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El Lobo

Joaquín Dicenta


Novela corta


I

En la noche destaca la silueta gris del presidio, edificado junto al mar. Las olas baten el cimiento y salpican los muros.

Los alertas del centinela viajan de garita a garita, amenazando con la muerte a quienes sueñan la evasión. El aire gruñe al entrar en los patios. La niebla se desploma contra el edificio, y se ciñe a él en pliegues chorreantes. Sacudida por el vendaval, da la impresión de una hopa.

Recio es el vendaval. Sus rafagazos aúllan en la atmósfera canciones de agonía. Olas y truenos acompañan las estrofas del viento. Las olas no se ven; se las oye galopando sobre la niebla, rompiendo con gritos de espuma en el rocaje. A veces abre un rayo las nubes. A su luz gallardean los airones blancos del mar.

Dentro del presidio suenan los pisares monótonos del centinela que pasa y repasa frente al portón de hierro; más dentro aún se escucha el viaje de las rondas. Fuera estos, ningún ruido humano estremece aquel mundo aislado del nuestro con triple juego de cerrojos.

El portón abre contra un pasillo. Al frente del pasillo se tiende una reja espaciada con otra. Hay entre ambas hueco sobrado a impedir los garrazos del odio y las caricias del amor. Algo por el estilo existe en las casas de fieras.

El enrejado descubre un segundo portón. Camino ofrece a los interiores del presidio. Al abrirse el portón, quienes acuden de la calle miran avanzar entre brumas a las criaturas del crimen. En aquellas brumas se abocetan caras de ansiedad, brazos temblorosos. Las criaturas de las leyendas infernales asoman en igual actitud por el boquete que1es permite ver el cielo. Aquí es realidad la leyenda.

En el patio, a esta hora de la media noche, desierto, pelean gatazos de ojos relucientes y ratas de hocico respingón. Los gatos maúllan al meter sus uñas en la presa; las ratas se defienden a dentellazos.


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Dominio público
31 págs. / 55 minutos / 184 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2019 por Edu Robsy.

Medicina Rústica

Silverio Lanza


Cuento


—Medita, Mariano, lo que me propones, y verás que es una infamia.

—¿Por qué, Silverio?

—¡Hombre de Dios! Si yo fuese médico, y fuese a reemplazarte en Navadebolos, siempre quedaría el hecho penable de que te reemplazaba para que te casases burlando a tu suegro, que es el alcalde del pueblo donde ejerces.

—¡Discutible!

—Además, quieres que vaya a reemplazarte no siendo yo médico, y esto es gravísimo.

—Di que no quieres contribuir a mi boda con Remedios, aunque sabes que su padre es rico, y que esta boda es necesaria porque estamos enamorados, y contamos con la madre, la señora alcaldesa, y con toda la familia, menos con don Remigio, porque se ha empeñado en casar a Remedios con el chico del tío Judas solamente para unir las dos lindes de la vereda por donde atajan los de Cuatezones cuando vienen a Navadebolos. Y no sabe el muy animal que, aunque are la vereda, y aunque cerque a una las dos tierras, le tirarán las tapias, abrirán dos boquetes, pasará por ellos la gente, pisarán el sembrado y los surcos, y reconstituirán la vereda los Cuatezones. Y don Remigio y Judas se quedarán más cuatezones que sus vecinos.

—¡Qué lástima!

—¡Sí que lo es! El domingo saldrá Remedios con su madre camino de un balneario que la he recomendado yo mismo a doña Rosalía, de acuerdo con ella y con mi novia. En la capital se hospedarán en casa del cura don Facundo, que es tío de Remedios, yo me hospedaré en una fonda, escribiremos a don Remigio, le ocultaremos el sitio donde estamos, y vendrán las negativas, las insistencias y la concesión y las amonestaciones.

—¡Un sainete que pudiera ser tragedia!

—Entonces es inútil que oigas a mi novia.

—¿La tienes escondida aquí?

—No, pero tengo de ella un retrato que te dedica, y una carta (que también firma su madre) pidiéndote que me complazcas en el favor que te pido.


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Dominio público
31 págs. / 55 minutos / 93 visitas.

Publicado el 11 de enero de 2022 por Edu Robsy.

La Voz de El-Lil - Howard

Robert E. Howard


Cuento


Muskat, como muchos otros puertos, da cobijo a los vagabundos de numerosas naciones que traen consigo sus peculiaridades y sus costumbres tribales. Los turcos se mezclan con los griegos y los árabes discuten con los hindúes. Las lenguas de medio Oriente resuenan en el ruidoso y maloliente bazar. Por lo tanto, no me pareció incongruente oír, al inclinarme sobre una barra atendida por un eurasiático sonriente, las notas musicales de una canción china sonando claramente a través del zumbido perezoso del tráfico nativo. Ciertamente no había nada tan sorprendente en esos tonos suaves como para provocar que el gran inglés que tenía a mi lado se sobresaltase, jurase y derramara su whisky con agua sobre mi manga.

