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Fábulas Libertinas

Jean de La Fontaine


Fábulas, Poesía


Sor Juana

Parió sor Juana, en sazón,
Y muy contrita, ayunaba,
Y siempre rezando estaba,
Con sin igual devoción.
«Ved, dijo en cierta ocasión
La abadesa, muy ufana,
Ved cómo vive sor Juana,
Seguid su conducta bella».
Y las monjas, bajo el manto,
Dijeron a esta querella:
«Viviremos como ella,
Cuando hagamos otro tanto».

La Venus Callipyga

Hubo en la Grecia dos siracusanas,
Que tenían un trasero portentoso;
Y, por saber la cual de las hermanas
Lo tenía más gentil, duro y carnoso,
Desnudas se mostraron a un perito
Que, después de palpar con dulce apremio,
Ofreció a la mayor su mano, en premio.
Tomó su hermano el no menos bonito
De la menor; alegres se casaron,
Y, tras más de una grata peripecia,
En honor de las dos un templo alzaron,
Con el nombre de: «Venus, nalga recia».
No sé qué intención hubiera sido,
Mas fuera aqueste el templo de la Grecia
Al que más devoción habría tenido.

Los dos amigos

Alcibiades y Axioco, compañeros
De cuerpo juvenil, bello y fornido,
Concertaron sus ansias, y pusieron
Semillas de su amor en igual nido.
Sucedió que uno de ellos, diligente,
Trabajó tanto a la sin par doncella,
Que una niña nació, niña tan bella,
Que los dos se jactaban igualmente
De ser el padre de ella.
Cuando ya fue mujer y rozagante
Pudo seguir la escuela de su madre,
Al par los dos quisieron ser su amante,
Ninguno de ellos quiso ser su padre.
«¡Ah! hermano, dijo el uno, a fe os digo
Que es de vuestras facciones un dechado.
—¡Error! el otro dijo; es vuestra, amigo;
¡Dejadme a mí cargar con el pecado!


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43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 437 visitas.

Publicado el 6 de julio de 2018 por Edu Robsy.

La Vida Privada

Henry James


Cuento


I

Hablábamos de Londres cara a cara con un gran glaciar hirsuto y primevo. La hora y el escenario formaban una de esas impresiones que compensan un poco, en Suiza, por la moderna indignidad del viajar: las promiscuidades y vulgaridades, la estación y el hotel, la paciencia gregaria, la lucha por unas migajas de atención, la reducción a estado numerado. El alto valle se teñía del rosa de la montaña; el aire fresco tenía la limpieza de un mundo nuevo. Había un leve rubor de primera tarde sobre nieves incólumes, y el tintineo fraternizante del ganado oculto a la vista nos llegaba con un olor a siega tibia de sol. El balconado hostal se alzaba en la garganta misma del paso más delicioso del Oberland, y hacía una semana que teníamos buena compañía y buen tiempo. Se consideraba gran fortuna, porque lo uno habría compensado por lo otro si alguna de las dos cosas hubiera sido mala.


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43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 155 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

La Corruptora y la Buena Maestra

Fernán Caballero


Novela corta


Al Excmo. Sr. D. Cándido Nocebal

Señor y amigo:

Cuando hace algún tiempo escribí el adjunto bosquejo, había pensado, antes de darlo a la estampa, haber hecho del bosquejo un cuadro con detalles más concluídos y con colores más vivos, pero en vista de que una reciente enfermedad me tiene por ahora con las fuerzas perdidas y el ánimo caído, mando a usted el bosquejo tal cual lo escribí, semejante a un capullo al que un norte frío y seco ha pasmado, sin dejarlo dilatarse y tomar colores. La idea en que se funda está demostrada; si esto basta, reciba usted este pobre y débil «sietemesino» con esa indulgencia, hija de su amistad, que tanto complace, favorece y honra a su agradecido amigo.

Fernán Caballero.

I

Parose ante la puerta de una casa principal, en una de las calles más céntricas de Madrid, uno de esos ligeros carruajes para uso de los jóvenes ricos y fastuosos que bien o mal guían sus propios dueños. Saltó al suelo el de este carruaje, entregando al lacayo las riendas del magnífico caballo extranjero que de él tiraba, y se dirigió a la casa.

