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La Ilustre Fregona

Miguel de Cervantes Saavedra


Novela corta, Clásico


En Burgos, ciudad ilustre y famosa, no ha muchos años que en ella vivían dos caballeros principales y ricos: el uno se llamaba don Diego de Carriazo, y el otro, don Juan de Avendaño. El don Diego tuvo un hijo, a quien llamó de su mismo nombre, y el don Juan otro, a quien puso don Tomás de Avendaño. A estos dos caballeros mozos, como quien han de ser las principales personas deste cuento, por excusar y ahorrar letras, les llamaremos con solos los nombres de Carriazo y de Avendaño. Trece años, o poco más, tendría Carriazo, cuando, llevado de una inclinación picaresca, sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hiciesen, sólo por su gusto y antojo, se desgarró, como dicen los muchachos, de casa de sus padres, y se fué por ese mundo adelante, tan contento de la vida libre, que en la mitad de las incomodidades y miserias que trae consigo no echaba menos la abundancia de la casa de su padre, ni el andar a pie le cansaba, ni el frío le ofendía, ni el calor le enfadaba: para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera; tan bien dormía en parvas como en colchones; con tanto gusto se soterraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sábanas de Holanda. Finalmente, él salió tan bien con el asumpto de pícaro, que pudiera leer cátedra en la facultad al famoso de Alfarache.


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Publicado el 19 de abril de 2016 por Edu Robsy.

Mañana

Joseph Conrad


Cuento


Lo que se sabía del capitán Hagberd en el pequeño puerto de Colebrook no era precisamente favorable para él. No pertenecía a aquel pueblo. Había llegado para quedarse en unas circunstancias que no tenían nada de misterioso —sobre aquel particular era especialmente comunicativo—, pero sí realmente morbosas y absurdas. Era evidente que tenía dinero, porque se había comprado una parcela y había hecho construir en ella dos pequeñas casitas feas que había pintado de amarillo. Una de ellas la ocupó él mismo y la otra se la cedió a JosiahCarvil —el ciego Carvil, constructor de barcos retirado—, un hombre que se había granjeado una mala reputación en el lugar a causa de su despotismo.

Las casas tenían una pared en común, los jardines estaban separados por una valla y los cercos traseros por un cerco de madera. A la señorita BessieCarvil se le permitía tender sobre el cerco los manteles, las servilletas y algún que otro delantal para que se secaran. La joven era alta y el cerco bajo, le daba para apoyar los codos en él. Tenía las manos enrojecidas por la cantidad de ropa que lavaba, pero los antebrazos eran blancos y bien formados, y siempre observaba al jefe de su padre en silencio, un silencio pensativo lleno de entendimiento, expectativa y deseo.

—La ropa mojada acaba pudriendo la madera —solía decir el capitán Hagberd—, es la única costumbre descuidada que le conozco, ¿por qué no cuelga una cuerda en su patio?


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Publicado el 30 de agosto de 2018 por Edu Robsy.

En la Costa Azul

Vicente Blasco Ibáñez


Cuento


I. El Carnaval en Niza

Niza es la heredera de Venecia. Durante varios siglos, los ricos ganosos de divertirse y los aventureros de vida novelesca arrostraron las molestias y peligros de los viajes de entonces para presenciar en la ciudad adriática las fiestas de un Carnaval que duraba meses. Ahora, los medios de comunicación son más fáciles; el placer se ha democratizado, lo mismo que los conocimientos humanos y las comodidades de nuestra existencia, y el ferrocarril y el trasatlántico traen miles de espectadores al Carnaval de Niza.

La Naturaleza gusta de travesear en estos días. Un sol primaveral derrama sus oros sobre la Costa Azul casi todo el invierno, y al llegar la semana carnavalesca raro es el año que no cae una lluvia inoportuna. Pero como Niza necesita defender su célebre fiesta, y la muchedumbre de viajeros llega dispuesta a divertirse, sea como sea, las máscaras arrostran la intemperie, el público abre sus paraguas, y los desfiles continúan bajo esa lluvia violenta y tibia de los países solares, donde los aguaceros son ruidosos pero de corta duración.

