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El Profesor León

Armando Palacio Valdés


Cuento


La otra noche en el café donde tengo costumbre de asistir, versó la conversación sobre los maestros y catedráticos que habíamos tenido los que en torno de la mesa nos juntábamos. Cada cual dio cuenta de los talentos, las manías y los rasgos más o menos donosos de los suyos, sazonando la descripción con anécdotas graciosas o desabridas, según el numen del narrador.

Mi amigo Duarte, notario, persona distinguida, de carácter observador y muy cursado en letras clásicas, se llevó la palma. Nos hizo la pintura de un antiguo profesor suyo, tan original y chistoso, que merece la pena de darlo a conocer al público. Con permiso de mi ilustrado amigo, voy a hacerlo, adoptando en cuanto sea posible las mismas palabras con que él nos lo describió.


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Dominio público
12 págs. / 22 minutos / 68 visitas.

Publicado el 26 de octubre de 2020 por Edu Robsy.

La Cigarrera

Emilia Pardo Bazán


Cuento


Primera versión

¿Qué seria de la humanidad si no tuviese ciertos inofensivos vicios? Los vicios de nuestra época se distinguen de los de las demás por ser vicios principalmente cerebrales. La excitación que los romanos, por ejemplo, gustaban de ejercer sobre la oficina de la nutrición, el estómago, nuestra edad la prefiere sobre la oficina del pensamiento, el cerebro. Hay tres cosas que el hombre moderno, el hombre de las ciudades, prefiere, y que le costaría trabajo prescindir de ellas: y todas tres son excitantes directos del cerebro, avivadores de la vida intelectual, verdaderos venenos intelectuales, como les llama un escritor científico reciente: a saber: el café, el alcohol, el tabaco.

Si los higienistas y moralistas que quieren suprimir el uso del tabaco logran al fin salirse con la suya, desaparecerá uno de los más curiosos y característicos tipos femeninos: la cigarrera.

Porque tiene el tabaco el privilegio de ser una de aquellas industrias que hacen subsistir a no pocas ni felices mujeres; y el cigarro que el hombre fuma, antes de llegar a sus labios, ha de pasar por infinitas manos femeniles.

¡Oh y cuan pocos son los recursos que la sociedad ofrece a la mujer! ¡Cuan contados los ramos en que le es dado ejercer su actividad! Este del cigarro es uno de esos pocos; y comunica a las mujeres que en él se emplean algo de la actividad y de la excitación que comunica a los que lo fuman.

No es la cigarrera la tosca mujer del campo, con sus sentidos entorpecidos, su mansa pasividad, su timidez brutal en ocasiones: es una mujer viva, impresionable, lista como la pólvora, de afinados nervios y rápida comprensión.


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12 págs. / 22 minutos / 166 visitas.

Publicado el 10 de mayo de 2021 por Edu Robsy.

La Tumba

H.P. Lovecraft


Cuento


«Sedibus ut saltem placidis in morte quiescam.»
—Virgilio

Al abordar las circunstancias que han provocado mi reclusión en este asilo para enfermos mentales, soy consciente de que mi actual situación provocará las lógicas reservas acerca de la autenticidad de mi relato. Es una desgracia que el común de la humanidad sea demasiado estrecha de miras para sopesar con calma e inteligencia ciertos fenómenos aislados que subyacen más allá de su experiencia común, y que son vistos y sentidos tan sólo por algunas personas psíquicamente sensibles. Los hombres de más amplio intelecto saben que no existe una verdadera distinción entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen tal como son tan sólo en virtud de los frágiles sentidos físicos y mentales mediante los que las percibimos; pero el prosaico materialismo de la mayoría tacha de locuras a los destellos de clarividencia que traspasan el vulgar velo del empirismo chabacano.

Mi nombre es Jervas Dudley, y desde mi más tierna infancia he sido un soñador y un visionario. Lo bastante adinerado como para no necesitar trabajar, y temperamentalmente negado para los estudios formales y el trato social de mis iguales, viví siempre en esferas alejadas del mundo real; pasando mi juventud y adolescencia entre libros antiguos y poco conocidos, así como deambulando por los campos y arboledas en la vecindad del hogar de mis antepasados. No creo que lo leído en tales libros, o lo visto en esos campos y arboledas, fuera lo mismo que otros chicos pudieran leer o ver allí; pero de tales cosas debo hablar poco, ya que explayarme sobre ellas no haría sino confirmar esas infamias despiadadas acerca de mi inteligencia que a veces oigo susurrar a los esquivos enfermeros que me rodean. Será mejor para mí que me ciña a los sucesos sin entrar a analizar las causas.


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12 págs. / 22 minutos / 172 visitas.

Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

Cegados. Episodio 4 Roberto

Fransánchez


cegados, ciegos, ciencia ficcion, apocliptica


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cegados

 

 

 

Por   Fransánchez

 

 

www.cegados.com

 

 

 

 

© 2016 Francisco J. Sánchez Contreras

© Imagen de portada 2016 Francisco J. Sánchez Contreras

©www.cegados.com

 

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Novela solo apta para adultos

 

1ª edición

ISBN:

DL:

Impreso en España

 

 

 

 

Dedicatoria

 

A mi esposa, a mis hijos y a toda mi gran familia.

