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Caracteres Morales

Teofrasto


Filosofía, tratado


Proemio

En muchas ocasiones antes de ahora he considerado con admiración, y es verosímil que nunca deje de tenerla, cuál será la causa de que hallándose la Grecia situada bajo un mismo clima ó cielo, y criándose todos los Griegos con una misma educación, resulte que son entre nosotros diferentes las costumbres. En fuerza de esto, oh Policles, habiendo examinado de mucho tiempo á esta parte la naturaleza humana, en el largo espacio de noventa y nueve años que he vivido, y tratado además de esto con muchas y muy diversas gentes, y observado con suma diligencia los hombres, así de buenas como de malas costumbres, tomé la resolución de describir el modo con que unos y otros proceden en la conducta de su vida. Te expondré en consecuencia con especificación todas las costumbres ó modales que hay en ellos, y de qué forma se manejan en su trato ó gobierno doméstico. En efecto, estoy persuadido, oh Policles, de que serán mejores nuestros hijos siempre que les dejemos estos documentos; pues, teniéndolos presentes como modelos, elegirán los de mejor conducta ó más bien caracterizados para tratar y conversar con ellos, de suerte que no les queden inferiores. Mas ya es tiempo de principiar á tratar la materia, quedando a tu cuidado combinar y examinar si digo mal ó bien. Comenzaré ante todas cosas por los que ponen su conato en proceder con falsía ó falsedad; y omitiendo proemios, y el tratar con mucha extensión la materia, la definiré, y describiré á consecuencia el falso, sus cualidades y en qué aspecto se transforma. Después de esto procuraré, como dejo dicho, exponer clara y específicamente otros afectos o pasiones.


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26 págs. / 46 minutos / 404 visitas.

Publicado el 13 de septiembre de 2023 por Edu Robsy.

Los Moradores Bajo la Tumba

Robert E. Howard


Cuento


Me desperté de repente y me incorporé en la cama, preguntándome somnoliento quién podría estar aporreando la puerta con tanta violencia; amenazaba con romper las jambas. Se oyó un grito, afilado intolerablemente por un terror demencial.

—¡Conrad! ¡Conrad! —gritaba alguien al otro lado de la puerta—. ¡Por amor de Dios! ¡Déjame entrar! ¡Lo he visto!… ¡Lo he visto!

—Suena a la voz de Job Kiles —dijo Conrad levantando su robusto cuerpo del diván en el que había estado durmiendo tras cederme su cama—. ¡No tires la puerta abajo! —gritó cogiendo las zapatillas—. Ya voy.

—¡Date prisa! —berreó el visitante invisible—. ¡Acabo de mirar al mismísimo infierno a los ojos!

Conrad encendió la luz y abrió la puerta de par en par; y medio cayéndose, medio tambaleándose, entró una figura con los ojos desorbitados, que reconocí como el hombre agrio y tacaño que vivía en la pequeña hacienda vecina a la de Conrad. Ahora se observaba un espeluznante cambio en el anciano, normalmente tan circunspecto y comedido. Con el ralo cabello erizado y gotas de sudor sobre su piel cenicienta, su cuerpo se convulsionaba con violentos espasmos.

—En el nombre de Dios, ¿qué ocurre, Kiles? —exclamó Conrad, mirándole fijamente—. ¡Parece que hubieras visto un fantasma!

—¡Un fantasma! —la aguda voz de Kiles se rompió y se tornó en un estertor de risa histérica—. ¡He visto un demonio del infierno! Créeme, lo he visto… ¡esta noche! ¡Hace tan sólo unos minutos! ¡Miró por la ventana y se rió de mí! ¡Oh, Dios mío… su risa!

—¿La risa de quién? —gruñó Conrad impaciente.

—¡De mi hermano Jonas! —gritó el viejo Kiles.


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26 págs. / 46 minutos / 90 visitas.

Publicado el 12 de julio de 2018 por Edu Robsy.

Cuentos

Leopoldo Lugones


Cuentos, colección


Lector

Toma este cuaderno de treinta y dos páginas breves, firmadas por el gran poeta Leopoldo Lugones. Vete con él a casa, y, si es una noche polar como esta, deja que sople afuera el viento helado... Acércate a la luz apacible de tu lámpara, siéntate frente a la dilecta compañera que te aguarda, abre el cuaderno e invítala a que te escuche... Cuando hayas terminado la lectura de los siete cuentos de su contenido, que son siete obras maestras en su género, ella te agradecerá sin demostraciones la inefable emoción estética experimentada, amándose y amándote silenciosamente un poco más...

Los pastorcitos

Pedro era un muchacho muy listo, aunque rústico pues había pasado siete de sus quince años guardando las ovejas de su padre, un pobre hombre con muchos hijos y cuya mujer vivía enferma.


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26 págs. / 45 minutos / 199 visitas.

Publicado el 22 de noviembre de 2021 por Edu Robsy.

Una Fuga de Diablos

José Fernández Bremón


Cuento


A mi antiguo y queridisimo amigo
D. Federico Luis de Benale.