Era un joven alto, bien parecido, cuya elegancia en el traje no tenía más defecto que su misma exageración; la exageración en todas materias es el ímpetu que traspasa el blanco.

En el portal se encontró frente a frente con otro joven que llegaba a pie a la misma casa. Su físico era agradable; grave y dulce la expresión de sus ojos negros, vestido bien, aunque con mucha más sencillez y modestia que el primero.

Apenas se vieron, cuando, con una exclamación de gozo, cayeron en brazos uno de otro.

—¡Isidro! Provinciano inamovible, ¿tú en la coronada villa? —preguntó el del carruaje.

—¿Y tú, injerto parisiense? ¿Cómo tú por estos vulgares Madriles, privado de todos los encantos en las orillas del Sena? Verte por aquí me causa a mí igual extrañeza —contestó el interrogado.


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Dominio público
43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 255 visitas.

Publicado el 11 de mayo de 2019 por Edu Robsy.

Días de Lectura

Marcel Proust


Crítica, Ensayo


I

Tal vez no haya días más plenamente vividos en nuestra infancia que aquellos que creímos dejar pasar sin vivirlos, aquellos que pasamos con uno de nuestros libros preferidos. Todo lo que al parecer los llenaba para los demás y que nosotros apartábamos como un obstáculo vulgar ante un placer divino: el juego para el cual venía a buscarnos un amigo en medio del pasaje más interesante, la abeja o el rayo de sol molestos que nos hacían levantar los ojos de la página o cambiar de sitio, la merienda que nos habían obligado a llevarnos y que dejábamos en el banco a nuestro lado, sin tocarla, mientras encima de nuestra cabeza el sol iba perdiendo fuerza en el cielo azul, la cena para la cual teníamos que regresar y durante la cual sólo pensábamos en subir enseguida para terminar el capítulo interrumpido; todo eso, de lo cual la lectura habría debido impedirnos ver todo lo que no fuese la inoportunidad, la lectura al contrario lo grababa en nosotros como un recuerdo tan dulce (mucho más precioso para nosotros ahora que lo que entonces leíamos con amor) que, si alguna vez hoy volvemos a hojear esos libros de antaño, ya sólo lo hacemos como si fuesen los únicos almanaques que hemos conservado del pasado y con la esperanza de ver reflejados en sus páginas estanques y caserones que han dejado de existir.


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43 págs. / 1 hora, 16 minutos / 344 visitas.

Publicado el 6 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Un Capítulo en la Historia de una Familia de Tyrone

Joseph Sheridan Le Fanu


Cuento


Décimo extracto del legado del fallecido Francis Purcell, párroco de Drumcoolagh

En la narración siguiente me he esforzado por transmitir lo más posible el «ipsissima verba» de la querida amiga de quien lo recibí, consciente de que cualquier alejamiento con respecto a su modo de contar el relato de su vida dañaría inmediatamente la precisión y el efecto. Si además de sus palabras pudiera traer también ante el lector su gesto animado, su semblante expresivo, esa atmósfera y acento solemnes y emocionantes con los que relataba los pasajes oscuros de su extraña historia, y si sobre todo pudiera comunicar la conciencia impresionante que la narradora había visto con sus propios ojos, actuando personalmente en las escenas que describía, todo ello, unido a las circunstancias adicionales, como el hecho de que quien contaba la historia estuvo profunda y tristemente impresionada con los principios religiosos para malinterpretar o fabricar lo que repetía como una verdad, darían al relato un interés profundo que los acontecimientos simplemente registrados difícilmente podrían producir por sí solos. Hace ya casi veinte años que conocí a la dama de cuyos labios oí esta historia, y fue tanto lo que me interesó la narración que la puse por escrito cuando todavía estaba fresca en mi mente, y si su lectura le entretiene durante media hora, mi trabajo no habrá sido inútil. He escrito la historia tal como debía, en primera persona, pues así me la contó ella. La empezó del siguiente modo.


