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Mala Cuna y Mala Fosa

Silverio Lanza


Novela corta


Advertencia

He procurado desfigurar esta novela lo menos que me ha sido posible. Sin embargo, suprimo algunos párrafos y frases, y cambio varios nombres propios.

El editor:

J. B. A.

Dedicatoria

Dedico este cuentecito al cadáver que ocupa el primer lugar de la fosa núm. ... del patio de... en el Cementerio general del Sur de Madrid.

El autor.

Síntesis

7 de noviembre de 1879


A ver... una que cante.

—Ama...

—Señá Virginia, una que cante.

—A ver... esa tísica.

—¡Juanita!...

—¡Sarasa!

—¡Ole, por la Juana!

—A ver... a cantar.

—Vaya una salivilla.

—Eso es un esputo.

—¡Silencio!...

Juana cantando:


Soy lo mismo que la piedra
en el medio de la calle;
toda la gente la pisa
y no se queja de nadie.


Fin de la sínesis

Pergaminos, ejecutorias, títulos de infamia, et sic de caeteris

Con un capitán de caballería que, al decir de algunos, ha llegado hasta el extremo de pegarle a la pobre señora.

Pedro Antonio de Alarcón


¡Oh! Los capitanes... ¡ah!...

Tres estrellas en el cielo fijan la posición de su observador. Tres estrellas en una manga fijan la posición de quien las lleva. Un capitán siempre es un capitán.

La madre... pues bien... era madre. Tenía la mayor honra y la mayor desgracia de la mujer. Por serlo era digna de respeto.


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Dominio público
66 págs. / 1 hora, 55 minutos / 142 visitas.

Publicado el 13 de enero de 2022 por Edu Robsy.

El Horror de Dunwich

H.P. Lovecraft


Cuento


I

Cuando el que viaja por el norte de la región central de Massachusetts se equivoca de dirección al llegar al cruce de la carretera de Aylesbury nada más pasar Dean's Corners, verá que se adentra en una extraña y apenas poblada comarca. El terreno se hace más escarpado y las paredes de piedra cubiertas de maleza van encajonando cada vez más el sinuoso camino de tierra. Los árboles de los bosques son allí de unas dimensiones excesivamente grandes, y la maleza, las zarzas y la hierba alcanzan una frondosidad rara vez vista en las regiones habitadas. Por el contrario, los campos cultivados son muy escasos y áridos, mientras que las pocas casas diseminadas a lo largo del camino presentan un sorprendente aspecto uniforme de decrepitud, suciedad y ruina. Sin saber exactamente por qué, uno no se atreve a preguntar nada a las arrugadas y solitarias figuras que, de cuando en cuando, se ve escrutar desde puertas medio derruidas o desde pendientes y rocosos prados. Esas gentes son tan silenciosas y hurañas que uno tiene la impresión de verse frente a un recóndito enigma del que más vale no intentar averiguar nada. Y ese sentimiento de extraño desasosiego se recrudece cuando, desde un alto del camino, se divisan las montañas que se alzan por encima de los tupidos bosques que cubren la comarca. Las cumbres tienen una forma demasiado ovalada y simétrica como para pensar en una naturaleza apacible y normal, y a veces pueden verse recortados con singular nitidez contra el cielo unos extraños círculos formados por altas columnas de piedra que coronan la mayoría de las cimas montañosas.


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66 págs. / 1 hora, 55 minutos / 619 visitas.

Publicado el 4 de octubre de 2016 por Edu Robsy.

Cuentos de Poeta

Rufino Blanco Fombona


Cuentos, Colección


Carta a Fabio Fiallo

Maracaibo: abril de 1900.

Señor Fabio Fiallo.

Santo Domingo.

Mi querido poeta.

Un día ráfagas de adversidad me llevaron á esa noble patria tuya. Bajaba del Norte, quizás un poco enamorado. Triste, de la tristeza generosa de los amantes y de los proscritos; llena todavía mi alma con la suave música de suaves palabras de amor; en los oídos el eco lastimoso de la patria, atormentada, puesta en cruz; enfermo del alma y del cuerpo, llegué en busca del piadoso peñón antillano, donde poder enterrar íntimas pesadumbres, la vista en el horizonte, hacia la patria imposible y amada.

Entonces fue cuando me abriste, oh poeta, las puertas de tu hogar y de tu corazón.

Y después, á la hora en que un falso patriotismo, vidrioso é impertinente, lapidaba mi nombre; á la hora en que tantos apedreaban con censuras y protestas al gobierno liberal, por el hecho de haberme honrado más allá de todos mis anhelos, galardonando quizás mi amor á Santo Domingo, fue tu pluma viril, tu pluma de diarista y de poeta, la que yo vi indignarse y coronar de rosas mi nombre.

Mi corazón es tuyo, poeta.

Acóje esos pobrecitos Cuentos que se me han salido toscamente de la pluma. Yo los viví casi todos; ó los he cojido al vuelo, mirando sufrir á los demás hombres.

