Textos más largos | pág. 339

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La Condena

Franz Kafka


Cuento


Era domingo por la mañana en lo más hermoso de la primavera. Georg Bendemann, un joven comerciante, estaba sentado en su habitación en el primer piso de una de las casas bajas y de construcción ligera que se extendían a lo largo del río en forma de hilera, y que sólo se distinguían entre sí por la altura y el color. Acababa de terminar una carta a un amigo de su juventud que se encontraba en el extranjero, la cerró con lentitud juguetona y miró luego por la ventana, con el codo apoyado sobre el escritorio, hacia el río, el puente y las colinas de la otra orilla con su color verde pálido.

Reflexionó sobre cómo este amigo, descontento de su éxito en su ciudad natal, había literalmente huido ya hacía años a Rusia. Ahora tenía un negocio en San Petersburgo, que al principio había marchado muy bien, pero que desde hacía tiempo parecía haberse estancado, tal como había lamentado el amigo en una de sus cada vez más infrecuentes visitas.

De este modo se mataba inútilmente trabajando en el extranjero, la extraña barba sólo tapaba con dificultad el rostro bien conocido desde los años de la niñez, rostro cuya piel amarillenta parecía manifestar una enfermedad en proceso de desarrollo. Según contaba, no tenía una auténtica relación con la colonia de sus compatriotas en aquel lugar y apenas relación social alguna con las familias naturales de allí y, en consecuencia, se hacía a la idea de una soltería definitiva.


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13 págs. / 23 minutos / 138 visitas.

Publicado el 24 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

La Sombra

Hans Christian Andersen


Cuento infantil


En los países cálidos, ¡allí sí que calienta el sol! La gente llega a parecer de caoba; tanto, que en los países tórridos se convierten en negros. Y precisamente a los países cálidos fue adonde marchó un sabio de los países fríos, creyendo que en ellos podía vagabundear, como hacía en su tierra, aunque pronto se acostumbró a lo contrario. Él y toda la gente sensata debían quedarse puertas adentro. Celosías y puertas se mantenían cerradas el día entero; parecía como si toda la casa durmiese o que no hubiera nadie en ella. Además, la callejuela con altas casas donde vivía estaba construida de tal forma que el sol no se movía de ella de la mañana a la noche; era, en realidad, algo inaguantable. Al sabio de los países fríos, que era joven e inteligente, le pareció que vivía en un horno candente, y le afectó tanto, que empezó a adelgazar. Incluso su sombra menguó y se hizo más pequeña que en su país; el sol también la debilitaba. Tanto uno como otra no comenzaban a vivir hasta la noche, cuando el sol se había puesto.


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13 págs. / 23 minutos / 752 visitas.

Publicado el 4 de julio de 2016 por Edu Robsy.

La Reina Margarita

Leopoldo Alas "Clarín"


Cuento


Por la noche se la veía en el ensayo, los días que no había función, que eran lunes y viernes, ocupar, en la sombra, una butaca de quinta o sexta fila, envuelta en su chal gris, humilde; permanecía inmóvil horas y horas, callada, sin reír cuando reían allá arriba, en el escenario, sus compañeros, que no pensaban en ella. Las noches de función solía ir a un palco de tercer piso, como escondiéndose, ocupando el menor espacio posible, y quieta, callada como siempre. No la divertía mirar al público, desconocido, indiferente, casi hostil; para ella era lo mismo siempre, en todos los pueblos que iba recorriendo con la compañía: un enemigo distraído, que le hacía daño sin pensar en ella. No le miraba. Demasiado tenía que verle de frente, frío, insensible, cuando la pobre tenía que salir a las tablas y cantar sin perder el compás, sin atragantarse, y hasta expresando con gestos y actitudes ciertas pasiones que no eran las suyas, penas que no eran las que la mortificaban. Miraba al escenario: prefería ver una vez más, después de mil, la misma escena, oír el mismo canto: a lo menos, aquel aburrido monótono espectáculo repetido era algo familiar, como una patria moral ambulante; la ópera viajaba con ellos. Miraba el escenario como un nómada podía mirar el carro o la tienda que le acompañaba a través de regiones nuevas, desconocidas. En su imaginación la escena era la tierra firme, el público el mar tenebroso. Esto cuando veía las tablas desde fuera; porque cuando estaba sobre ellas, el público seguía siendo el mar bravo, y el escenario era un frágil leño flotante, juguete de las olas.


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Dominio público
13 págs. / 23 minutos / 220 visitas.

Publicado el 23 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

Educación holista, una educación inspiradora

Fundación Ramón Gallegos


ramón gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


Con este ensayo quiero argumentar los conceptos que forman la Educación Holista, explicar en forma clara y entendible a todos los conceptos que la forman, la finalidad, el alcance y los fundamentos para que cualquier persona interesada en el tema pueda tener el entendimiento certero de este tipo de educación.