El Carnaval de Niza ha acabado por ser algo indispensable para su vida, y ninguna otra ciudad lo puede copiar. Los particulares colaboran con el Municipio; cada nicense aporta su iniciativa. Capitales de mayor importancia podrían organizar desfiles de carrozas más suntuosas; pero creo imposible que encontrasen una ayuda individual, una colaboración «patriótica» como la de los habitantes de esta ciudad. El pueblo nicense considera que es deber suyo engrosar el número de las máscaras, y familias enteras se cubren con el disfraz para gritar en las calles, danzar o ir saltando de una acera a otra, todo para mayor gloria y provecho de su tierra.


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Publicado el 18 de enero de 2022 por Edu Robsy.

Confidencias

Carmen de Burgos


Novela corta


8 Julio.

Mi marido es tan bueno, que no hallaría placer en engañarlo, y, sin embargo, merecería que lo engañase por esta indiferencia que su ilimitada confianza en mí le hace tener. Está tan persuadido de que le amo que aunque yo le dijese lo contrario, no lo creería. Lo que me hace respetarle más es el verlo tan feliz. Respeto su felicidad... Además, ¿valdrá alguno de los otros más que él? No lo sé; pero la prueba es muy arriesgada. No creo capaz a ninguno de mantener muchos años la ilusión; es más difícil conservar que conquistar. Indudablemente, al marido le conservamos mejor. ¡Hay tantas celadas en el hogar! Cuando se observan los pequeños gustos, y se cultiva el egoísmo, se tiene mucho conseguido. A veces un marido piensa con cariño en su esposa, sueña con el descanso y la felicidad que experimenta a su lado, y no se da cuenta de que ella lo ha acostumbrado a ponerse las zapatillas. ¡Está tan a gusto en zapatillas! Además, el marido que se cansa respeta...; los otros... Tengo demasiado orgullo para hacer la prueba..., y, sin embargo, hay tentaciones. Elena me decía que el encanto de los amores está en la caída... Ella está radiante, feliz, satisfecha, y debe haber tenido muchas caídas... Decididamente, esta soledad entre el campo y el mar no es buena consejera para mí. Felipe ha hecho mal en dejarme venir sola. Pero no había otro remedio para satisfacer mi capricho. Él tiene que trabajar. Es preciso dejarle que trabaje... ¡Pobrecillo, ahora estará haciendo números en aquellos libros tan grandes! ¡Qué cosa más terrible son los números! Tan pocos, y capaces de tantas combinaciones. Él también está solo... No sé por qué, me acuerdo con inquietud de la señorita mecanógrafa. Son molestas esas señoritas mecanógrafas. Hay en cada una de ellas la amante posible del dueño de la casa o la novia que se casa con el primer dependiente.


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Publicado el 15 de septiembre de 2020 por Edu Robsy.

Artículos de Política Y Sociedad Dispersos

Horacio Quiroga


Artículos, Compilación


La Santa Democracia


Este régimen de gobierno y no el estado de alma que lo creó, según anotaremos que lo crea, se halla en crisis. Vale la pena comentar ligeramente la filosofía de esta inquietud, bastante fuerte para convulsionar hasta en sus cimientos la civilización moderna.

Al desencadenarse la guerra mundial, parecía haberse distendido por fin el resorte que mantenía en intolerable tensión el destino de la humanidad. No se veía claramente, a mediados de 1914, qué destino era éste. Aparentemente, el progreso material, la aceleración creciente de la vida, la procura a toda costa de riquezas, constituían el presente y el fin de la civilización oficial de Occidente.

Con la conclusión de la guerra, la situación no cambió. El resorte, flojo un instante, se armó de nuevo. Y permanece aún tendido, bajo la presión de un tremendo descontento. La civilización occidental cree aún en sí, pero se ahoga.

Si la guerra pasada pudo haber tenido por causa ocasional cualquiera de las que se fraguan a uno y otro lado del Rin, nadie ignora que su causa real es la precipitación de todas las naciones sobre la misma presa —el poder—, y que fomentada con el nombre de nacionalismo dentro de las fronteras, toma el nombre genérico de civilización, cuando dichos apetitos corren atraillados sobre otro continente.

