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La Mansa

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski


Novela corta


Nota del autor

Pido disculpas a mis lectores porque, por una vez, en lugar de ofrecerles el Diario en su forma habitual, les brindo un simple relato. Pero lo cierto es que este relato me ha ocupado la mayor parte del mes. En cualquier caso, apelo a la indulgencia del lector.

En cuanto al relato mismo debo decir lo siguiente: lo he denominado «fantástico», aunque lo considero realista en grado sumo. Pero lo cierto es que contiene también un elemento fantástico, precisamente la forma misma del relato. Antes de pasar adelante, considero necesario ofrecer algunas aclaraciones sobre ese particular.


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Publicado el 31 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

El Camino del Samurai

Yamamoto Tsunetomo


Tratado


HAGAKURE (HOJAS OCULTAS)

Hagakure, que significa «oculto bajo las hojas», es un antiguo breviario de caballería inspirado en el célebre código Bushido. Nos expone la Vía del guerrero, cuyos preceptos filosóficos y ética trascendental presentan al Bushi.

Bushido es la aceptación total de la vida, vivir incluso cuando ya no tenemos deseos de vivir. Esto se logra sabiendo morir en cada instante de nuestra vida, viviendo el instante, el aquí y ahora, sumido en el eterno presente, en vez de abandonar el campo de batalla cotidiano. Para el Samurái, la vida es un desafío, y la muerte es preferible a una vida indigna o impura. Esta es la noble y espectacular lección del «HAGAKURE».

Mantenido en secreto durante siglos, el Hagakure fue el libro de cabecera de Yukio Mishima.

He descubierto que la Vía del Samurái reside en la muerte. Durante una crisis, cuando existen tantas posibilidades de vida como de muerte, debemos escoger la muerte. No hay en ello nada difícil; sólo hay que armarse de valentía y actuar. Algunos dicen que morir sin haber acabado su misión es morir en vano. Este razonamiento es el que sostienen los mercaderes hinchados de orgullo que merodean por Osaka; no es más que un razonamiento sofisticado a la vez que una imitación caricaturesca de la ética de los Samurái.

Hacer una elección juiciosa en una situación donde las posibilidades de vivir o de morir se equilibran, es casi imposible. Todos preferimos vivir y es muy natural que el ser humano encuentre siempre buenas razones para continuar viviendo.

El que escoge vivir habiendo fracasado en su empeño, será despreciado y será a la vez un cobarde y un fracasado. El que muere después de haber fracasado, muere de una muerte fanática, que puede parecer inútil. Pero en cambio, no será deshonrado. Tal es la Vía del Samurái.


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55 págs. / 1 hora, 37 minutos / 456 visitas.

Publicado el 25 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Cartas desde la Tierra

Mark Twain


Sátira


Introducción

El Creador se sentó sobre el trono, pensando. Tras de sí, se extendía el continente ilimitado del cielo, impregnado de un resplandor de luz y color. Ante Él, como un muro, se elevaba la noche del Espacio. En el cenit, Su poderosa corpulencia descollaba abrupta, semejante a una montaña. Y Su divina cabeza refulgía como un sol distante. A sus pies había tres arcángeles, figuras colosales disminuidas casi hasta desaparecer por el contraste, con las cabezas al nivel de sus tobillos. Cuando el Creador hubo terminado de reflexionar, dijo:

“He pensado, ¡contemplad!”.

Levantó la mano, y de ella brotó un chorro de fuego, un millón de soles maravillosos que rasgaron las tinieblas y se elevaron más y más y más lejos, disminuyendo en magnitud e intensidad al traspasar las remotas fronteras del Espacio, hasta ser, al fin, puntas de diamantes resplandeciendo en el vasto techo cóncavo del universo.

Al cabo de una hora fue disuelto el Gran Consejo.