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43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 298 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

Rinconete y Cortadillo

Miguel de Cervantes Saavedra


Novela corta


En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía, un día de los calurosos del verano, se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y siete; ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados; capa, no la tenían; los calzones eran de lienzo y las medias de carne. Bien es verdad que lo enmendaban los zapatos, porque los del uno eran alpargates, tan traídos como llevados, y los del otro picados y sin suelas, de manera que más le servían de cormas que de zapatos. Traía el uno montera verde de cazador, el otro un sombrero sin toquilla, bajo de copa y ancho de falda. A la espalda y ceñida por los pechos, traía el uno una camisa de color de camuza, encerrada y recogida toda en una manga; el otro venía escueto y sin alforjas, puesto que en el seno se le parecía un gran bulto, que, a lo que después pareció, era un cuello de los que llaman valones, almidonado con grasa, y tan deshilado de roto, que todo parecía hilachas. Venían en él envueltos y guardados unos naipes de figura ovada, porque de ejercitarlos se les habían gastado las puntas, y porque durasen más se las cercenaron y los dejaron de aquel talle. Estaban los dos quemados del sol, las uñas caireladas y las manos no muy limpias; el uno tenía una media espada, y el otro un cuchillo de cachas amarillas, que los suelen llamar vaqueros.

Saliéronse los dos a sestear en un portal, o cobertizo, que delante de la venta se hace; y, sentándose frontero el uno del otro, el que parecía de más edad dijo al más pequeño:

­¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adónde bueno camina?

­Mi tierra, señor caballero ­respondió el preguntado­, no la sé, ni para dónde camino, tampoco.


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Publicado el 21 de abril de 2016 por Edu Robsy.

El Cerco de Numancia

Miguel de Cervantes Saavedra


Teatro, Clásico


FIGURAS SIGUIENTES:

CIPIÓN, romano.
IUGURTA, romano.
Gayo MARIO, romano.
QUINTO FABIO, romano.
CUATRO SOLDADOS ROMANOS.
DOS NUMANTINOS, EMBAJADORES.
TEÓGENES, numantino.
CARAVINO, numantino.
CUATRO GOBERNADORES NUMANTINOS.
MARANDRO, numantino.
DOS SACERDOTES NUMANTINOS.
UN HOMBRE NUMANTINO.
Un Demonio.
CUATRO MUJERES DE NUMANCIA.
LIRA, doncella.
DOS CIUDADANOS NUMANTINOS.
UNA MUJER DE NUMANCIA.
UN HIJO SUYO.
Otro hijo de aquélla.
UNA MUJER DE NUMANCIA.
UN SOLDADO NUMANTINO.
GUERRA.
ENFERMEDAD.
HAMBRE.
VARIATO, muchacho, que es el
  que se arroja de la torre.
UN NUMANTINO.
ERMILIO, soldado romano.

JORNADA PRIMERA

Entra CIPIÓN, y IUGURTA y MARIO y un alarde de soldados armados a lo antiguo, sin arcabuces, y CIPIÓN se sube sobre una peña que estará allí, y dice:


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Publicado el 19 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Trescientos Millones

Roberto Arlt


Teatro


A modo de explicación

Siendo reportero policial del diario Crítica, en el año 1927, una mañana del mes de septiembre tuve que hacer una crónica del suicidio de una sirvienta española, soltera, de veinte años de edad, que se mató arrojándose bajo las ruedas de un tranvía que pasaba frente a la puerta de la casa donde trabajaba, a las cinco de la madrugada.

Llegué al lugar del hecho cuando el cuerpo despedazado había sido retirado de allí. Posiblemente no le hubiera dado ninguna importancia al suceso (en aquella época veía cadáveres casi todos los días) si investigaciones que efectué posteriormente en la casa de la suicida no me hubieran proporcionado dos detalles singulares.

Me manifestó la dueña de casa que la noche en que la sirvienta maduró su suicidio, la criada no durmió.

Un examen ocular de la cama de la criada permitió establecer que la sirvienta no se había acostado, y se suponía con todo fundamento que pasó la noche sentada en su baúl de inmigrante. (Hacía un año que había llegado de España.) Al salir la criada a la calle para arrojarse bajo el tranvía se olvidó de apagar la luz.

La suma de estos detalles simples me produjo una impresión profunda.

Durante meses y meses caminé teniendo ante los ojos el espectáculo de una pobre muchacha triste que, sentada a la orilla de un baúl, en un cuartucho de paredes encaladas, piensa en su destino sin esperanza, al amarillo resplandor de una lamparita de veinticinco bujías.

De esa obsesión, que llegó a tener caracteres dolorosos, nació esta obra que, posiblemente nunca hubiera escrito de no haber mediado Leónidas Barletta.