La finalidad de la vida transmutada en presa de lobos: esto y no otra cosa es lo que ha lanzado al Occidente al choque de 1914, y lo que volverá a lanzarlo indefectiblemente a nuevos tumultos, mientras se considere a las riquezas el más noble blasón de un pueblo, mientras se recurra a la violencia para aumentarlas, y se convierta a los hombres en lobos, para desearlas.

El Occidente no tiene cómo evitar una nueva guerra y todas las que sobrevendrán, porque está organizado sobre la guerra, porque sus fines de expansión llevan la guerra a donde va, y porque su ideal de triunfo no se puede obtener sino con la guerra.


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Publicado el 28 de julio de 2026 por Brian.

El Arte de Morir

Émile Zola


Cuento


I

El conde de Verteuil tiene cincuenta y cinco años. Pertenece a una de las familias más ilustres de Francia y posee una gran fortuna. Mal avenido con el gobierno, siempre ha buscado todo tipo de ocupaciones, aportando artículos a revistas científicas, lo que le ha valido una plaza en la Academia de las ciencias morales y políticas, se ha dedicado a los negocios, apasionándose sucesivamente por la agricultura, la ganadería y las bellas artes. Incluso, durante un corto periodo de tiempo, ha sido diputado, distinguiéndose por su oposición recalcitrante al gobierno.

La condesa Mathilde de Verteuil tiene cuarenta y cinco años. Aún se la cita como la rubia más adorable de París. La edad parece haber blanqueado su piel. Siempre fue un tanto delgada; ahora, al madurar, sus hombros han adquirido la redondez de una fruta sedosa. Nunca ha sido tan hermosa como ahora. Cuando aparece en un salón, con sus cabellos dorados derramándose por el satén de su pecho, parece que se produce el amanecer de un astro; las muchachas de veinte años la envidian.

La vida en pareja del conde y de la condesa es uno de esos asuntos de los que no se habla. Se casaron como se casan a menudo en su mundo. Incluso se asegura que durante seis años vivieron muy bien juntos. En esa época tuvieron un hijo, Roger, que ahora es teniente, y una hija, Blanche, a la que han casado el año pasado con Monsieur de Bussac, relator. Siguen conviviendo por sus hijos. Aunque hace años que se han separado, han quedado como buenos amigos, aunque en el fondo siempre movidos por el egoísmo. Se consultan las decisiones; en público, siempre se presentan como la pareja perfecta; pero luego cada uno se encierra en su habitación, donde reciben a sus amigos íntimos a su libre albedrío.


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Publicado el 23 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Las Troyanas

Eurípides


Teatro, Tragedia, Tragedia griega


Argumento

Eurípides intenta representar en esta tragedia uno de los episodios más terribles que siguieron a la toma de Ilión por los griegos, y con dicho objeto acumula varios incidentes trágicos, casi todos de su invención. Supone que los vencedores, que aguardaban vientos favorables para soltar sus naves, se reparten las esclavas, reservándose los más famosos capitanes las más distinguidas, ya para su servicio, como sucede a Hécuba respecto de Odiseo, ya para sus placeres, como acontece a Casandra y Andrómaca respecto de Agamenón y Neoptólemo. No contentos con esto, sacrifican a Políxena, hija de Hécuba y de Príamo, a los manes de Aquiles, y precipitan a Astianacte, nieto de aquellos reyes, desde las altas torres de Troya, temerosos de dejar con vida a este tierno retoño del linaje de Príamo, que más adelante podría reedificar su ciudad, a la que incendian también en presencia de la mísera viuda, antes reina y ahora esclava.


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Publicado el 20 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

Andrómaca

Eurípides


Teatro, Tragedia, Tragedia griega


Argumento

Andrómaca, viuda de Héctor, esclava concubina de Neoptólemo, hijo de Aquiles, de cuya unión ha nacido Moloso, de tierna edad al comenzar la acción de esta tragedia, sufre las consecuencias de su rivalidad con Hermíone, esposa legítima de Neoptólemo, sin duda originada de las preferencias de este con Andrómaca y por su desvío o antipatía a Hermíone, y contenida por la presencia y la autoridad del amante y marido. Pero ausente este en Delfos en expiación de una injuria a Apolo, y libre Hermíone del freno que la reprimía, extremó de tal manera su odio que obligó a Andrómaca, amenazada de muerte con su hijo Moloso, a huir del palacio de Neoptólemo y demandar protección a la diosa Tetis, abrazando su estatua y sin separarse de ella. Moloso estaba oculto, y Menelao, padre de Hermíone y rey de Esparta, había venido para ayudarla en su abominable proyecto.