Sus miembros se retiraron de la Presencia impresionados y cavilosos, dirigiéndose a un lugar privado donde pudieran hablar con libertad. Ninguno de los tres quería tomar la iniciativa, aunque cada uno deseaba que alguien lo hiciera. Ardían en deseos de discutir el gran acontecimiento, pero preferían no comprometerse hasta saber cómo lo consideraban los demás. Se desarrolló así una conversación vaga y llena de pausas sobre asuntos sin importancia, que se arrastró tediosamente, sin objetivo, hasta que por fin el arcángel Satanás se armó de valor –del que tenía una buena provisión— y abrió el fuego.

Dijo: —todos sabemos el tema a tratar aquí, señores, y ya podemos dejar los fingimientos y comenzar. Si ésta es la opinión del Consejo…

—¡Lo es, lo es!—, expresaron Gabriel y Miguel, interrumpiendo agradecidos.


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55 págs. / 1 hora, 37 minutos / 220 visitas.

Publicado el 11 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Vulgaridad y Nobleza

Fernán Caballero


Novela corta


Dedicatoria

El autor suplica al afamado y erudito Barón Wolf, tan admirado y respetado en su sabia patria como en todos los países cultos, y el que con tanta benevolencia ha juzgado y dado a conocer el primero en Alemania sus sencillos escritos, que le permita dedicarle este cuadro, en muestra de una gratitud que quisiera y no sabe demostrar de una manera más expresiva y digna

Fernán Caballero.

Prólogo

No son los extranjeros (que eso nada de extraño tendría), son los españoles, que nos hacen un cargo de pintar las cosas de nuestro país sólo por su lado favorable


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55 págs. / 1 hora, 36 minutos / 227 visitas.

Publicado el 2 de enero de 2019 por Edu Robsy.

La Reina de Rapa Nui

Pedro Prado


Novela


Dedicatoria

A Juan Francisco González, pintor


Buscando en mi memoria, recuerdo que Ud. conoció a mi amigo. Juntos, una tarde, compartimos su charla y sus uvas finas y rosadas. No he olvidado que, de vez en vez, cuando callábamos, se oía el arrullo de las palomas y el ligero roce que hacían al andar por el entretecho.

Es lástima que Ud. no conserve los hermosos apuntes que tomara de la casa, donde vivió un hombre que me fue querido.

No lo sé con certeza, pero presumo que él también era pariente suyo. Al menos han dicho de Ud. lo que decían de él: es un hombre raro y solitario.

¿Quiere Ud. aceptar el que yo le dedique estas páginas?

Prólogo

Últimos años de un hombre raro


Su viña estaba cercana a mi propiedad.

Como fue amigo de mi padre, me recibía con cariño y deferencia; pero pronto nuestro afecto se hizo independiente de toda causa ajena a nosotros mismos, y mis visitas fueron continuas y prolongadas.

Antes de llegar al pueblo de X., siguiendo el camino que orilla el estero, en una gran hondonada que defienden cerros yermos, se divisaba, entre los árboles del huerto, el tejado de su casa, cubierto de palomas, y un pequeño campanario. El conocido campanario de fundos y de chacras guarda la campana para llamar diariamente al trabajo y pedir auxilio en las noches trágicas de salteos o de incendios.

Desde que se penetraba en los dominios de mi amigo, cualquiera comprendía, aunque no fuese entendido en trabajos agrícolas, que reinaba allí cierto desorden y abandono. Las pircas de los potreros, derruidas en varias partes, dejaban vagar a los animales por los angostos caminos. Muchas veces detuve mi tílbury para espantar un grupo de bueyes perezosos. Los desagües, cegados largo tiempo, hicieron que se formasen lagunas donde, entre los pajonales, algunos queltehues venían a anidar.


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Dominio público
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Publicado el 22 de octubre de 2026 por Edu Robsy.