La abadía del Olivar, que hoy no existe, era á principios del siglo XVIII un monasterio, si no famoso y opulento, sosegado y bien provisto. Situado lejos del camino real, en una de nuestras provincias más tranquilas, apénas llegaban á aquel santo retiro los ecos de la guerra civil que ardia en toda España. Y tan escondido estaba del mundo, que áun el viajero que conocia el camino de la hospedería del convento no lograba ver el campanario de su iglesia sino á dos tiros de fusil, y al volver una de las calles de olivos que conducian al monasterio. Sin embargo, lo esmerado del cultivo, lo aprovechado del terreno, y la presencia de algun monje, que abria con el azadon una tierra dura, ó escarbaba las cepas con cariño, anunciaban á gran distancia la proximidad de la abadía, donde debían reinar el órden, la paz y la abundancia. Algunos caseríos blancos formaban esa poblacion campesina que en los siglos pasados se establecía en las inmediaciones y al amparo y devocion de los conventos. El toque de las campanas, el lejano y solemne rumor de los rezos monásticos, el canto de las aves, el ladrido de los mastines, los cencerros del ganado y el chirrido de algunas carretas cargadas de granos y de frutos, eran los únicos sonidos familiares en aquella soledad. La compostura, recogimiento y severo aspecto de los escasos habitantes de la comarca, demostraban la inmediata influencia de las costumbres del monasterio, sometido á la estrecha regla de San Benito, algo suavizada por el tiempo, que envejece los semblantes y los códigos, pero que conservaba en todo rigor sus bases fundamentales: la obediencia, el silencio y la humildad. Estrecha religion, cuyos hermanos no sólo renunciaban, al hacer sus votos, al vicio de la propiedad, sino al dominio de sus cuerpos y sus voluntades.


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26 págs. / 45 minutos / 41 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2022 por Edu Robsy.

Claude Gueux

Victor Hugo


Cuento


Nota a la primera edición

La siguiente carta, cuyo original se halla en las oficinas de la Revue de Paris, honra demasiado a su autor para que no la reproduzcamos aquí. En adelante irá unida a todas las reimpresiones de Claude Gueux.


Dunkerque, 30 de julio de 1834.

«Señor director de la Revue de Paris:

»Claude Gueux, de Victor Hugo, publicado por ustedes en su entrega del 6 del corriente, es una gran elección; ayúdeme, se lo ruego, a hacer que se la aproveche.

»Le ruego que me haga el favor de publicar a mi costa tantos ejemplares como diputados hay en Francia y de enviárselos individualmente y muy exactamente.

»Tengo el honor de saludarle,

»Charles Carlier, negociante».
 

Claude Gueux

Hace siete u ocho años un hombre llamado Claude Gueux, obrero pobre, vivía en París. Tenía con él una hija que era su querida, y un niño de esa hija. Digo las cosas como son, dejando que el lector saque las moralejas a medida que los hechos las siembren en su camino. El obrero era capaz, hábil, inteligente, muy maltratado por la educación, muy tratado por la naturaleza, pues no sabía leer pero sabía pensar. Un invierno se quedó sin trabajo. No había fuego ni pan en la buhardilla. El hombre, la hija y el niño tenían frío y hambre. El hombre robó. No sé qué robó ni sé dónde robó. Lo que sé es que el resultado de ese robo fueron tres días de pan y de fuego para la mujer y el niño, y cinco años de cárcel para el hombre.

El hombre fue enviado para que cumpliera su condena a la cárcel central de Clairvaux. Clairvaux es una abadía de la que han hecho una bastilla, una celda convertida en calabozo, un altar transformado en picota. Cuando hablamos de progreso, es así como lo entiende y lo ejecuta cierta gente.

Continuemos.


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26 págs. / 45 minutos / 309 visitas.

Publicado el 23 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

Metempsicosis

Enrique Gaspar y Rimbau


Cuento


I

Pues señor, era una vez un tal don Abundio Recogido con quien tan bien cuadraba el apellido por la morigeración de sus costumbres, como contrastaba el nombre por la escasez de sus recursos. Ex-profesor de Historia de un instituto de provincia, vivía reducido a los estrechos límites de su jubilación de catedrático de entrada, pues jamás pudo conseguir el ascenso. Era sin embargo feliz, tan feliz como puede serlo un hombre que a los sesenta años habita un piso cuarto en la calle de la Palma Alta de Madrid, posee una regular biblioteca, se hace servir por una maritornes alcarreña el chocolate con buñuelos a las siete de la mañana, come a las dos su eterno cocido, y digo eterno por carecer de principio y de fin, y cena a las once su inevitable guisado con patatas, precedido en invierno de unas sopas de ajo y seguido en la época canicular del indigesto pero refrescante gazpacho con pepino.


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Publicado el 15 de junio de 2020 por Edu Robsy.

Por Qué Hay un Poeta Más y un Labrador Menos

Antonio de Trueba


Cuento


I

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, demos principio a LOS CUENTOS DE COLOR DE ROSA, y démosle evocando los amados recuerdos de aquel rinconcito del mundo que se llama las Encartaciones de Vizcaya, donde aprendí a amar a Dios, a la familia, a la Patria y al trabajo.