Se disculpó y censuró su torpeza con rotundas obscenidades, pero noté que estaba alterado. Me interesaba como siempre me ha interesado su tipo; era un individuo gallardo, de más de seis pies de altura, hombros anchos, cintura estrecha, miembros pesados, el luchador perfecto, de rostro moreno, ojos azules y pelo tostado. Su estirpe es antigua en Europa, y su misma figura traía a la mente borrosos personajes legendarios —Hengist, Hereward, Cedric—, viajeros y luchadores natos salidos del molde bárbaro original.

Aún más, noté que estaba de humor parlanchín. Me presenté, pedí bebidas y esperé. El sujeto me dio las gracias, murmuró entre dientes, se bebió su licor apresuradamente y rompió a hablar de forma brusca.

—Usted se preguntará por qué un hombre adulto se siente tan repentinamente afectado por algo de tan poca monta… Bueno, reconozco que ese maldito gong me ha dado un susto. Es ese idiota de Yotai Lao, que trae sus espantosos pebetes y sus budas a una ciudad decente… Por medio penique sobornaría a algún fanático musulmán para cortarle esa garganta amarilla y hundir su maldito gong en el golfo. Y le contaré por qué odio ese chisme.


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31 págs. / 55 minutos / 63 visitas.

Publicado el 13 de julio de 2018 por Edu Robsy.

La Atalaya del Primo

E.T.A. Hoffmann


Cuento


A mi pobre primo le ha tocado la misma suerte que al famoso Scarron. Como éste, mi primo ha perdido por completo el uso de sus pies a causa de una pertinaz enfermedad y precisa impelerse de la cama a un sillón cargado de cojines y del sillón a la cama con la ayuda de unas firmes muletas y del brazo vigoroso de un huraño inválido de guerra, que hace a su gusto de enfermero. Pero mi primo presenta aún otra similitud con aquel francés, un peculiar sentido del humor cuya forma se aparta de la vía habitual del ingenio francés, y que se verifica en la literatura francesa pese a la escasez de la producción de aquél. Como Scarron, mi primo escribe obras literarias; como Scarron, está dotado de un talante especulativo y practica a su manera una burla fantástica. Pero para mayor gloria del escritor alemán, ha de decirse que él nunca consideró necesario aliñar sus pequeños platos picantes con «asa fétida» para estimular el paladar de sus lectores alemanes, que no la toleran bien. Le es suficiente con la noble especia que, a la vez que estimula, reconforta. A la gente le gusta leer lo que escribe; debe de ser bueno y divertido, yo no entiendo de eso. En cambio me deleitaba la conversación de mi primo y me parecía más agradable escucharlo que leerlo. Pero precisamente esta pasión irrefrenable por la literatura causó a mi primo una negra desgracia; la más grave enfermedad no sería capaz de detener el veloz giro de la rueda de la fantasía, que gira siempre en su interior generando más y más cosas nuevas. Así llegamos a que me narraba muchas historias amenas que él, a pesar de los múltiples dolores que sufría, inventaba. Pero el malvado demonio de la enfermedad había cortado el camino que tenía que seguir la idea para aparecer reflejada sobre el papel. Tan pronto como mi primo quería escribir algo, no sólo sus dedos le negaban el servicio, sino que la idea misma moría y se desvanecía.


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31 págs. / 55 minutos / 89 visitas.

Publicado el 8 de febrero de 2018 por Edu Robsy.

La Fantasma de Valencia

Alonso de Castillo Solórzano


Cuento


Mal cumpliera con mis obligaciones, hermoso y discreto auditorio, si antes de empeñarse en el discurso de mi novela, no siguiera el estilo de mi antecesora, sacando alguna moralidad della, porque con lo deleitable se mezcle lo provechoso, y más nos importa para nuestra reformación. Mi novela advierte a los enamorados cuán ilícita cosa es gozar sus ocasiones por medios que sean en daño del prójimo; cuánto debemos honrar a los difuntos, y últimamente para los padres y mayores que tienen familia, cuánta vigilancia deben tener en sus casas, mayormente si tienen hijas mozas, cuya guarda es dificultosa si dellas mismas no nace el recato, y para dar principio a mi discurso, pasa así:


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Dominio público
31 págs. / 55 minutos / 148 visitas.

Publicado el 5 de febrero de 2022 por Edu Robsy.