Los cambios que estamos viviendo en el mundo requieren una educación distinta para enfrentar los acontecimientos que ahora tenemos a nivel global. Ya no es posible educar con el mismo paradigma científico industrial como se hizo al inicio del siglo XII, dejar de pensar y creer que el ser humano debe aprender en base a un sistema mecanisista con el fin de “usar” al ser humano para logros capitalistas, hombres y mujeres exitosos sin un sentido de unidad, de compasión y de amor universal. Ya no podemos educar sólo la mente y el cuerpo, como si fuera el niño un recipiente de información donde el alumno sólo memorice, calcule, repita acciones y se grabe datos sin cuestionarse, sin indagar, sin entusiasmarse, sin experimentar, percibir, crear, relajarse, alegrarse, fantasear, imaginar y sentir. Si acallamos las potencialidades de nuestros alumnos pierde las ganas de aprender y disfrutar todo el proceso de aprendizaje dentro de las aulas. Y sólo va cumpliendo con programas estructurados para formar seres “iguales” , de un perfil educativo  creado por moldes de ciertos sistemas como si fueran productos en línea sin sensibilidad, todo por una comodidad social, por lo tanto creamos una sociedad estancada. Los sistemas educativos en su totalidad, desde el básico hasta posgrado deben transformarse para ser una especia de puente que conduzca al ser humano a algo más grandioso, a algo que ayude más al mundo, a regresar al origen, a una formación integral donde exista la interdependencia , la cooperación y la paz mundial.


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13 págs. / 23 minutos / 63 visitas.

Publicado el 16 de mayo de 2018 por Fundación Ramón Gallegos.

Maleficio

Ramón María Tenreiro


Cuento


Restallaban los truenos con fragor horrísono, despertando los dormidos ecos de los montes, y a su voz estremecíase la decrépita techumbre de la casuca aldeana, cuyas vigas crujían como si fueran a derrumbarse al peso del miedo. El cegante fulgor de los relámpagos abríase paso por las mal unidas tejas y las carcomidas hojas de las ventanas, metíase violento en el mísero hogar e iluminaba, con su luz despiadada, el suelo de tierra de la vivienda, las desnudas paredes de oscura pizarra, el tosco maderamen del tejado, negro del hollín que, año tras año, habían ido depositando en él los humos del llar, que, a falta de chimenea, salían trabajosamente al cielo por las hendiduras de la teja vana, trocando la casa entera en incensario.

Apretujada contra su marido, temblorosa de frío y espanto, la tía Antona respiraba con angustia, gemía y rezaba bajo las mugrientas mantas de la yacija conyugal:

—Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás escrita... ¿Pero tú oyes, hô, tú oyes?... ¡En mi vida toda!... Estos no son truenos. Es que el mundo se hunde y el Señor llama a juicio a sus criaturas.

Pero el tío Mingos gruñía sordamente para que el terror no se le asomara a los labios:

—¡Cállate, mujer! ¡Duérmete!... Es una tronada como todas...

—¡Qué ha de ser!... ¡Si habré visto yo tronadas en los setenta años que Dios ha querido tenerme hasta hoy en el mundo!... ¡Pero como ésta!... ¡Escucha, escucha!... ¡Dios me lo perdone! Es como si el enemigo anduviera levantando las tejas del tejado.

Caía a torrentes la lluvia; azotaba muros y techumbre con un estruendo tal, que por momentos perdíase en él el bronco retumbar de los truenos. Dentro de la casa llovía poco menos que fuera; hasta la propia cama llegaba el agua. El chorrear de las goteras y el fatigoso aliento de la anciana sonaban acompasados en medio del estrépito exterior. Y la vieja pensaba entre suspiros y oraciones:


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Dominio público
13 págs. / 23 minutos / 42 visitas.

Publicado el 1 de noviembre de 2023 por Edu Robsy.

El Honor

Leónidas Andréiev


Teatro, Drama, Parodia


Se oyen los sones de una música lejana. Una noche estrellada de primavera. Un viejo jardín salvaje, limitado por un ancho foso. Una escalinata ennegrecida y casi en ruinas. Sobre las copas de los árboles se alza la masa sombría del castillo. Todas las ventanas están iluminadas. Sobre el muro almenado acaban de encender barriles de alquitrán, que lanzan fulgores siniestros.

La condesa está sentada sola en un banco de piedra. Lleva un traje blanco, y una pequeña corona adorna sus cabellos. Aparece en la escalinata semirruinosa del castillo del viejo conde. Le precede su fiel servidor, el viejo Astolfo, de aspecto muy semejante al de su amo. Astolfo, encorvado, con una linterna en la mano, le alumbra el camino al conde.

El conde. (Sin ver a su hija, con voz llena de cólera.)—¡Que levanten de nuevo todos los puentes! ¡Que apaguen todas las luces! ¡Que la servidumbre se retire! ¡Que se acompañe a los barones a sus aposentos! Es hora ya de que todo el mundo descanse. Harto hemos esperado al novio, y aunque nos lo ha recomendado el propio emperador, no somos lo bastante ricos para hacer arder toda la noche aceite y alquitrán. ¡Que se apaguen todos los fuegos!

Astolfo.—¿Y cuáles son las órdenes del conde en lo que se refiere a las mesas servidas?