Historia de un dolor, es una historia de veras. Aquel hombre que agoniza es mi padre. Yo vivía en Holanda en 1896 y al rescoldo de mis recuerdos de hogar, escribí, y entonces publiqué, si bien algo variada, esa página íntima.

Juanito, ya tú lo conoces, me valió un laurel. ¡Pobre Juanito! Carta de amor no es literatura. Cuanto á Molinos de maíz, baste decirte que mi padre fue propietario de tahona, en una poblacioncita de Venezuela, y te juro no ser mi pobre padre, el Redil de mi cuento.


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Dominio público
66 págs. / 1 hora, 55 minutos / 335 visitas.

Publicado el 1 de diciembre de 2019 por Edu Robsy.

Diario de un Hombre Superfluo

Iván Turguéniev


Novela corta


Aldea de Ovéchaia Vodá, 20 de marzo de 18...

El médico acaba de marcharse. ¡Por fin he conseguido sacar algo en limpio! Por más que ha intentado echar mano de sus triquiñuelas, a lo último ha tenido que confesarme la verdad. Sí, moriré pronto, muy pronto. Los ríos se deshelarán, y yo me iré probablemente con las últimas nieves... ¿Adónde? ¡Dios sabrá! También al mar. ¡Qué le vamos a hacer! Si hay que morir, mejor que sea en primavera. Pero ¿no resulta ridículo iniciar un diario acaso dos semanas antes de morir? ¿Y qué hay de malo en ello? ¿Es que catorce días representan menos que catorce años, que catorce siglos? Frente a la eternidad, todo es vanidad, como suele decirse. Sin duda, pero en ese caos la misma eternidad es vanidad. Podría pensarse que me entrego al pensamiento abstracto: una mala señal. ¿No será que me acobardo? Será mejor que cuente algo. Fuera el ambiente es húmedo, sopla el viento. Me han prohibido salir. ¿Y qué voy a contar? Un hombre bien educado no debe hablar de sus propios achaques. Y escribir una novela no es algo que esté a mi alcance. Discurrir sobre temas elevados está por encima de mis fuerzas; en cuanto a la descripción de las cosas que me rodean, ni siquiera a mí mismo llega a interesarme. Pero no hacer nada me aburre, y me da pereza leer. ¡Ah! Voy a contarme a mí mismo mi propia vida. ¡Excelente idea! Cuando uno está con un pie en la tumba, no cabe mejor ocupación, tanto más cuanto que no ofende a nadie. Empecemos.


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66 págs. / 1 hora, 55 minutos / 480 visitas.

Publicado el 28 de enero de 2017 por Edu Robsy.

Cuentos

Ángel de Estrada


Cuentos, Colección


Dedicatoria

A la memoria de mi hermano Santiago.

El viejo general

Podía Wagner haber vencido con su genio á las escuelas italianas. Podía atar en la barquilla de su gloria á la ciencia inspirada, como atara en la de Lohengrin el cisne, y ver en ella su estatua, como la imagen del caballero, con la vista hundida en lo infinito. ¡Qué le importaba al viejo general! Y aun podía su nieta, una rubia no muy linda, pero de ojos admirables, estar esperando, como en la leyenda, á un caballero también; y podía el país del caballero estar esmaltado de lagos y follajes, estos con ruiseñores divinos, y aquellos cubiertos de cisnes maravillosos. A él ¡qué le importaba, ni qué sabía?

Cuando la nieta tocaba el piano, con el cuaderno del alemán, abierto, llamando al joven vestido de lumbre misteriosa, ardía en impaciencia. La canción del gentil custodio del Graal; el asombro del pueblo trastornado por el prodigio; todo le daba en los fatigados nervios y gritaba, moviendo una pierna de palo:—Basta, muchacha, basta de canturria!

La nieta volvía al cuartito de las modestas colgaduras blancas, de las piedras y petrificaciones del Chaco, como quien dice bibelots y porcelanas de Saxe, y allí, con un estallido de risa desarrugaba el ceño del anciano.

—¿A que no sabe, abuelito— preguntó aquel día—porqué me río con tantas ganas? Y como el viejo nada contestara sino:—loca, loca;—ella se puso á tararear:


Para dispersar, señor,
del viaje de mis ensueños
los perfumes de las flores
que extrañas traigo en el pelo


—Ah! romántica insoportable; dichoso el que te pierda!—gritó una voz de fiera enjaulada, y cayó de las manos de misia Pepa el cajón de las costuras.

La muchacha rió del apostrofe, corrió al piano de nuevo, y atacó con brioso empuje la marcha de Ituzaingo.


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Dominio público
65 págs. / 1 hora, 55 minutos / 214 visitas.

Publicado el 19 de septiembre de 2020 por Edu Robsy.