Los Diarios de Adán y Eva

Mark Twain


Diario


Traducido del manuscrito original

Traduje una parte de este diario hace varios años, un amigo mío imprimió algunas copias, de manera incompleta, pero éstas nunca llegaron al público. Desde entonces he descifrado otros jeroglíficos de Adán, y pienso que ahora es un personaje público lo suficientemente importante como para justificar esta edición.

Mark Twain

Extractos del diario de Adán

Lunes

Esta nueva criatura de pelo largo se entromete bastante. Siempre está merodeando y me sigue a todas partes. Eso no me gusta; no estoy habituado a la compañía. Preferiría que se quedara con los otros animales. Hoy está nublado, hay viento del este; creo que tendremos lluvia… ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde saqué esta palabra…? Ahora lo recuerdo: la usa la nueva criatura.

Martes

Estuve inspeccionando la gran caída de agua. Me parece lo más hermoso de la comarca. La nueva criatura la llama «las cataratas del Niágara»; por qué, no lo sé, estoy seguro. Dice que se parece a las cataratas del Niágara. Ésa no es una razón; es puro capricho y estupidez. No alcanzo a ponerle nombre a nada. La nueva criatura le da un nombre a todo lo que aparece antes de que yo pueda protestar. Y siempre ofrece el mismo pretexto: se parece a la cosa.

Está el dodo, por ejemplo. Dice que apenas uno lo mira ve de inmediato que «se parece a un dodo». Tendrá que conservar el nombre, sin duda. Me cansa tener que ocuparme de eso, y no vale la pena, de todos modos. ¡Dodo! No se parece más a un dodo que yo.

Miércoles


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31 págs. / 55 minutos / 339 visitas.

Publicado el 11 de marzo de 2018 por Edu Robsy.

Lecturas Infantiles

José Ortega Munilla


Cuento infantil


Antes de leer

El niño vive en perpetua curiosidad. Él quiere saberlo todo, quiere aprenderlo todo. Ved cómo sobre la tierra sedienta caen las gotas de la lluvia que, en el acto, se secan. No de otra manera, en el ánimo infantil, caen cuantas novedades llegan a él. Por eso es tan grave la responsabilidad del que enseña. Acaso, una mala semilla destroza un corazón.

Cuentan los viajeros que recorrieron las orillas del Ganges, allá en la lejana y dorada India, que en el territorio llamado Titnebrais se crían las rosas más encendidas y galanas, las más frescas y odorantes que hay en el mundo.

Cierto Genio maléfico, enemigo de todo lo bueno, quiso destruir aquel vergel maravilloso, y lo hizo abriendo con su vara un agujero en el centro del jardín, depositando allí la semilla del arbusto llamado Brunar. Ese es el arbolillo del odio, el de los pecados, el de los crímenes. Donde él se desarrolla, desaparece lo bello y se borra lo bueno. En efecto, el encantador paraíso de las rosas quedó para siempre desierto. Todos los lindos arbustos perecieron.

No creáis que ocurre cosa distinta cuando en el alma del niño se deposita un germen virulento. Así, pues, los que escriben para distraer a los muchachos, han de examinar muy detenidamente el granito de saber y de fantasía que van a entregar a los inocentes lectores.

Y esa obligación moral, no solamente se impone a los hombres honrados, sino que les marca el camino que han de seguir en su relación literaria con los jóvenes a quien dedican sus páginas. No lo olvidaré yo ciertamente.

Las armas de la victoria

En verdad que la espada con que el soldado defiende su patria, humilla al enemigo malo y le derrota, es merecedora del aplauso y del amor. Pero hay otras herramientas, hay otros útiles con que los hombres ganan victorias imperecederas.

¿Dónde están? ¿En qué consisten?


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31 págs. / 55 minutos / 247 visitas.

Publicado el 25 de junio de 2018 por Edu Robsy.

Cuentos Chilenos de Nunca Acabar

Ramón Laval


Cuentos infantiles, colección


El recuerdo de las personas que conocimos y el de las acciones, casi siempre insignificantes, que ejecutamos en el rápido curso de nuestra infancia, son, sin duda, los que mas persisten en nuestra memoria. La zancadilla que dimos al compañero de colejio que no hemos vuelto a ver, las pequeñas diabluras que haciamos al maestro, los guantes que él solia aplicarnos con fervoroso celo, los juegos con que nos divertiamos en la única hora de recreo que teniamos y en el corto rato de libertad que nuestros padres nos daban en la noche, perduran como fotografiados en las cámaras de nuestros cerebros. Todas éstas son cosas que nadie olvida. ¿Qué estraño, pues, que yo recuerde con verdadero placer aquellos hermosos años de mi niñez en que tan rápidas pasaban las horas que compartia entre el estudio y el juego? ¿Y cómo olvidar a aquella excelente viejecita, la mama Antuca, que nos cuidaba a todos los chicos de la casa como si fuéramos sus hijos? ¡Cuántos años han pasado desde entonces! y sin embargo todavía me parece verla, con su carita arrugada, sentada al lado del enorme brasero, y nosotros, mis hermanos y yo, rodeándola, escuchando atentos sus cuentos maravillosos en que figuraban como principales personajes, cuando ménos un príncipe encantado, un culebrón con siete cabezas y los leones que dormian con los ojos abiertos; o las aventuras, siempre interesantes, del Soldadillo, de Pedro Urdemales o de Puntetito, aquel Puntetito a quien se tragó el buei al comerse una mata de lechuga entre cuyas hojas se habia ocultado el simpático chiquitin.