 

De  verano  en  verano  en  Almerimar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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12 págs. / 22 minutos / 123 visitas.

Publicado el 8 de octubre de 2016 por Fransánchez.

La inteligencia espiritual de Ramón Gallegos

Fundación Ramón Gallegos


Ramón Gallegos, educación holista, inteligencia espiritual


El presente ensayo aborda la obra de Ramón Gallegos, desde su interés en el nacimiento de una nueva conciencia, hasta la conformación de una pedagogía innovadora que consolidó como una educación holista mostrando el nacimiento de esta visión educativa, el desarrollo de su modelo y la trascendencia que está teniendo a nivel mundial su propuesta de educación holista. Al hacer este acercamiento, se tratará de explicar cómo su trabajo ha marcado un nuevo paradigma educativo y cómo ha venido a clarificar las nociones vagas que había de educación holista ya que no existían conceptos claros ni un modelo de educación holista aceptado internacionalmente. Un punto importante que se resalta, es el hecho de que Ramón Gallegos le ha dado identidad a la educación holista evitando que se confunda con otros movimientos de educación. Así, se explica cómo ha creado una pedagogía única, una pedagogía de amor universal que está enriqueciendo y nutriendo la vida educativa de aquellos educadores que comparten su visión, que comparten con él la idea de una educación que vaya más allá de la formación académica y que ponga como punto de partida el autoconocimiento, y al amor y la felicidad como realidades educativas fundamentales.

La obra de Ramón Gallegos va de la mano de un profundo y genuino interés por el autoconocimiento, un genuino interés por la indagación de su propio ser, es claro que la espiritualidad ha nutrido su vida y esto se refleja en cada una de sus propuestas y sus enseñanzas. Richard Fuller (2001), editor de la revista estadounidense Great Ideas in Education, ha señalado que “Estudiar la educación holista es dejar la oscuridad y entrar a la luz y Ramón Gallegos Nava abre la puerta que separa a las dos…”  y este ensayo tiene como misión mostrar esa puerta que Ramón Gallegos ha abierto hacia nuestro propio ser interior.


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12 págs. / 22 minutos / 49 visitas.

Publicado el 16 de julio de 2019 por Fundación Ramón Gallegos.

La Venta de los Gatos

Gustavo Adolfo Bécquer


Cuento


I

En Sevilla, y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la Macarena, hay, entre otros ventorrillos célebres, uno que, por el lugar en que está colocado y las circunstancias especiales que en él concurren, puede decirse que era, si ya no lo es, el más neto y característico de todos los ventorrillos andaluces.


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12 págs. / 22 minutos / 648 visitas.

Publicado el 7 de julio de 2016 por Edu Robsy.

Un Millar de Muertes

Jack London


Cuento


Había estado en el agua aproximadamente una hora, y el frío y el cansancio, aunados al terrible calambre en el muslo derecho, me hacían pensar que había llegado mi fin. Luchando vanamente contra la poderosa marea descendente, había contemplado la enloquecedora procesión de las luces costeras, pero ya había dejado de luchar con la corriente y me contentaba con los amargos recuerdos de mi vida malgastada, ahora cercana a su fin.

Había tenido la suerte de descender de un buen linaje inglés, pero de padres cuya fortuna en las bancas excedía en mucho sus conocimientos de la naturaleza y educación de los hijos. Aunque nacido con una cuchara de plata en la boca, la bendita atmósfera del círculo hogareño me era desconocida. Mi padre, un hombre culto y reputado anticuario, no dedicaba su atención a la familia, sino que estaba constantemente perdido en medio de las abstracciones de su estudio mientras que mi madre, más famosa por su belleza que por su buen sentido, se sentía satisfecha con las adulaciones de la sociedad en la que parecía permanentemente sumergida. Pasé la habitual rutina de la enseñanza primaria y media como cualquier otro muchacho de la burguesía inglesa y, a medida que los años incrementaban mi fuerza y mis pasiones, mis padres se dieron cuenta, de pronto, de que yo poseía un alma inmortal, y trataron de poner riendas a mis ímpetus. Pero era demasiado tarde; perpetré la más audaz y descabellada locura y fui desheredado por mi familia y condenado al ostracismo por la sociedad a la que había ultrajado tanto tiempo. Con las mil libras que me dio mi padre, con la promesa de no volverme a ver ni a suministrarme más dinero, obtuve un pasaje de primera clase rumbo a Australia.


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Publicado el 29 de septiembre de 2016 por Edu Robsy.

El Pie de la Momia

Théophile Gautier


Cuento


No tenía otra cosa que hacer y entré en la tienda de uno de esos comerciantes de curiosidades llamados comerciantes de bric-à-brac en el argot parisino, cosa perfectamente ininteligible en el resto de Francia.

Sin duda habéis echado un vistazo, a través de los cristales, en alguna de esas tiendas tan numerosas desde que está de moda comprar muebles antiguos, pues el más insignificante agente de cambio y bolsa se cree obligado a tener una habitación de estilo medieval.