Miles Gloriosus

Plauto


Teatro, comedia


Personajes

PIRGOPOLINICES, militar
ARTOTROGO, parásito de Pirgopolinices
PALESTRIÓN, esclavo
PERIPLECTÓMENO, viejo
ESCÉLEDRO, esclavo de Pirgopolinices
FILOCOMASIO, joven amiga de Pleusicles
PLEUSICLES, joven
LURCIÓN, joven esclavo
ACROTELEUTIO, cortesana
MILFIDIPA, esclava de Acroteleutio
UN JOVEN ESCLAVO CARIÓN, cocinero.

La acción transcurre en Éfeso.

Argumento

Argumento I

Un militar se lleva consigo a una cortesana de Atenas a Éfeso. El esclavo del joven amigo de la muchacha quiere darle la noticia a su amo, que estaba fuera en una misión oficial, pero es hecho cautivo durante la travesía y entregado al militar de Éfeso. Entonces consigue hacer venir a su amo de Atenas a Éfeso y hace un pasadizo en la pared medianera entre las dos casas donde se alojan, para que así tengan la posibilidad de reunirse los amantes. El guardián de la joven los ve desde el tejado abrazándose en casa del vecino, pero le burlan y le engañan haciéndole creer que se trata de otra. El esclavo Palestrión convence al militar de que despida a su amiga, porque la mujer del viejo de al lado se quiere casar con él. Entonces el militar le pide él mismo que se vaya y la colma de regalos. Pero lo cogen en casa del viejo, siendo castigado como adúltero.

Argumento II


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65 págs. / 1 hora, 55 minutos / 913 visitas.

Publicado el 14 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Aurelia o el Sueño y la Vida

Gérard de Nerval


Cuento


Primera parte

I

El sueño es una segunda vida. No he podido penetrar sin estremecerme en esas puertas de marfil o de cuerno que nos separan del mundo invisible. Los primeros instantes de sueño son la imagen de la muerte; un entorpecimiento nebuloso se apodera de nuestro pensamiento y no podemos determinar el instante preciso en que el yo, bajo otra forma, continúa la obra de la existencia. Es un subterráneo vago que se ilumina poco a poco, donde se desprenden de la sombra y la noche las pálidas figuras gravemente inmóviles que habitan la mansión de los limbos. Luego, el cuadro se forma, una claridad nueva ilumina y pone en juego esas apariciones extravagantes; el mundo de los espíritus se abre para nosotros.

Swedenborg llamaba a estas visiones Memorabilia, las debía al ensueño con más frecuencia que al sueño; El asno de oro, de Apuleyo, La Divina Comedia, de Dante, son los modelos poéticos de esos estudios del alma humana. Voy a tratar de transcribir, a su ejemplo, las impresiones de una larga enfermedad que sucedió totalmente en los misterios de mi espíritu; y no sé por qué me sirvo del término enfermedad, pues jamás, por lo que toca a mí mismo, me he sentido de mejor salud. A veces, creía mi fuerza y mi actividad redobladas; me parecía saberlo todo y comprenderlo todo; la imaginación me aportaba delicias infinitas. ¿Al recobrar lo que los hombres llaman la razón, habrá que lamentar haberlas perdido?…


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65 págs. / 1 hora, 55 minutos / 519 visitas.

Publicado el 18 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

La Rosa del Dong-Giang

Emilio Salgari


Novela


Capítulo I

La noche del 28 de febrero de 1861, mientras el ejército anamita, desbaratado por las armas francoespañolas, huía en completo desorden en todas direcciones, abandonando en manos de los vencedores la ciudad de Saigón, una gran barca, después de burlar audazmente el bloqueo de los navíos franceses, navegaba aguas arriba del Dong-Giang, bellísimo río de la Baja Conchinchina que desemboca en el Tan-binch-giang.

Era una embarcación del tipo que los habitantes de la región llaman balón, construida a base de un gigantesco tronco de teca de más de cuarenta metros de largo, pesada, sólida, levantada por proa y popa, adornada con penachos de plumas variopintas y banderitas de seda y con una especie de elegante cúpula en medio, sostenida por columnas doradas y rematada por amplias sombrillas abiertas y por antenas con banderas al viento.

Cincuenta hombres medio desnudos, de caras chatas, ojos oblicuos y piel amarilla, remaban con todas sus fuerzas colocados en doble fila. En popa, un número aproximadamente igual de hombres, pero mejor vestidos, con casacas de seda roja, pantalones y sombreros con plumas y con la cabeza y las extremidades envueltas en vendas empapadas de sangre, yacían en completo desorden, aferrados con rabia a sus largos fusiles.

Bajo el templete, sentados sobre ricos cojines de seda y entre telas de vivos colores, dos hombres estaban fumando. Uno de ellos ostentaba las insignias de larih-binch, es decir, general de los ejércitos de una provincia anamita; el otro, las de teniente de la marina fluvial.

El primero aparentaba unos cincuenta años, era alto, de anchas espaldas que delataban una fuerza nada común; el rostro, varonil y fiero, sombreado por una barba rala. El otro tendría unos veinte años, se le veía ágil, de fisonomía menos expresiva y con la piel menos bronceada.


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65 págs. / 1 hora, 54 minutos / 436 visitas.

Publicado el 26 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

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