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31 págs. / 55 minutos / 119 visitas.

Publicado el 7 de diciembre de 2022 por Edu Robsy.

Huracán Negro

Robert E. Howard


Cuento


1. «¡Me llevo a esta mujer!»

Emmett Glanton pisó a fondo los frenos de su viejo Ford modelo T y el vehículo se detuvo chirriando a menos de un metro de la aparición que se había materializado en mitad de la noche negra e impenetrable.

—¿Qué demonios pretendes saltando de ese modo frente a mi coche? —aulló iracundo, reconociendo a la figura que posaba de forma grotesca ante el resplandor de los faros dél auto. Se trataba de Joshua, el leñador de pocas luces que trabajaba para el viejo John Bruckman; pero Joshua se hallaba en un estado en el que Glanton no le había visto jamás. Bajo la blanca luminosidad de las luces, el rostro ancho y brutal de aquel tipo parecía convulsionado; mostraba espuma en los labios, y sus ojos estaban rojos, como los de un lobo rabioso. Agitaba los brazos y graznaba de forma incoherente.

Impresionado, Glanton abrió la puerta y se apeó del vehículo. De pie, era varios centímetros más alto que Joshua, pero su figura fibrosa y ancha de hombros no resultaba impresionante si se comparaba con la masa encorvada y simiesca del tarado.

Había algo amenazante en la actitud de Joshua. La expresión vacua y apática que solía lucir por lo general, había desaparecido por completo. Enseñaba los dientes y gruñía como una bestia salvaje, y se dirigió hacia Glanton.

—¡No te acerques a mí, condenado! —avisó Glanton—. Además, ¿qué demonios te pasa?

—¡Te diriges allí! —boqueó el tarado, gesticulando vagamente en dirección sur—. El viejo John te llamó por teléfono. ¡Le oí!

—Sí. Me llamó —repuso Glanton—. Me pidió que viniera lo más rápido que me fuera posible. No me dijo por qué. ¿Y qué? ¿Quieres que te lleve allí de vuelta?


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31 págs. / 55 minutos / 37 visitas.

Publicado el 12 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Laques

Platón


Diálogo, Filosofía


Lisímaco: Hola, Nicias y Laques, ¿habéis visto a ese hombre armado, que acaba de trabajar en la esgrima? Cuando Melesías y yo os suplicamos que vinieseis a ver este espectáculo, no os dijimos las razones que nos movían para ello: pero os las vamos a decir ahora, en la persuasión de que podemos hablaros con toda confianza. La mayor parte de las gentes se mofan de esta clase de ejercicios, y cuando se les pide consejo, lejos de manifestar su pensamiento, sólo tratan de adivinar el gusto de los que les consultan, y hablan siempre contra su propia opinión. Respecto a vosotros, sabemos que a una extrema sinceridad unís una capacidad muy grande, y por lo mismo esperamos que diréis ingenuamente lo que pensáis sobre lo que tenemos que comunicaros. He aquí a lo que viene a parar todo este preámbulo. Cada uno de nosotros tiene un hijo; helos aquí presentes: éste, hijo de Melesías, lleva el nombre de su abuelo, y se llama Tucídides; aquél, que es el mío, tiene el nombre de mi padre y se llama Arístides como él. Hemos resuelto procurar su mejor educación, y no hacer lo que acostumbran los más de los padres, que desde que sus hijos entran en adolescencia los dejan vivir a su libertad y capricho. Nuestra intención es vigilarlos con el mayor esmero, sin perderlos de vista; y como vosotros tenéis también hijos, hemos creído que, cual ninguno, habréis pensado en los medios de hacerlos muy virtuosos; y si esta idea no os ha ocupado seriamente, por ser vuestros hijos demasiado tiernos, hemos creído que llevareis muy a bien este recuerdo sobre un negocio que no debe aplazarse, y que conviene que deliberemos aquí, todos juntos, sobre la educación que debemos darles.


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31 págs. / 55 minutos / 612 visitas.

Publicado el 12 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

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