El conde.—¡Que les echen toda la comida a los perros! Pero no: somos demasiado pobres para eso; estamos más hambrientos aún que los perros. No, Astolfo; dales, más bien, a mis barones de comer, pues están no menos hambrientos que yo, y guarda los restos en la cueva. Nos los comeremos después, procurando que duren todo lo posible. Sí, Astolfo, todo lo posible. En nuestra situación hay que ser muy económicos.

Astolfo.—¡A vuestras órdenes, conde!


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Dominio público
13 págs. / 23 minutos / 123 visitas.

Publicado el 8 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

La Historia de los Duendes que Secuestraron a un Enterrador

Charles Dickens


Cuento


En una antigua ciudad abacial, en el sur de es parte del país, hace mucho, pero que muchísimo tiempo —tanto que la historia debe ser cierta porque nuestros tatarabuelos creían realmente en ella—, trabajaba como enterrador y sepulturero del campo santo un tal Gabriel Grub. No se deduce en absoluto de ello que porque un hombre sea enterrador, esté rodeado constantemente por los emblemas la mortalidad, tenga que ser un hombre melancólico y triste; entre los funerarios se encuentran los i pos más alegres del mundo; en una ocasión tuve honor de trabar amistad íntima con uno muy silencioso que en su vida privada, estando fuera de ser necio, era el tipo más cómico y jocoso que haya gorjeado nunca canciones osadas, sin el menor tropiezo f su memoria, ni que haya vaciado nunca el contenido de un buen vaso sin detenerse ni a respirar. Pe no obstante estos precedentes que parecen contrariar la historia, Gabriel Grub era un tipo malparado, intratable y arisco, un hombre taciturno y solitario que no se asociaba con nadie sino consigo mismo, aparte de con una antigua botella forrada o cestería que ajustaba en el amplio bolsillo de chaleco, y que contemplaba cada rostro alegre que pasara junto a él con tan poderoso gesto de malicia y mal humor que resultaba difícil enfrentarlo sin tener una sensación terrible.


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Protegido por copyright
13 págs. / 23 minutos / 199 visitas.

Publicado el 16 de junio de 2016 por Edu Robsy.

Ramón Gallegos, el maestro de la inteligencia espiritual

Fundación Ramón Gallegos


Ramón Gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


La obra de Ramón Gallegos es única en el mundo, va de la mano de un profundo y genuino interés por el autoconocimiento, un genuino interés por la indagación de su propio ser, es claro que la espiritualidad ha nutrido su vida y esto se refleja en cada una de sus propuestas y sus enseñanzas. Richard Fuller (2001), editor de la revista estadounidense Great Ideas in Education, ha señalado que “Estudiar la educación holista es dejar la oscuridad y entrar a la luz y Ramón Gallegos Nava abre la puerta que separa a las dos…”  y este ensayo tiene como misión mostrar esa puerta que Ramón Gallegos ha abierto hacia nuestro propio ser interior.

 

Una nueva visión del mundo


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13 págs. / 23 minutos / 31 visitas.

Publicado el 10 de diciembre de 2020 por Fundación Ramón Gallegos.

Caprichos de la Gloria

Javier de Viana


Cuento


Para Antonio de Luque.

I

En Entre Ríos, a pocas cuadras del Mocoretá hermoso, había, en los ya lejanos tiempos de mi relato, un pueblecillo que se empinaba con presunciones de ciudad, cuando estaba holgado dentro de su camisa de aldea.

El pueblo era pobre y feo; parecía una peña en la loma, igual de siglo en siglo, parecía un feto conservado en alcohol. Era feo, pero se enorgullecía con los paisajes que desplegaban maravillas en el contorno: una colina suave y grácil como torso de mujer; un bajío riendo con el verde esmeralda de su espeso vellón de grama; y luego un río que insinuaba entusiasmos con la obsidiana de su pajonal tremulante; que tejía ensueños de siesta tropical con las suaves guedejas de sus sauces y las ásperas crines de sus ñandubays; que ofrecía frescor de niño a las ideas cansadas, con el espejo etrusco de sus lagunas que besando camalotes y mordiendo arenas, muestran plata pulida con las escamas de las mojarras, y hierro fuliginoso con las mandíbulas del yacaré.

Los vientos llegaban a la aldea cansados de galopar por las cuchillas, desmoralizadas sus legiones en el continuo batallar con las selvas vecinas, y al caer sobre los naranjos y durazneros de los patios coloniales, en vez de morder, besaban, y en lugar de rugir, reían. Con su adorable cielo azul, fecundo en riegos, y con la ayuda de un sol dadivoso, la tierra producía casi sin cultivo, desde la humilde hortaliza hasta la flor preciada.

En tales condiciones, la vida habría debido transcurrir allí en una tranquilidad y una dulzura envidiables. Y, sin embargo...

Faltaban muchas cosas en el pueblo, casi todas las cosas útiles; pero no el café, el boticario, el procurador, el curandero y la "opinión pública". Esta última estaba representada por dos bandos,—los "verdes" y los "amarillos",—quienes se odiaban recíprocamente con todo el fuego que encendía en sus almas el quemante sol mesopotámico.


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Dominio público
13 págs. / 23 minutos / 51 visitas.

Publicado el 28 de agosto de 2022 por Edu Robsy.

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