Cuando Barletta organizó el Teatro del Pueblo me pidió que colaborara con él escribiendo una obra para su empresa, en la cual no creía nadie, incluso yo; pero, a pesar de todo, un día me puse a trabajar en ella sin la menor esperanza de éxito.


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Dominio público
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Publicado el 28 de julio de 2023 por Edu Robsy.

Almas Errantes

Ricardo Catarineu


Cuento


En la carretera

Es Maizales una blanca y verde aldea imaginaria, blancas las casas, verdes los prados, orilla del río, no lejos de la mar. Acampados ejércitos formidables de maíz, que le dan nombre, del río la separan. Bordea el maizal llana y polvorienta carretera, que limita por el otro lado con alegres colinas. Aquí y allá, en llano o monte, álzanse dispersas muchas casitas albas y relucientes como la nieve al sol. No pocas de ellas son elegantes hotelitos, rodeados de frondosa huerta o florido jardín, resguardados por verjas de hierro pintado de colores chillones.

A la entrada del poblado, y enclavado en el camino, se ve un edificio que, si en la parte alta aspira pomposamente a ser fonda, en la planta baja no quiere ser taberna, sin conseguir ninguna de ambas inofensivas pretensiones. Frente por frente a este hospedaje modesto y limpio, una parra sirve de toldo a la mesa de piedra, en torno de la cual hay siempre rústicos bancos y, en éstos sentados, rústicos ociosos murmuradores.

Como la murmuración no basta a llenar por completo los días de sol, con ella alterna el juego, y para mayor variedad, el tute se hermana con el monte, o tras de la reñida baraja, triunfa el pacífico dominó.

La gallarda moza, más que tabernera y menos que fondista, suelta de andares, rubicunda de rostro, apretada de carnes, viene o va, conforme la llaman o despiden los jugadores, trayendo o llevando las cartas y fichas, el vaso de cerveza, la copa de licor. De esta suerte, al vicioso ningún incentivo le falta: una deleitosa bebida, una partida animada y una buena moza —vino, juego y mujer—, las tres cosas tiene.

La muchacha, para desesperación de sus admiradores, es implacablemente honrada, y así el recreo no pasa de los ojos. El más inocente requiebro lo tomaría como un agravio.


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Dominio público
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Publicado el 11 de octubre de 2017 por Edu Robsy.

El Timador

Máximo Gorki


Cuento


I. El encuentro con él

… Tropezando en la niebla con los setos, caminaba yo intrépidamente por los charcos de fango de una ventana a otra, llamaba con los dedos, no muy fuerte, y voceaba:

—¡¿Permitiríais hacer noche a un transeúnte?!

En respuesta, me enviaban al vecino, a la «isba comunal», al diablo. En una ventana prometieron que me echarían al perro, en otra callaron pero me amenazaron elocuentemente con un gran puño. Y una mujer me gritó:

—¡Vete, lárgate mientras estés entero! Tengo al marido en casa…

De lo que deduje que, evidentemente, acogía en casa huéspedes para dormir cuando no estaba el marido… Lamentando que él estuviera en casa, me dirigí a la siguiente ventana.

—¡Gentes de bien! ¡¿Permitiríais hacer noche a un transeúnte?!

Me respondieron cariñosamente:

—¡Vete con Dios, aléjate!

Y hacía un tiempo de perros: caía una lluvia fina y fría, la tierra enfangada estaba ajustadamente envuelta por la niebla. De vez en cuando, a saber de dónde, soplaba una ráfaga de viento que suavemente golpeaba las ramas de los árboles, hacía frufrú con la paja mojada de los tejados y alumbraba muchos sonidos melancólicos más, rompiendo el silencio de la oscura noche con una afligida música. Escuchando aquel triste preludio del duro poema llamado otoño, las gentes a cubierto, ciertamente, estaban de mal humor y por eso no me dejaban pasar a pernoctar. Luché durante un buen rato contra su resolución, se me resistieron con firmeza y, al final, destruyeron mi esperanza de pasar la noche bajo techo. Entonces salí de la aldea hacia el campo, pensando que tal vez allí encontraría un almiar de heno o paja, aunque solo la casualidad podría mostrármelo en aquella pesada y densa oscuridad.


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43 págs. / 1 hora, 15 minutos / 92 visitas.

Publicado el 11 de abril de 2018 por Edu Robsy.

207208209210211