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Publicado el 15 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

De la Tranquilidad del Ánimo

Lucio Anneo Séneca


Filosofía, Tratado


Capítulo I

Haciendo de mí examen, en mí, oh amigo Sereno, se manifestaron unos vicios tan descubiertos que casi se podían cortar con la mano, y otros más escondidos y no continuados, sino que a ciertos intervalos volvían; y a éstos los tengo por molestísimos, porque, como enemigos vagos, asaltan en las ocasiones, sin dar lugar a estar prevenidos como en tiempo de guerra, ni descuidados como en la paz. Hállome en estado (justo es confesarte la verdad, como a médico) que ni me veo libre de estas culpas que temía y aborrecía, ni me hallo de todo punto rendido a ellas. Véome en tal disposición, que si no es la peor, es por lo menos lamentable y fastidiosa. Ni estoy enfermo ni tengo salud, y no quiero que me digas que los principios de todas las virtudes son tiernos, y que con el tiempo cobran fuerza; porque no ignoro que aun las cosas en que se trabaja por la estimación, como son las dignidades y la fama de elocuentes, con todo lo demás que pende de parecer ajeno, se fortifica con el tiempo, y que así las cosas que tienen verdaderas fuerzas como las que se dejan sobornar con alguna vanidad, esperan a que poco a poco las dé color la duración. Tras esto recelo que la misma costumbre que suele dar constancia a las cosas, no me introduzca más en lo interior los vicios. La conversación larga, así de bienes como de males, engendra amor. Cuál sea esta enfermedad del ánimo perplejo en lo uno y en lo otro, sin ir con fortaleza a lo bueno ni a lo malo, no lo podré mostrar tan bien diciéndolo junto, cuanto dividiéndolo en partes. Diréte lo que a mí me sucede; tú puedes dar nombre a la enfermedad. Estoy poseído de un grande amor a la templanza; así lo confieso. Agrádame la cama no adornada con ambición; no me agrada la vestidura sacada del cofre y prensada con mil tormentos que la fuercen a hacer diferentes visos, sino la casera y común, en que ni hubo cuidado de guardarla ni le ha de haber en ponerla.


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Publicado el 14 de diciembre de 2016 por Edu Robsy.

Noche de Mayo o la Ahogada

Nikolái Gógol


Cuento


I. GANNA

«¡El diablo lo entienda! Cuando la gente cristiana se
propone hacer algo, se atormenta, se afana como
perros de caza en pos de una liebre, y todo sin éxito.
Pero en cuanto se mete de por medio el diablo, tan solo
con que mueva el rabo, y no se sabe por dónde, todo se
arregla como si cayera del cielo.»

Una sonora canción fluía como un río por las calles del pueblo… Era el momento en que los mozos y las mozas, fatigados por los trabajos y preocupaciones del día, se reunían ruidosamente formando un corro bajo los fulgores de una límpida noche, para volcar toda su alegría en sonidos habitualmente inseparables de la melancolía. El atardecer, eternamente meditativo, abrazaba soñando al cielo azul, convirtiéndolo todo en vaguedad y lejanía. Aunque ya había llegado el crepúsculo, las canciones no habían cesado, cuando, con la bandurria en la mano, se deslizaba por las calles, después de haberse escurrido del grupo de cantores, el joven cosaco Levko, hijo del alcalde del pueblo.

Un gorro cubría la cabeza del cosaco, que iba por las calles rasgueando las cuerdas de la bandurria e iniciando a su sonido ligeros pasos de danza. Por fin se detuvo ante la puerta de una jata circundada de pequeños guindos. ¿De quién era esta jata?… ¿De quién era esta puerta?… Después de haber callado un momento, Levko empezó a tocar la bandurria, y cantó:

El sol está bajo;
la noche, cerca;
sal a verme,
corazoncito mío.


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36 págs. / 1 hora, 3 minutos / 120 visitas.

Publicado el 20 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

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