Son algo así como una mezcla del taller del chatarrero, el almacén del tapicero, el laboratorio del alquimista y el estudio del pintor; en esos misteriosos antros donde los postigos filtran una prudente media luz lo más notoriamente antiguo es el polvo; allí las telarañas son más auténticas que los encajes, y el viejo peral más joven que la caoba llegada ayer de América.

La tienda del vendedor de baratillo era un verdadero Cafarnaúm; todos los siglos y todos los países parecían haberse dado cita allí; una lámpara etrusca de barro rojo descansaba sobre un armario de Boule de madera de ébano severamente listada de filamentos de cobre; un canapé de la época de Luis XV estiraba lánguidamente sus patas de ciervo bajo una sólida mesa del reinado de Luis XIII, de pesadas espirales de madera de roble, con relieves de follaje y quimeras entremezclados.

Una armadura damasquinada de Milán hacía resplandecer en un rincón el vientre encintado de su coraza; amorcillos y ninfas de porcelana, figuras de China, cornetas de celedón y cerámica, tazas de Sajorna y de Sévres abarrotaban las estanterías y los rincones.

En las repisas denticuladas de los aparadores, brillaban inmensos platos de Japón, de dibujos rojos y azules, sombreados con trazos de oro, al lado de esmaltes de Bernard Palissy, que representaban culebras, ranas y lagartos en relieve.


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Publicado el 20 de marzo de 2017 por Edu Robsy.

El Presidente del Jurado

Charles Dickens


Cuento


Han pasado ya algunos años desde que se cometió en Inglaterra un asesinato que atrajo poderosamente la atención pública. En nuestro país se oye hablar con bastante frecuencia de asesinos que adquieren una triste celebridad. Pero yo hubiese enterrado con gusto el recuerdo de aquel hombre feroz de haber podido sepultarlo tan fácilmente como su cuerpo lo está en la prisión de Newgate. Advierto, desde luego, que omito deliberadamente hacer aquí alusión alguna a la personalidad de aquel hombre.

Cuando el asesinato fue descubierto, nadie sospechó —o, mejor dicho, nadie insinuó públicamente sospecha alguna— del hombre que después fue procesado. Por la circunstancia antes expresada, los periódicos no pudieron, naturalmente, publicar en aquellos días descripciones del criminal. Es esencial que se recuerde este hecho.

Al abrir, durante el desayuno, mi periódico matutino, que contenía el relato del descubrimiento del crimen, lo encontré muy interesante y lo leí con atención. Volví, incluso, a leerlo otra vez, o quizá dos. El descubrimiento había tenido lugar en un dormitorio. Cuando dejé el diario tuve la impresión, fugaz, como un relámpago, de que veía pasar ante mis ojos aquella alcoba. Semejante visión, aunque instantánea, fue clarísima, tanto que hasta pude observar, con alivio, la ausencia del cuerpo de la víctima en el lecho mortuorio.

Esta curiosa sensación no se produjo en ningún lugar misterioso, sino en una de las vulgares habitaciones de Piccadilly en que me alojaba, próxima a la esquina de St. James Street. Y fue una experiencia nueva en mi vida.


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Publicado el 22 de mayo de 2016 por Edu Robsy.

Beatriz

Ramón María del Valle-Inclán


Cuento


I

Cercaba el palacio un jardín señorial, lleno de noble recogimiento. Entre mirtos seculares blanqueaban estatuas de dioses. ¡Pobres estatuas mutiladas! Los cedros y los laureles cimbreaban con augusta melancolía sobre las fuentes abandonadas. Algún tritón, cubierto de hojas, borboteaba a intervalos su risa quimérica, y el agua temblaba en la sombra, con latido de vida misteriosa y encantada.

La Condesa casi nunca salía del palacio. Contemplaba el jardín desde el balcón plateresco de su alcoba, y con la sonrisa amable de las devotas linajudas, le pedía a Fray Ángel, su capellán, que cortase las rosas para el altar de la capilla. Era muy piadosa la Condesa. Vivía como una priora noble retirada en las estancias tristes y silenciosas de su palacio, con los ojos vueltos hacia el pasado. ¡Ese pasado que los reyes de armas poblaron de leyendas heráldicas! Carlota Elena Aguiar y Bolaño, Condesa de Porta-Dei, las aprendiera cuando niña deletreando los rancios nobiliarios. Descendía de la casa de Barbanzón, una de las más antiguas y esclarecidas, según afirman ejecutorias de nobleza y cartas de hidalguía signadas por el Señor Rey Don Carlos I. La Condesa guardaba como reliquias aquellas páginas infanzonas aforradas en velludo carmesí, que de los siglos pasados hacían gallarda remembranza con sus grandes letras floridas, sus orlas historiadas, sus grifos heráldicos, sus emblemas caballerescos, sus cimeras empenachadas y sus escudos de diez y seis cuarteles, miniados con paciencia monástica, de gules y de azur, de oro y de plata, de sable y de sinople.


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12 págs. / 22 minutos / 310 visitas.

Publicado el 4 de noviembre de 2020 por Edu Robsy.

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