza, con barandillas gruesas y medio podridas. La mansión se levantaba en un recinto cercado por un muro que se había dedicado a flores y matorrales quizá desde la fecha misma en que se había construido. Algunos matorrales habían crecido casi tanto como si fuesen árboles; dos tejos pequeños y oscuros se levantaban a cada lado del porche, como dos enanos morenos y desfavorables que defendieran la entrada de un castillo encantado. Y no es que mi domicilio mereciera por alguna causa la comparación: no tenía fama de ser una casa encantada, y si alguna vez había tenido fantasmas, nadie los recordaba.


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Publicado el 26 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Los Huéspedes de la Habitación Maldita

Robert E. Howard


Cuento


1

Butch Cronin suspiró mientras miraba por encima de su periódico a la harapienta figura de Smoky Slade.

—Menudo momento has escogido para venir a hablarme de un supuesto misterio en Stockley Street —declaró Cronin—. Ahora mismo, lo que más me interesaría sería embolsarme la pasta que Wiltshaw, el acaudalado armador, ha ofrecido a toda persona que logre encontrar a su hija —agitó el periódico bajo la nariz de Smoky con aire acusador. El vagabundo percibió fugazmente los gruesos titulares que pregonaban la desaparición de la hija del naviero.

—Sí —reconoció Smoky con tristeza, hundiendo sus manos mugrientas en los deformes bolsillos de su gabán—. Cuando un gordo mandamás desaparece de la circulación, empleamos todos los medios posibles para encontrarle, y se pone a todo el mundo en pie de guerra, de una punta a otra del país. Pero cuando el desaparecido es un pobre hombre, lo más que sus amigos puedan obtener de la poli, es un «Ah sí, ¿y qué más da?». Escucha, Butch, eres el único a quien podía dirigirme. Fui a ver a los polis; me dieron una palmadita en el hombro y me aconsejaron que dejara de beber tintorro barato. No tengo un centavo, pero…

—No hablemos más del tema, Smoky —le interrumpió Cronin, volviendo a suspirar. Dobló el periódico y lo dejó sobre el escritorio, al lado de sus grandes pies, en un gesto de renuncia—. ¿Me estás diciendo que han desaparecido tres hombres en el asilo para los sin hogar de Big Joe Daley?


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Publicado el 12 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Doble Error

Prosper Mérimée


Novela, novela corta


I

Julia de Chaverny llevaba unos seis años de casada y desde hacía próximamente cinco o seis meses había reconocido, no solo la imposibilidad de amar a su marido, sino también la dificultad de tenerle en alguna estimación.

Y no es que este marido fuese mala persona ni tonto ni bobo. Acaso, sin embargo, había en él algo de todo esto. Consultando su memoria, hubiera ella podido recordar que en otro tiempo le había parecido amable; pero ahora le aburría. Todo en él le resultaba antipático. Su manera de comer, de tomar el café, de hablar, le crispaba los nervios. No se veían, ni se hablaban, más que en la mesa; pero comían juntos varias veces por semana, y era lo bastante para alimentar la aversión de Julia.


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Publicado el 1 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

Huerco

José Pedro Bellán


Cuentos, colección


Mi ruina

Hoy logré contemplar el albor de la mañana.

Con su claridad, a través de su claridad, buscaba mis lugares, mis calles y mis caminos. Toda la ciudad se abría ante la luz, entre el mar y los árboles.

Hacia el norte, la gran masa vegetal, con su tinte obscuro, asomaba por detrás de la muralla de edificios, descubriéndose ante el sol tangente, suave, cuyos rayos se escurrían por sobre las cúpulas y las torres. El cielo, colosal, sonrosado apenas, se desgarraba al encajar entre el sube y baja de los pardos techos: era la pureza de un color que se manchaba al llegar a la tierra.

Crecía el murmullo y se hacía el ruido por toda la ciudad. El astro llameante había dado el impulso y eran ya en la realidad, el trabajo, el hambre y la estulticia.

Mi vista abarcó de nuevo el semi-círculo azul y caí como un pájaro en precipitado vuelo sobre las arboledas del norte.

Allí aun reinaba el silencio: érase mi mundo. Las aves, desprendidas de sus nidos saeteaban los poros del boscaje que se abría en la altura luminosa. Las trayectorias inconclusas y los colores indefinidos se unían harmónicamente. Faltaba el matiz de las flores, pero, en cambio, las hojas abandonadas las unas sobre la otras, movidas por un impulso lento, débil, acompasado, me llenaron de voluptuosidad. Todo un harem de mujeres orientales cruzó por mi imaginación. Sólo la realidad de un vetusto estanque logró expulsarlas de mí.

Noté primero un intervalo en la vegetación, luego, como algo que se ve apenas, una reja en forma de circunferencia hirióme la retina. Me acerqué a ella. Era antigua... muy antigua. Su color, allá, en su infancia, debió ser de un marrón obscuro; ahora era apenas perceptible. Llena de manchas, de herrumbre y musgo, la pobre reja antigua se arqueaba dolorosamente.


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Publicado el 24 de octubre de 2021 por Edu Robsy.

Una Nación Secuestrada

Vicente Blasco Ibáñez


Panfleto, folleto


Lector: Si vives en España procura que este escrito circule mucho. Dalo a leer a todos tus compatriotas.

Si vives en el Extranjero, esfuérzate por hacerlo entrar en España y con ello prestarás un enorme servicio a la liberación de un país esclavizado actualmente.

Para la introducción en España del presente folleto, y de otros que iré publicando oportunamente, he adquirido dos aeroplanos que llevan los nombres de "Libertad" y "República Española".

Todos los españoles amantes de la regeneración de su patria, deben atender y ayudar a los hombres de buena voluntad que tripulan dichos aeroplanos, cuando aterricen en el suelo de España.

Agradezco de antemano cuanto se haga en favor de estos valientes colaboradores, que exponen su vida por una noble causa.


V. B. I.


Tirada del presente folleto: DOS MILLONES de Ejemplares

I. Al lector

Vivo hace años alejado de la política, pero la situación actual de España me obliga a salir de mi retiro, empujándome otra vez a unas luchas que creí abandonadas para siempre.

Confieso que he vacilado mucho antes de adoptar tal resolución. Mis gustos de novelista se complacen mejor en una existencia aislada y laboriosa. Mas por deber es preciso que combata como en otros tiempos, y sabido es que el deber resulta las más de las veces de un cumplimiento áspero y cruel.


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Publicado el 31 de julio de 2024 por Edu Robsy.

La Clarisa Pobre

Elizabeth Gaskell


Cuento


I

12 de diciembre de 1747

Mi vida se ha visto extrañamente unida a sucesos extraordinarios, algunos de los cuales se produjeron antes de que tuviese relación con quienes los protagonizaron, e incluso antes de que conociese su existencia, en realidad. Supongo que casi todos los ancianos tienden, como yo, más a recordar y a considerar la propia trayectoria con cierta añoranza y tierno interés, que a observar lo que pasa delante de sus ojos, aunque sea mucho más fascinante para la mayoría. Si así es en el común de los mayores, ¡cuánto más en mi caso! Si he de contar la extraña historia relacionada con la pobre Lucy, debo retroceder mucho tiempo. No supe de la historia de su familia hasta después de conocerla a ella, pero, para explicar claramente el relato, tengo que describir los hechos en el orden en que ocurrieron y no en el que yo los conocí.


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68 págs. / 2 horas / 169 visitas.

Publicado el 19 de noviembre de 2017 por Edu Robsy.

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