Inspirado por estos recuerdos y por ti, dulce amor mío, cuyo corazón ha de ser el primero que conmuevan, y cuyos ojos han de ser los primeros que humedezcan, ¡cómo no han de ser puras, sentidas, honradas, estas sencillas narraciones, que tienen por principal objeto la glorificación de Dios y la familia y la Patria!

La azada encalleció mis manos de niño, y la pluma, más pesada aún que la azada, seca mis manos de hombre. ¿Quieres saber por qué hay en el mundo un poeta más y un labrador menos? Pues escucha éste que sólo tiene de cuento la condición de cosa contada, y de color de rosa los matices que cubren su fondo pavoroso y negro.

Era un caluroso día del mes de julio. Al sonar las doce en el campanario que se alzaba allá abajo, en el fondo del verde y hermoso valle, en una de cuyas vertientes estaba nuestra casa, todos los que trabajábamos en las heredados, unos en la siega del trigo, otros en la salla de la borona1, soltamos la hoz o la azada y nos encaminamos alegremente a nuestros hogares, en cuyo camino nos habían precedido media hora antes las hacendosas madres de familia, que levantaban de cada hogar una azulada columnita de humo, preparando la comida para cuando el ansiado toque de la campana parroquial nos dijese: «Ea, al hogar, al hogar, que los que trabajan desde que el sol despunta, justo es que se alimenten y descansen cuando el sol llega al cenit».


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Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

El Dulce Daño

Alfonsina Storni


Poesía


El dulce daño

Así

Hice el libro así:
Gimiendo, llorando, soñando, ay de mí.


Mariposa triste, leona cruel,
Dí luces y sombras todo en una vez.
Cuando fuí leona nunca recordé
Cómo pude un día mariposa ser.
Cuando mariposa jamás me pensé
Que pudiera un día zarpar o morder.


Encogida a ratos y a saltos después
Sangraron mi vida y a sangre maté.
Sé que, ya paloma, pesado ciprés,
O mata florida, lloré y más lloré.
Si comiendo sales, si robando miel,
Los ojos lloraron a más no poder.
Da entonces lo mismo, que lo he visto bien,
Ser rosa o espina, azúcar o hiel.


Así voy a curvas con mi mala sed
Podando jardines de todo jaez.

Este grave daño

Este grave daño que me da la vida,
Es un dulce daño, porque la partida
Que debe alejarme de la misma vida
Más cerca tendré.


Yo llevo las manos brotadas de rosas,
Pero están libando tantas mariposas
Que cuando por secas se acaben mis rosas
Ay, me secaré.

Ligeras

Sábado

Levanté temprano y anduve descalza
Por los corredores; bajé a los jardines
Y besé las plantas;
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
Tirada en la grama;
Me bañé en la fuente que verdes achiras
Circundan. Más tarde, mojados de agua
Peiné mis cabellos. Perfumé las manos
Con zumo oloroso de diamelas. Garzas
Quisquillosas, finas,
De mi falda hurtaron doradas migajas.


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26 págs. / 45 minutos / 194 visitas.

Publicado el 30 de mayo de 2026 por Edu Robsy.

El Gran Teatro del Mundo

Pedro Calderón de la Barca


Teatro, Auto sacramental


Personas

EL AUTOR
EL MUNDO
EL REY
LA DISCRECIÓN
LA LEY DE GRACIA
LA HERMOSURA
EL RICO
EL LABRADOR
EL POBRE
UN NIÑO
UNA VOZ
Acompañamiento

Acto único

Sale el AUTOR con manto de estrellas y potencias en el sombrero.

AUTOR

Hermosa compostura
de esa varia inferior arquitectura,
que entre sombras y lejos
a esta celeste usurpas los reflejos,
cuando con flores bellas
el número compite a sus estrellas,
siendo con resplandores
humano cielo de caducas flores.

Campaña de elementos,
con montes, rayos, piélagos y vientos:
con vientos donde graves
te surcan los bajeles de las aves;
con piélagos y mares donde a veces
te vuelan las escuadras de los peces;
con rayos donde ciego
te ilumina la cólera del fuego;
con montes donde dueños absolutos
te pasean los hombres y los brutos:
siendo en continua guerra
monstruo de fuego y aire, de agua y tierra.

Tú, que siempre diverso,
la fábrica feliz del universo,
eres, primer prodigio sin segundo,
y por llamarte de una vez, tú el Mundo,
que naces como el Fénix y en su fama
de tus mismas cenizas.

(Sale el MUNDO por diversa puerta)

MUNDO

¿Quién me llama,
que desde el duro centro
de aqueste globo que me esconde dentro
alas viste veloces?
¿Quién me saca de mí? ¿Quién me da voces?

AUTOR

Es tu Autor Soberano.

De mi voz un suspiro, de mi mano
un rasgo es quien te informa,
y a su oscura materia le da forma.

MUNDO

Pues ¿qué es lo que me mandas? ¿Qué me quieres?

AUTOR

Pues soy tu Autor, y tú mi hechura eres,
hoy, de un concepto mío
la ejecución a tus aplausos fío.


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Publicado el 17 de febrero de 2017 por Edu Robsy.

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