Karain: un Recuerdo

Joseph Conrad


Cuento


I

Lo conocimos en aquella época imprevisible en la que nos contentábamos con mantener la vida y las posesiones. Ninguno de nosotros, hasta donde yo sé al menos, tiene ya propiedad alguna y sé que muchos han perdido negligentemente sus vidas, pero estoy seguro de que a los pocos que sobrevivieron no les falla tanto la vista como para no ver más de una insinuación de revueltas indígenas en el Archipiélago Oriental en medio de la nebulosa respetabilidad de los periódicos. Se puede ver brillar el sol entre las líneas de esos párrafos escuetos, los rayos del sol y el temblor de las olas del mar. Un nombre desconocido despierta los recuerdos, las frases impresas perfuman de una manera sutil la contaminada atmósfera de hoy con su fragancia intensa, como de brisas marinas que renacen bajo las estrellas de noches pasadas; en el alto borde del acantilado, en la oscuridad, brilla como una piedra preciosa un fuego de señales; los grandes árboles avanzan desde los bosques como centinelas inmensos y se inclinan vigilantes e inmóviles por encima de los soñolientos estuarios; retumba el rompiente de las playas vacías y las aguas se espuman en los arrecifes sobre la superficie de todo ese esplendoroso mar; esparcidos bajo la luz vertical del mediodía se observan los verdes islotes como si se tratara de una guarnición de esmeraldas engarzadas en el acero de un escudo.


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55 págs. / 1 hora, 36 minutos / 65 visitas.

Publicado el 30 de agosto de 2018 por Edu Robsy.

Adina

Henry James


Cuento


Parte I

Habíamos estado hablando sobre Sam Scrope alrededor del fuego —conscientes, todos nosotros, de la norma de mortuis. Nuestro anfitrión, sin embargo, había permanecido en silencio, un poco para mi sorpresa, pues sabía que había sido particularmente cercano a nuestro amigo. Pero una vez nuestro grupo se hubo disuelto y me quedé a solas con él, avivó el fuego, me ofreció otro puro mientras aspiraba el suyo con aire reflexivo, y me explicó la siguiente historia:


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Publicado el 7 de mayo de 2017 por Edu Robsy.

Las Posadas del Amor

Felipe Trigo


Novela corta


I

La noche tenía una diafanidad de maravilla. Víctor detuvo perezosamente su marcha de pereza ante la fronda del hotel. Había un coche a la puerta y dormía el cochero. Las dos. El problema eterno de su horrible libertad le abrumaba. Si quería, podía entrar. Si quería, podía seguir paseando de un modo filosófico las calles. Por lo pronto, quieto, aspirando el olor de las acacias en la fiesta de este Mayo serenísimo, deploró que la avenida se pareciese a tantas de París, de Roma, de Berlín. Las mismas filas de focos y faroles; las mismas cuádruples hileras de árboles; los mismos rieles y cables de tranvías... Él, en Berlín, en París, en Roma, a estas mismas horas, encontraríase también probablemente delante de un hotel con su misma horrible libertad de entrar o de seguir filosofando por las calles. ¿Dónde estaba, de la tierra toda, el pueblo nuevo de la grande vida?

Abrió la cancela. El minúsculo jardín le sumió en la perfumada sombra de sus cersis. Las ramas subían hasta los balcones, hasta los tejados y terrazas. Un pequeño hotel, tan bizarramente bello como un bello panteón. Entre las dos alas de escaleras vertíanse las conchas de la fuente. Los muros tapizábanse de musgos. Las dos grandes casas inmediatas abrumábanle, empotrábanle burguesamente en antro de rincón de selva. En los lienzos de pared había hornacinas donde pudieran ponerse santas o afroditas. Pensó que igual serviría este sitio para invocar a doña Inés, si hubiese estatuas, o para que a él le clavasen un puñal si fueran menos tontos los ladrones. Y pensó también que la meseta, a la altura de las copas de los cersis, sería excelente para decirle un sermón de loco a unos fantasmas. Abrió y entró.


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Publicado el 10 de abril de 2019 por Edu Robsy.

Peribáñez y el Comendador de Ocaña

Lope de Vega Carpio


Teatro


Acto primero

Figuras del primer acto

UN CURA, a lo gracioso
[SANCHO, labrador]
INÉS, madrina
LABRADORES
COSTANZA, labradora
LEONARDO, criado
CASILDA, desposada
EL REY ENRIQUE
PERIBÁÑEZ, novio
EL CONDESTABLE
LOS MÚSICOS, de villanos
ACOMPAÑAMIENTO
BARTOLO, labrador
UN PAJE
EL COMENDADOR
DOS REGIDORES DE TOLEDO
MARÍN Y LUJÁN, lacayos
[UN PINTOR]

Boda de villanos. El CURA; INÉS, madrina; COSTANZA, labradora; CASILDA, novia; PERIBÁÑEZ; MÚSICOS, de labradores.

INÉS:
Largos años os gocéis.

COSTANZA:
Si son como yo deseo,
casi inmortales seréis.

CASILDA:
Por el de serviros, creo
que merezco que me honréis

CURA:
Aunque no parecen mal,
son excusadas razones
para cumplimiento igual,
ni puede haber bendiciones
que igualen con el misal.
Hartas os dije; no queda
cosa que deciros pueda
el más deudo, el más amigo.

INÉS:
Señor doctor, yo no digo
más de que bien les suceda.

CURA:
Espérelo en Dios, que ayuda
a la gente virtüosa.
Mi sobrina es muy sesuda.

PERIBÁÑEZ:
Sólo con no ser celosa
saca este pleito de duda.

CASILDA:
No me deis vos ocasión,
que en mi vida tendré celos.

PERIBÁÑEZ:
Por mí no sabréis qué son.

INÉS:
Dicen que al amor los Cielos
le dieron esta pensión.

CURA:
Sentaos y alegrad el día
en que sois uno los dos.

PERIBÁÑEZ:
Yo tengo harta alegría
en ver que me ha dado Dios
tan hermosa compañía

CURA:
Bien es que a Dios se atrebuya,
que en el reino de Toledo
no hay cara como la suya.


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Publicado el 12 de octubre de 2019 por Edu Robsy.

Espíritus Rebeldes

Gibran Kahlil Gibran


Cuento


Kahlil el hereje

I

Sheik Abbas era considerado un príncipe por los habitantes de una aldea solitaria del norte del Líbano. Su mansión, situada en medio de las pobres chozas de los aldeanos, parecía un saludable gigante rebosante de vida en medio de débiles enanos. El Sheik vivía rodeado de lujo, mientras sus vecinos soportaban una penosa existencia. Lo obedecían y se inclinaban respetuosamente ante él cuando se dirigía a ellos. Parecía como si el poder de la mente lo hubiera designado su portavoz e intérprete oficial. Su cólera los hacía estremecer y dispersarse como las hojas barridas por el fuerte viento del otoño. Si abofeteaba a alguien, era una herejía por parte del individuo el moverse o levantar el rostro o evidenciar cualquier intento de descubrir el porqué de tamaña ira. Si sonreía a alguien, éste era considerado por los aldeanos como la persona más honrada y afortunada. El temor y el sometimiento de la gente no era consecuencia de la debilidad: la pobreza y necesidad habían provocado este estado de perpetua humillación. Hasta las chozas en que vivían y los campos que cultivaban pertenecían a Sheik Abbas, quien las había heredado de sus antepasados.

La labranza de la tierra, la siembra de semillas y la cosecha del cereal, todo era realizado bajo la supervisión del Sheik, quien, a cambio del esfuerzo realizado, recompensaba a los labriegos con una pequeña porción de trigo que apenas les alcanzaba para no morirse de hambre.


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54 págs. / 1 hora, 35 minutos / 303 visitas.

Publicado el 21 de diciembre de 2017 por Edu Robsy.

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